Imagen de FÍATE

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martes, 2 de junio de 2020

CASTA DE ESCRIBAS (II)

Si el germen no cae a tierra y muere, no da fruto


Le preguntaron unos escribas a Jesús para pillarle: “Somos pueblo de Dios ¿hemos de pagar tributo al César?” Jesús, viendo su falsedad, cogió una moneda y les dijo: ¿Qué veis aquí?; “La imagen del César”, respondieron; pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Y se admiraron.
Después de leer el evangelio de hoy, cogí una moneda; por un lado estaba Cervantes y por el otro Europa. 
 “¿Qué se debe?”, pensé. “Al Rey la hacienda y la vida se ha de dar, pero el honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios; a mí me están despojando de bienes y de salud, pero también de honra y honor…”
En su día, el rey Juan Carlos I se comprometió con el proyecto de una Europa de raíces cristianas que, cultivándolas, diese frutos diversos y mejores. Cada país aportaría lo más selecto de su cultura para bien de todos; en el caso de España, Cervantes y lo que representa: un hondo conocimiento del alma humana que une lo espiritual a lo práctico. ¿Y qué queda hoy de todo eso?
La Europa Bella existe sólo en el lenguaje de los políticos; su belleza se ha marchitado y su fragancia, evaporado. Si El Quijote era la quintaesencia de la cultura europea, hoy sólo queda de él un fantoche sin gracia. Y si París era el cielo de Europa, hoy se ve sucio y deslucido. Yo conocí la ciudad de la luz hace cuarenta años y volví el año pasado: Notre Dame quemada, la Torre Eiffel envilecida y el deterioro ambiental llegando al centro, con barrios enteros deslustrados en que sólo se ven musulmanes.
¿Qué ha pasado? ¿Qué parte de la película nos hemos perdido?
Los escribas habían quedado admirados de la respuesta de Jesús, pero siguieron aferrados a su torcida forma de mirar, y al final ajusticiaron al Maestro. Los líderes europeos también quedaron prendados de aquel proyecto de unidad inspirado por Cristo, pero al final están haciendo lo mismo que los escribas de antaño. 
Pero atención, si bien fueron las autoridades judías las que llevaron a Jesús al patíbulo, fue todo el pueblo el que lo traicionó, con la excepción de María, con algunas mujeres y Juan, que permanecieron fieles. 
¿Qué paralelismo se puede establecer con la situación actual? ¿Y qué enseñanza podemos sacar?
En primer lugar, que hay salida; que hay una posibilidad de mejorar en todo, pero que pasa por aceptar la cruz, el sufrimiento que sin traicionar a Dios nos pueda sobrevenir. Porque sabemos que el premio de María por ser fiel fue ver a su hijo resucitado y pasar de este mundo al cielo directamente; y el de Juan fue ser el primero en creer en la Resurrección y experimentar su fuerza invencible, de modo que ni el veneno con que quisieron matarle acabó con él. 
En segundo lugar, que ésa de Juan es la vacuna verdadera para cualquier mal, que no excluye la de los galenos sino que la potencia. 
En resumen, y volviendo al principio, no hay incompatibilidad entre Dios y el mundo, o entre fe y razón; y si las autoridades se empeñan en decir lo contrario, se equivocan y no hay que hacerles caso.
Porque de la ruina de Jesús vino la nueva creación, la regeneración de la naturaleza, frustrada por el pecado. Y de la ruina de Europa puede venir igualmente el florecimiento de una nueva civilización, pero sin renunciar a Dios; y esto es crucial. Porque sabemos que los escribas sobornaron a los que custodiaban el sepulcro de Jesús para que dijeran que habían robado el cuerpo; y los de hoy están haciendo lo mismo con los custodios de la verdad –la prensa- para que digan que su proyecto –de muerte- es maravilloso y no hay otro. 
La noticia de la Resurrección se extendió de todas formas y cambió la faz de la Tierra. De igual modo, la verdad se impondrá hoy y tendremos un futuro mejor. La calamidad presente es en realidad una nueva oportunidad para el mundo. Tan sólo hace falta creer; dejar al corazón que sea uno con nuestra mente, que sea de verdad ‘co-razón’. Y que la paz actúe de árbitro en él.




