Imagen de FÍATE

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lunes, 11 de septiembre de 2017

SORTILEGIOS

Cada cual al puesto asignado...

Pues nada; que hoy he sido el último en llegar al instituto. Llegaba expectante, como todos, e intrigado por ver cómo se solucionaba todo el jaleo que se había formado. Sin necesidad de preguntar nada ya me di cuenta de que la situación había pegado un giro radical. La tensión con la que salimos el viernes del claustro se había volatilizado por arte de magia. Los compañeros iban y venían echando cálculos sobre sus horarios pero en sus semblantes lucía una expresión beatífica. "Bueno, pensé. Algo hemos ganado."
Confieso que, personalmente, no las tenía todas conmigo de que yo no fuera el único contrariado en aquel feliz día, y pronto descubrí que efectivamente así era. Los que seguís el blog de Fíate sabéis que en los trece años que llevo en Toledo voy de acá para allá. Este curso se me presentaba más tranquilo porque en junio el Director Provincial en persona me había asegurado que repetiría en la Laboral. y bueno, al ver que se habían olvidado una vez más de mí, me puse un poco triste. Un poco, porque la experiencia me ayudó a levantarme una vez más y ponerme de nuevo en camino. Escribí cuatro letras contando eso del Director Provincial y me dirigí a la Delegación. Eran las dos menos dos minutos cuando salía del instituto, por lo que no me quedó más remedio que echar a correr... "Ahí va Forrest Gump en la primera carrera del año" pensé, recordando las muchas parecidas que en años anteriores había hecho. Entregué la papela en el último segundo y respiré hondo. De regreso al instituto llamé a la puerta de los jefes y ninguno estaba; una colaboradora suya me dijo que en la Dirección Provincial pasaba lo mismo... Sí, los nuevos modos de gestión. Le metí una copia del documento a cada uno por debajo de la puerta y me fui a comer. 
Por la tarde me vino un pensamiento a la cabeza: Lo que había sucedido en el instituto era algo prodigioso. Que un claustro entero, soliviantado el viernes por la desconsideración de la administración, estuviera ya a media mañana del lunes con todos sus problemas solucionados y yéndose a descansar, era algo inaudito. Ni una carrera, ni una expresión crispada, ni un corrillo de personas enfrascadas en alguna discusión...nada, ni pizca de tensión. 
Milagroso, mágico, novedoso, sospechoso, lo que Vds. quieran, todo, menos normal. Que el comienzo de este curso no iba a ser normal estaba cantado. Bueno, el divertido pensamiento que me vino esta tarde fue que todo el personal del instituto estaba como si les hubieran dado un chute de morfina. Así me los encontré, de verdad.
Por la tarde fui a ver al director y al jefe de estudios, que por cierto estaban juntos y al instante llegó también el secretario y si tengo que describir qué impresión me dieron diría que no sabían lo que les estaba pasando. Curiosamente no me causó la misma impresión esta mañana el jefe de la ESO, al que me encontré como pez en el agua, nada sorprendido y dando dádivas por aquí y engatusando por allá. Lo que he visto y oído, éso os cuento. 
Por cierto, al director y al jefe les dije que estaba en ascuas con lo mío, y me arrepiento. Les di a entender que estaba en sus manos aliviar mi sensación quemante y que les pedía que actuaran pronto. Pero realmente no es así. Yo tengo en mi corazón un fuego siempre ardiendo y soy yo mismo el que me cuido de que no se apague. Lo único importante para mí es mantener esa hoguera encendida en mi pecho, cuyas llamas a veces me abrasan y otras, las más, me quitan el frío, pero siempre me hacen sentir vivo y alimentan mi esperanza. Todo lo demás son contratiempos. O caballos corriendo por tus venas que al dar las doce se transforman en calabazas.

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