Imagen de FÍATE

Imagen de FÍATE

domingo, 25 de agosto de 2019

LAS GUERRAS PÚDICAS

Hermano, busca la paz y corre tras ella.

Acabo de ojear la prensa. Un titular decía: "La política es la guerra". Asumimos que el periodista está usando una metáfora... pero no, el sentido es literal. 
Al mes de morir Franco cumplí 14 años. Mi mirada del mundo va a estar configurada por ese hecho histórico y mi biografía corresponderá a la generación de un demócrata español
Hay en ella un trauma en el principio, una lucha abierta por hacerse con una parcela de poder. Tras unos años de engrasar la máquina nos instalamos en el progreso del 'cambio socialista'. Vino Felipe para hacernos europeos. ¡Qué bien lo recibían! Y vivimos años de vacas gordas, sin trabajar. Una etapa lo bastante larga como para que olvidáramos que la vida es algo más que el vientre... Y así, narcotizados por los mercaderes, nos cayó encima el yugo de hierro. Ahora, aunque aparentemente seguimos más o menos igual, de puertas adentro todo ha cambiado mucho. Y la diferencia se aprecia muy bien en los rostros de la gente, en los que la expresión se ha trocado de dichosa en sufriente.
En el doscientos y pico antes de Cristo, comenzaron las Guerras Púnicas, entre Roma y Cartago, que luchaban por la hegemonía del Mediterráneo occidental y la cita que vi en la red terminaba así: "La derrota aplastante de Cartago (146a.C.) supuso un punto de inflexión que provocó que el conocimiento de las antiguas civilizaciones mediterráneas pasara al mundo moderno a través de Europa en lugar de África."
Entiendo que tuvo gran importancia ese cambio de enfoque de la historia. Sucedió además a las puertas del acontecimiento de la encarnación del Hijo de Dios, verdadero y definitivo gozne de la Historia, pues a partir de ahí, el progreso sólo existiría en el acercamiento de los pueblos a la Verdad revelada. Y en este contexto, después de dos mil años de tiras y aflojas, nos encontramos con este tiempo nuevo. Ya ni siquiera hablamos de post... algo, pues no hay referencia, sólo hay... suspense y miedo. A esto lo llamo yo las Guerras Púdicas.
En la cumbre de la 'sociedad del conocimiento' es obsceno el derramamiento de sangre. Somos seres hipercivilizados y nos hiere el abuso... hasta el de los animales. Pero esa sensibilidad ética es epidérmica. Cuando el conflicto nos toca en lo personal, desaparece la piedad y nos transformamos en lobos. Porque somos seres heridos por el pecado y por tanto estamos 'tocados' en el centro neurálgico de nuestras decisiones, el que nos podría salvar de la violencia contra los hermanos; esto es, el corazón, la capacidad de amar sin condiciones -que es en realidad la única forma de amar.
Esa límitación es una experiencia humana común y nos enfrenta con nuestra radical indigencia, con nuestra necesidad de redención, de ayuda de Dios para alcanzar el fin de nuestra naturaleza, el fin para el que hemos sido creados, la felicidad (independientemente de que una parte de ella tenga que realizarse aquí en la Tierra y otra en el cielo).
La soberbia que causó la herida que nos limita la felicidad sigue actuando hoy: la vida es el escenario del combate entre la aceptación de la ayuda 'exterior' y nuestro yo que se niega a obedecer. Pero como hay también un 'yo colectivo', digámoslo así, estamos siempre abocados a sufrir imposición. Hipertrofiado el culto a la razón, las cosas del corazón han ido quedando aparcadas. Y a partir de ahí se entiende que lo propio de estos emergentes tiempos es la ocultación del quicio que dejó abierto el gozne del que antes hemos hablado, por el que entró el magnífico progreso de la Civilización Occidental. Y toda la acción política de hoy va dirigida a ese fin.
La calamidad que nos aflige hoy es que todo lo que pudiera revelar la frustración de las personas, el fracaso del proyecto racional moderno, está rigurosamente proscrito por una legislación impresa en nuestras mentes, esto es, por la dictadura de lo políticamente correcto. No se puede hablar del dolor moral, de tu miedo al futuro o al presente, de las injusticias que ves a tu alrededor, de lo carente de sentido que te parece la vida, de la violencia que llena el vivir cotidiano, de la mentira que es la ayuda que se te ofrece, del drama de tu vida personal, de la podredumbre de lo que se da comunmente por bueno...
Se podría decir en verdad que la política de hoy está en guerra contra los ciudadanos. Pero como una presa tiene sus límites y un exceso de presión la pone en riesgo, así también la presión que recae sobre los ciudadanos es tan grande que, para evitar desórdenes, se nos están abriendo aliviaderos -como VOX- de modo que se pueda seguir con ese siniestro proyecto de crear un mundo en el que Jesús no ha nacido ni ha resucitado para nuestra salvación. Un proyecto éste que nos condena a vivir en guerra unos con otros sin que nadie lo sepa, porque sería obsceno. Guerra que, por púdica, es mucho más letal, pues los muertos no computan como caídos en combate, y así se multiplican los odios.
Atrévase usted a ser un poco como es y entenderá a la perfección lo que estoy diciendo.
Que SÍ, que hoy más que nunca estamos en guerra -Dios no permita que nos veamos en la piel de los que la causan- y que es necesario tomar conciencia de ello para que podamos buscar la paz. 


