lunes, 1 de junio de 2020

CASTA DE ESCRIBAS


ESCRIV.ILLA nos acribilla

Hoy es Pentecostés, a los 50 días de la Resurrección; el Defensor prometido rompe el techo de la Tierra para incorporarnos definitivamente a la vida de Dios, a la vida bienaventurada, eterna, a la gloria. 
Cuentan que se encontraron dos ángeles y el uno le dijo al otro: -¿Dónde está la gloria de Dios?; y le respondió el otro: “En la bendición”. 
Sí, en que Dios “dice bien” de todos, en que trata a todos con cariño está la gloria, la dicha del hombre en la Tierra. El que cree en esa bondad de Dios alcanza la vida eterna, vive en la gloria. Pero puesto que la visión de Dios es aún imperfecta, se nos ha dado una luz para transitar por esta vida: el Espíritu Santo. En esa luz habitamos sin temor, y es nuestra defensa ante el peligro. Es fiable e inextinguible; y es una fuente de agua viva que salta hasta la vida eterna. Luz y vida que nos previenen de las tinieblas del error. 
Cuando esta mañana vi la mentira en el ABC, me alcanzó la zozobra, se me puso delante un presagio amargo: las maquinaciones de los hombres que terminan en grandes tragedias.
La condición del ser humano en la tierra es feliz desde el momento en que Dios rompió las cadenas que nos tenían presos por miedo a la muerte. El diablo era nuestro tirano hasta que Jesucristo le venció. Desde entonces han sido millones los que han despreciado la fuerza del pecado por la fuerza de la Resurrección de Cristo. Y si ese suceso histórico fuera un cuento no habría sido posible que niños, ancianos, mujeres y hombres de toda condición pudieran entregar libremente sus vidas por amor. 
El Espíritu Santo que Jesús nos procuró con su sacrificio puede conducirte hasta llegar a dar la vida. Ese suceso histórico –la Pascua- sigue actuando hoy, es el único suceso que no pasa ni pasará; y de él, de su virtud para dar vida, se han derivado todos nuestros bienes. “De Él hemos recibido gracia tras gracia… y todo se mantiene en Él”.
El pecado nos priva de la vida, nos separa de Dios y de los hermanos. Y el pecado suele comenzar por una decisión interior inducida por la mentira. De ahí la gravedad de que las estructuras de nuestra organización social: las instituciones políticas y los medios de comunicación, se hayan corrompido y sirvan al príncipe de la mentira. La mentira institucional es la evidencia de que están siendo asaltadas las murallas que nos venían protegiendo de las consecuencias del pecado, que son la tristeza, el odio y el miedo.
La tristeza –la depresión, mal endémico de nuestro siglo- solo se puede superar con una esperanza firme, real; la que procede del ‘conocimiento de Cristo que nos dio su sangre como remedio’. Quien prueba ese elixir cobra fuerza, renace, se revitaliza, aun cuando estuviera a punto de morir de anemia espiritual, de nostalgia de Dios.
El odio es la ausencia de amor, que es lo único que da vida; el amor es Dios y no se puede comprar; uno lo recibe cuando reconoce su impotencia y se abre a la misericordia divina –cordis, corazón; corazón que se compadece de nuestra miseria; el que no tiene amor experimenta un vacío y si no le abre la puerta a Dios, entrará en su alma por la fuerza la violencia. 
El miedo es la consecuencia de la orfandad. El ser humano, herido desde que nace, está llamado a vivir como hijo de Dios, en la casa del Padre, y privado de esta ayuda, no puede superar las insidias del demonio y está condenado a vivir con miedo.
Poco importa que el motivo de la mentira del ABC haya sido el apuro de que se viera que el epi-fenómeno-sanitario engrana perfectamente con el nuevo mecanismo de gobierno, pensado para atornillar hasta el fondo a la brava población española; y que el apagón del texto original se solventará con un relleno edulcorado que disimulara la mala intención de fondo de la última medida económica del Gobierno. Lo verdaderamente alarmante es que el periódico más emblemático de la existencia de una patria española haya sido capaz de mentir tan groseramente al pueblo al que sirve. 
No es casual que el texto autocensurado empezara con una fórmula de consagración del ‘sacerdote que acaba de suceder a Illa en el servicio al sancta-sanctorum del BOE de la Nueva Norma’: “Soy un independiente”; fórmula que equivale a “soy un apátrida que no me identifico con los españoles”. 
Y es pura ‘diosidencia’ que este debut de uno de la nueva casta de escribas  haya tenido lugar en el día en que estamos celebrando la gozosa manifestación al mundo del Espíritu de la Verdad.

lunes, 11 de mayo de 2020

PANCULTURA Vs PANDEMIA

La copa del veneno es ahora el cáliz de la salvación


Se quejan los abuelos españoles de que no tienen retiro, de que curran un montón con los nietos; se quejan pero apoquinan. En Alemania, en cambio, se dan razones y deciden: "Yo crié a mis hijos, ahora les toca a ellos criar a los suyos; se siente"; y se vienen a España a disfrutar de la jubilación.
Metido hasta los tuétanos de los pueblos católicos hay un modo de ser que se ha ido formando en siglos de historia, la pancultura o cultura del pan cotidiano.
Es realmente un sustrato idóneo para la producción de buenos ciudadanos. Las familias, al modo de viveros de empresas, proporcionan a sus miembros todo lo necesario para prosperar en el día a día. Si piden jamón, les dan jamón, si besos, besos, si fútbol, fútbol... y si los niños dan la lata se les aguanta como se puede.
Acogen a sus miembros desde que nacen y los alimentan con leche materna o maternal. Intervienen también desde el principio los abuelos. Unos y otros salen con ellos al parque y les guían en sus primeras miradas y en sus primeros pasos. Estimulan sus sonrisas y balbuceos; les aplauden los pinitos en el lenguaje y los logros en habilidades sociales, al saludar o corresponder a un gesto de amistad. Viejos y jóvenes juegan al balón con ellos, les echan carreras, bailan y hacen el tonto si hace falta. Durante unos añitos acompañan a las crías más con el corazón que con la cabeza... porque ya vendrán tiempos donde el angelito tendrá que estudiar y dar el do de pecho.
Y sí, vienen muy pronto esos tiempos en que el maravilloso mundo imaginado en la infancia se llena de brumas. Pero entonces están también allí los familiares. Se ponen de acuerdo para vivir en un entorno cercano, de modo que puedan apoyarse cuando sea necesario. Y aunque muchas veces se tensionen demasiado sus lazos, en la mayoría de los casos resisten, o se restablecen después de un tiempo de separación. Y muy a menudo ese miembro más débil suele encontrar un refugio donde recomponer sus fragmentos rotos. En esas circunstancias percibe en torno a sí una envolvente afectiva desinteresada, silenciosa la mayor parte del tiempo, paciente aunque no pasiva, comprensiva aunque no dulzona. Y todo eso le hace robustecerse poco a poco y si Dios quiere salir de sí mismo y dar fruto abundante para la sociedad.
La pancultura extiende sus raíces sin parar; forma una red invisible muy bien trabada, por donde circula una savia común; savia siempre nueva y siempre antigua, que dota como de un sexto sentido a sus miembros para que distingan a los benefactores de los detractores.
Esta cultura compite en todos los escenarios: política, ciencia, economía, saber... Y es siempre el enemigo a batir. No se le nombra, para que no se cohesione más, pues el único modo de tumbarla es dividirla. Pero todos sus enemigos la reconocen y la temen. Lleva siglos venciendo en todas las batallas y más se crece cuanto más acervo es el ataque del enemigo. Sus héroes más conspicuos no son caudillos crueles sino santos de altar y sus leyes se renuevan continuamente sin dejar de ser las mismas de siempre.
Existe también una internacional pancultural. Su existencia no depende -aunque tampoco lo desprecia- de un instrumento tecnológico sofisticado de comunicación. Sus miembros interactúan de un modo multiforme y eficaz gracias a una señal que traspasa la órbita de la Tierra...
Y no sólo en eso es una cultura súper-avanzada sino que en su misterioso diseño, puede parecer que se ha extinguido definitivamente y eclosionar de pronto en una primavera eterna.

