Imagen de FÍATE

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domingo, 21 de mayo de 2017

EL AMOR EN INTERNET

¡GOOGLE es engañoso! Es usado para adoctrinar con datos falsos.






Cayó una estrella a la Tierra y se formó un abismo… Del abismo salió una humareda, oscureciéndose el sol y el aire. Del humo salieron langostas sobre la tierra, y les fue dado poder como el que tienen los escorpiones terrestres. Y se les mandó que no hiciesen estragos en la hierba de la tierra ni en ninguna verdura ni en ningún árbol, sino en los hombres que no ostentan el sello de Dios sobre sus frentes. Se les dio poder no para que los matasen, sino para que los atormentasen durante cinco meses. Y el tormento que producían era como el del escorpión cuando muerde al hombre. En aquellos días los hombres buscarán la muerte y no la hallarán; y ansiarán morir y la muerte huirá de ellos.
Por su forma, las langostas parecían caballos equipados para la guerra; en sus cabezas ostentaban como coronas que parecían de oro; y sus rostros semejaban rostros de hombres. Tenían cabellos como cabellos de mujer, y sus dientes eran como de leones. Llevaban corazas como corazas de hierro; y el estrépito de sus alas era como el estrépito de carros de muchos caballos que se precipitan a la batalla. Tenían colas y aguijones semejantes a escorpiones; y en sus colas residía el poder de herir a los hombres por cinco meses. Tienen sobre sí mismas por rey al ángel del abismo, cuyo nombre es en hebreo Abaddón y en griego Apolion, y significa "el Destructor". (Ap 9, 2-11)

El último libro de la Biblia, el tan cinematográfico Apocalipsis, narra las visiones que tuvo el evangelista San Juan. La palabra Apocalipsis se asocia en el lenguaje corriente a "fin del mundo" pero su significado real es "Revelación". Es un libro de difícil interpretación que exige ser leído con fe. A propósito de esto, muchas desviaciones de la doctrina vienen de quienes, ansiando saber más de lo que Dios les quiere mostrar, hacen cábalas de los textos, prediciendo acontecimientos que en modo alguno son revelados y dificultando con ello la adhesión a la verdadera doctrina.
A pesar de la dificultad del libro, dado que la Palabra de Dios es viva y eficaz, es posible que algunos fieles, no teniendo fácil acceso a las exegesis de la Iglesia, encuentren en su lectura sentidos válidos para orientar sus vidas. Y en esto no hay temor a equivocarse pues el mismo Jesús lo avala: "Mis ovejas escuchan mi voz y me siguen; a un asalariado no lo seguirían." Y doy fe de que esto es así de cierto y de seguro. 
En el pasaje con que comienzo este artículo se habla de una extraña calamidad. Se dice que por efecto de una estrella caída aparecieron langostas sobre la tierra, aunque el aspecto con que se las presenta en nada coincide con el del insecto que conocemos por ese nombre. Por otra parte, la misión que esos seres tienen encomendada es también extraña: atormentar a los hombres durante cinco meses. ¿Qué son en realidad esa estrella caída y esas langostas?
Los acontecimientos que le fueron revelados en visión a Juan se corresponden perfectamente con el Evangelio y la fe de la Iglesia. Según el apóstol Pablo, mancillado y frustrado el proyecto de la Creación, nuestra vida está con Cristo escondida en Dios y mientras vivimos en carne mortal vivimos por la fe en el Hijo de Dios; si tenemos luchas -y las tendremos- sólo la fe nos sacará adelante. El lema 'sed sencillos como palomas y astutos como serpientes' significa optar en toda ocasión por Jesús, aun a riesgo de perder la vida (la serpiente se deja seccionar con tal de que no le aplasten la cabeza) y en relación al caso que nos ocupa viene a ser el único modo de librarse de la ruina que envía el quinto ángel.
En mis luchas me las veo muy a menudo con algo semejante a las langostas de que habla el apóstol, y no han podido hacer estrago en mí por la protección de Dios. A este respecto hay que aclarar que la marca en la frente que nos preserva del daño no es algo que se pueda adquirir de una vez para siempre sino algo que está permanentemente a prueba. Por esa razón incluso los santos conocen muy bien a las famosas langostas, que obedecen al gran tentador.
