Imagen de FÍATE

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jueves, 31 de octubre de 2019

AUNQUE REVIENTE

¡ALARMA, ALARMA, A LAS ARMAS CON CRISTO!
Antes de ser santo; con el corazón herido y, por tanto, limitado para amar del todo; asaltado a veces por vergonzantes sentimientos de rabia... así como soy, imperfecto, me voy a atrever a señalar a otros un camino, con la esperanza de que, no mi fuerza, sino la de Dios, haga que algunos me escuchen y se conviertan de su vida de pecado.
La edad madura me ha mostrado la ruindad de nuestra condición y el efecto destructor del pecado; el vacío poblado de chacales que deja la falta de fe; que la vida es una lucha continua entre el bien y el mal; y que urge tomar conciencia de ello y pelear.
Desde que Francisco está a la cabeza de la Iglesia he visto cómo ésta ha ido cambiando. Ha coincidido este período con el de la crisis, o a lo mejor no ha sido una coincidencia. El caso es que la Iglesia que conozco está  dispersa y despistada. Esa conciencia del combate entre el bien y el mal no la veo entre mis hermanos de fe y por tanto, no veo que se viva de verdad el Evangelio. En cambio, sí que veo la presión incesante y el avance de los enemigos de Cristo que traen desgracias al mundo.
Ahora ha salido VOX a la palestra, supongo que en parte por la oración de almas piadosas. Es complicada la situación, porque está la gente tan alejada de la fe, que los que aplauden a este partido pueden tener también situaciones personales muy malas, con sentimientos de rencor, ansias de venganza y comportamientos violentos, malo todo ello para fraguar un proyecto social. Pero no me cabe duda de que en este cambio de tendencia está la mano de Dios. Y que Él espera de sus elegidos que jueguen un papel preponderante marcando el camino a la masa.
Cuando uno se lanza al combate por el Reino, se da cuenta en seguida del significado de "nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso sino contra las potencias del Mal que revolotean en el espacio". Es más fuerte el combate interior que los lances físicos; y en este sentido es relevante decir que uno de los grandes escollos en esta lucha es el que viene de dentro de la propia Iglesia: por ejemplo, la tentación de sentirse un soberbio por denunciar pecados y profetizar desgracias puede llegar a ser muy angustiosa. 
Desde el principio me pareció que el Papa adolecía de un grave defecto. Me refiero a la facilidad con que permite que por sus palabras se extraigan conclusiones contrarias a la Ley de Dios. Entiendo que si él reconociera esa dificultad, con la ayuda de la gracia de su estado conseguiría estar más callado y Dios se lo reputaría como humildad y ejemplo para su grey. Pero no, en vez de eso, sucesos que su papado promueve son verdaderos escándalos que hacen tropezar a las gentes. Y no necesito relatarlos pues están en el corazón de todos los que amamos a la Iglesia y tenemos una conciencia doctrinalmente bien formada.
Son legión los que nos mandan callar, argumentando, unos, que hablar mal del Papa es ofender al Espíritu Santo, y otros, que es un mártir al que un sector de inválida teología se empeña en crucificar. Me quise aclarar sobre esto confesándome con un obispo y éste me dijo que dudar del Papa era como tener un hueso dislocado. Pero entonces, en la oración me topé con esa imagen de la luxación en el contexto de la infidelidad del pueblo entero de Dios que causa parálisis y favorece el avance del mal. No se ofende a Dios cuando se obra en conciencia y mirándole a Él. Y el no actuar, por miedo a pecar, es desconfianza hacia Dios. Esta lacra está muy unida al buenismo rampante que afecta a muchos fieles e incluso a muchos de los que se sientan en las cátedras, y que afea el rostro de la Iglesia hasta el punto de hacerla despreciable a los ojos de nuestros contemporáneos.
La viscosidad de este pecado de simulación mezcla también el miedo a perder la comodidad terrena, dando así más munición al enemigo. Porque el miedo embota las conciencias y dejamos de escuchar a Dios para escuchar a nuestro superior en el escalafón. Y  lo importante de este asunto no es si éste o el otro peca, sino que si la sal se vuelve sosa no sirve más que para que la pise la gente.
Cuando yo digo en la asamblea de padres del colegio diocesano de Toledo, que es necesario hacerlo más religioso, aún yendo a contracorriente, intento avisar de que si el carácter religioso no se extiende a todo, se impondrá lo mundano, y entonces desaparecerá todo lo que apreciamos actualmente en esas aulas; la sal se volverá insípida y nadie mandará a sus hijos a un colegio que no es ni fu ni fa, porque de la tibieza no sale nada bueno y sólo sirve para hacer burla de ella.  
Una Iglesia tibia, que reproduce el modo de actuar del mundo, donde sus adeptos esperan las consignas de los de arriba para actuar y no hacen nada sin consultárselo, es un esperpento, que causa irrisión y burla, y el mundo le arrebatará toda autoridad y poder, sometiéndola y haciendo escarnio con los que se resistan al cambio. 
Ese escenario ya está ante nosotros. He visto cómo en nuestra diócesis se han encumbrado clérigos que no transmiten a Dios, que tienen un estilo autoritario y antievangélico, que actúan coordinándose con instancias superiores y envuelven en esa dinámica al resto o los condenan al ostracismo. Por poner un ejemplo: Me admiró al visitar por primera vez el Centro de Espiritualidad de Valladolid que la nevera estaba abierta a todas horas para todo el mundo, que del orden y la honradez se encargaba el Espíritu Santo. El Corazón de Jesús, abierto a todos, se palpaba allí. Y lo que pasa cuando desaparece este espíritu es justo lo contrario: empiezan a ponerse candados y guardias pretorianas. Como en nuestro Palacio Arzobispal, que desde la semana pasada lleva control riguroso de todo el que entra o sale. 