domingo, 10 de mayo de 2020

¿PANDEMIA O PANDEMONIUM?


"Lugar donde hay mucho ruido y desorden"


Es inútil seguir ocultándolo: la situación de la Iglesia es crítica. El Covid-19 es un invento de los enemigos de Dios para borrarnos del mapa. Y así se entiende lo que nos dice hoy San Juan en el Oficio, que dar testimonio de Jesús es equivalente a la inspiración profética.
Coincido cien por cien con nuestro Papa Emérito: hace falta rezar con el respaldo de la Iglesia Universal para enfrentarse a este Leviatán. Pero, ¿quiere eso decir que si Francisco calla respecto a esta crisis eclesial no reza la Iglesia Universal por el que da testimonio de Jesús? ¿Y que por tanto no hay nada que podamos hacer? Desde luego, esa es una lectura, nada halagüeña, que frenará el testimonio de muchos que desearían que la Iglesia siguiera teniendo presencia pública.
Comunismo, ideología de género, etc., son las explicaciones de lo que pasa que triunfan entre los fieles; pero la verdad es otra: el deterioro del orden –moral y social- viene del Anticristo. Y su mano es inequívoca detrás de “la pandemia”, el gran golpe con el que está desbaratando los últimos baluartes de la resistencia cristiana. Sólo Jesucristo (y su cuerpo, claro) lo frenaba; pero ahora pesa sobre la Eucaristía una espada afilada.
¿Qué pasará cuando vengan los “rebrotes”? ¿Subsistirá la dispensación del Sacramento? Y si nos privan del alimento celestial ¿quién podrá resistir? Obviamente, nadie. Pero tenemos una promesa a la que agarrarnos: que el que persevere hasta el final se salvará. Y habrá quien lo haga, gracias a Dios.
La alternativa a esta civilización que agoniza es ese nuevo credo anti-cristiano que nos ha anunciado con valentía profética, una vez más, nuestro querido Benedicto XVI. Es un credo blasfemo, lógicamente, que con los maquillajes “científicos” preceptivos bendice toda clase de perversiones. Es también violento por demás y da inicio a una nueva era de persecución cristiana. Los disidentes serán excluidos de la sociedad y molidos “limpiamente” por el sistema.
Si te sientes Iglesia, cuerpo de Cristo, ya estarás experimentado angustia. Pero tenemos a María, que por su fiat al pie de la Cruz, es ahora nuestro consuelo y puerta segura para el cielo.

martes, 28 de abril de 2020

¡OJO!