Por lo que yo sé, son insectos en el sentido de que su presencia es connatural con nosotros, convivimos con ellos y si alguno nos molesta simplemente intentamos quitárnoslo de encima. Pero justamente por esa "familiaridad" resultan tan perturbadoras estas langostas. Su tremenda capacidad para hacer daño es un traje que se sobrepone perfectamente a su condición de seres inofensivos. Y que dura cinco meses eternos.  
Si de los doce meses del año exceptuamos -como Jesús hizo con Judas- al engañoso febrero, quedan siete combinaciones posibles de cinco meses consecutivos, y en cada una de ellas la suma de los días es siempre 153 (el número de peces de la pesca milagrosa). En mi libro La Brisa del Alcázar explico algunos de los significados de ese número bíblico que Dios me ha concedido entender. Otros (como el que conlleva encabezar la lista de los números narcisos) los introduzco en el segundo volumen de la trilogía 153 rosas que, si Dios quiere, pronto verá la luz. 
En esencia, dicho número es un icono del cristianismo, semejante al pez o al Crismón. En él se resume el kerigma, la buena noticia de nuestra fe: hemos sido transportados a la vida verdadera -plena en todos los sentidos- por el desbordamiento amoroso del que es todo Amor, unidad sin división. Las cifras 1, 5 y 3 expresan el tránsito de nuestra existencia de pecadores a la vida trinitaria a través del sacrificio de Cristo en la cruz: El Dios uno se deja separar y por sus cinco llagas entramos nosotros en la vida del Dios trino. Los cinco meses de tormento para los hombres que no aman a Dios son un castigo proporcional al extravío de no haber creído en el sacrificio eterno de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, por quien estamos destinados a salvarnos y ante quien toda rodilla se ha de doblar en el cielo y en la Tierra y en el abismo. Y en realidad, los cinco meses pueden ser de hecho eternos, como es eterna la realidad de nuestra vida en Dios.
Es obvio que los libros sagrados se han escrito para ayudarnos y el Apocalipsis no es una excepción. En este sentido, no puede considerarse simplemente un anticipo del final de la historia, como tan frecuentemente se hace. El sufrimiento que ahí se nos comunica es, más que una profecía, un aviso, un mensaje acerca de la imperiosa necesidad de arrepentimiento y de conversión que tenemos. En el pasaje de las langostas no se hace balance de los estragos que se originan pero en el que le sigue, que narra sucesos aún más penosos, sí que se nos dice que ocasionan la muerte de la tercera parte de la humanidad y que, a pesar de ello, los que quedan con vida no se arrepienten de sus homicidios, supersticiones, fornicaciones y robos y no dejan de adorar a los demonios.
Se observa un aumento de rigor en el castigo que los siete ángeles ejecutan, desde el pedrisco y el fuego con sangre que abrasan a un tercio de la tierra y de los árboles y agostan la hierba, hasta el castigo del final de los tiempos, cuando el juicio de Dios condenará a los que no se hubieran arrepentido y a la misma potencia del Mal a la más insufrible impotencia. Esa gradación es para dar a entender que un mal conduce a otro y que cada paso en falso es más peligroso que el anterior. Y esta intención didáctica y exhortativa aparece explícitamente en el epílogo del Apocalipsis.
Las visiones de San Juan no tienen por qué corresponderse con momentos cronológicos de la historia. Ahora mismo muchas personas pueden estar viviendo el horror de las langostas u otro peor, del mismo modo que la victoria final de los justos puede ser hoy una realidad para los que estén muriendo en gracia y santidad.
Todo esto que comento no son curiosidades sino asunto de mucha importancia, entre otras cosas porque, como pasa con esos guerreros camuflados de insectos, no parece que tenga ninguna. Sacar a la luz el verdadero alcance del mensaje del Apocalipsis nos ahorraría muchísimo sufrimiento y mejoraría grandemente nuestro bienestar. Yo estoy seguro, no por mi ciencia teológica pero sí por el conocimiento que me da vivir unido a Cristo, de que contar mi experiencia puede ayudar a otras personas a salvarse.
