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jueves, 4 de julio de 2019

CATOLICOFRÉNICOS

Yo, pecador, me confieso a Dios


Todos nosotros, aunque parezca mentira, nos estamos jugando la Vida. Todas las fricciones y luchas que tenemos son la concreción de la batalla entre las potencias del Mal y los partidarios del Bien en que tomamos parte.
El deplorable espectáculo de la política y la confusión endémica en todas las esferas de la actividad humana, son expresión de la virulencia de ese gran combate. Y la Iglesia está llamada en él a ser protagonista principal; aunque aun no se haya dado cuenta.
En España, mayoritariamente, hay continuidad de acción en las últimas décadas. Hay una presencia fuerte de la Iglesia en los sectores clásicos: Cáritas, Vida Parroquial, Beneficencia, Asociaciones... Y luego hay también un movimiento nuevo en dos líneas:
1-Se avanza en la modernización de los métodos de apostolado, con especial énfasis en la incorporación a las TIC.
2- Se extiende -por corrientes privadas, a menudo vinculadas a videntes- la convicción de que el mal ha llegado tan alto que el fin de los tiempos es inminente.
Lo propio de la esquizofrenia son los disparatados constructos mentales que, tratando de ser "mapas de la realidad", hunden cada vez más a sus creadores en la espiral de su enfermedad.
Y lo que está viviendo la Iglesia de los países ricos es algo parecido: superada por la increencia generalizada, o bien termina cediendo a la ilusión -idolátrica- de que si se quiere salvar a sí misma y de paso al mundo, tiene que deponer su doctrina y costumbres y ajustarse al mundo, por ejemplo con las TIC; o bien se inclina a la tentación "tranquilizadora" del  fin de los tiempos. 
En el primer caso resulta engañada al creer que el hombre de hoy está enteramente dominado por la tecnología, e igualmente engañada al creer que ella puede acceder "gratis" al uso de las TIC, como si ese instrumento fuera un fruto de la naturaleza o una propiedad adquirible cualquiera y no, tal cual es, un invento en manos de los adinerados para enriquecerse aun mas. (En este sentido, he oído a más de un católico comprometido relatar con asombro temeroso "debacles víricas" en sus PCs).
Y en el segundo caso, es igualmente ingenuo atribuir al Mal una posición preponderante en la batalla; pero aturdidos y debilitados por la general falta de testimonios, nos persuadimos de que no se puede hacer nada porque "te matan", y nos rendimos sin luchar.
Ambas posturas son constructos mentales erróneos, como en la esquizofrenia, que nos hunden cada vez más en el fango de la apostasía.
Si somos hijos de Dios no tiene sentido que consideremos como única vía luchar con las armas del enemigo (TIC) y tampoco tiene sentido que establezcamos nosotros los tiempos que sólo a Dios compete decidir y, bajo ese error, extraviemos la vida evangélica.
Es tiempo para la fe; para poner en el centro a Cristo y a través de un trato íntimo con Él avanzar personal y plenamente -ejerciendo el carisma propio- en la construcción colectiva de una nueva Civilización. En ese camino -ciertamente ardiente- conoceremos la Verdad que nos hará libres y poderosos por el Amor. Y ya no tendremos que imaginar qué está pasando verdaderamente, porque seremos los autores de esa creación ("lo hago todo nuevo "). Si hay que ir aquí o allí, usar esto o aquello, hacer esto o lo otro, no será porque nuestra inteligencia nos lo diga sino porque Jesús vivo y resucitado así lo indique, a cada cual según su función propia: muchos miembros pero un solo cuerpo, un solo Señor, una sola fe.
No es tiempo de lamentaciones; la mies es abundante y los obreros pocos... es tiempo de echar mano al arado y no mirar atrás. Y por verlo así, rechazo ese lenguaje engañoso que refleja esta verdad en una superficie ondulante, de modo que turba el ánimo en vez de enardecerlo. Asimismo, recelo de los discursos bienintencionados que provocan polémicas y ralentizan la conversión y por consiguiente la evangelización; y "echo de menos que haya más pastores que se pongan por encima de todas las demás personas del único modo que alzarse así es estar haciendo la voluntad de Dios: Amando a todos a fondo perdido" (de una homilía de D. Marcelo).




















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