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jueves, 23 de abril de 2020

PREGUERRA

Premeditación...

Pregunta: Usted ha hablado de que la fase previa de la guerra es la propaganda, preparar psicológicamente a un pueblo para llevarlo al conflicto.
Respuesta: Exactamente. No puedo estimar hasta qué punto ese nacionalismo funciona en España o hasta qué punto la gente se está volviendo nacionalista, pero en Croacia, tras cinco años de horrorosa propaganda, la gente acabó votando a un Gobierno proguerra. Y en el otro lado, en Serbia, pasó igual. No sé hasta qué punto están zakrvljeni (cuando dos pelean y hay sangre, ‘enzarzados’). La mayor dificultad con el nacionalismo es que creemos que somos seres racionales, pero el nacionalismo es política de emociones. Política populista. Tienen que provocar emociones, y en el nacionalismo la emoción más importante es el odio. Tienes que provocar odio y para eso tienes que convencer a la gente de que los otros son un peligro para ellos. Hace falta una base psicológica para llegar a un conflicto serio que no se puede crear en una noche, de un día para otro. Hacen falta años. En Bosnia lo lograron. Y si el odio ya está creado, difícil que haya algo como en Checoslovaquia.
Si el odio tiene una base histórica, es más fácil crearlo, pero también se puede crear sin antecedentes históricos. Se puede crear un peligro imaginario. Aquí, Cataluña pide la separación porque piensa que así probablemente tendrá más dinero y mejor vida, y España no le deja porque es un Estado que no se puede dividir. No me parece suficiente como para que surja una guerra.
Pregunta: En Yugoslavia hubo una crisis económica. En España desde 2008 también. Siempre es lo mismo.
Respuesta: Es común para todos, para los yugoslavos y para los españoles. El miedo, un miedo que se puede sentir en toda Europa. Miedo potenciado, primero, por la crisis. En Austria ya se decía que los inmigrantes iban a quitarles el trabajo antes de que se produjeran las llegadas masivas de refugiados. Cuando los refugiados eran de Serbia, Croacia y Bosnia también quisieron que dejase de entrar tanta gente en su país. Les iban a quitar el trabajo, siempre son argumentos banales: ¡Van a esquilmar el presupuesto en sanidad! ¡No habrá pensiones para todos! En Suecia están igual. También se habla de que las pensiones van a ser para «ellos». Todos los que llegan, además, están metidos en la categoría de musulmanes, da igual si creen o no. Y el prejuicio es que todos los musulmanes son terroristas y violadores. El inmigrante en Europa es un musulmán terrorista y violador. Y con estos mimbres se está construyendo una política populista.

Nos está sucediendo algo desconocido: sentimos que la paz peligra. 
-¿Qué tenemos que hacer? ¿Quién nos puede salvar?
-Dios, sólo Dios.
-Sí, ya, ¿pero qué tenemos que hacer nosotros?
-Pedirle a Dios que os salve.
-¿Cómo?
-Tomad nota:
Para empezar se necesita una puesta a punto: Confesar y comulgar. Después es urgente que la Iglesia recobre su papel de madre que enseña a sus hijos: los principios y, ahora especialmente, que los más fuertes deben ser ejemplo para los miembros más débiles, viviendo con arreglo a su fe, y animándoles a cargar con las cargas de los que no pueden. Es necesario dar una formación sencilla y clara que enseñe a vivir en cristiano. Por ejemplo, junto con el ayuno, la limosna (no hablo sólo de comida y dinero) y la oración (ésta y los sacramentos son básicos), hay consejos valiosísimos en el depósito de la Iglesia, como el de San Ignacio: Cuando "algo" te inquiete, deséchalo sin dudar, pues viene del maligno, sea persona, idea, emoción, situación,  noticia o información que te entra por los sentidos, ¡fuera! Todo lo que te mueva al odio, tristeza o miedo, viene del demonio. Lo dice también 
Jaques Philippe en La Paz Interior: Luchamos cuerpo a cuerpo con el malo, pero mientras no nos salgamos del tatami de nuestra paz, venceremos, y si alguna vez salimos, con volver inmediatamente a ella, basta. Esa paz es saber que Dios es tu Padre y te ama. Estos y otros consejos los reciben "en casa" de un modo natural los hijos de la Iglesia. El amor a ésta, sin dejarla nunca y el hablar con Jesús a todas horas, son la protección para el combate. Y NO TENER MIEDO, pues por la fe sabemos que estamos en el bando vencedor.





























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