Es especialmente útil saber que estos bichos no se frenan ni ante los hogares cristianos y que se propagan rápidamente utilizando las relaciones inter-familiares. Suelen colarse en todo tipo de comunidades y las de vecinos y los centros de trabajo son para ellos pan comido y una forma fácil de penetrar en los hogares. Una vez que entran en uno, si éste carece de un fundamento religioso sólido, se desmorona en poco tiempo porque las personas que lo habitan salen echando chispas cada una por su lado. Y la desgracia no acaba ahí pues luego vienen los remordimientos y un calvario sin fin de inquietudes y molestias.
Si a los cónyuges les quedara algo de ánimo y quisieran averiguar cómo es que su vida -que creían tan bien asentada- se ha puesto en poco tiempo patas arriba, acudirán a buscar respuestas donde solían hacerlo; y lógicamente también a Internet. En este caso se encontrarían, sí o sí, con alguna versión de lo siguiente:
[A modo de pequeño experimento presento a continuación unas notas sacadas de la red]

El amor en Internet
•He metido la palabra “amor” en el buscador y me ha dado en primer lugar una definición de un diccionario anónimo con dos entradas: 
*1. Sentimiento vivo, afecto e inclinación hacia una persona o cosa a la que se le desea todo lo bueno. "El amor al prójimo; abrazó al bebé con gran amor; nunca ocultó su amor a la patria; el amor de la gloria lo llevó hasta el heroísmo". 
*2. Sentimiento de intensa atracción emocional y sexual hacia una persona con la que se desea compartir una vida en común. "Amor platónico; me gustan las canciones de amor; no puedo expresar con palabras el amor que siento por ti; le escribió una carta de amor". 
Y luego me he encontrado, por orden, lo siguiente:
• [Cientos de frases más o menos ocurrentes de Instgr ]: Se merece el universo entero y me escogió a mí; etc., etc.
• [Una definición de Wikpd ]: El amor es un concepto universal relativo a la afinidad entre seres, definido de diversas formas según las diferentes ideologías y puntos de vista (artístico, científico, filosófico, religioso). De manera habitual, y fundamentalmente en occidente, se interpreta como un sentimiento  relacionado con el afecto y el apego y resultante y productor de una serie de actitudes, emociones y experiencias. En el contexto filosófico, el amor es una virtud que representa todo el afecto, la bondad y la compasión del ser humano. También puede describirse como acciones dirigidas hacia otros y basadas en la compasión, o bien como acciones dirigidas hacia otros (o hacia uno mismo) y basadas en el afecto.
En español la palabra amor (del latín, amor, -ōris) abarca una gran cantidad de sentimientos diferentes, desde el deseo pasional y de intimidad del amor romántico hasta la proximidad emocional asexual del amor familiar y el amor platónico, hasta la profunda devoción o unidad del amor religioso. En este último terreno, trasciende del sentimiento y pasa a considerarse la manifestación de un estado del alma o de la mente, identificada en algunas religiones con Dios mismo o con la fuerza que mantiene unido el universo.
Las emociones asociadas al amor pueden ser extremadamente poderosas, llegando con frecuencia a ser irresistibles. El amor en sus diversas formas actúa como importante facilitador de las relaciones interpersonales y, debido a su importancia psicológica central, es uno de los temas más frecuentes en las artes creativas (cine, literatura, música).
Desde el punto de vista de la ciencia, lo que conocemos como amor parece ser un estado evolucionado del primitivo instinto de supervivencia, que mantenía a los seres humanos unidos y heroicos ante las amenazas y facilitaba la continuación de la especie mediante la reproducción.
La diversidad de usos y significados y la complejidad de los sentimientos que abarca hacen que el amor sea especialmente difícil de definir de un modo consistente, aunque, básicamente, el amor es interpretado de dos formas: bajo una concepción altruista, basada en la compasión y la colaboración, y bajo otra egoísta, basada en el interés individual y la rivalidad. El egoísmo suele estar relacionado con el cuerpo y el mundo material; el altruismo, con el alma y el mundo espiritual. Ambos son, según la ciencia actual, expresiones de procesos cerebrales que la evolución proporcionó al ser humano; la idea del alma, o de algo parecido al alma, probablemente apareció hace entre un millón y varios cientos de miles de años.