"...y unge tus ojos con colirio para que veas (porque estás ciego)" Apoc 3, 18

Información veraz, justicia, libertad de expresión, libertad para educar a mi hija, libertad para emprender y libertad religiosa, son para mí las cuestiones clave que me gustaría ver garantizadas por el próximo gobierno. En todas ellas sufro severos recortes.
Son esas mis prioridades porque aspiro a bienes superiores: Verdad, bondad, belleza; y como los derroteros de este mundo van por otro lado, me veo atacado en esos derechos fundamentales, que emergieron como tales en la historia reciente por el dolor sufrido en grandes quiebras sociales.
Quiero saber cómo va mi país y miro, por razón de economía, los diarios digitales. Esta temporada leo el ABC y no me aclaro, porque, aparte de que el gobierno no informa, ellos mismos hacen muy árido enterarse. En vez de presentar un relato unificado, claro y didáctico, hacen todo lo contrario: lo fragmentan con enlaces que dispersan más que aclaran, a veces te llevan a noticias añejas, o a otras que cuesta relacionar con lo que se estaba leyendo. Por otra parte desconciertan también con la súbita irrupción o interrupción de informaciones (hoy es residual la información de ayer sobre Andalucía y en cambio recibimos de sopetón una advertencia muy seria de la UE sobre nuestra economía). Parece un proceder errático pero es justo lo contrario, y es, por supuesto, una degeneración del oficio de informar. 
Hoy, con mucho esfuerzo, saqué en conclusión que medios de comunicación, partidos, instituciones (todas, incluida la Iglesia jerárquica), gobiernos y supragobiernos, están de acuerdo en guardar silencio sobre lo que está pasando.
Hay un partido que intenta formar un gobierno estable con los apoyos de sediciosos, terroristas y gente anti-sistema, que entre todos representan a la mitad de los votantes. Aunque Sánchez lo disfrace de apaciguamiento es en realidad una vil claudicación, porque desde la Grecia clásica a nuestros días, ya se sabe que intentar apaciguar al violento haciendo lo que él quiere, no sólo no trae la paz sino que aboca a la guerra. 
El partido mayoritario de oposición no muestra inquietud ni en medios ni en redes, las cuales hacen más que nada de aliviadero de pulsiones y sólo bajo una mirada superficial se las puede considerar como foros de opinión. Y el hecho de que autoridades autonómicas y el resto de poderes sociales callen también en este momento sólo puede deberse a que hay un acuerdo entre todos ellos. Consiste en considerar que lo que está en juego es articular un sistema que aísle la disidencia, pues toda consideración de valores superiores –que a la gente corriente como yo es lo que de verdad nos preocupa- ha dejado de tener importancia en el juego político. Ni sistemas de gobierno, ni Dios, ni patria, ni Rey… mandan únicamente los estómagos y las vergüenzas, pero eso sí, en una apariencia de libertad.
El espeso silencio informativo da cobertura a una frenética actividad clandestina: en algún lugar, mentes privilegiadas colocan las piezas de un sofisticado engranaje jurídico-político-económico que, una vez puesto en marcha, con fría precisión matemática irá clausurando una tras otra todas las instancias democráticas que aun resisten, para imponer un sistema totalitario aterrador, una férrea dictadura virtual, una distopía que superará con mucho las más atrevidas y esquinadas fantasías de poder que mente humana alguna haya podido concebir.
Es terrible, pero empiezo a confirmar muy seriamente que también VOX está metido en este paripé. Una vez más la realidad supera la ficción. En resumen, vamos hacia esa realidad virtual que hace nada era cosa de literatura. En el nuevo orden podrá uno ser lo que quiera: de izquierdas o de derechas, liberal o comunista, e incluso disidente, en VOX. En este último caso, por ejemplo, serás vilipendiado, se te impedirá el paso a muchos foros, se te perseguirá incluso y serás el muñeco de feria contra el que se dispara, pero aún así, estarás dentro del sistema, y todo ese padecer no será más que un papel, ni más ni menos meritorio que el de cualquier otro militante político; y por supuesto, totalmente inútil en el orden de cambiar la sociedad (yo ya sabía que VOX estaba infestado hasta la médula, pero comprobar que un reconocido intelectual del que recibo notificaciones en FB, diputado de VOX, cuelga esta temporada cosas tangenciales, evitando enfocar el grave asunto nacional, me ha hecho atar varios cabos y caer en la cuenta de que la realidad política es ésta, mal que me pese). 
Pero para imponer este nuevo orden necesitan aún sus promotores vencer ciertas inercias y resistencias, gestos del pasado que traicionan a muchos y ponen en aprietos a los jóvenes protagonistas de este cambio alucinante. Esto explica el puñetazo sobre la mesa que le fue ordenado ayer a Sánchez descargar sobre los ufanos gobernantes de Andalucía. Todos quedamos mudos y temblando… y los más “interesados” tomaron buena nota. Y a otra cosa mariposa, porque hoy ya se había echado tierra sobre el asunto, dejando claro que hay un amo-amo, al que no se le rechista, y que está dispuesto a hacer en España, y en todo el mundo, de su capa un sayo. Pero como, por esas inercias mencionadas y por esas poses impostadas del nuevo orden –en este caso las del PP- el guión del mazazo sobre San Telmo tuvo su (pequeño) revuelo mediático, al pico de audiencia logrado ayer le siguió hoy el anuncio de una de esas señoras elegantes de la UE -versión de los "señores de negro"-de que nuestro país no pasa el examen de economía ni de lejos… y que nos preparemos. Y ya está, con estos hilos en el telar, al jefe en funciones, títere del verdadero, no le chista ni Rita la Cantaora. Y, como nos indica el ABC, dado que hay un vacío legal en la Constitución, porque cuando se hizo no se preveían este tipo de situaciones, Sánchez puede estar en funciones el tiempo que quiera -como diciendo que nos guste o no, esa es nuestra suerte y nos la comeremos con patatas.
El futuro está ya en España llamando a la puerta; nadie lo ha visto aún, aunque algunos visionarios lo han imaginado y se las prometen muy felices. Pero éstos se van a llevar un gran desengaño; porque sus fantasías fracasarán como fracasaron las de quienes tuvieron en el pasado sueños de grandeza parecidos; y lo único que conseguirán será provocar, como siempre, un baño de sangre y reabrir la herida que no se cerrará nunca del Corazón de Cristo que late en su Cuerpo, que es la Iglesia. A pesar de todo, esta Iglesia santa y pecadora a la vez, sufriente y paciente, no dejará de rezar por todos, sin excepción, suplicando más misericordia para los más pecadores y pidiéndole a María que les obtenga el don de poder perdonar, de poder vivir con valentía en el tormento y de no sucumbir a la tentación de la tristeza.
Mi trato con Dios me da certeza sobre el diagnóstico y el pronóstico aquí vertidos, y de mi experiencia saco una recomendación:
Es impredecible cuánto puede tardar en consumarse esta nueva desolación en marcha, porque a Dios le siguen llegando oraciones sinceras que Él escucha y responde. Por otro lado, también en el pasado hubo grandes calamidades asolando a la humanidad y todas quedaron atrás. Así también puede suceder ahora que después de un tiempo de prueba para la humanidad, retorne ésta a su pureza perdida y el rostro de Cristo vuelva a brillar sobre nosotros. Como no lo sabemos, ante la oscuridad y el temor presentes, nuestra más sensata actitud es habitar en nuestra tierra como Dios manda: trabajando, proyectando un futuro, ayudando a nuestros hijos a crecer y formar un hogar, sin ceder nunca al desaliento ni caer en la melancolía de pensar que no hay salida; confiando sin límites, llevando una vida sobria y religiosa, y alzando las manos limpias de discordia al creador en todo momento. Y en medio de las asechanzas tenebrosas del maligno, sin perder la calma, ir presentándole al Señor en oración de súplica y alabanza, con acción de gracias, todas nuestras inquietudes, para que así su paz, que supera todo conocimiento, custodie nuestros corazones y nuestros pensamientos, dando vigor a nuestras almas y haciéndonos caminar por las alturas.