martes, 20 de agosto de 2019

DIOS

Cuando uno experimenta a Dios siente lo mismo que si contemplara su tesoro.

Muchos se asombran cuando dices que tienes certeza de la existencia de Dios, y sin embargo, para los creyentes, esto es de lo más normal.
Dios se comunica a sus amigos de muchas maneras e inconfundiblemente. Y pongo un ejemplo:
Si tú crees y vives sinceramente con arreglo a esa fe, no puedes no tener experiencias de encuentro con Dios, pues de lo contrario dejarías tarde o temprano de creer. El hecho de que esa comunicación sea de índole trascendental no es ningún inconveniente, siempre que estés dispuesto a seguir caminando. Y si lo haces, tu seguridad para con Dios, también irá a más. De tal manera que los signos de la presencia de Dios en tu vida se hacen connaturales con tu existencia, sin suponer ningún extrañamiento ni alteración. Mi esposa y yo fuimos testigos de un milagro en Fátima. Fue el 13 de mayo de 2011, mes y pico después de la beatificación en Roma de San Juan Pablo II. Por la vinculación de éste con la Virgen de Fátima, a la que atribuía él el milagro de salvarse del atentado en que le disparó Ali Agca y la trayectoria de la bala en su cuerpo se desvió sin explicación lógica, librándole de una muerte segura, en aquel 13 de mayo, al final de la Misa Internacional, se proyectaron unas imágenes del Papa Santo, y en ese momento apareció alrededor del sol un halo de luz para todos desconocido. Al día siguiente compramos el periódico local que en la Portada sacaba la foto y la noticia del milagro. Pero si bien estos grandes signos te ayudan a seguir creyendo, no bastarían a satisfacer la necesidad de comunicación de tu alma, que día a día reclama ese contacto de amor para seguir adelante con las dificultades de la vida. Y entonces suceden muchísimos otros signos más sencillos pero igual de eficaces para tu vida espiritual. Por ejemplo:
Hoy escribí yo un artículo en el blog de Fíate a propósito del creciente ambiente de tensión que se vive en estos últimos tiempos, y que recuerda demasiado al amargo episodio de la guerra civil que sufrieron nuestros mayores. Pues bien, en el rato de oración que hago a diario, en el que siempre leo la lectura de la Biblia que propone la Iglesia (no se confunda con las de la Misa, ésta otra a la que me refiero se lee en el llamado 'Oficio de Lectura', que es obligatorio para algunos miembros de la Iglesia), la frase explicativa introductoria de la Lectura decía así: "Ante el temor de la Guerra, el signo del Emmanuel". Y si efectivamente fue ese temor el que inspiró mi escrito, os podéis imaginar que esa lectura me hizo mucho bien, porque fue como si Dios mismo calmara mis ansias. Y por cierto, la primera parte de esa lectura, en la que el Señor le dice a Isaías cómo Judá no tiene que tener miedo de los dos reyes malvados -dos cabos de tizones humeantes (la ira)- que la amenazan, termina con la siguiente sentencia por parte de Dios:
"Si no creéis, no subsistiréis".
(Me daban ganas de enviarles la lectura a los de Hazte Oír, que piden dinero para combatir a ese enemigo furioso que amedrenta a los cristianos).
Pues esto os cuento y os invito de todo corazón a creer pues es una vida que no tiene color con la otra, y os lo digo yo que conozco las dos. Buenas noches.