A menudo sucede que individuos, grupos humanos o empresas disfrazan su comportamiento egoísta de altruismo; es lo que conocemos como hipocresía, y encontramos numerosos ejemplos de dicho comportamiento en la publicidad. Recíprocamente, también puede ocurrir que, en un ambiente egoísta, un comportamiento altruista se disfrace de egoísmo: Oscar Schindler proporcionó un buen ejemplo. A lo largo de la historia se han expresado, incluso en culturas sin ningún contacto conocido entre ellas, conceptos que, con algunas variaciones, incluyen la dualidad esencial del ser humano: lo femenino y lo masculino, el bien y el mal, el ying y el yang, el ápeiron de Anaximandro.
• [Publicación ‘El Español’][i] Titulo 1) Neurociencia y Romanticismo. Titulo 2) La adicción al amor (no confundir con el sexo) existe: estos son los dos tipos. Subtítulo) El amor es pura química y produce en el cerebro un cóctel de sustancias capaces de generar adicción. Ahora, investigadores de Oxford han revisado 60 años de estudios sobre el tema.
Muchas personas describen el amor como un estado de enajenación mental transitoria, que lleva a quienes lo sienten a realizar ciertas locuras que jamás se le pasarían por la cabeza si no estuviesen invadidos por este profundo sentimiento[ii].
Podrían describirse del mismo modo las sensaciones a las que se exponen los adictos a sustancias como las drogas o a acciones como el juego o las compras, por lo que hay quien considera que el amor puede convertirse en otra forma de adicción.
Sin embargo, los defensores del concepto de amor romántico consideran una atrocidad esta teoría, que compara el sentimiento más bonito y puro que existe con algo tan tabú como las drogodependencias o la ludopatía. ¿Pero qué ocurre entonces? ¿Puede realmente el amor llegar al punto de considerarse capaz de crear adicción? Con el fin de dar una respuesta a esta cuestión, un equipo de investigadores  del Centro de Neuroética de la Universidad de Oxford ha llevado a cabo una revisión de todos los estudios científicos sobre amor y adicción desarrollados entre 1.956 y 2.016 y sus conclusiones, que han sido publicadas en Philosophy, Psychiatry and Psychology[iii], pueden ser de gran utilidad bajo el punto de vista de la psicología y las neurociencias.
El amor está en el cerebro 
Sí, el amor es un sentimiento, maravilloso, pero no por eso deja de ser pura química, resultante de un cóctel de sustancias que se liberan en el cerebro cuando dos personas crean ese tipo de lazos afectivos.
Una de estas sustancias cerebrales es la dopamina, un neurotransmisor conocido por participar activamente en la producción de la sensación de placer, en un proceso guiado por los mecanismos de recompensaDichos mecanismos se activan de forma exagerada en las personas adictas, provocándoles la necesidad urgente de repetir las acciones causantes de su adicción para poder revivir esa sensación de placer. Muchos de los estudios analizados en esta revisión demostraron que el amor genera estos desequilibrios en los sistemas de recompensa, por lo que sí que podría concebirse como causante de adicción.
Dos niveles de adicción
Según los investigadores responsables del estudio, esta adicción podría considerarse de dos tipos, según el nivel de "gravedad". Por un lado, hay personas que experimentan tal sensación de placer que son incapaces de estar solteras y, cuando por fin consiguen encontrar pareja después de una ruptura, comienzan a desarrollar comportamientos obsesivos que pueden llegar a causar malos tratos e incluso terminar en asesinato[iv] . Este nivel de adicción crea un deterioro social muy similar al de los adictos a sustancias de abuso y debe ser tratado no sólo por su bien, sino también por el de sus parejas.
Por otro lado, hay personas que no llegan a obsesionarse, pero sí que padecen una gran necesidad de estar en pareja, por lo que sufren aún más con las rupturas e incluso se mantienen largo tiempo en relaciones muy tóxicas con tal de no volver a la soltería.