*Unos meses después de escribir esto llegó su cumplimiento, durante la crisis social por la que nos tiene confinados. Prensa, partidos, sindicatos... consienten las tropelías del gobierno; por ejemplo:
-Tramitar una Ley de Educación (doctrinaria) sin debate ni consenso.
-Alterar el estatus de millones de funcionarios con nocturnidad.
-Legislar por decreto contra la ley orgánica que fija la independencia judicial. (El editorial del ABC llama a esto "arbitrariedad")

jueves, 23 de abril de 2020

PREGUERRA

Premeditación...

Pregunta: Usted ha hablado de que la fase previa de la guerra es la propaganda, preparar psicológicamente a un pueblo para llevarlo al conflicto.
Respuesta: Exactamente. No puedo estimar hasta qué punto ese nacionalismo funciona en España o hasta qué punto la gente se está volviendo nacionalista, pero en Croacia, tras cinco años de horrorosa propaganda, la gente acabó votando a un Gobierno proguerra. Y en el otro lado, en Serbia, pasó igual. No sé hasta qué punto están zakrvljeni (cuando dos pelean y hay sangre, ‘enzarzados’). La mayor dificultad con el nacionalismo es que creemos que somos seres racionales, pero el nacionalismo es política de emociones. Política populista. Tienen que provocar emociones, y en el nacionalismo la emoción más importante es el odio. Tienes que provocar odio y para eso tienes que convencer a la gente de que los otros son un peligro para ellos. Hace falta una base psicológica para llegar a un conflicto serio que no se puede crear en una noche, de un día para otro. Hacen falta años. En Bosnia lo lograron. Y si el odio ya está creado, difícil que haya algo como en Checoslovaquia.
Si el odio tiene una base histórica, es más fácil crearlo, pero también se puede crear sin antecedentes históricos. Se puede crear un peligro imaginario. Aquí, Cataluña pide la separación porque piensa que así probablemente tendrá más dinero y mejor vida, y España no le deja porque es un Estado que no se puede dividir. No me parece suficiente como para que surja una guerra.
Pregunta: En Yugoslavia hubo una crisis económica. En España desde 2008 también. Siempre es lo mismo.
Respuesta: Es común para todos, para los yugoslavos y para los españoles. El miedo, un miedo que se puede sentir en toda Europa. Miedo potenciado, primero, por la crisis. En Austria ya se decía que los inmigrantes iban a quitarles el trabajo antes de que se produjeran las llegadas masivas de refugiados. Cuando los refugiados eran de Serbia, Croacia y Bosnia también quisieron que dejase de entrar tanta gente en su país. Les iban a quitar el trabajo, siempre son argumentos banales: ¡Van a esquilmar el presupuesto en sanidad! ¡No habrá pensiones para todos! En Suecia están igual. También se habla de que las pensiones van a ser para «ellos». Todos los que llegan, además, están metidos en la categoría de musulmanes, da igual si creen o no. Y el prejuicio es que todos los musulmanes son terroristas y violadores. El inmigrante en Europa es un musulmán terrorista y violador. Y con estos mimbres se está construyendo una política populista.

Nos está sucediendo algo desconocido: sentimos que la paz peligra. 
-¿Qué tenemos que hacer? ¿Quién nos puede salvar?
-Dios, sólo Dios.
-Sí, ya, ¿pero qué tenemos que hacer nosotros?
-Pedirle a Dios que os salve.
-¿Cómo?
-Tomad nota:
Para empezar se necesita una puesta a punto: Confesar y comulgar. Después es urgente que la Iglesia recobre su papel de madre que enseña a sus hijos: los principios y, ahora especialmente, que los más fuertes deben ser ejemplo para los miembros más débiles, viviendo con arreglo a su fe, y animándoles a cargar con las cargas de los que no pueden. Es necesario dar una formación sencilla y clara que enseñe a vivir en cristiano. Por ejemplo, junto con el ayuno, la limosna (no hablo sólo de comida y dinero) y la oración (ésta y los sacramentos son básicos), hay consejos valiosísimos en el depósito de la Iglesia, como el de San Ignacio: Cuando "algo" te inquiete, deséchalo sin dudar, pues viene del maligno, sea persona, idea, emoción, situación,  noticia o información que te entra por los sentidos, ¡fuera! Todo lo que te mueva al odio, tristeza o miedo, viene del demonio. Lo dice también 
Jaques Philippe en La Paz Interior: Luchamos cuerpo a cuerpo con el malo, pero mientras no nos salgamos del tatami de nuestra paz, venceremos, y si alguna vez salimos, con volver inmediatamente a ella, basta. Esa paz es saber que Dios es tu Padre y te ama. Estos y otros consejos los reciben "en casa" de un modo natural los hijos de la Iglesia. El amor a ésta, sin dejarla nunca y el hablar con Jesús a todas horas, son la protección para el combate. Y NO TENER MIEDO, pues por la fe sabemos que estamos en el bando vencedor.





























