Imagen de FÍATE

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martes, 27 de septiembre de 2016

UNA GOTA EN EL OCÉANO

El mar Cantábrico en Asturias

https://www.facebook.com/juliomanuel.espina/videos/vb.1119519164/10207843852430452/?type=2&theater
Este vídeo es producto del amoroso azar y tiene una hermosa historia. Sucede a veces en el mar Cantábrico en verano, que la naturaleza se toma un descanso: "Bandera roja". Con la ilusión por darnos un chapuzón que llevábamos, tuvimos que conformarnos con dar un paseo por la arena. Estaba subiendo la marea y en algunos tramos ya chocaba el agua contra el muro. En esa época, a mediados de agosto, suceden las mareas más grandes del año; en seis horas, el agua puede retirarse hasta 100 m de la costa y en las seis siguientes volver a ocuparlos. Cuando baja se hacen campeonatos simultáneos de fútbol en playas como la de Gijón, y da gusto verlo. Aquella tarde soleada nos sorprendió con un mar muy agitado. Las tres niñas empezaron a correr y viéndolas tan lindas con sus falditas rosas me fui tras ellas cámara en mano. Filmaba y paraba; corría un poco arrimado al muro y a saltitos para no mojarme los pantalones; y vigilaba a las peques. En mi cabeza se hizo presente la impresión que me había causado el último invierno la noticia de que el mar había arrebatado a un pequeño de los brazos de su abuelo. ¡Qué dolor! por eso yo no dejaba de vigilar los movimientos de mis niñas; que el mar puede hacer lo que quiera cuando se enfurece. Al poco de empezar a grabar este corto sucedió que Teresa, distraídamente, perdió una de sus sandalias, que llevaba en la mano. Y ahí me desentendí de la grabación. Grité para que la cogiera pero al mismo tiempo tuve ya que empezar a avisarla del peligro de ir tras ella. Todo fue muy rápido y tenso, porque realmente existía un peligro que mi hija no podía conocer; las olas no son iguales y la que viene puede ser mucho mayor que la anterior. Con el nerviosismo, la niña empezó a llorar y con sus primas consolándola se fue alejando del mar. Me quedé solo; no lejos de la única familia que, aunque con ropa de calle, aun permanecía en la arena, contemplando el espectáculo de la espuma y el rumor de las olas. Eran las únicas personas en cientos de metros, ya bañados casi todos por las olas. Yo me resistía a quedarme así, con aquella "pérdida"; sabía que Dios me escucha siempre y que si le pedía con fe el zapato me lo devolvería. Tenía una experiencia singular de algo parecido. Un verano de hacía unos quince años, a mi sobrino mayor le quitó el mar un muñeco que le gustaba mucho. Había bandera amarilla y chapoteaba por donde le cubría unos 60 cm. Como ahora, al verle triste me puse a buscarlo, rezando al mismo tiempo. Me fui caminando por el agua movido por el espíritu, y como a unos cien metros de distancia del lugar de la pérdida, vi el muñeco entre dos aguas, juguete de las olas. Se me da bien buscar, me enseñó mi padre, y he encontrado muchas cosas, por no decir todas menos las que no tenía que encontrar. Iba yo con estas cavilaciones y mi soledad caminando por la orilla y con la misma actitud pedigüeña de aquella lejana ocasión, oteando intensamente las aguas pero recibiendo a cambio con la misma intensidad la impresión de que esta vez el asunto era bastante más difícil; ni siquiera podía adentrarme en el mar para buscar mejor. Aún así, no dejaba de hablar con Dios, con confianza, recordándole el amor que nos une y pidiéndole aquel favorcito por medio de San Antonio, que es mi intercesor infalible para estos menesteres. Me alejé, igual que la otra vez, la distancia de un estadio de fútbol del punto donde el mar le había cogido a mi hija su sandalia; del lugar también que ocupaban aquellos únicos veraneantes que quedaban. Ya mi mujer y los demás del grupo me estarían echando de menos y yo ya me empezaba a encontrar extraño en aquella dedicación. Así que le dije al Señor: Mira, ya no me molesto más; porque después de todo, sé muy bien que si tú quieres tienes recursos para devolvérmela como y cuando quieras, así que lo dejo en tus manos. En esta plática me venía yo desandando el camino que me había llevado en sentido contrario al resto, con quienes ya estaban las niñas, arriba, en el paseo. Los iba buscando con la mirada y los divisé por fin entre los paseantes; mi mujer, inclinada sobre la barandilla, hablaba con alguien que estaba en la arena. Llegué a su altura. Con gran alborozo de mi alma me enteré de que al poco de irme 'de pesca', una ola más larga que el resto había depositado a los mismos pies de aquella familia la sandalia, lo cual era impensable con lo revuelto que estaba el mar. Finalmente, no sé cómo, también mi familia se enteró del asombroso suceso y todo se arregló sin mi intervención. ¡Qué grande eres, Señor! Y de éstas, tengo muchas, tantas, que se me van olvidando. De verdad, no hay vida como la de la persona de fe. Un cordial saludo.