¿El amor puede curarse?
Una de las películas románticas más emblemáticas de las últimas décadas es Olvídate de mí, una historia protagonizada por Kate Winslet y Jim Carrey en la que los dos miembros de una pareja piden a un profesional que borre al otro de su memoria con el fin de olvidar la tormentosa relación que habían vivido juntos.
De momento esta práctica sigue siendo sólo parte de la ficción, pero sí que se han dado casos de investigadores que han tratado de buscar una forma de aliviar el inmenso dolor resultante del final de una relación. Y el organismo modelo perfecto para investigar esto es el perrito de las praderas, pues se trata de animales claramente monógamos, que pasan toda su vida unidos a una única pareja, hasta el punto de involucrarse en cruentas batallas entre machos con el fin de defender a su compañeras. Estos lazos afectivos tan fuertes se establecen por la acción de una hormona conocida como vasopresina, en la que muchos investigadores han centrado su atención en los últimos años; ya que, si se inyecta a estos animales un antagonista, bloqueando su efecto, dejan de sentir apego hacia sus parejas y comienzan la búsqueda de otra diferente.
De momento estos experimentos no han ido más allá de los perritos de las praderas, pero sería perfecto que en un futuro pudiese aplicarse en humanos, ya que sería una forma de eliminar el vacío que todo el mundo, sea o no adicto, siente cuando acaba de salir de una relación sentimental.
Lamentablemente, hasta que esto, o lo que ocurre en Olvídate de mí, sea posible, habrá que conformarse con olvidar poco a poco a aquella persona tan especial. Y, sobre todo, mantener alejados los teléfonos móviles en caso de haber consumido unas copas de más. Después de una ruptura pueden ser muy peligrosos.
[Cerrando los contenidos principales que proporciona el buscador aparecen los siguientes]: •Frases de amor para románticos; •Frases de amor, reflexión y vida; *Amor en línea (página de citas 100% gratuita). 

Está claro que para el gran informador mundial, Internet, el amor es sólo un sentimiento, finalmente una cuestión de química, y además algo potencialmente peligroso porque provoca adicción y violencia. Desde este punto de vista resultará legítimo que el estado intervenga coercitivamente en los individuos que aman para preservar el orden social. Como en los casos de abuso de sustancias psicotrópicas, el sentimiento amoroso perturbador no sólo se puede, sino que se debe curar. Y aquí no hay más misterio, porque lo dice la ciencia y sanseacabó.
Volviendo a las langostas-escorpión, su picadura es desquiciante. En el ambiente familiar sus efectos trastocan por completo las relaciones habituales, los afectos, el orden y la armonía. En esa especie de caos inducido por el veneno, los sentimientos de atracción que hubiera se transforman en rechazo o repugnancia y los que tienen que vivir así desearían morir y no pueden, tal y como dice nuestro texto de entrada. La respuesta que te facilita la red -o más bien que te encierra en la red- es que la adicción que causa el amor induce una descompensación psíquica de tipo obsesivo que causa un deterioro socio-familiar. Los sentimientos placenteros, relacionados con determinadas sustancias segregadas, son los que, en último término, causan el destrozo. Aquí no tiene nada que ver la calidad ética de las relaciones, el valor moral de nuestros actos ni la libertad individual; todo se reduce a conexiones neuronales útiles o inútiles. Por tanto ¡NO SE TE OCURRA PEDIR PERDÓN, intentar la reconciliación ni nada de eso, por Dios! ¿No ves que tu pareja te puede matar? No, olvídate de lo pasado y vive la vida: come, bebe, ríe... roba y mata. ¡Da igual! Al fin y al cabo pronto no serás más que polvo que arrebata el viento. O sea, nada. 
A mí, constatar de un modo tan rotundo esta impostura pseudo-científica que sufrimos me abruma; pero no me abate. Ciertamente, por discrepar de ese planteamiento absurdo padezco en mis carnes castigos de disidente; pero hay algo firme dentro de mí que, paradójicamente, al tiempo que me distancia de evaluar mi vida en función de lo que siento, me colma de sentido, y me sosiega.