miércoles, 30 de octubre de 2019

Y A TI ¿QUÉ TE IMPORTA?

Bueenoo... no seé... yo pieenso...
España es una nación gracias a su fe y llevamos esa marca en las entrañas. Pero es innegable que hay españoles incómodos con esto. Jesucristo ha sido, es y será, una bandera discutida, siempre, hasta que, al final, Dios haga de sus enemigos el estrado de sus pies.
Tuvo mucho éxito en los 70 una historia de la Guerra Civil Española escrita por un inglés. Este verano la estuve ojeando y me decepcionó mucho por su marcado partidismo. 'Casualmente', por las mismas fechas, me topé en un rastrillo con otra versión de los hechos, compuesta a modo de collage con recuerdos de los protagonistas. En el prólogo se decía, sin alardear, que aquel triste episodio nacional estaba teñido de sangre noble y rezumaba fe. Este modo de abordar el tema me convenció más; aunque no siguiera el método científico-histórico me parecía mucho más   fiable que el erudito pero muy parcial de Hugh Thomas.
El primero de  los testimonios acontece entre verdes valles. En un nido de ametralladoras, un oficial le ordena a su sargento disparar contra la hermosa ladera de enfrente, surcada de trincheras. Apenas dada la orden, una bala perdida se cuela por una aspillera y alcanza al suboficial en la garganta, y éste, cayendo exangüe, exclama: "Mis hombres aún no han comido". Esta víctima era un veterano militar, fiel, diligente y discreto por demás, padre de ocho hijos; en su forma de morir se advierte el mismo espíritu con que había vivido: Los que tenía a su cargo, antes que él mismo.
En otro libro, recién publicado en Toledo, el profesor y jurista D. Alfonso Galdeano relata la conmovedora historia de su abuela, viuda tras el asedio del Alcázar. Los milicianos habían cortado el suministro eléctrico y los de dentro no podían desmentir el bulo de su rendición, que maliciosamente Radio Madrid estaba difundiendo. Alguien tenía que salir, cruzando el cerco enemigo, para llevar a la capital la verdad. En medio de la noche se deslizó valientemente una sombra por calles y caminos y consiguió llegar hasta Torrijos. Allí, fatalmente, perdió el anonimato y unos disparos pusieron fin a sus andanzas. La nueva viuda, movida por su fe, visitaría después aquel pueblo con sus hijos, para besar juntos las manos del que tanto daño les había causado.
Yo me siento español entre españoles. Y siento también que España es católica. No sé si conocen aquel chiste de un joven que viendo rezar a su padre, tenido por ateo, se sintió incómodo y no pudo evitar expresar una protesta, a lo cual su padre respondió: "¿Qué pasa, hijo, que por ser ateo no voy a poder rezarle a la Pilarica?"; o aquel otro, de uno que atendiendo a dos personas en la puerta, logra finalmente desembarazarse de ellas diciendo: "Miren, no creo en mi religión [la católica], que es la verdadera ¿cómo pretenden Vds. que crea en la suya?".