SI YO TE CONTARA


Nada hay nuevo bajo el sol.

Llevo haciendo “shows escénicos” toda mi vida. Antes de empezar a la escuela ya hacía mis pinitos como cuenta-chistes en tertulias y como actor en los semiclandestinos carnavales de la Asturias roja. Luego en el cole, en el Instituto y en la Universidad; en espacios abiertos con ocasión de grandes eventos culturales, como el Día de Asturias, o en nobles escenarios como el del Teatro Campoamor; haciendo pasacalles en zancos por la ciudad en fiestas o en manifestaciones por motivos políticos; ante colectividades desfavorecidas como la del Hogar 2000 o los enfermos del siquiátrico o amenizando grupos de turistas en Toledo o fuera de España; ante los ancianos de Santa Casilda o San José, o ante una muchedumbre de jóvenes en Jornadas Internacionles; desde el remolque de un camión con un megáfono o bailando ante los visitantes de la Feria del Libro para atraer la atención sobre la Fundación Fíate; en mi trabajo de docente, por supuesto, o como treta para vencer alguna injusticia; en Bibliotecas Públicas o en Conciertos; en los escenarios de los salones sociales de bancos, grupos de comunicación o fundaciones o ante las cámaras de televisión un buen número de veces; haciendo de payaso, humorista, animador, cuenta-cuentos, mago, actor, escritor, etc. etc.
Como ya peino canas son muchas las ocasiones que con esta variopinta personalidad que Dios me dio, me he expuesto al juicio ético y estético de la gente. Esta faceta expresiva no es nada extraordinario, y si metemos en el buscador Teatro de Calle veremos que la mayoría de las cosas que he mencionado se han venido haciendo siempre a lo largo de la historia. Concretamente, cuentan que fue el romano Pestis el primero que, en el siglo VI a.C., se subió a un carro para hacer teatro; veintiséis siglos más tarde haría yo lo mismo en la campiña de la ciudad de Colonia ante cientos de jóvenes (lo relato en “153 rosas”). Los happenings, performances, o esculturas vivientes son sólo algunas de las muchas versiones modernas del Teatro en la Calle. En general, todas ellas persiguen un fin social lícito y estimable, con alguna excepción, como la que cuenta Alfonso Sastre en una cita de wikipedia:
"La calle siempre ha sido un escenario, en el que se ha hecho teatro, a veces con fines utilitarios, como en los timos, por ejemplo, con sus tres actores, uno de ellos, el timado, involuntario, o en manifestaciones, como las antinucleares, en las que grupos de manifestantes aparecen muertos en la calle (haciéndose el muerto) por causa de una imaginaria bomba atómica..."
Pero lo que me pasó a mí este domingo indica que sobre la libertad de expresión ha empezado a caer un yugo insoportable. Este verano me he quedado mucho tiempo aquí, en Toledo, y algunos de esos días, de un modo altruista, he salido a hacer teatro por la calle. En la semana de ferias estaban programados juegos tradicionales para niños en La Vega y me acerqué al evento con cuatro elementos de ‘attrezzo’ que suelo llevar en una bolsita. Para abrir boca me subí al bombo de la música a escenificar jovialmente las canciones que sonaban por todo el paseo, y les aseguro que los visitantes y los que tomaban algo en las terrazas estaban encantados con el ambiente creado. En éstas me dijo un señor que me bajara y yo, sin rechistar, hice inmediatamente lo que me indicaba, aunque obviamente sin entender sus razones. Pedí entonces una mesa vieja y una silla en uno de los kioskos y congregué en torno a mí una docena de niños con sus padres. Ante sus miradas atónitas “saqué agua del reloj de uno de ellos”, y me disponía a hacer desaparecer un vaso cuando irrumpió la policía en medio del grupo. A uno que me condujo rudamente hacia la acera en busca de mi coche, sin darme ocasión de recoger mis cosas siquiera, le pregunté cómo se llamaba y me dijo que era el Jefe de la Policía Local. Los otros cuatro a sus órdenes vinieron enseguida con mis cosas de teatro. El Jefe de la Policía ordenó rápidamente que me multaran por no tener pasada la ITV y se fue. Otro cogió mi documentación y se metió en su coche a cotejarla. De los que esperaban conmigo, uno me intimidó creyéndose que yo tenía Antecedentes por robo con fuerza y otro me dejó por mentiroso al decir que trabajaba como maestro. Me advirtieron que de reincidir ya sería desobediencia a la autoridad y se marcharon muy serios regalándome “la medalla” del boletín de denuncia.  Cuelgo aquí la foto como testimonio de que algo no muy bueno se avecina.