Desdeñando el goce sensible inmediato y efímero, dejándome guiar por una esperanza cierta, persigo un bien mayor, único y perdurable. No importa lo árido que me resulte el camino, antes bien, cuanto más seco lo encuentro más se abaja mi corazón y más seguro estoy de haber elegido bien
¿Acaso nos podemos dejar llevar de nuestros sentimientos, que hoy nos elevan como la espuma del cava y mañana nos dejan tirados y sin ánimos? Claro que no, no son fiables. Tiene que haber algo más.
Si el sufrimiento tuviera algún sentido podrían casar todas las piezas del puzle. Si fuera cierto que la muerte no es el final del camino, podríamos asumir cargar por el breve tiempo de una vida con un fardo de dolor... Porque después de todo, un corazón que rechaza sufrir por aquello que ama, que prefiere olvidar que amó para no sufrir, no es corazón sino piedra. 
Es muy fácil decir que todo es química y que todo tiene una solución química pero es también muy peligroso. Quien pretenda "poner en valor su vida", por favor, que no utilice Internet. Muchos están convencidos de que vivir correctamente consiste en estar bien informado y creen que la red es un instrumento óptimo para ese fin, siendo justo lo contrario. Millones de personas, al confiar ingenuamente en las potencialidades de Internet, han entregado voluntariamente el timón de sus vidas a desconocidos sin escrúpulos. Estar en "la nube" no es estar en el séptimo cielo sino más bien estar en las nubes, carecer totalmente de luz para encontrar el camino de la felicidad. La tecnología se ha vuelto endogámica, procura por todos los medios remitir todo hacia sí misma. Pero su lugar no es ser la piedra filosofal; es útil, sin duda, pero no deja de ser un instrumento. 
Nosotros, las personas, somos algo más que números y reacciones químicas. Aquellos alquimistas que buscaban la fabricación de oro por medios químicos han pasado a la historia como unos locos ridículos, en cambio, otros que en su tiempo pudieron ser menospreciados y perseguidos, viven aún hoy en nuestra memoria entre esplendores dorados. Uno de ellos, Francisco de Quevedo, en su poema Amor constante más allá de la muerte, imprime con los caracteres indelebles de la belleza un argumento de autoridad a favor del amor que trasciende a las neuronas:

Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora a su afán ansioso lisonjera;

Más no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, más polvo enamorado.




[i] Esta entrada, la cuarta al meter “AMOR” en Google, es una información falsa.
[ii] Un ejemplo lo tenemos en Dios mismo, que no necesitando de nada, por amor se hizo hombre y se dejó matar como si fuera un criminal. Y otros más en la vida de enorme abnegación de tantísimos santos. 
[iii] Suponiendo que para examinar los estudios del 2016 ha tenido que haber pasado éste, he metido en el buscador “Philsophy, psichiatry and psychology 2017 love adiction Oxford 1956 to 2016” y en las 150 entradas resultantes no he encontrado nada ni remotamente parecido al estudio que se nos dice en la entrada de “El Español”. Este texto es un fraude-pastiche y hasta se ve en su redacción: “parece ser; muchos describen; hay quien considera; etc.”. Google se presta al abuso ideológico bajo capa de ciencia.
[iv]  El artículo no aclara si el que puede llegar a matar es el cónyuge obsesivo o su pareja. 