Una curiosa tesis, de D. Faustino Cordón, dice que la cocina hizo al hombre. No cabe duda de que pasar de comer carne cruda a comerla asada tuvo que suponer un cambio cualitativo importante en la historia de la humanidad; aunque es arriesgado decir hasta qué punto. Sea como sea, que la cocina tiene algo de "sagrado", es evidente. 
La palabra "hogar" -fogar- viene de fuego, ese maravilloso lugarteniente del sol, que tanto impulsó el progreso y que hasta hace bien poco conservó todo su protagonismo en la vida de los pueblos.
En torno a la lumbre acontecía secularmente, de modo privilegiado, la transmisión del riquísimo legado cultural acumulado en milenios de historia. En Occidente, "el servicio al culto en ese santuario" siempre estuvo reservado a las mujeres.
En esa era histórica, trabajar, comer y dormir componían el eje en torno al cual se ordenaba la vida, y el soporte en que se anclaba era el "hogar". Aquí, las distintas labores se entretejían con los afectos familiares. Y la mujer manejaba los mimbres, con mayor o menor destreza.
Sus dotes naturales para el cuidado de la prole y para el sutil entendimiento del hecho social, le garantizaban el lugar preponderante de la estructura familiar.
La gradual sustitución de esas "leyes naturales" por otras, artificiales y cambiantes, terminó por desbancar a la mujer de su posición de privilegio. Y no sólo eso, sino que acabó por truncar la estabilidad misma de la civilización.
Desaparecida el alma mater, que nutría con toda clase de "alimentos" a los miembros de la familia, surgió un vacío en la vida de las personas, dejándolas a la deriva como barcos fantasmas. Y los naufragios se hicieron  tan habituales que a día de hoy ya no nos alarman.
El cambio ha tenido consecuencias dramáticas para  todos, instalándose la desconfianza en el centro mismo de las relaciones personales. Y no han salido los varones mejor parados que las mujeres, como se nos quiere hacer creer. Conocí a un hombre que acabando de cumplir pena de cárcel por una acusación falsa de su ex, se buscó él mismo una pena de hospital aún más dura que la de prisión. Y conozco a muchos otros que, si no han sucumbido ya, llevan años combatiendo con la angustia, hostigados por un miedo inducido a perder sus hogares, o sea, a su mujer y a sus hijos.
La desaparición del fuego reparador del hogar viene a ser como una 'glaciación' en versión moderna.
En definitiva, hemos llegado paso a paso al abismo de una propuesta antropológica quimérica: La vida sin afectos; el dictado de la razón descarnada como  único camino posible; camino, claro, de servidumbre. Este es el significado de la crisis actual y lo que nos jugamos en nuestras decisiones individuales y colectivas.

lunes, 28 de octubre de 2019

LO QUE PASA EN LA CALLE

Porque tu Luz nos hace ver la LUZ.