lunes, 26 de septiembre de 2016

GRITARÁN LAS PIEDRAS

¡Gritarán hasta quedar hechas polvo!
Cuando el mosto de la manzana ha alcanzado su punto justo de fermentación y la sidra ya está lista, se prueba sacando la espita que cierra las pipas o toneles. Con ese motivo se hace una buena merienda, que en Asturias llamamos "espicha". Este nombre se ha generalizado a todos los convites que siguen el patrón de esa antigua tradición: De pie, en torno a mesas bien surtidas de ricos platos que se comparten, regándolos con mucha sidra.
En cierta ocasión fue invitado un madrileño a una espicha y recién llegado, cansado el hombre, arrimó una silla a la mesa de las viandas cuando todavía se estaban sirviendo. Trajeron una tortilla española y le cayó delante. Abierta la espicha, arrimáronse los comensales a la mesa y al ver las migajas de la tortilla al lado del señor de Madrid le preguntaron admirados si se la había comido entera, a lo que él contestó: "Sí, y mi trabajito me costó".
Soltar la espita suscita el encuentro fraterno y la alegría de vivir, pero es necesario estar vigilantes para no abrirla antes de tiempo, cuando la sidra aun está floja, ni después, cuando se corre el riesgo de que se agríe la sidra y la presión de los gases haga saltar la espita. Y aun, para poder celebrar la buena añada, hace falta respetar la tradición, que es como el hilo que nos engarza unos con otros. Si por lo que sea uno se despista y trata de andar solo, no llegará lejos.
En España hemos llegado demasiado lejos. Va para un año sin gobierno y seguimos como si no pasara nada, pero sí que pasa. 
Con mucha razón hay ahora mismo ocho millones de españoles fumando en pipa. De buena gana suspenderían de empleo y sueldo a los políticos y a los periodistas. A los primeros por negarse a trabajar y a los segundos por dar coba a los agitadores que con patochadas como "Sánchez, líbranos de Rajoy" siguen haciendo escarnio de la gente de bien.
El trabajo de los políticos es el diálogo constructivo y éste brilla por su ausencia. Esto es un río revuelto donde los haya, y una indecencia. Uno es un chaquetero y los medios lo ensalzan; el otro causa una ruina voraz que destroza a las familias y es el salvador de la patria; si se desploma luego en las elecciones no importa, cuelgan una foto de archivo suya con los brazos abiertos como si triunfara; si intenta uno enterarse de lo que pasa, sale con dolor de cabeza; en las portadas de los diarios rivalizan en espacio las grandes preocupaciones sociales con los chismes, el ocio y la publicidad. De escándalo, mientras millones de seres humanos mueren olvidados a nuestro alrededor.
Pero por sus frutos los conoceréis. De la misma manera que Newton acertó en pensar que "alguien tiraba de la manzana" porque si no no se caería, en España tenemos que concluir que alguien quiere romper su unidad porque si no, no se explica este lío. Como en esos programas nefandos en los que el más desvergonzado es el protagonista, así está sucediendo en la escena política. Y otro tanto en la escena mediática, donde el más líante es el que lleva la batuta.
Ya va siendo tiempo de soltar la espita. Antes de que revienten los odres y se eche el vino a perder, o la sidra, hay que aliviar la presión. Los agitadores tienen que desaparecer de la escena pública. Todos aquellos que hablen o escriban algo que no contribuya a calmar los ánimos y a dar esperanza deben ser mirados como enemigos de la patria. Los que, morbosamente, sin usar razones, nos empujan a echar la culpa de nuestros males a los demás, deben ser catalogados de demagogos, condenados al destierro mediático y expulsados de la cosa pública.
Nos han martilleado un año entero con Rajoy sí, Rajoy no. ¡Como si importara algo quién dirige el gobierno de España! ¡qué villanía! ¿Acaso no hace muchos años que la política de España ya no se diseña en la península? Nos toman por tontos; pero es que, verdaderamente, si no ponemos freno van a conseguir que lo seamos.
Don Quijote y Sancho enseñan al mundo a dialogar. Uno hidalgo, el otro escudero, no importa, en el camino son dos que, dialogando, construyen la historia. Sin un "otro" no hay vida. Negarse en redondo a hablar es la negación misma del arte de la política, del arte de tejer la convivencia. ¡Qué despropósito! hacernos perder el tiempo con absurdos dialécticos como "el inmovilismo y el cambio", "las derechas y las izquierdas", "los corruptos y los de la España Regenerada"; degenerada y rancia habría que decir, que si con esa papilla política todavía compramos periódicos es que estamos muy verdes.
Entre Don Quijote y Sancho no hay faltas de respeto; hay razones, muchas y muy buenas en todo momento. Y cuando se intenta ocultar el brillo de la verdad que surge en el encuentro, en el diálogo de dos almas sinceras, aparece en primer lugar lo chabacano, lo irreverente e irrespetuoso, como salta a la vista con tan solo asomarse al engendro de Avellaneda. 
Las formas son muy importantes, tanto o más que el fondo. Y nos ayudan a descubrir quién es de fiar y quien es el farsante. La suavidad frente a la insolencia; la paciencia y la mansedumbre frente a la arrogancia y la displicencia. Fijémonos y saquemos nuestras conclusiones. 
España es tierra de hidalgos (hijos de algo) tanto como de vasallos; y honrosos ejemplos jalonan nuestra historia. Aún hoy, mil años después, recitamos con orgullo el Poema del Mío Cid, cuando yendo a su destierro suscitaba este clamor: ¡Qué buen vasallo sería si tuviera buen señor!
Pero de unos y de otros 'haberlos, haylos', y no podemos seguir callados por más tiempo. Como decía Víctor Manuel cuando era joven: "Levanta el dedo, levanta el dedo". Sólo a las tumbas, llenas de inmundicias y de huesos, conviene el cobarde silencio.
Aquí y ahora, no yo, sino Dios mismo, nos amonesta y nos exhorta: "Os aseguro que, si éstos, mis discípulos, se callan, gritarán las piedras".

