Imagen de FÍATE

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domingo, 11 de junio de 2017

CRÓNICA DE UNA MERIENDA PÍA

Comieron todos hasta saciarse ... (En la foto, el trozo del que puso la sandía que se multiplicó)
Por sexto año consecutivo me presenté a las elecciones de representantes del APA del Colegio Infantes de Toledo. Lo hice en sintonía con la llamada del Papa a dar testimonio de vida cristiana en nuestro ambiente pero con pocas esperanzas de ser elegido.
Antes de que mi hija fuera alumna del centro ya observaba yo con buena intención lo que sucedía en Infantes, en los años en que el colegio diocesano figuraba entre los cien mejores de España y el mismo Presidente de CLM llevaba allí a sus propios hijos.
Por aquella época contacté con el arzobispo en varias ocasiones para presentarle temas mejorables del colegio. Luego, al ser admitida por sorteo nuestra hija en el centro, pude conocerlo mejor en sus fortalezas y debilidades.
Los que somos del gremio de la enseñanza pública llevamos décadas sufriendo en propia carne las nefastas consecuencias de suprimir de las aulas la referencia antropológica cristiana, la explicación del sentido de las cosas. Esta tendencia está presente hoy en día en la mayoría de los colegios concertados y, tristemente, también en Infantes el ideario católico ha optado por replegarse ante las exigencias academicistas tipo PISA, haciendo un flaco favor a la formación integral de los alumnos. 
Tanto llegó a afligirme esa impostura en mi desempeño profesional que en cierta ocasión, cuando me enteré de que en Infantes buscaban un orientador, acordé con mi mujer presentarme como aspirante. De aquella fui a ver al director y le expuse mis méritos, haciéndole hincapié en que aparte de las licenciaturas en Psicología y Pedagogía, el B2 en Inglés, los estudios de doctorado (DEA) y mis 25 años de docencia, añadía a mi currículum el vivir con seriedad mi pertenencia a la Iglesia. Para mi sorpresa, no pareció el seleccionador valorar tanto como yo aquel mérito y tuve que pasar página.
Vinieron luego otras decepciones en la misma línea; hasta que ya en los últimos años, el desenfoque real del colegio se me hizo tan patente, que la decepción se me convirtió en tarea urgente de evangelización a través del ejemplo. Entre medias, me había visto yo en la obligación moral de informar de ciertos abusos que venían sucediendo en la comunidad educativa y esto colmó el vaso de la tolerancia hacia mi persona.
Desde entonces, más o menos, arrastro una fama inmerecida de liante, cosa que suele acontecerle a los honestos en épocas de confusión. Y comoquiera que la certeza sobre lo que denuncié no me permitía desdecirme, dejé de ser para el director del centro una persona de confianza.
Por deber moral, como decía, me presenté de nuevo a las elecciones este año, pero acudí a la Asamblea General más relajado que de costumbre, como el que no tiene nada que perder. En el espléndido Salón Jesús Hornillos, de un censo de tres mil personas, nos hallábamos presentes para aquel acto unas doce. Y erre que erre, como un coche viejo, arrancó a las siete de la tarde el ritual de siempre:
Cansinas enumeraciones; detalles sin importancia; prolijas explicaciones; profusión de datos desarticulados; opiniones, comentarios, dimes y diretes… en definitiva, matraca para rato para aburrir al más cabal. Y al final, tarde, mal y nunca, ‘Ruegos y preguntas’, torpemente hechos y malamente recibidos por una mesa afanosa en hablar pero remisa y recelosa en escuchar.
Eran las diez menos diez cuando pasamos a la elección de vocales.
Uno de la mesa, auto-proclamado sobre la marcha secretario, con voz pausada y segura, nos calmó a todos en un tono paternal, diciéndonos que por haber tantas plazas como candidatos no habría necesidad de votar. Y empezó a leer los nombres de los afortunados.