 "No haberse sometido el vehículo reseñado a la correspondiente inspección periódica establecida reglamentariamente"

EL CHACHACHÁ


Sánchez se marca un chachachá con una "ciudadana de dudosa reputación"



SánCHAz* ensanCHA la breCHA. Hay una corriente recorriendo España por lo bajini que la amenaza machaconamente con la guerra civil. Es evidente que una herida tan grande como aquélla, que es hurgada continuamente, es una espada de Damocles pendiendo sobre cada uno de nosotros. No es casual la actual política de desenterrar muertos, pues la corriente de que hablo no es una exageración sino una evidencia para el sentido común.
Según éste, si las ya difíciles condiciones socio-económicas se agravan, y los despropósitos políticos en inmigración, sanidad, educación, pensiones, y pactos con violentos van a más, el clima de enfrentamiento engordará con ‘efecto de bola de nieve’.
Por lo anterior deduzco que la posibilidad de que Sánchez sea investido es muy alta. Porque si los agitadores como él han sido llevados tan alto que ese fantasma de la guerra no sólo recorre España sino Europa entera, el desenlace no debe andar muy lejos. Lo que está claro es que éstos son momentos críticos en los que dos visiones del mundo se enfrentan:
Una es renovadora en la continuidad con la tradición; y la otra, la de Sánchez, es rupturista y anárquica, porque a un árbol se le conoce por sus frutos y la destrucción del sistema se va viendo como la única cosecha de su mandato.
Con él colaboran activamente (además de los violentos) Iglesias y Rivera. El de Cs entró en política con una mano delante y otra atrás (aunque en la famosa foto tenía las dos delante), y desde entonces no hemos sabido si prefiere el pescado o la carne. Esto, que es difícil de tragar para un español, en estos momentos reviste tintes dramáticos. Si se nos atasca ese bocado nos podemos ahogar.
Ha surgido la necesidad patria de frenar la descomposición a que nos aboca Sánchez. Y en el tronco originario ha aparecido un brote llamado España Suma. Solamente la alta traición de Rivera podría frustrar la necesaria germinación de ese brote benéfico. Las funestas consecuencias de otra decisión turbia de Rivera en esta cuestión de estado, serían totalmente imputables a él, Macrón y compañía. Dios no lo permita.  