EL LIBRO MÁGICO

Yo mismo, con tres años,
en una de mis ocupaciones favoritas


[Lo que dice la OMS]: La depresión es una enfermedad frecuente en todo el mundo, y se calcula que afecta a unos 350  millones de personas. La depresión es distinta de las variaciones habituales del estado de ánimo y de las respuestas emocionales breves a los problemas de la vida cotidiana. Puede convertirse en un problema de salud serio, especialmente cuando es de larga duración e intensidad moderada a grave, y puede causar gran sufrimiento y alterar las actividades laborales, escolares y familiares. En el peor de los casos puede llevar al suicidio. Cada año se suicidan más de 800 000 personas, y el suicidio es la segunda causa de muerte en el grupo etario de 15 a 29 años. (Fin)


Una cosa es la depresión y otra el estar desanimado. Uno de cada treinta de nosotros padece ahora mismo depresión y casi todos pasaremos por ella en algún momento de nuestra vida. Pero el desánimo es endémico, lo sufrimos a diario y es una rémora social de primer orden.
Un paciente depresivo que había sido hombre de negocios me contó que cuando estaba en la cresta solía pensar que eso de la depresión eran tonterías y se lamentaba de no haber sido más consciente.  
Al morir mi madre yo no noté sentimientos de pena especialmente intensos, pero pasado un tiempo mi mujer y yo discutíamos a menudo y nos dimos cuenta de que algo me estaba pasando. Sí, estaba irritable y ansioso, y acepté acudir a una psicóloga que me recomendaron. Esta persona me ayudó mucho durante un año aproximadamente, que suele ser el tiempo que dura un duelo y lo que técnicamente se llama la depresión reactiva breve.
Entre sus consejos me recomendó la lectura de un libro escrito en 1980 en inglés, del que se llevaban vendidos muchos millones de ejemplares: Sentirse Bien. La nueva terapia del estado de ánimo.
En España enfocaron su venta a tratar la depresión, lo cual para mí es un error importante porque el libro va mucho más allá. Es un tratado de psicología básico, casi divulgativo, pero fundamental. Su conocimiento y práctica podría mejorar una barbaridad la calidad de vida de toda la población y si no se conoce más es porque choca con los intereses de la industria farmacológica y otros.
En cuanto empecé a usarlo empezó a crecer mi admiración: estaba descubriendo que me era posible controlar mis estados de ánimo y rebajar mi ansiedad (y lo mismo respecto a otros indeseables sentimientos: inferioridad, indefensión, inseguridad, etc.). Luego fui encontrándome con personas que habían tenido la misma experiencia que yo y coincidíamos en que el apelativo de "libro mágico" que circulaba por ahí era totalmente merecido.
Ya sólo con lo que he dicho bastaría para que yo le dedicara un espacio en el blog, pero quiero matizar más el asunto.
Cualquier persona tiene a lo largo de su vida motivos para desanimarse y cada vez más a menudo son de tal envergadura que dejan al individuo machacado. En general, la dificultad está en que, "lógicamente, se ve como única salida suprimir las trabas" que están bloqueando el camino a la felicidad de esa persona. Y como eso es casi siempre imposible, no hay solución para la tristeza. Pero no es así y ése es el quid de la cuestión.

Sentirse Bien dice que el esquema mental de los occidentales contiene fallos importantes. Que nuestra cultura asume como cierto lo que son errores objetivos. (Para que se me entienda: que crecemos con la idea de que la felicidad depende de ser de "los mejores", por ejemplo). Estas 'distorsiones cognitivas' chocan con la realidad de las cosas y su efecto lógico es ponernos tristes. La terapia cognitiva que propone es tan sencilla como pensar un poco en lo que nos pasa por la cabeza para atrapar esos gazapos 'culturales' y una vez cazados sustituirlos por pensamientos más adecuados a la realidad de las cosas. (Respecto al ejemplo que puse, todos sabemos que la felicidad no depende de ser los primeros...)
Ya he dicho bastante pero para terminar quiero remarcar algo crucial. Este libro puede aprovechar muchísimo a los que compartan que existe un ser superior (llámese diseñador inteligente o Dios) que nos ha creado y nos ama. Y los que no compartan esto encontrarán que les es muy difícil sustituir esas distorsiones del pensamiento que impregnan nuestra cultura. Me explico. 
Me sentía ansioso y cogía una libretita para cazar esos gazapos dañinos de mi pensamiento. Me decía: "¿qué estabas pensando que te ha puesto tan nervioso? Y a menudo encontraba esta respuesta: "Eres una M porque te callaste cuando aquel te dijo tal cosa y no le pusiste en su sitio". 
En ese caso, que es bastante corriente, la sustitución que yo hacía era del tipo: "Es cierto que hubiera estado bien una respuesta madura y razonada por mi parte ante aquella intervención desconsiderada, y que me dio miedo hablarle en público y preferí callarme. Pero no por eso soy una M. De hecho el "valor" que tengo me viene de que soy una criatura hecha por Dios, pensada por Él entre infinitos millones de personas que Él hubiera podido hacer, y me eligió a mí, considerándome digno de amor y para amarme de hecho. Y no sólo eso sino que después, Dios entregó a su único Hijo a la muerte y murió diciendo: "Julio, te amo y muero de amor por ti". 
Esta sustitución que yo hacía en esas ocasiones era ajustada a la verdad más profunda que profeso y que realmente es. Y sin ir más lejos, la prueba es que da resultado y corrige el desánimo.
Bueno, esto es un ejemplo de que si no se es creyente resulta mucho más difícil establecer pensamientos fundamentados que puedan sustituir a las formulaciones que espontáneamente produce nuestra cultura.
Aunque el libro toca muchos temas, resultan decisivamente útiles las cien primeras páginas. Me he permitido 'pellizcar un poquito el libro para que lo prueben'. ¡Buen provecho!