Vivimos en un ambiente caldeado y confuso, donde lo único que parece tener consistencia es ese 'hueso roído' del relativismo: "Nada es verdad ni es mentira". Las noticias en las redes, como comida rápida, se digieren a toda velocidad y estás siempre con ganas de más. Engullimos, sin empacharnos, desde chismes hasta grandes catástrofes, y si en un momento nos parece estar al borde del desastre, al momento siguiente volvemos a estar en la vida de siempre. Y así un día tras otro, tragando y 'destragando'... 
En España se habla ahora de una escalada de la tensión, pero por esa falta de claridad que lo envuelve todo, no hacemos caso y seguimos buscando acomodo en nuestros sofás. Porque sucede que si te lo tomas en serio no faltará quien te diga que adónde vas tú, que no es para tanto... o incluso que eres un paranoico... y al final optas por vivir como si la vida fuera una película, de la que eres un simple espectador y en la que no te juegas nada. 
Por ejemplo: ¿Existe un riesgo real de que España se rompa? ¿Está verdaderamente Cataluña en manos de exaltados sin control? ¿Crece de nuevo el odio fratricida que podría conducir a una guerra? 
¿De quién y dónde podemos escuchar esas respuestas? De los políticos no, porque aunque seguimos votándoles como si supieran la verdad, no son fiables; y de los medios digitales tampoco, porque mienten sin parar, y si los atendemos es porque no tenemos a nuestro alcance ninguna fuente mejor donde informarnos.
Algunos hemos vuelto la vista hacia la Iglesia Católica, le hemos dado una oportunidad en nuestro interior y llevados por la fe hemos visto brillar en ella la verdad, toda la Verdad. Pero de un tiempo a esta parte tampoco es ya lo mismo. Aquel bloque homogéneo que nos daba tanta seguridad parece estar resquebrajándose.
A propósito de esto y dicho sea de paso, el fenómeno de la violencia, que va en aumento, tiene su origen precisamente en la falta de seguridad: Si uno se siente vulnerable tiende a atacar. Por todas partes emergen grupos unidos en torno a un ideal que con gran facilidad echan mano de la violencia para promoverlo. Los 'ismos' son en el fondo búsquedas de verdad desviadas que por el camino recurren a la violencia.
Aquel brillo de Verdad que otros y yo vimos en la Iglesia no hace tanto, era distinto a todo lo que nos había tenido entretenidos antes de encontrarlo: era Cristo vivo, una persona en quien confiar. Así de claro... Sin embargo, hoy empieza a perder intensidad aquel resplandor. En un proceso similar al del mundo civil, los faros que debían alumbrar el camino de los creyentes están emitiendo señales ambiguas que confunden y extravían a muchos. 
La luz de Cristo no se ha apagado, ciertamente, pues Él ha venido al mundo y se ha quedado para siempre, pero las pequeñas luces que reflejan la suya, los testigos, no están y no se los espera. Es verdad que la fe por sí sola basta, pero también es verdad que cuando es puesta a prueba y el alma no encuentra el apoyo de los hermanos, es más fácil que se pierda.
Eso está pasando, que yendo el mundo hacia la incredulidad, la Iglesia, en vez de reforzar su cimiento -la roca, que es Jesucristo- se está también contaminando de impureza y está perdiendo su firmeza, está en-fermando.
La vida es una lucha feroz entre dos visiones antagónicas, pero al presente estamos en una encrucijada que puede ser la última. La soberbia del enemigo ha ido engordando desmedidamente en estos siglos por las grandes conquistas de la inteligencia, y hemos llegado a un punto donde el combate es total. Y por eso el Papa Emérito, profético una vez más, nos ha recordado en su último escrito que la categoría básica del cristiano es el testimonio martirial: No se enciende una luz para ponerla debajo de la cama.
Las grandes y pequeñas dificultades que nos abruman cada día son afloraciones de ese conflicto latente universal. Las contradicciones, disgustos, contratiempos y sobresaltos cotidianos, son consecuencia de la lucha que cada uno mantiene en ese gran combate cósmico en el que está en juego la LUZ de Dios, que es la vida del mundo. 
Muchas zonas de nuestra existencia, antes llenas de vida, han ido quedando a oscuras y tal parece que el ejército blanco se repliega, pero aunque esto fuera cierto, el asunto no es tanto el número de los que se salven como el triunfo de la Verdad. Porque aunque sólo sobreviviese un alma en la batalla, su Luz -la Vida en el Espíritu- seguiría siendo el centro de las miradas del mundo.
Y sabemos, porque así nos ha sido revelado, que al final de los tiempos, cuando vencido y desarmado el ejército blanco la abominación sea instalada sobre el altar, se eclipsará por un breve tiempo la LUZ de Cristo. Pero entonces, en cuanto eso ocurra, en muy poco tiempo, el que no puede morir destruirá al malvado con el soplo de su aliento y el Reino Eterno será establecido por fin para siempre. 




