viernes, 5 de mayo de 2017

PARA, POR, SEGÚN, SIN, SO


"A tu salud; a la de muchos"
El País de las Cucharas Largas
Una noche, mientras sus padres dormían, Teresa y Domingo salieron de su casa en bicicleta buscando aventuras. Cansados y a punto de dar la vuelta vieron una señal indicando la subida al País de las Cucharas Largas. Cobraron fuerzas por la ilusión de lo desconocido pero la dureza de la pendiente y la soledad del paisaje pronto les hicieron dudar de querer proseguir el ascenso. Afortunadamente, una súbita planicie al dar una curva les dio la bienvenida a la cumbre y al País que anhelaban conocer. En medio de una llanura como de tres campos de fútbol se alzaba una mansión abandonada. Al acercarse levantaron el vuelo las lechuzas y huyeron los roedores y las alimañas. Un gran panel roto avisaba al visitante de que el país estaba dividido: el ala blanca al oriente y la negra al occidente. Entrando en el vestíbulo polvoriento, dos pasillos partiendo de la escalinata conducían a lo recóndito del país. Y eligieron avanzar hacia occidente; gritos, ayes, quejidos y lamentos les acompañaron hasta alcanzar una gran puerta de madera de ébano. Se miraron temblorosos y uniendo sus fuerzas la empujaron para entrar. El chirrido que produjo ahogó su grito de horror al contemplar algo inaudito: una gran sala con muchos comensales en torno a una mesa repleta de manjares, que no podían comer porque el instrumento para hacerlo, una larguísima cuchara atada a sus manos, les impedía acercar la porción de comida a sus bocas. Aquellas personas se estaban muriendo de hambre y de angustia y los niños huyeron espantados al instante. 
Llegando al hall de nuevo se animaron a recorrer el otro pasillo: esta vez, canciones, risas, poemas y algazara les fueron levantando el ánimo. La puerta de marfil era semejante a la anterior y la sala también. Todo igual excepto que los comensales se alimentaban unos a otros. El amor, en el servicio mutuo, era la gran diferencia. Los niños se sintieron transportados a la eternidad y solo el amoroso tono de la voz materna les suavizó el despertar de aquellos sueños. 
La misa más patética y descarnada que he vivido jamás fue la de un domingo en la gran basílica de la Santísima Trinidad de Fátima. Dispuesto todo como uno de esos enormes auditorios, el oficiante aburrió a la "audiencia" hasta casi la muerte, de la que sólo habrían de salvarse los que tuvieran una fe sólida en la presencia de Cristo en la Eucaristía. Los invitados en aquel festín agonizábamos como los del cuento, extenuados y abatidos por la imposibilidad de recibir ayuda y sustento. Yo, entre ellos, volví a sentirme apenado por la constatación de la debilidad del pueblo de Dios. Y me propuse internamente adherirme aun más, con todas mis fuerzas, al Señor.
Es lamentable que las acciones del Papa le estén alzando como a un ídolo, que es justo lo que Dios reprueba y castiga para nuestro bien. El único eco suyo -mediático y periférico- digno de ser propagado a los cuatro vientos no debería ser otro que, explicado en dos palabras, ¡sólo Dios!
La sequedad de la liturgia que va extendiéndose cada vez más es la sequedad de nuestras almas, la desolación que avanza, el desierto ardiente que nos prueba y vence a muchos. Y la tentación es que Jesús no está con nosotros en ese camino; que no nos asiste ni nos alimenta y que, como nosotros no hagamos algo por nosotros mismos, nos moriremos. La tentación es que el Padre ni es bueno ni nos quiere; y por tanto no nos salvará.
Pero el que cree tiene vida eterna, y así, el que escucha al Padre y aprende, se acerca a Cristo y  Él lo resucitará en el último día: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre; "Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo". El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él...el que me come vivirá por mí.
Hay cosas en nuestra religión que son intocables; pero ya decía el sabio que los problemas de la humanidad se deben a que no sabemos estarnos tranquilos en nuestra habitación esperando y así surgen continuamente dudas que nos mueven a buscarle cinco pies al gato. Por eso la recomendación de aquel viejo sacerdote de tener como referente la fe de nuestros mayores es hoy más importante que nunca. Y en este sentido me parece admirable la carta que acabo de leer en el comentario semanal que hace Don Luis Lucendo en Facebook explicando las lecturas del domingo. En ella una madre dedica unas palabras muy atinadas a su hijo con motivo de su Primera Comunión, palabras sencillas y veraces, como la fe de siempre que profesamos. Éstas son:
“Querido hijo: eres el mayor regalo que tu padre y yo hemos recibido de Dios. El día en que tú naciste una inmensa alegría llenó nuestras vidas. Han pasado muy rápido los años. Parece que fue ayer.