Esa tarde estaban llegando los termómetros a cerca de 40º mientras que celebrando la reunión corría un aire gélido por el patio de butacas. Fui buscando sitios más templados hasta que me convencí de que atrás del todo estaba el mejor. Y allí, envuelto en penumbra, oí al autorizado portavoz pronunciar mi nombre y hablar con otros que le señalaban hacia donde yo estaba. Alcé la mano y traté en primer lugar de aclararle al público que no me llamaba Julio Isabel Espina, como se leía en la pantalla, sino Julio Manuel, al tiempo que con movimientos de cabeza y con algún que otro gritito, intentaba convencer a nuestro magnánimo ponente repartidor de dones de que, aunque le costase creerlo, mi apellido era el que realmente es.
Aún percibiendo aquel ambiente un tanto raro yo no dejaba de felicitarme para mis adentros porque, finalmente, el cielo bendecía mi perseverancia y valentía, brindándome la oportunidad de poder dar testimonio del amor de Cristo a tantísimos padres necesitados de él como había en el colegio. Y en esas mieles recreándome, uno de la primera fila, bien conocido del encantador secretario, levantó la voz para decir que él también se había postulado para ocupar una vacante.
Sobrevino entonces un largo y quemante silencio, alimentado con los escalonados mutis por el foro del director, presidente y secretario. Sorprendido tan flagrantemente en mi alegría interior por aquel fuego cruzado, no atinaba yo a razonar con sosiego; y estando sintiendo cómo la desazón pugnaba por adueñarse de mi ser, un golpe brusco, como de una puerta que se cierra por el viento, me sacó de mi pesado sueño devolviéndome a la realidad de mi vida y de mi vocación. Me levanté al instante y me llegué a una conocida de entre los presentes, aspiranta también, anunciándole que por la hora que era no podía quedarme hasta el final. Ella intentó retenerme avivando mi deseo de un milagro pero ya mi mente había escapado del hechizo y ni siquiera me rozó su halago.
Mientras pedaleaba cuesta arriba iba recuperando mi contento y agradeciendo a Dios el tenerle siempre tan cerca. Anticipé que habría una votación y que yo sería el perdedor; una pena, ¡qué cerca había estado esta vez de poder llevar mi gozo con Dios a las familias de los niños de Infantes!
Al día siguiente llamé al colegio para enterarme de labios del propio director del desenlace. Él solía, desde hacía años, presidir la misa de las 8:30 y desayunar después en la cafetería de enfrente, para llegar al centro hacia las 9:45. Pero ese día, por lo que fuera, se estaba retrasando y decidí tantear al administrativo del colegio, que había sido el encargado de recoger las candidaturas, pensando que sin él no se habría podido formar aquel lío.
Viéndose en la diana, el hombre se azoró notablemente y tropezando al hablar se eximió de toda responsabilidad en el asunto, diciendo que él había hecho bien su trabajo y que había entregado todos los sobres y que si luego había habido algún error, desde luego no era culpa suya; que él había recogido todo, y que estaban tanto mi candidatura como la del otro…
-Bueno, me alegro de veras de que haya sido así, de que no hayas tenido nada que ver; le dije. Y me despedí de él. Nada más colgar, empezaron a resonar en mi mente los ecos de aquella conversación…
-Estaban las dos candidaturas, tanto la tuya como la del otro. “La tuya y la del otro”, “la tuya y la otra…”, “la tuya…”. 
Pero ¿no éramos ocho los candidatos? ¿Qué clase de protagonismo que yo ignoro había adquirido a mis espaldas mi candidatura? ¿Por qué de pronto me la devolvían vinculada con la “del otro”? ¿Quién nos había echado un lazo y con qué intención?...