viernes, 4 de octubre de 2019

CASAS Y COSAS

Nada hay oculto que no llegue a descubrirse (Mc 4,22).

Hace seis años, de casualidad, salí nombrado Presidente de mi Comunidad de Vecinos. La persona que dejaba el cargo obstaculizó desde el primer momento el relevo. Y el resto también. La razón era que con mi actitud yo estaba demostrando que era honrado y despierto. Y allí había cosas durmiendo en el olvido que no convenía despertar.
Practicaron el acoso. Era octubre y yo no podía reponer el gasóleo porque no me facilitaban el uso de la cuenta ni los datos del suministro... y al mismo tiempo me acusaban de ineficiente. Pronto empezaron a dejar caer que yo no estaba en mis cabales...
De aquel primer envite me sacó el Señor porque aquel octubre fue una prolongación del verano y no se necesitó la calefacción. Luego vendrían muchos más envites... pero también de ellos me sacaría el Señor.
Un día descubrí accidentalmente un espacio "opaco" del edificio... un sitio grande que no tributaba y del que sólo algunos vecinos conocían su existencia. Les pedí explicaciones, pero al final tuve que llamar a un cerrajero para que lo abriera porque no me las daban.
El vicepresidente y yo estábamos perplejos porque tenía el tamaño de un apartamento y la pinta de haberlo sido en su día: la encimera contra la pared desmontada, e igualmente desnudo el baño, los ventanales cegados con rasillón y el suelo levantado. 
De aquella me enteré de que una vecina venía haciendo uso de un trastero que había pertenecido a un vecino muerto en accidente de carretera... Le pregunté detalles pero rehusó dármelos, visiblemente turbada.
Se había espesado mucho el ambiente en torno a mí. Una tarde noche de noviembre llegué a casa y vi en el local a la Policía Nacional con vecinas y señores que decían ser los dueños. Supe después que se trataba de un constructor muy influyente y su apoderado. El potentado aquel se mostró arrogante conmigo cuando pregunté -como responsable de la Comunidad- qué pasaba allí. Comoquiera que el Vicepresidente dijo entonces que él tampoco conocía la existencia de aquel 'espacio', nos echaron a los dos de la reunión con un policía que nos hizo preguntas aparte.
Unos días después me detuvieron acusado de un delito de daños; me negaron el habeas corpus y me metieron en el calabozo. Allí me borraron del pendrive las fotos del local, recién descubierto y tras las obras que alguien hizo con sigilo en aquellos días.
Abogados, mentiras y quebrantos, y entre pitos y flautas, un desembolso de dos mil y pico euros y mi fama rodando por los suelos. Entretanto, mi gestión como presidente no llegaría al mes, tras reunirse la Junta y 'deliberar'.
Aquella gota fría iba a adquirir para mi familia proporciones de diluvio universal que aún no ha cesado. Pero en todo aquello y en lo que vendría después he podido mantener la calma por la gracia de Dios.
Hubo un momento en que el anhelo de mi esposa por tener un lugar adecuado para pintar nos impulsó a comprar el estudio que hay debajo de nuestro piso. En el edifico, de veinte viviendas -un tercio aprox. 'soluciones habitacionales' en alquiler y cuyos dueños no están allí nunca de visita- hay seis dúplex, por lo cual valoramos que conseguiríamos fácilmente el permiso para transformar también nuestras propiedades en una vivienda de dos pisos. Pero nos equivocamos.
Como 'voz autorizada', la vecina ya mencionada, se cerró en banda acerca de nuestras aspiraciones. Ni ella ni la vieja guardia de los vecinos contemplaron la parte humana del tema, el bien que supondría dar aquel permiso, en definitiva, el quid del asunto. De modo que todo el esfuerzo familiar por conseguir una mejora tomaba el cariz de resultar infructuoso.