Sé que esperas mucho de mí como madre y como cristiana. Ante tus preguntas me gustaría darte siempre respuestas que te hicieran feliz, poder ahorrarte sufrimientos, contarte que en el mundo las personas viven en paz, comparten el pan y sus derechos son respetados… Pero debes saber que más cerca de lo que tú piensas hay problemas, odio e injusticias. Por ello debes aportar lo mejor de ti mismo para hacer un mundo mejor. 
En la Eucaristía, Jesús se hace pan y vino, se hace compañero en nuestra vida, en nuestras miserias y alegrías. Nunca te sentirás solo, porque Él se ha quedado contigo y te da alimento y fuerza. Que Él sea siempre tu mejor amigo.
Cuando recibas la comunión, no olvides que lo haces en comunidad, que cada comunión te une a Jesús y a todos los que están recibiendo su Cuerpo y su Sangre contigo. Ama a la Iglesia y sé tú también pan y vino, alimento para los demás, para edificar la gran Familia de Jesús. 
Sabes que tu padre y yo te miramos siempre con ternura e inmenso amor y que cuentas siempre con nosotros. Hijo, en este día de tu Primera Comunión quiero decirte que ames siempre a Jesús, que no te canses de orar, que participes cada domingo en la Misa, que seas un hombre de Bien. Que siembres amor por los caminos de la vida, porque sólo la bondad llenará tu vida de alegría.”

Para, por, según, sin, so 
El "pan" que comemos en la Eucaristía es una materia que, como todas, 'no se crea ni se destruye sino que sólo se transforma'. La transformación que experimenta esa harina amasada con agua es la más espectacular que se conoce en el Universo, pues se transustancia y pasa a ser verdadera carne y sangre de Cristo, hombre y Dios vivo y verdadero. Al que se lo come creyendo que en ese pedacito de materia con apariencia de pan está verdaderamente Jesucristo, le pasan dos cosas: primera, que la metabolización de esa materia hace que su cuerpo se una al de Jesús, con lo cual adquiere la humanidad y la divinidad de Él y con esta última la inmortalidad. Y segunda, que creyendo en su propia inmortalidad, inexorablemente su vida se irá transformando hasta hacerse igual a Jesús, también en cuanto a morir él mismo para darle vida al mundo. Conviene insistir en que al comulgar con el cuerpo y la sangre de Cristo no estamos haciendo algo simbólico sino algo real, si es que al recibir el sacramento hay fe y estado de gracia. Al "ingerir" a Jesús nos transformamos en Él, no metafóricamente sino verdaderamente
El testimonio del evangelio de Juan acerca de Jesús no deja lugar a dudas: "El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo". Luego si yo como de ese pan que Jesucristo da para la vida del mundo, viviré por él. Por esta razón yo voy a misa a diario, porque necesito mucho de ese alimento; porque me siento débil. 
Pero ahora estoy confuso. Ayer proclamó la Iglesia este pasaje evangélico que estoy comentando: Juan 6, 51. Y después de medio siglo de estar recibiendo a Jesús en la Eucaristía, me resonaron esas famosas palabras del discurso del Pan de Vida con 'otro aire', simplemente porque en vez de la preposición para el sacerdote pronunció la preposición por
Hasta ahora yo venía entendiendo que Jesucristo, hoy, da su carne para la vida del mundo. Hoy muere para que yo lo coma y viva por Él. Pero eso que yo asumía como verdad inmutable es lo que de pronto -con el nuevo Leccionario- tengo que confrontar con esto otro: "Jesucristo murió hace dos mil años para salvarnos de la muerte"; murió por dar vida al mundo. Y el problema es que a mí no me parece que esto sea lo mismo que lo de antes y si alguien me lo puede aclarar, no sabe cuánto se lo agradecería.
El meollo de mi inquietud es que después de este por venga un según: según se mire, sí pero no; y después sin, o sea, que no; para terminar en so, so pena de excomunión, por ejemplo. Pero en fin, sabios doctores tiene la Iglesia que nos sabrán explicar, y si no, siempre nos quedará Jesucristo, el primero y el último.