Yo esperaba que esta vez fuera la de la vencida… pero ya veis; va para tres días que sucedieron todas estas cosas y aún no me ha llamado nadie por teléfono comunicándome la Buena Nueva.

sábado, 10 de junio de 2017

APOCALIPSIS DOWN


Un mundo al rojo vivo


[Donde se Reúnen los Hombres es el título de mi último libro. Es un homenaje a todos los que, en el nombre de Dios, aúnan sus fuerzas para hacer un mundo mejor y quiero compartir con los seguidores de Fíate su final. En él acontece, por voluntad de Dios, que se aborte en Toledo un plan diabólico para acabar con la civilización cristiana.]

« Todo había sido pensado al milímetro. De Madrid y otros puntos habían ido llegando durante la mañana importantes personalidades que entraban en Presidencia para no salir ya en meses.
El oficial que recogió la denuncia presentada por Feliciano tenía ese día poco trabajo y se entretuvo en leer el amplio dossier adjunto. Qué le hizo creer que aquel fabuloso relato podía tener algo de real, no lo sabe nadie. Pero aquel empleado, tras meditar unos instantes, descolgó un teléfono y habló con el decano de los jueces, un hombre respetado por todos y a punto de jubilarse. Habiendo recibido inmediatamente por fax los documentos de la denuncia y tras examinarlos un rato, Don Justiniano acudió a misa para pedir por sus difuntos como era su costumbre en ese día. Y asombrosamente, tras la comunión, recibió una iluminación para comprender el alcance de los acontecimientos que Don Feliciano había relatado.
Cuando salía de la Iglesia para dirigirse al Palacio de Justicia, una tremenda explosión hizo temblar los cimientos de la ciudad. El antiguo convento de San Gil había volado por los aires, dando el pistoletazo de salida al día de angustia en el que se extendería la desolación por el mundo entero, sometido a la ira de Dios.
Don Justiniano no detuvo el paso al oír el estruendo, consciente de que eso iba a pasar. Al contrario, se apresuró para llegar a su despacho y comenzó la tarea más importante de toda su vida. Disponía escasamente de unas horas para intentar frenar el holocausto de la civilización cristiana.
Su disciplinada mente, acostumbrada a trabajar con método, esbozó en unos minutos los pasos que era preciso dar para, contando con la ayuda de Dios, intentar evitar lo que parecía inevitable.
No necesitó conectarse a Internet para saber que la ciudad de Alepo y muchos cientos de kilómetros a la redonda, acababan de elevar al cielo un sombrero negro de ala ancha que asombraría y aterraría al mundo entero. Pero la eclosión nuclear en cadena que estaba programada para borrar de la Tierra los restos de un mundo prácticamente agotado, llevaría algo más de tiempo; el necesario para que las reservas de virtud, inteligencia y valor aún presentes en el mundo, aprovechadas con maestría y coordinadas por la acción del Espíritu Santo, pudieran evitar un final en falso de la historia.
Contra todo pronóstico, en las horas siguientes sucedería el más prodigioso tiempo conocido en el largo devenir de la humanidad. Una cadena sinfín de asombrosos acontecimientos milagrosos, cuajados de maravillosos azares, conversiones grandiosas, gestas sobrehumanas y hechos sobrenaturales, sincronizada y enlazada mediante una combinación arcana de algoritmos celestes, pudo frenar el más soberbio y siniestro engranaje que jamás mente humana hubiera podido imaginar y que en no más de veintidós horas hubiera borrado de sobre la faz de la Tierra el atribulado mundo conocido.
Intentar reconstruir la cadena de sucesos que fraguó aquella epopeya sería tanto como entender la mente de Dios: imposible. La sensibilidad de Don Justiniano, un cristiano auténtico, le había dado conocimiento sobre personas y sucesos que, en el gran momento que Dios le concedió, sirvió para accionar el resorte de la intervención divina por medio de hombres de buena voluntad que habitaban en el silencio de la Tierra.