¿PASCUA O PANACEA?

En memoria de los que murieron
 abrazando la Cruz 

“Dios es cariñoso con todas sus criaturas”
¿Es cariñoso hasta con los asesinos en serie? Pues sí.
Dios, que nos creó, no fue injusto, ya que viéndonos desvalidos por rebeldes, nos regaló a su Hijo Único para que, matándolo, nos salváramos.
Jesucristo, el Hijo de Dios e Hijo del Hombre, sufrió muerte de criminal por amor al Padre y a nosotros. Y por eso, por esa obediencia total, despreciando la ignominia, mereció ser resucitado, mereció vivir para siempre al lado del Padre, como estaba al Principio, sólo que ahora como cabeza de un cuerpo que somos nosotros, los que creemos estas cosas.
El himno matinal que cantamos hoy dice que el corazón del Padre se alegra por la Resurrección del Hijo, y porque eso hace que todas las cosas sean buenas al participar de su Gloria. Y es que en Cristo se realiza una nueva creación –definitiva-, según la cual, queda abolida la condena que pesaba sobre la raza humana desde el primer pecado y recibe, con toda la creación, la participación en la vida divina, un modo de existir aún mejor que el que perdió al pecar.
La condena consistía en estar presos de la Muerte. La vida conducía inexorablemente a la muerte del ser, y no había escapatoria. Lo malo de eso era que se vivía con un dolor intenso sordo y continuo, pues vivir era un morir, y la vida no estaba hecha para eso. El solo pensamiento de la muerte nos turbaba hasta la locura, haciendo cualquier cosa por escapar de ese destino y viendo que todo era inútil. Ese ‘cualquier cosa’ no reparaba en el pecado, miraba sólo a “que yo me salve” y “si para eso tengo que matar, mato” (a mi hijo, a mi mujer, a mis padres, a mi enemigo, a mí mismo…).
Tan triste condición cambió cuando uno de los nuestros consiguió escapar de la trampa. Desde entonces se ha convertido en nuestro guía. Por supuesto que Alguien así tenía que ser Hijo de Dios, pues ninguno de nosotros tenía en sí mismo poder suficiente para vencer al dragón.
El mensaje que quedó para siempre grabado en el alma del ser humano desde la Pascua de Jesús es que EL AMOR VENCE AL ODIO; y que sólo existe ese camino para la vida del hombre.
Estamos en Pascua, y “el mundo entero se desborda de alegría”. Pues claro, ¿cómo podría ser de otra forma?
Es muy cierto que el cuerpo ha de experimentar la muerte orgánica para entrar en la Vida verdadera. Eso es así porque el cuerpo es nuestra morada terrenal, está hecho de tierra, y por tanto debe quedarse en la Tierra para que podamos “ascender” al Cielo.
“Era necesario que Jesús muriera en la Cruz”, que muriera de la muerte más horrible que puede haber, para que nadie que sufre dejara de verse reflejado en Él, un intercesor comprensivo con todas las desgracias posibles. Y todos entendemos a Jesús porque todos sufrimos; y los asesinos en serie también, y mucho.
El dolor nos viene de percibir la degradación del cuerpo como el avance de la muerte en nosotros; y por otro lado, nos viene de pecar, que es un modo de hacer daño, a nosotros y a los demás; y dado que nuestro ser ha sido creado por y para el amor, la infidelidad a esta naturaleza nuestra nos causa un dolor existencial, a menudo no consciente, pero real y con efectos sensibles.