(Para ver la portada y unas páginas del libro hagan click a continuación)  http://fundacionfiate.blogspot.com.es/2016/09/sentirse-bien.html

domingo, 25 de septiembre de 2016

TIEMPO DE AMAR, TIEMPO DE MORIR (FÍATE)


Foto: A. Galán

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas…
Dijo Dios: “Hágase la luz”, y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien y apartó Dios la luz de la oscuridad…Día primero.
Dijo Dios: “Haya un firmamento por en medio de las aguas, que las aparte unas de otras.” E hizo Dios el firmamento; y apartó las aguas de por encima del firmamento. Y así fue…Día segundo.
Dijo Dios: "Acumúlense las aguas de por debajo del firmamento en un solo conjunto y déjese ver lo seco”; y así fue. Y llamó Dios a lo seco “tierra”, y al conjunto de las aguas lo llamó 'mares' " […]
Este es el relato de la creación del mundo que aparece en el primer libro de la Biblia, el Génesis (palabra que significa “origen”). Semánticamente, fundación, fundar, fondo, hondo, ahondar, hundir, etc., son una familia de palabras, que tienen un contenido común relacionado con “la parte de abajo”, la que sirve de sustento primordial. Fundar es “poner fondo” y, obviamente, el primer fondo, “los pilares de la Tierra”, no los pudo poner ningún hombre. La primera Fundación la realizó Dios mismo.
Siguiendo el relato del Génesis, de la mano del creador habrían surgido el cielo (“heaven”) y la tierra, y en ella, que aún era informe e inhabitable sobre el abismo de la nada, estaba presente un “viento” que se suele identificar con Dios mismo, su Espíritu, su “aliento”, el espiraculum.
Dios crea la tierra 'informe' e inmediatamente aborda la primera “reforma” en el amasijo inicial: Pone “la luz de obra”.
Una vez hecho eso ya se puede estar, aunque malamente. Y entonces actúa Dios de nuevo separando las aguas que llenaban el mundo y haciendo el firmamento; y juntando a continuación las aguas de debajo del firmamento en los mares, haciendo así que asomara por fin la tierra firme.
La parte dura del trabajo ya estaba hecha y a continuación tocaría hilar más fino: el verde, las flores, los pájaros... y finalmente el hombre: hombre y mujer.
Complacido con todo lo que había hecho, descansó Dios “el domingo”. Y habiendo entregado al ser humano aquel precioso regalo, se ganó su amistad, y paseaban juntos por el edén todos los días a la hora de la brisa de la tarde.
La narración de los orígenes continúa diciendo que aquella primera pareja, engañada por el diablo, se enemistó con Dios y fue expulsada de aquella casa estupenda, poniendo Dios en ella un ángel para que la custodiase.
¿Cuáles fueron las consecuencias de aquel "cataclismo" en lo que a la fundación del mundo se refiere? ¿Se tambaleó?
Lo que se puede decir sobre este tema está bellamente plasmado en imágenes en la bóveda de la Capilla Sixtina.
Miguel Ángel explicó a partir de la Revelación Cristiana todo el misterio del hombre sobre la Tierra, empezando por la Creación y terminando por la Eternidad.
Pervertido el hombre como consecuencia del primer pecado, Dios “suelta las aguas de por encima del firmamento” provocando una gran in-undación: El llamado Diluvio Universal.
Ordenó Dios al único justo sobre la Tierra que hiciera un barco de madera y se metiera en él con toda su familia y con una muestra de cada especie animal y vegetal. Las aguas lo cubrieron todo y sólo se salvaron Noé y su familia a bordo del Arca.
La escena del Diluvio de Miguel Angel refleja diferentes actitudes frente al peligro. Vemos la compasión, la crueldad, la pena, la lucha hasta el final. Unos se apiñan en una improvisada balsa y tienden la mano a los que llegan nadando; otros reman hacia el Arca en un bote que se escora peligrosamente y golpean con dureza a los que se acercan. En el último trocito de tierra firme que queda, se ve a varias madres consolando a sus pequeños, a un hombre llorando que saca del agua el cuerpo sin vida de su hijo y a un joven que intenta salvarse trepando a un árbol (referencia a la Cruz) aunque sin conseguirlo 'por su escasa estatura'. La copa de este árbol nos dirige la mirada hacia el Arca: vemos a Noé contemplando el cielo azul cruzado por el Arco Iris y a la paloma de la paz en lo más alto del barco.
Miguel Ángel superpone varios “fotogramas” para resumir la vida del hombre en la tierra:
Habiendo sido creado para disfrutar de un mundo maravilloso, se ve por el pecado convertido en un náufrago que encuentra su salvación gracias a un madero.
Permítanme ahora un juego de palabras: Si inhumano significa no humano, inundación (in-hundación o in-fundación) sería lo que no es fundación. En la historia ha habido dos hechos esenciales para la vida del hombre: la creación y la re-creación (o redención). A la fundación del mundo en 7 días sucede la no-fundación. Si la primera consistió en crear y afianzar la tierra sobre las aguas, la segunda realizó la acción contraria, aunque de manera incompleta; porque al avance impetuoso de las procelosas aguas le puso Dios un freno con unos leños de madera.
El fresco de la Capilla Sixtina congela la imagen en ese punto: en medio de la oscura desolación un hombre -Noé- ve el cielo abierto derramando siete colores y una paloma blanca salida de una chistera, y escucha una voz en off, cálida y firme, que le dice: “Sólo mi madero trae la salvación al mundo: Abrázalo”.
La primigenia fundación quedó trastocada por la acción del hombre, la acción divina por la acción humana.
Por lo pronto, aunque hubiéramos podido ser aniquilados en el acto, no fue así. No nos abandonó Dios a nuestra funesta suerte. Antes bien, si por nuestra culpa perdimos la seguridad del Paraíso Terrenal, obtuvimos a cambio la promesa de un Salvador.
Aparecimos en el mundo “a-probados”, o sea, exentos de prueba, y a partir de la transgresión quedamos “suspendidos”, necesitados de prueba (eso significa el barco sobre las aguas). Estamos “pendientes”, colgados, abrazados al madero donde está la salvación; y el Salvador. Y el que persevere hasta el final  salvará su vida para la Eternidad.
La objeción de que Dios fue injusto al exponernos al castigo eterno queda refutada al considerar que tras crear un mundo maravilloso y verlo mancillado por la desconfianza del hombre, no nos negó su amistad. Más bien optó por "arremangarse" y poner toda la carne en el asador: ordenó a su hijo único despojarse de su divinidad y hacerse como nosotros, para reconducirnos a Él. Pero no se detuvo en ese anonadamiento de su Hijo, sino que, en una demostración de amor que sobrepasa toda comprensión, no le eximió de la muerte, sino que lo entregó a la más dolorosa y abyecta de toda ellas que se conoce, reservada a los asesinos. Y así, elevado su Hijo en el madero, nos mostró a todos el amor inmenso que nos tiene. Y resucitando a ese Jesús nos concedió, a los que creemos en la verdad de ese suceso, el poder para ser sus hijos, y después el verle cara a cara, con lo cual seremos semejantes a Él.
¡Qué admirable intercambio promovido por nuestra rebeldía! Despreciando la condición de amigos de Dios en el Paraíso, obtuvimos la promesa y por tanto la posibilidad de ser iguales a Dios, Dios con Él.
Pero la fragilidad del nuevo sustento, de la nueva forma de estar en el mundo, reclama una permanente atención de nuestra parte. Esa precariedad necesita ser apuntalada constantemente y esa solicitud se traduce en el mandamiento nuevo de la caridad, que nos vino a traer Jesús como viático para alcanzar la promesa.
En esta economía de la salvación encuentran su sentido las fundaciones particulares: Cáritas, Cruz Roja, etc. Algunas de ellas surgen y luego desaparecen por abandonar esta corriente vivificadora y ser arrastradas a mar abierto por un viento huracanado que las destroza. 
Fíate, la Fundación para la Integración de Alumnos con Trabas Especiales, aspira a ser una de esas plataformas de ayuda que contribuyen a estabilizar el agitado mundo en que vivimos: ¡Suma tu esfuerzo! ¡Colabora con Fíate!

