Imagen de FÍATE

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domingo, 10 de mayo de 2020

¿PANDEMIA O PANDEMONIUM?


"Lugar donde hay mucho ruido y desorden"


Es inútil seguir ocultándolo: la situación de la Iglesia es crítica. El Covid-19 es un invento de los enemigos de Dios para borrarnos del mapa. Y así se entiende lo que nos dice hoy San Juan en el Oficio, que dar testimonio de Jesús es equivalente a la inspiración profética.
Coincido cien por cien con nuestro Papa Emérito: hace falta rezar con el respaldo de la Iglesia Universal para enfrentarse a este Leviatán. Pero, ¿quiere eso decir que si Francisco calla respecto a esta crisis eclesial no reza la Iglesia Universal por el que da testimonio de Jesús? ¿Y que por tanto no hay nada que podamos hacer? Desde luego, esa es una lectura, nada halagüeña, que frenará el testimonio de muchos que desearían que la Iglesia siguiera teniendo presencia pública.
Comunismo, ideología de género, etc., son las explicaciones de lo que pasa que triunfan entre los fieles; pero la verdad es otra: el deterioro del orden –moral y social- viene del Anticristo. Y su mano es inequívoca detrás de “la pandemia”, el gran golpe con el que está desbaratando los últimos baluartes de la resistencia cristiana. Sólo Jesucristo (y su cuerpo, claro) lo frenaba; pero ahora pesa sobre la Eucaristía una espada afilada.
¿Qué pasará cuando vengan los “rebrotes”? ¿Subsistirá la dispensación del Sacramento? Y si nos privan del alimento celestial ¿quién podrá resistir? Obviamente, nadie. Pero tenemos una promesa a la que agarrarnos: que el que persevere hasta el final se salvará. Y habrá quien lo haga, gracias a Dios.
La alternativa a esta civilización que agoniza es ese nuevo credo anti-cristiano que nos ha anunciado con valentía profética, una vez más, nuestro querido Benedicto XVI. Es un credo blasfemo, lógicamente, que con los maquillajes “científicos” preceptivos bendice toda clase de perversiones. Es también violento por demás y da inicio a una nueva era de persecución cristiana. Los disidentes serán excluidos de la sociedad y molidos “limpiamente” por el sistema.
Si te sientes Iglesia, cuerpo de Cristo, ya estarás experimentado angustia. Pero tenemos a María, que por su fiat al pie de la Cruz, es ahora nuestro consuelo y puerta segura para el cielo.

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