Cristo asumió la carne enferma, que era nuestra condición de exiliados del paraíso. La asumió, y “colgándola del madero, la curó”, para que nosotros, cuando esa carne nos pase factura en forma de sufrimiento humano, mirándole a Él, traspasado por nuestra rebeldía, entendamos que en el sufrir por amor está la salida de la muerte. La muerte –la del ser, la ontológica, la aniquilación total- es antinatural y su sola consideración nos trastorna y nos induce a decidir mal, a pecar. Por eso Cristo no murió de cualquier muerte; el plan del Padre pasaba por convertir a su hijo en estandarte de la Vida, bandera que ondea al viento; y por eso lo levantó en lo alto de una cruz, para que se vea bien cuando uno esté rodando por el suelo. Creyendo esto, crucificamos nuestro cuerpo al lado del de Jesús; decidimos no pecar más, no dejar que nuestra carne mande sobre nosotros; de tal manera que nuestro cuerpo queda muerto con Jesús y nuestra vida A SALVO, escondida con Jesucristo en Dios, a la espera de que Él se manifieste glorioso en el mundo –en su segunda venida- para que nos lleve con Él a su gloria, la vida dichosa para siempre.
Cristo permanece clavado para siempre por la salvación del mundo, hasta el final. Sigue clavado en la Cruz con todos los seres humanos que sufren; ese lugar es suyo; el último sitio al que ninguno de nosotros quisiera ir… y así es el último y el primero a la vez. El esclavo de todos por amor y el primer resucitado.
Tras el pecado original apareció la muerte en el mundo, y con ella las enfermedades. Pero con el “Sí” de Jesús al plan redentor del Padre quedó restablecida la SALVd. Si confiesas que ese hombre es Dios mismo y que te puede salvar de todas tus dolencias y enfermedades, tu vida quedará sana. Poco a poco “tu carne enferma” retornará a la vida: tus sentidos y entendimiento se abrirán; tu concupiscencia no tendrá poder sobre tu conducta; los muchos dones que recibiste al nacer “se resetearán y optimizarán”.
Ahora se habla de una nueva vida en soporte digital; ¿real o virtual? eso da lo mismo, pues se trata de una vida mejor, con un potencial infinito. Estamos ante una nueva era; ya se anuncia a bombo y platillo la Panacea. Y ¡bendito virus que nos dio tan grande vida!
No hará falta que nos juntemos físicamente, pues on-line tendremos los mismos productos y aún mejores, y sin los riesgos de “la carne enferma”. Ésta la tomaremos por esclava y cuando ya no pueda mantenernos en esta vida "dignamente" la desecharemos. El cuerpo quedará al servicio de nuestra vida verdadera que está “en la nube”, cargada de oportunidades placenteras.
Pero ¿y el alma? si no existiera… bien, pero ¿y si existe? ¿No se resentirá por falta de conocimiento cierto de que va a vivir eternamente?
Este dilema aún no está resuelto, ni nunca lo estará, pero puede que la Panacea siga adelante si se consigue adormecer las conciencias respecto a tan inquietante pregunta. En resumen, la utopía que se nos va a proponer en cuanto pongamos un pie en la calle, menguará al cocer hasta quedar convertida en “si quieres ser feliz como me dices, no analices, muchacho, no analices”. Y a muchos no les importará en tanto estén cómodamente entretenidos y “adecuadamente anestesiados”. Pero en un momento u otro de sus vidas, esa pregunta contenida en su interior irrumpirá como un volcán en sus conciencias causando mucho dolor… Entonces su “sistema operativo” se colapsará, entrando en estado vegetativo… Lentamente, puede que al mismo tiempo en que otros estén decidiendo qué hacer con tales “cacharros”, se reconfigurarán las cpus y esas PERSONAS visualizarán en su pantalla interior una CRUZ… y un cuadro de diálogo que demanda una respuesta.
Estas cosas son cruciales, nunca mejor dicho, y son el quid de toda discusión a partir de ahora. Dos ejemplos propongo para entender el alcance del interrogante que se nos viene encima: La educación y la familia. 
Se dice que los niños pueden aprender mejor en casa con un portátil que en clase. Y se argumenta que así se personaliza ‘realmente’ la educación, potenciando las capacidades de cada cual; que se evitan las pérdidas de tiempo habituales en las aulas; y que se ponen al alcance de todos los mejores sistemas de enseñanza; y muchas más ventajas.
Sin negar que eso sea cierto y sin entrar a discutir sus peros, en general es mucho más lo que se pierde que lo que se gana. Porque el centro de toda educación, entendida como el proceso que promueve un cambio interior que capacita para desenvolverse adecuadamente en la vida -siempre y en toda circunstancia-, es mostrar a la persona que hay una salida ante cualquier problema, que se descubre a través de la obediencia y el desarrollo de las virtudes, y que tiene su fundamento en el sacrificio redentor de Cristo en la cruz, esto es, en la Pascua de Resurrección. Este mensaje central es transversal al currículum, lo impregna todo, y se transmite principalmente por el ejemplo de los educadores.
Cuando están alborotando los alumnos ¿se detiene su aprendizaje? Desde luego dejan de hablar de polígonos y polinomios, pero atienden a otra cosa más importante: ¿Qué hace ahora el que está al frente? ¿Castiga, fustiga, se enerva, ofende, amenaza… o reza interiormente al Espíritu Santo para responder al abuso del grupo con mansedumbre, paciencia, sabiduría y firmeza? En la segunda opción se estará transmitiendo eficazmente el mensaje de la Cruz, el único que nos puede salvar del miedo, el odio y la tristeza.
Y en el caso de la familia igual. A través del ejemplo enseñan los padres el arte de vivir de acuerdo al acontecimiento histórico central: la Redención del hombre, la Pascua salvadora. No se juega el mundo tanto en sus saberes científico-tecnológicos como en la difusión de este trascendental suceso histórico. Lo saben muy bien los enemigos de la Cruz, los que se ponen al servicio de amos tiránicos haciéndose la ilusión de que Dios no se entera y nunca les pedirá cuentas... pero infravaloran el sacrificio de la Cruz.
En resumen, queda como solución un cambio de rumbo radical, pero ¿en qué sentido, PASCUA o PANACEA? La decisión es personal pero nos afecta a todos.
¡FELICES PASCUAS!

martes, 25 de febrero de 2020

TOM EL ROJO

TOM es mentiroso desde el principio; una sencilla mujer lo dejó K.O.
           