   Cuando Don Minervo hubo concluido aquella fatídica videoconferencia, se reclinó en su sillón pensando que había hecho un buen trabajo. En ese preciso instante recibió una llamada comunicándole que la minúscula piedrecita que se había interpuesto en su camino y que no había sabido apartar a tiempo, rodaba ya por la pendiente abajo arrastrando consigo un aluvión de vida y amenazando su obra.
   En aquel Día de Difuntos, España, en Toledo, se afligía de nuevo ‘con nostalgia de Sión’; las guitarras, olvidadas de sus dueños, yacían silenciosas y cubiertas de polvo…
No sabiendo Feliciano a dónde ir después de haberse vaciado en el juzgado, se dirigió hacia su casa, pero, pareciéndole que eso no era lo mejor, pasó de largo al llegar a su calle y siguió hasta el cementerio. Desde el altozano del Campo Santo, ya se veía clarear el nuevo día en las lomas de enfrente. Las urracas, que empezaban a despertarse, llenaban el aire de malos augurios con su torpe canto. Feliciano entró en la capilla y se quedó un rato allí, a solas con María y con Jesús, con los ángeles y los santos. Estaba extenuado por la fuerte tensión que venía arrastrando desde hacía tiempo y se sentó cerca del sagrario, sin intentar pensar en nada. Tenía una extraña sensación de paz mezclada con asombro. Después de un rato dirigió algunas torpes oraciones al cielo, sobre todo a María, y ya sin saber qué hacer, salió y se puso a deambular por los solitarios caminos del cementerio. Más de una vez se había entretenido mirando las inscripciones de las tumbas y sus formas. Aquella mañana, una fresca brisa y muchas flores frescas, le dieron una saludable bienvenida, como embajador de los muchos familiares que hoy se esperaban y nunca llegarían…
La avenida principal descendía desde la ermita y luego subía en pendiente prolongada hasta el centro del recinto, donde convergían los principales caminos. Cerca de ese sitio, se alzaba un túmulo con forma de pirámide que había sido erigido al terminar la guerra para homenajear a los soldados muertos para mayor gloria de Dios. Aquel monumento funerario le impresionaba y como otras veces, se detuvo allí. Leyó con atención la inscripción y la relación de nombres grabados en la piedra, y espontáneamente se puso a rezar, haciendo suya la misión de aquellos hombres: “Padre Nuestro
Sintió en torno a sí una presencia y le pareció ver la sombra del jardinero que empezaba su trabajo. Absorto y de rodillas, siguió rezando: “no nos dejes caer en la tentación, más líbranos…”, pero no llegó a terminar su oración porque Dios ya le había escuchado. Sonó un disparo, seco y duro, que retumbó por todo el cementerio, seguido de un aleteo de aves y silencio. El cuerpo de Feliciano se inclinó hacia delante y, por unos instantes, se sostuvo con la frente  apoyada sobre el mármol que cubría el monumento. Luego resbaló hacia un lado y cayó a tierra, con el rostro mirando al cielo…
Ahí terminaba la historia de Don Feliciano. Y ahora me toca a mí completarla, aunque lo tengo muy fácil, porque sólo quedan por decir tres palabras: “…del mal. Amén”.
Esperaban los buitres hambrientos descender pronto a devorar su comida. La ciudad sumergida en las sombras que el viejo pecado del hombre había construido bajo el Triángulo de Oro, sería para muchos de sus habitantes la antesala de otra, aún más honda y sórdida, de cuya existencia no habían querido saber nada. Para el resto volvería a amanecer en la gran luz de la Misericordia del Señor.
Don Minervo era un empedernido cazador que ansiaba endiosarse en la más grande cacería que vieran los siglos. Pero Dios no se lo permitió. En cambio sí que aceptó el ofrecimiento que el humilde plumilla Feliciano le hiciera para arrancar de las garras del león a muchas almas despistadas.
Y terminado el lance, cuando los buitres bajaron a comer, en lugar del gran festín que estaba anunciado, se encontraron con un cuerpo flaco, con tan poca carne, que si hubiera sido el de Don Quijote no habría tenido menos. »