sábado, 24 de septiembre de 2016

DAMASQUINADO TOLEDANO

En Fíate, con paciencia, hacemos joyas
El veterano sargento, molesto con aquel reemplazo tan blandengue, se encaró con un recluta por quejarse. Acto seguido, exaltado en su celo patriótico por la insolencia del joven, le arreó un pisotón en un pie y le gritó a la cara:
- ¡¿Le ha dolido, recluta?!
- ¡No, mi sargento!
- ¡¿Por qué?!
- ¡Porque calzo el 40 y me dieron unas botas del 44, mi sargento!
De esa manera y de otras, los mozos volvían de la mili a sus casas "hechos unos hombres" ¡qué tiempos aquellos! Ahora los quintos se casan entre ellos, la guerra la planean mujeres, éstas empuñan también las armas y los mandos se apuntan a romper la patria... Pero ¿es esto el progreso... o nos la dan con queso?
Sea como sea, en Fíate sí que estamos intentando formar hombres y mujeres de una pieza, gente entera e íntegra, que viene a ser lo mismo que "gente que se entere". Por supuesto que a nosotros también nos duele que a los jóvenes les falte ímpetu pero creemos que el remedio no es ponerse duro sino más bien tener temple, autodominio y paciencia. En una palabra, poner nosotros el espíritu animoso que a ellos les falta; ser su ejemplo.
No vamos a negar que esa solución no es fácil puesto que todos experimentamos muy a menudo que la vida nos viene grande, pero precisamente porque somos muy conscientes de esa limitación, no nos planteamos Fíate como un proyecto de buenas ideas, pensado al milímetro, sino como la alegre aceptación de un regalo de Dios. Fíate, como su mismo nombre indica, confía su capacidad de hacer algo útil en la sociedad a la bondad de Dios. Esa confianza es el principal activo de la Fundación y su única garantía de éxito. Y con ese equipo, ni más ni menos, nos hemos lanzado a esta aventura.
Por supuesto, a lo largo de un buen número de años, los patronos hemos experimentado que ese principio de la confianza es suficiente y el único totalmente garantizado. Gracias a él hemos vencido grandes dificultades y seguimos haciéndolo. Nuestra trayectoria es, a pesar de serios contratiempos, un testimonio del poder de Dios para mejorar nuestra existencia. Y eso es lo que ofrecemos en Fíate.
A los que vengan les vamos a proponer caminar provistos con esa 'mochila' tan sencilla, advirtiéndoles que según sea su confianza así será su cosecha. 
En cierto modo pretendemos recuperar, como en "la mili", el valor de la obediencia en la formación de las personas, aunque los medios para suscitarla sean, como ya hemos dicho, los lazos del amor y no los del castigo o la amenaza.
Desde aquí invitamos a padres y educadores a probar este original método educativo, un método emancipado del miedo. Cualquiera lo puede poner en práctica si está dispuesto a ejercitarlo al  mismo tiempo que su pupilo. Por supuesto, hay muchos testimonios de su eficacia y mucha literatura donde poder informarse, básicamente las vidas de santos.
El programa que les proponemos se podría comparar con la elaboración de un buen pastel que hay que hornear a fuego lento, en el interior de cada uno: Padre, madre, profesor, pariente o alumno. Tan sólo con "el buen olor" que se percibe basta para que merezca la pena intentarlo.
¡Apúntate ya al marterchef de corazones!
Un cordial saludo.

SENTIRSE BIEN

[Lo que dice la OMS]: La depresión es una enfermedad frecuente en todo el mundo, y se calcula que afecta a unos 350  millones de personas. La depresión es distinta de las variaciones habituales del estado de ánimo y de las respuestas emocionales breves a los problemas de la vida cotidiana. Puede convertirse en un problema de salud serio, especialmente cuando es de larga duración e intensidad moderada a grave, y puede causar gran sufrimiento y alterar las actividades laborales, escolares y familiares. En el peor de los casos puede llevar al suicidio. Cada año se suicidan más de 800 000 personas, y el suicidio es la segunda causa de muerte en el grupo etario de 15 a 29 años. (Fin)