En aquel mar embravecido que seguía sacudiendo nuestra vida, amparado en mi trato íntimo con Dios, lúcido y sereno, obtuve ánimos para adoptar una salida audaz de aquel impás vecinal. Con las precauciones debidas y con la experiencia de la reforma integral de mi casa de Asturias, abordé yo mismo la obra de comunicar nuestras viviendas, pero cuando había hecho un agujero del tamaño de una revista, arreció de nuevo el temporal y tuve que parar. 
Los vecinos desestimaron mi disposición a volver todo a su estado anterior y me llevaron a los tribunales. Por estas fechas debería estar saliendo el juicio.
Pero, hete aquí de nuevo la actuación de Dios, con el que no solemos contar pero que no deja de trabajar y dar cumplimiento a nuestras oraciones.
Obligado por las circunstancias a habitar en el estudio al empezar este curso, abordé ciertos arreglos y quité un armario de obra en una esquina del hall "que no pintaba nada". Eso parecía, pero al hacerlo destapé la verdadera causa de la radical oposición, particular y general, a permitir obras en el edificio. La vecina -mi vecina del apartamento- enmudeció de pronto, pasando luego a la agresión verbal.
En su edificación, este inmueble había sido un disgusto. Los obreros no cobraban; la promotora tampoco pagaba al Ayuntamiento; se paralizaron las obras; los que habían comprado sobre plano corrieron el riesgo de perder todo; se admitió oscuramente sobre la marcha la reconfiguración del proyecto, pasando de las 8 viviendas unifamiliares a 20 mixtas... Y todo con precipitación y de mala manera.
Por eso yo, nuevo inquilino, no entendía cómo en una vivienda de lujo tenía que meter a mi hijita en el Touran por la ventanilla para llevarla a la guarde, porque la estrechez de la plaza no me permitía abrir la puerta. 
La planta garaje se tuvo que parcelar en veinte en vez de en ocho, y su típico techo alto se redujo drásticamente para meter otra planta de viviendas. En consecuencia, como en toda chapuza, todo llevaría el sello de la limitación: el forjado no se hizo en regla; por su liviandad las baldosas bailan una sí y otra también; hay problemas de fugas por los trazados de las redes; se oye el paso de las aguas entre viviendas; la falta de aislamiento acústico hace más promiscua la habitabilidad del edificio... y lo peor de todo: hay grietas.
Brechas graves en el edificio material, pero también en el humano. Amenazas a la seguridad física pero también a la psicológica; molestias continuas que zancadillean la convivencia y comprometen el futuro. Porque el mal trae más mal; y lo construido sobre arena más pronto que tarde se derrumba. 
En su origen, este edificio nació torcido, de un modo errado de entender la vida. Y no se enderezó. Sus vicios van a más; y lo padecen las personas. Las relaciones entre viejos y nuevos propietarios son desiguales de raíz y hacen que la vida sea más difícil. 
Las grietas físicas pueden tener solución; además, muchas veces no progresan y basta con observarlas. Pero las grietas humanas necesitan una intervención siempre; y solo puede venir de Dios: Sólo recalzando el edificio con la inquebrantable zapata del perdón y la misericordia se puede garantizar la sanación. 
Yo planteé a la Administración que el gravamen impuesto a este edificio no tenía en cuenta su peculiaridad, y que un 18% de carga impositiva en este caso era un abuso. Y aunque presenté fotos desestimaron mi alegación. No sé qué harían ahora si vieran la foto de este artículo. ¿Levantarían la pesada carga que han puesto sobre mis espaldas?