jueves, 8 de junio de 2017

COMO UN ABORTO

Dame de beber...

Me casé enamorado de mi mujer; cogí la maleta con cuatro cosas y dejé las Asturias queridas para venirme a la estepa castellano-manchega. Y desde entonces voy de un lado a otro buscando un sitio para descansar...
Recién llegado topé con una persona influyente que no compartía mis puntos de vista y no valoraba mis méritos, y que no descansó hasta apartarme de su coto. Menos mal que ‘un primo hermano mío’ me ayudó y me buscó un sitio más adecuado para mí. Y así fue como aterricé en la Laboral.
Cada año tengo que suplicar que me dejen quedarme en mi huequecito y no siempre lo consigo. Para el curso próximo he alegado que puedo ser más útil en la Laboral animando a los chavales alicaídos que en el otro centro defendiéndome de la dirección. He pedido una comisión de servicios por el apartado “Conciliación; para ayudar a un hijo con dificultades”, pero no pensando en las de mi hija sino en las de las familias de Fíate.
La Fundación para la Integración de Alumnos con Trabas Especiales es una organización sin ánimo de lucro que nació hace cuatro años. En nuestro blog se puede rastrear al detalle cuál es la evolución y la situación actual de Fíate. El suyo no fue un parto fácil ni hubo flores en el paritorio ni visitas de amigos y parientes. La criatura estuvo meses, muchos, en la incubadora, y aún después siguió dándonos sustos. En realidad se trata de una “hija seca, avellanada, antojadiza y llena de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación” (del prólogo del Quijote).
Pero este ‘aborto de la naturaleza’ sigue vivo aún y digo yo que “será por algo”. Sin mimos ni atenciones de casi nadie, como una raíz en tierra árida está creciendo, aferrándose a la vida desesperadamente. Yo me considero responsable de su suerte y continúo llamando a las puertas solicitando ayuda para ella. Surgió como una promesa de felicidad para los pobres, los últimos, para los que no cuentan y tal vez por eso se le niega el pan y la sal. ”Es un fantasma”, dicen algunos. “Es una tapadera de la mafia”, se les ocurre a otros. Qué cosas.
Cada vez hay más alumnos en las aulas que no se sabe qué hacer con ellos; van de tumbo en tumbo, incordiando cada vez más, estrenando “estancias especiales” para ellos hasta que terminan por desaparecer de nuestra vista. Adónde van a parar no se sabe, pero no parece importarle a nadie.
Esos alumnos son listos, rebeldes, retorcidos, raros, dicen mentiras, son violentos, urden engaños, fomentan líos, te buscan las vueltas, no agradecen nada, solo traen problemas, en una palabra, son … TÓXICOS. Como el amianto del Polígono el futuro de estos chicos pasa o bien por el ‘transporte hermético” a otros no-lugares, o por el encapsulamiento y lenta degradación. Y no hay más soluciones, mientras no se demuestre lo contrario.
Y en esto llegó Fi… FÍATE, que dice: “A estos desahuciados del sistema, no los tiréis, dádmelos a  mí. Los trataré con cariño, con paciencia los amamantaré, enjugaré sus lágrimas, los haré engordar con risas y caricias, de mis pechos de alma mater tomarán la leche nutricia que proveerá a todas sus necesidades, los vestiré de príncipes y princesas, les devolveré su dignidad y revivirán”.
Fíate es una segunda oportunidad, entre otras cosas. Pero esta filosofía constituye un desafío en la era de los súper-héroes.

Dentro de unos minutos voy a ver al Director Provincial que me va a decir que la Ley no contempla dar comisiones para ayudar a conciliar la vida familiar y laboral de otras personas. Pero no iré solo, esas familias que imploran que alguien les ayude vendrán conmigo. La pelota está en el aire.   

domingo, 4 de junio de 2017

¡HALA, MADRID!