Una cosa es la depresión y otra el estar desanimado. Uno de cada treinta de nosotros padece ahora mismo depresión y casi todos pasaremos por ella en algún momento de nuestra vida. Pero el desánimo es endémico, lo sufrimos a diario y es una rémora social de primer orden.
Un paciente depresivo que había sido hombre de negocios me contó que cuando estaba en la cresta solía pensar que eso de la depresión eran tonterías y se lamentaba de no haber sido más consciente.  
Al morir mi madre yo no noté sentimientos de pena especialmente intensos, pero pasado un tiempo mi mujer y yo discutíamos a menudo y nos dimos cuenta de que algo me estaba pasando. Sí, estaba irritable y ansioso, y acepté acudir a una psicóloga que me recomendaron. Esta persona me ayudó mucho durante un año aproximadamente, que suele ser el tiempo que dura un duelo y lo que técnicamente se llama la depresión reactiva breve.
Entre sus consejos me recomendó la lectura de un libro escrito en 1980 en inglés, del que se llevaban vendidos muchos millones de ejemplares: Sentirse Bien. La nueva terapia del estado de ánimo.
En España enfocaron su venta a tratar la depresión, lo cual para mí es un error importante porque el libro va mucho más allá. Es un tratado de psicología básico, casi divulgativo, pero fundamental. Su conocimiento y práctica podría mejorar una barbaridad la calidad de vida de toda la población y si no se conoce más es porque choca con los intereses de la industria farmacológica y otros.
En cuanto empecé a usarlo empezó a crecer mi admiración: estaba descubriendo que me era posible controlar mis estados de ánimo y rebajar mi ansiedad (y lo mismo respecto a otros indeseables sentimientos: inferioridad, indefensión, inseguridad, etc.). Luego fui encontrándome con personas que habían tenido la misma experiencia que yo y coincidíamos en que el apelativo de "libro mágico" que circulaba por ahí era totalmente merecido.
Ya sólo con lo que he dicho bastaría para que yo le dedicara un espacio en el blog, pero quiero matizar más el asunto.
Cualquier persona tiene a lo largo de su vida motivos para desanimarse y cada vez más a menudo son de tal envergadura que dejan al individuo machacado. En general, la dificultad está en que, "lógicamente, se ve como única salida suprimir las trabas" que están bloqueando el camino a la felicidad de esa persona. Y como eso es casi siempre imposible, no hay solución para la tristeza. Pero no es así y ése es el quid de la cuestión.

Sentirse Bien dice que el esquema mental de los occidentales contiene fallos importantes. Que nuestra cultura asume como cierto lo que son errores objetivos. (Para que se me entienda: que crecemos con la idea de que la felicidad depende de ser de "los mejores", por ejemplo). Estas 'distorsiones cognitivas' chocan con la realidad de las cosas y su efecto lógico es ponernos tristes. La terapia cognitiva que propone es tan sencilla como pensar un poco en lo que nos pasa por la cabeza para atrapar esos gazapos 'culturales' y una vez cazados sustituirlos por pensamientos más adecuados a la realidad de las cosas. (Respecto al ejemplo que puse, todos sabemos que la felicidad no depende de ser los primeros...)
Ya he dicho bastante pero para terminar quiero remarcar algo crucial. Este libro puede aprovechar muchísimo a los que compartan que existe un ser superior (llámese diseñador inteligente o Dios) que nos ha creado y nos ama. Y los que no compartan esto encontrarán que les es muy difícil sustituir esas distorsiones del pensamiento que impregnan nuestra cultura. Me explico. 
Me sentía ansioso y cogía una libretita para cazar esos gazapos dañinos de mi pensamiento. Me decía: "¿qué estabas pensando que te ha puesto tan nervioso? Y a menudo encontraba esta respuesta: "Eres una M porque te callaste cuando aquel te dijo tal cosa y no le pusiste en su sitio". 
En ese caso, que es bastante corriente, la sustitución que yo hacía era del tipo: "Es cierto que hubiera estado bien una respuesta madura y razonada por mi parte ante aquella intervención desconsiderada, y que me dio miedo hablarle en público y preferí callarme. Pero no por eso soy una M. De hecho el "valor" que tengo me viene de que soy una criatura hecha por Dios, pensada por Él entre infinitos millones de personas que Él hubiera podido hacer, y me eligió a mí, considerándome digno de amor y para amarme de hecho. Y no sólo eso sino que después, Dios entregó a su único Hijo a la muerte y murió diciendo: "Julio, te amo y muero de amor por ti". 
Esta sustitución que yo hacía en esas ocasiones era ajustada a la verdad más profunda que profeso y que realmente es. Y sin ir más lejos, la prueba es que da resultado y corrige el desánimo.
Bueno, esto es un ejemplo de que si no se es creyente resulta mucho más difícil establecer pensamientos fundamentados que puedan sustituir a las formulaciones que espontáneamente produce nuestra cultura.
Aunque el libro toca muchos temas, resultan decisivamente útiles las cien primeras páginas. Me he permitido 'pellizcar un poquito el libro para que lo prueben'. ¡Buen provecho!