Tener fe es caminar hacia la luz, la vida, la verdad. Todos estamos llamados a esa peregrinación y cuanto antes la iniciemos, mejor para todos.
Por falta de fe está hoy el mundo envuelto en tinieblas, en sombras de muerte. Por eso abundan los crímenes, las obras malas de todo tipo.
Yo me decidí a caminar un día de hace 27 años, en un getsemaní particular preñado de gloria. A menudo me recuerdo a mí mismo que no tengo ningún mérito, ni virtud, ni conocimiento que no me venga de allí, de aquel momento a solas con Dios, cuando me fie de Él porque no tenía más remedio. Esa conciencia de ser del todo un agraciado con el premio de la fe me ayuda a no gloriarme, y también me ayuda en eso la parte del camino que llevo recorrida de la mano de Jesús.
Soy consciente de mis imperfecciones, de lo que en mí no está purificado, de mi necesidad de sanación interior. Pero Dios está realizando una obra grande conmigo y estoy firmemente persuadido de que la llevará a término. Sé -y esto sí que es verdadero conocimiento- de quién me he fiado. En esa firme esperanza de perfección estoy salvado- Spes Salvi.
Como los primeros cristianos "yo creo, y por eso hablo". Y cuando hablo, aun consciente de mis limitaciones, cumplo una misión. Me pongo ante Dios antes, durante y después de hablar; y si yerro, también mi error y el dolor de mi pequeño corazón por haber ofendido a Dios, servirán para el bien de mis hermanos.
Como la levadura fermenta la masa, la gracia santificante que Dios comunica a su Iglesia por medio de Jesucristo, está llamada a cambiar el mundo. Sin embargo, este cambio no parece estar ocurriendo; antes bien, se huele por todas partes -también en la Iglesia- la “desgracia”. 
De un tiempo a esta parte escasea entre nosotros, los fieles, la sabiduría, la ciencia y la alegría, propias del Espíritu Santo. Los actos, gestos y palabras del pueblo de Dios reflejan desorientación. También los corazones se sienten desconcertados y languidecen las celebraciones litúrgicas. Por el influjo del mundo, las mentes se van embotando y no captan los signos de los tiempos.
Ese vacío -inquietante para los creyentes- es la causa de que muchos hayan empezado a dar por buenas las explicaciones de sabios surgidos al mismo tiempo que la desorientación, y cuya sabiduría, pretendidamente del cielo, es del mundo y arrastra a la perdición. Y lo mismo sucede con la alegría, de la que se va imponiendo un sucedáneo con un sabor inequívocamente mundano.
Aún está fresco en nuestra memoria el recuerdo de la luz y el gozo en que los fieles vivíamos hasta hace apenas una década… pero ya por entonces nos prevenía el P. Mendizábal, con su chispa habitual, de caer en la tibieza: “yo los oigo a la salida de Misa animándose unos a otros a desanimarse”. Finalmente se ha cernido sobre la Iglesia una especie de parálisis espiritual, al mismo tiempo que se han crecido sobremanera sus enemigos. ¡Pero nosotros no hemos recibido un espíritu apocado sino el de “hijos de Dios”!; entonces ¿qué?
¿Por qué no estamos en las plazas contagiando ilusión y esperanza? ¿quién nos ha embrujado? Los jóvenes que vibrábamos en los encuentros con el Papa Magno ¿qué le diríamos ahora si nos preguntara qué hemos hecho con sus enseñanzas, con su ejemplo, con su oración por nosotros? ¿estamos ya cerca del cielo o por el contrario tenemos una fe mortecina?
Pesa sobre nosotros un hechizo, nos confunde una visión mundana avasalladora que distorsiona el Evangelio y le va hurtando su poder para dar vida. Y nos sentimos amenazados.
Pero lo que vaya a suceder ya ha sucedido anteriormente, tal como nos recuerda hoy el Eclesiastés, nada hay nuevo bajo el sol… ¿a qué tanta queja estéril, tanto comentario de pasillo, tanto chisme? ¿acaso dejará Dios de estar con nosotros hasta el fin del mundo? ¿dejará de proteger al que camina en su presencia? Ciertamente no; y por esta seguridad, rodeados como estamos de injusticias, no cabe la pasividad. Como tampoco cabe la rivalidad, o el juzgar de oídas, o el cerrarse a la misericordia con todos.
Nuestro padre en la fe, Abrahán, creyó y Dios se lo reputó como justicia. Y ahora Jesucristo está entre nosotros. No se trata, pues, de estar bien informados para tomar la decisión correcta, sino de no perder la comunicación con el Único Veraz. Él nos instruirá y caminaremos por sus sendas hacia la santidad, sin miedo. 
Es la falta de oración la que genera inseguridad y nos hace influenciables y permeables a las “soluciones” mundanas; ese abandono del trato con Dios hace que se nos vaya enturbiando el agua y vayamos perdiendo poco a poco las ganas de beberla… y las fuerzas para vivir. Pero esto, que no es raro, se arregla volviendo a rezar con sencillez hasta que la suciedad desaparezca.
El perverso fantasma que hoy asusta al mundo -que es por cierto el de siempre- se llama TOM, nombre que responde a las iniciales de sus apellidos, que son Tristeza, Odio y Miedo. 
Que nadie se deje engañar por él: todo acontecimiento -exterior o interior-, toda persona, cosa, ente, idea, real o imaginada, que nos huela a TOM, viene del Maligno. Inmediatamente debe ser desechada, no considerada en absoluto, y por supuesto, no admitida como interlocutor válido bajo ningún concepto, esto es crucial. La Iglesia proporciona, por su sabiduría acumulada, esta enseñanza, como proporciona todo lo necesario para transitar con éxito por esta vida para alcanzar la verdadera. Los ángeles y los santos también vienen, por supuesto, en nuestra ayuda, cuando rezamos como y con María, con sencillez y de manera constante.
En cuanto a quién es o no de fiar, el mismo Jesús nos lo ha dicho: “Al árbol se le conoce por sus frutos…” y a las personas por sus obras. ADIÓS.