LA BOLA VIRAL, LA QUE NOS ENTRA POR LOS OJOS Y NOS COME LA CABEZA
Sánchez se retiró de escena como un perdedor y oímos que estaba recorriendo España en coche para reunir adeptos. Su hueco lo ocupó apenas “una lozana andaluza” que, increíblemente, no abrió la boca en todo el tiempo que nos brindó su imagen. Y en ná, señores, en un abrir y cerrar de ojos, Mister No ha vuelto a la palestra.
¿Qué clase de brujerías están sucediendo en España? Hernando, ese gurú del PSOE que habiendo sido mentor de Sánchez sobrevivió a su defenestración sin ningún problema, dimite ahora y acto seguido el mismo Sánchez le pide que siga en su puesto hasta nuevo aviso; mientras tanto su nuevo sargento, Ábalos, en tándem perfecto con la prensa, empieza de nuevo con la sesión de hipnosis: “Pedro ve una candidatura larga”... ¡vaya!, parece que este tipo sabe mucho, habrá que estar atentos a lo que nos dice.
Y me huelo que lo que nos va a contar es más de lo mismo, que Rajoy es el problema, el freno, la rémora. Y de acuerdo con un montón de figurantes, de la prensa y de actores de segunda muy bien pagados, pondrán en escena un guion dramático muy bien aprendido para desmoralizar y tumbar a España, a esa gente difícil que cree más en la honradez que en la ciencia para hacer progresar un país y que además lo dice. Volverá una legión de almas vendidas a embobarnos con sus conjuros y a revolver al vecindario con sus tretas, dejándolo todo patas arriba. 
Decía Machado que en asuntos delicados aquí mandan las mujeres y si es preciso a escobazos y por esto han salido de la factoría EuroDiseñy los Riveránchez y Sanchivera, apuestos galanes que están barriendo del mapa todo lo viejo y casposo. Estos dos son los cabezas de cartel, pero traen detrás un sinfín de pesebristas reconvertidos. Definitivamente, estamos ante un fenómeno nuevo y total. Y para muestra un botón:
En más de treinta años en la docencia jamás había visto lo que he visto este año en mi instituto.
[Sube el telón; como en la escena política, los decorados son totalmente distintos y los actores del reparto también: de un curso para otro el 80% del profesorado de los 14 grupos de 1º y 2º de la ESO -una 'inflación' cercana al 30% - acaba de llegar al centro (?); cosas de palacio…]  
Que en el IES más apetecible de la Ciudad Imperial se dé esa inestabilidad en la plantilla da que pensar, pero que esos jóvenes profesores sean más tradicionales que los de la propia casa, es alucinante. Que una interina recién aterrizada, con apenas treinta años, se atreva a cargarse al 70% de los alumnos e increpada por un veterano le responda sin inmutarse “¡que estudien!”, es realmente inaudito. Y me consta que esta remesa de docentes son cortados por el mismo patrón: desposeídos del más leve toque de humanismo pedagógico en su quehacer docente.
Yo ignoraba esta realidad, pero al constatarla comprendo que Méndez-Vigo se salte siglos de historia y los principios más sagrados de la democracia para hacer funcionarios por decreto a cien mil interinos, ¡es que le van a solucionar de golpe el problema secular de la educación española!
Y otra vez la incómoda pregunta ¿Qué está pasando aquí? ¿No son estos profesores hijos de la LOGSE? ¿No mamaron la filosofía de la compensación de desigualdades, de la atención a la diversidad, de la discriminación positiva del débil? Entonces ¿por qué son precisamente ellos los más incapaces de ver que un chico que molesta en las aulas es un chico que grita pidiendo que le ayuden? No puedo entenderlo, por más que lo analizo no consigo ver qué motivaciones pueden tener estos docentes para comportarse así.
Pero la nueva ola no se detiene; en esa asombrosa simbiosis socio-política que lo está transformando todo, donde los cambios de escenario son inescrutables y dan miedo, el panorama del instituto no es ya ni sombra de lo que vino siendo hasta hace nada:
En el departamento de Lenguas ya casi no se 'filologa'; Antón, Antón Pirulero, cada cual atienda a su juego y el que no lo atienda… Por su parte, el departamento de Matemáticas, ávido de enigmas por definición, se ha encriptado en un bloque, lógico, y no quieren saber nada de problemas… Mientras tanto sus socios naturales, los tecnólogos, se lo pasan pipa reinventando la realidad... Las profesoras de Religión hacen prosélitos moviendo su esqueleto a ritmo de bachata y reggaeton; en los departamentos de Administración, Empresa y Finanzas, y de Economía, las cuentas no cuadran y andan mustios y convencidos de que hay por ahí algún corrupto; a los de artes plásticas les vienen saliendo las sombras de los cipreses alargadas y no terminan de casar las perspectivas; el departamento de FOL se va exfoliando e inclinando a la disciplina militar y a las cansinas maniobras preventivas; en FP y AV coquetean con las marcas y se dejan querer… Y para colmo, cuando más falta nos haría un ojo de halcón que nos despejara dudas, los jefes de Orientación se dispersan y quedamos sin exploradores a las puertas de territorio comanche. Menos mal que el Departamento de Cocina chufla a toda máquina, y con la venta de sus ricas viandas van ganando cada vez mayores cotas de mercado y mantienen el buque de la Uni a flote, con viento en popa a toda vela y fabricando rosquillas como churros.