Este es el bueno, y fácil de encontrar






















































jueves, 22 de septiembre de 2016

ESPIRACULUM

Foto: A. Galán
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas…
Dijo Dios: “Hágase la luz”, y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien y apartó Dios la luz de la oscuridad…Día primero.
Dijo Dios: “Haya un firmamento por en medio de las aguas, que las aparte unas de otras.” E hizo Dios el firmamento; y apartó las aguas de por encima del firmamento. Y así fue…Día segundo.
Dijo Dios: "Acumúlense las aguas de por debajo del firmamento en un solo conjunto y déjese ver lo seco”; y así fue. Y llamó Dios a lo seco “tierra”, y al conjunto de las aguas lo llamó 'mares' " […]
Este es el relato de la creación del mundo que aparece en el primer libro de la Biblia, el Génesis (palabra que significa “origen”). Semánticamente, fundación, fundar, fondo, hondo, ahondar, hundir, etc., son una familia de palabras, que tienen un contenido común relacionado con “la parte de abajo”, la que sirve de sustento primordial. Fundar es “poner fondo” y, obviamente, el primer fondo, “los pilares de la Tierra”, no los pudo poner ningún hombre. La primera Fundación la realizó Dios mismo.
Siguiendo el relato del Génesis, de la mano del creador habrían surgido el cielo (“heaven”) y la tierra, y en ella, que aún era informe e inhabitable sobre el abismo de la nada, estaba presente un “viento” que se suele identificar con Dios mismo, su Espíritu, su “aliento”, el espiraculum.
Dios crea la tierra 'informe' e inmediatamente aborda la primera “reforma” en el amasijo inicial: Pone “la luz de obra”.
Una vez hecho eso ya se puede estar, aunque malamente. Y entonces actúa Dios de nuevo separando las aguas que llenaban el mundo y haciendo el firmamento; y juntando a continuación las aguas de debajo del firmamento en los mares, haciendo así que asomara por fin la tierra firme.
La parte dura del trabajo ya estaba hecha y a continuación tocaría hilar más fino: el verde, las flores, los pájaros... y finalmente el hombre: hombre y mujer.
Complacido con todo lo que había hecho, descansó Dios “el domingo”. Y habiendo entregado al ser humano aquel precioso regalo, se ganó su amistad, y paseaban juntos por el edén todos los días a la hora de la brisa de la tarde.
La narración de los orígenes continúa diciendo que aquella primera pareja, engañada por el diablo, se enemistó con Dios y fue expulsada de aquella casa estupenda, poniendo Dios en ella un ángel para que la custodiase.
¿Cuáles fueron las consecuencias de aquel "cataclismo" en lo que a la fundación del mundo se refiere? ¿Se tambaleó?
Lo que se puede decir sobre este tema está bellamente plasmado en imágenes en la bóveda de la Capilla Sixtina.
Miguel Ángel explicó a partir de la Revelación Cristiana todo el misterio del hombre sobre la Tierra, empezando por la Creación y terminando por la Eternidad.
Pervertido el hombre como consecuencia del primer pecado, Dios “suelta las aguas de por encima del firmamento” provocando una gran in-undación: El llamado Diluvio Universal.
Ordenó Dios al único justo sobre la Tierra que hiciera un barco de madera y se metiera en él con toda su familia y con una muestra de cada especie animal y vegetal. Las aguas lo cubrieron todo y sólo se salvaron Noé y su familia a bordo del Arca.
La escena del Diluvio de Miguel Angel refleja diferentes actitudes frente al peligro. Vemos la compasión, la crueldad, la pena, la lucha hasta el final. Unos se apiñan en una improvisada balsa y tienden la mano a los que llegan nadando; otros reman hacia el Arca en un bote que se escora peligrosamente y golpean con dureza a los que se acercan. En el último trocito de tierra firme que queda, se ve a varias madres consolando a sus pequeños, a un hombre llorando que saca del agua el cuerpo sin vida de su hijo y a un joven que intenta salvarse trepando a un árbol (referencia a la Cruz) aunque sin conseguirlo 'por su escasa estatura'. La copa de este árbol nos dirige la mirada hacia el Arca: vemos a Noé contemplando el cielo azul cruzado por el Arco Iris y a la paloma de la paz en lo más alto del barco.
Miguel Ángel superpone varios “fotogramas” para resumir la vida del hombre en la tierra:
Habiendo sido creado para disfrutar de un mundo maravilloso, se ve por el pecado convertido en un náufrago que encuentra su salvación gracias a un madero.
Permítanme ahora un juego de palabras: Si inhumano significa no humano, inundación (in-hundación o in-fundación) sería lo que no es fundación. En la historia ha habido dos hechos esenciales para la vida del hombre: la creación y la re-creación (o redención). A la fundación del mundo en 7 días sucede la no-fundación. Si la primera consistió en crear y afianzar la tierra sobre las aguas, la segunda realizó la acción contraria, aunque de manera incompleta; porque al avance impetuoso de las procelosas aguas le puso Dios un freno con unos leños de madera.
El fresco de la Capilla Sixtina congela la imagen en ese punto: en medio de la oscura desolación un hombre -Noé- ve el cielo abierto derramando siete colores y una paloma blanca salida de una chistera, y escucha una voz en off, cálida y firme, que le dice: “Sólo mi madero trae la salvación al mundo: Abrázalo”.
La primigenia fundación quedó trastocada por la acción del hombre, la acción divina por la acción humana.
Por lo pronto, aunque hubiéramos podido ser aniquilados en el acto, no fue así. No nos abandonó Dios a nuestra funesta suerte. Antes bien, si por nuestra culpa perdimos la seguridad del Paraíso Terrenal, obtuvimos a cambio la promesa de un Salvador.
Aparecimos en el mundo “a-probados”, o sea, exentos de prueba, y a partir de la transgresión quedamos “suspendidos”, necesitados de prueba (eso significa el barco sobre las aguas). Estamos “pendientes”, colgados, abrazados al madero donde está la salvación; y el Salvador. Y el que persevere hasta el final  salvará su vida para la Eternidad.
La objeción de que Dios fue injusto al exponernos al castigo eterno queda refutada al considerar que tras crear un mundo maravilloso y verlo mancillado por la desconfianza del hombre, no nos negó su amistad. Más bien optó por "arremangarse" y poner toda la carne en el asador: ordenó a su hijo único despojarse de su divinidad y hacerse como nosotros, para reconducirnos a Él. Pero no se detuvo en ese anonadamiento de su Hijo, sino que, en una demostración de amor que sobrepasa toda comprensión, no le eximió de la muerte, sino que lo entregó a la más dolorosa y abyecta de toda ellas que se conoce, reservada a los asesinos. Y así, elevado su Hijo en el madero, nos mostró a todos el amor inmenso que nos tiene. Y resucitando a ese Jesús nos concedió, a los que creemos en la verdad de ese suceso, el poder para ser sus hijos, y después el verle cara a cara, con lo cual seremos semejantes a Él.
¡Qué admirable intercambio promovido por nuestra rebeldía! Despreciando la condición de amigos de Dios en el Paraíso, obtuvimos la promesa y por tanto la posibilidad de ser iguales a Dios, Dios con Él.
Pero la fragilidad del nuevo sustento, de la nueva forma de estar en el mundo, reclama una permanente atención de nuestra parte. Esa precariedad necesita ser apuntalada constantemente y esa solicitud se traduce en el mandamiento nuevo de la caridad, que nos vino a traer Jesús como viático para alcanzar la promesa.
En esta economía de la salvación encuentran su sentido las fundaciones particulares: Cáritas, Cruz Roja, etc. Algunas de ellas surgen y luego desaparecen por abandonar esta corriente vivificadora y ser arrastradas a mar abierto por un viento huracanado que las destroza. 
Fíate, la Fundación para la Integración de Alumnos con Trabas Especiales, aspira a ser una de esas plataformas de ayuda que contribuyen a estabilizar el agitado mundo en que vivimos: ¡Suma tu esfuerzo! ¡Colabora con Fíate!.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