*Etimol. proviene de Sánch-ez, hijo de Sancho. Un antepasado suyo pudo cambiarse de "género"; así, de Sancha, Sánchaz

domingo, 18 de agosto de 2019

MEDIO PAN Y UN CONCIERTO

El célebre director
 de "Medio pan y un libro "

La actuación de la Orquesta Sinfónica Ciudad de Toledo, en el marco incomparable de la Plaza de la Catedral, ha sido otro gran acierto del Ayuntamiento en el Programa de Fiestas de este año.
Con puntualidad europea, ante un público correctísimo, el Concierto comenzó a las 22:00 h con un programa de diez temas, muy adecuados para ir ganando en intensidad y terminar con la Apoteosis final del Himno a La Ciudad Imperial de Toledo.
En la apacible atmósfera de una suave noche veraniega, con la distinguida presencia de la luna luciendo un espléndido vestido blanco, sin ruidos ni estridencias, el anfiteatro secular de la noble plaza toledana se convirtió una vez más en mágico recinto del vivo latido de esta milenaria ciudad.
Un público diverso, desde niños sentados en las rodillas de sus abuelos hasta jóvenes modernos, desde gente humilde de los pueblos hasta parejas de refinado gusto, disfrutamos de la magnífica ejecución de un ameno repertorio de inolvidables temas. Con una elegante primera parte de cuatro piezas, de sabor más español, que terminaba con el precioso pasodoble "Tercio de Quites", y una segunda de seis, con Morricone, Ben Hur o La Misión, la gama entera de instrumentos tuvo ocasión de lucirse en todo su esplendor y nos deleitó de principio a fin con sus limpios y armoniosos acordes.
Sentado en primera fila, elevado por la airosa belleza de la música, pensaba yo cuánto gana un pueblo bien educado en las artes… y cuánto pierde por esa carencia. E internamente me felicitaba de poder estar allí en aquel momento, alimentando mi espíritu con el fruto del trabajo de gente corriente como yo, que vive a mi lado y los conozco pero que en su vida privada se esfuerzan por cultivar esa parte noble, inmaterial, de sus vidas, que de no existir les dejarían menesterosos de algo esencial.
En el descanso me levanté para darle la enhorabuena a mi vecino, con el que coincido a menudo al llevar ambos los niños al cole; busqué también para el saludo a la empleada de mi banco, que se transforma cuando se aplica a su instrumento, y al conserje de mi Instituto; y felicité a D. Miguel Arribas, el Director, que había conocido poco tiempo atrás con ocasión de su participación en la Procesión Solemne de la Fiesta del Sagrado Corazón.
A mi lado, una señora vibraba como yo en cada tema, y no podía evitar ir comentando, encantada, lo que vivía…”ahora entra el oboe”, “toma ya”, “olé”; me contó que el Director de la Banda de Nambroca estaba sentado allí entre los músicos de la Orquesta, y que ella misma, junto con su padre y con su hija, habían tocado en dicha Banda…y que “aquello era su vida”. Se acordaba de Regollos, el antiguo director de la Orquesta y quería saber del nuevo…
Del otro lado, la mujer de una pareja mayor de porte distinguido, entre complacida y divertida, comentaba con humor el trajín que se traían los percusionistas al tener que atender sus varios instrumentos en el exiguo espacio que el escenario les permitía.
Un poco más allá, un abuelo intentaba distraer la atención cansada de dos pequeños que miraban con ojillos dulces lo que allí sucedía, y acompañando los sones iba el abuelo moviendo los bracitos de los niños al compás de la música, que así penetraba sin duda hasta las fibras más esenciales del corazón de aquellas personitas, cultivando en ellas buena simiente perdurable y fecunda.
Cerrando el concierto, el Himno a la Ciudad de Toledo, en el que fuimos todos invitados a cantar, ponía el broche de oro a la noche musical, trayendo al recuerdo las piedras vivas del pasado sobre las que toma asiento nuestro presente: Cervantes, El Greco, los esfuerzos de generaciones por convivir en la Paz…
A las once y pico, entre aplausos, bravos y vivas nos fuimos despidiendo y, caminando cada uno a sus casas, oí que la gente comentaba: “He disfrutado mucho”, “pues a mí me ha encantado”…
No sé lo que le pasa a La Tribuna de Toledo, que da estas noticias con dos días de retraso. Ayer reseñaba el concierto del jueves y hoy veo en portada el concierto del viernes… En fin, este recital de nuestra orquesta es hoy la noticia, para orgullo de todos. Que nuestros ediles se feliciten y tomen nota de la necesidad que su pueblo tiene de ser protagonista de su cultura.