Magnitud es todo lo que se puede medir y las relaciones estables entre magnitudes permiten deducir cosas. Una de esas relaciones es la proporcionalidad; y la transparencia administrativa es una magnitud que guarda proporcionalidad inversa con el celo por respetarla que predican las autoridades. Sé de una persona que tiene asombrados a sus compañeros de claustro porque lleva años obteniendo comisiones de servicio sin que nadie sepa por qué, como tampoco nadie sabe por qué de pronto la hacen definitiva en una plaza que había desaparecido. Y otro tanto pasa con los cargos directivos; al que legítimamente le corresponde se lo birlan y nombran a otro más de su gusto; incluso a veces malmeten a recién llegados cuyo interés y condiciones distan mucho de ser las idóneas para el cargo.
En la enseñanza está pasando lo mismo que en el resto de la política, que reina una desalentadora confusión: continuamente se engullen desfalcos, traiciones, violencias y litigios, y nunca pasa nada. El fino señor Don Íñigo Méndez, creyéndose tal vez el actor principal de La Venganza de Don Méndez -que es obra de capa y espada- se toma la justicia por su mano y funcionariza, contrata, desplaza, dice, desdice, hace y deshace a su antojo, cargándose a todo aquél que ose ponerse en su camino, sin que le tiemble un pelo de la barba. Y el privado del rey, el tal Don Pedro de la piel de Toro, que se las promete muy felices casándose con la Magdalena, no la abrazará sino para dejarla hecha una tal y se granjeará para sí un final ruinoso, causando a su vez la ruina de todos y muriendo en la obra hasta el apuntador.


Pero no vale de nada lamentarse. Es evidente que la extraña seguridad de estos personajes de quitaypon y su desnaturalizada y antisocial conducta, sólo puede explicarse por ser títeres de siniestros padrinos. Pero conviene sacudirse el hechizo que nos quieren imponer, haciéndonos creer que estamos en sus manos. Conviene que empecemos a levantar el dedo, aunque nos lo corten, pues está escrito: “Más vale entrar manco en el Reino de los Cielos que de cuerpo entero en el fuego inextinguible”. Lo que no es de recibo es que mientras está aconteciendo esta tragedia, que ya va dejando tantas bajas, la atención de nuestros 'machos alfa' y de nuestras 'hembras omega', se centre más en el campo de fútbol que en el campo de batalla, donde si Dios no lo remedia morirán sus hijos. E hijas.