¡PELIGRO, PERRO SUELTO!

Los Obama paseando con su perro
El mundo en estos momentos se parece a una casa abandonada. Todo está sucio, algunas partes dañadas o muy dañadas y otras ruinosas. El orden ha desaparecido hace mucho tiempo, a pesar de algunos piadosos intentos de mantenerlo.
Tristemente, casi se puede decir lo mismo de la situación de la Iglesia. Hasta tal punto ha llegado la simbiosis con el mundo.
En el Nuevo Testamento se habla de 'los perros' aludiendo a infiltrados en las comunidades cristianas para espiarlas con intención de acabar con ellas. El nombre hace referencia a presencias incómodas y nada de fiar, que siempre estaban al acecho para morder y hacer daño.
Hoy sucede lo mismo, hasta el punto de que han mordido ya tanto, que el temor se ha adueñado de la mayoría y ha causado una apostasía de hecho en los países cristianos.
La Iglesia de occidente es una Iglesia tibia, una caricatura de Iglesia; y hace que la denuncia-provocación de Jesús -y cuando venga el Hijo del Hombre ¿encontrará la fe sobre la tierra?- sea para nosotros oprobio, vergüenza y llamamiento urgente al arrepentimiento y la conversión.
De hecho, el deplorable estado de cosas del mundo es en gran parte debido al silenciamiento de la noticia del Kerigma de sobre la faz de la tierra.
Hoy en día, los perros se han multiplicado dentro y fuera de la Iglesia, contaminando de anatema toda realidad terrestre. Reina la idolatría en los cuatro puntos cardinales y el resto de Israel suspira porque llegue pronto la Paruxia, porque ya no puede más.
Los poderes terrenales, hoy más que nunca, esclavizan a los hombres y los reducen sin misericordia a números. La democracia ha quedado convertida en una fachada sin nada detrás. Entre los representantes legítimos de los ciudadanos se han metido también los perros, que destruyen por dentro todo lo que va quedando de Derecho en el funcionamiento social, que viene a ser lo mismo que todo lo que de cristiano queda en nuestras culturas. 
El instrumento que está posibilitando esa usurpación de poder, esa suplantación de los gobiernos, es el monopolio de los medios de comunicación, con Internet a la cabeza.  
Muchas desgracias personales y familiares, que van jalonadas por desventuras económicas y amenazas personales, tienen su origen en este bastardeamiento de las instituciones. Examinando la realidad, simplemente con la luz del sentido común, se constata que ha desaparecido el Derecho en las sociedades modernas, como la española. Ha quedado convertido en papel mojado: no hay posibilidad material de hacer valer un derecho frente al poder, sea éste del tipo que sea, que a la postre está en las mismas manos. Por ejemplo: Enviar una carta certificada puede costarle a la mayoría de los bolsillos un 0,5% de su sueldo y después tiene que interesarle a la compañía de envíos que llegue en tiempo y forma a su destino, porque si no, no llega.
En los organismos oficiales hay infiltrados 'perros' que no se rigen por las leyes, sino que obedecen a sus dueños. Muchos funcionarios se dan cuenta de maniobras ilícitas pero temen abrir la boca para que no les lastimen. Estos perros conforman una red que prácticamente constituye un poder paralelo, siguiendo la misma práctica que rige en todos los países según la cual ya no existe soberanía de los estados.
Lo dramático de esta situación es que obedece a la economía de la existencia humana sobre la tierra:
El porvenir y la prosperidad del hombre consiste en secundar el Espíritu Santo, que le dirige hacia destinos eternos por el camino recto. Todos los desvíos de este itinerario pasan factura en forma de sufrimientos y muerte. Si el camino se tuerce mucho, existe un riesgo grave para la supervivencia de la especie humana, y el síntoma de que está aproximándose ese mal es la pérdida de valor de la vida.
Frente a la opción anterior se postula la del espíritu rebelde, que reniega de Dios y lo tacha de tirano. Este espíritu se ha ido implantando por obra de la propaganda y de la compra de voluntades. Utilizando el miedo como principal valedor, entra en todas partes donde encuentra un flanco abierto. Allí donde no hay una fe viva y verdadera en Dios Padre Todopoderoso, urde estratagemas para apoderarse del alma debilitada y hacerla esclava. Al estar muy implantado le es cada vez más fácil engañar y someter a las almas. Poco a poco va haciendo desaparecer la distinción entre el Bien y el Mal, lo que le posibilita entrar a saco en todas partes.
Los pastores han descuidado mucho al rebaño, en un proceso largo en el que sin duda ha jugado una parte decisiva la prosperidad material que nos han brindado los países ricos, al modo como los capos de la droga invitan al principiante. No se explica que desde los púlpitos no se anunciara a los fieles que la fe verdadera conlleva grandes pruebas, si no es por ese silencio con el que se iba pagando la factura de nuestras comodidades. 
La vida es la elección reñida entre dos amos: Dios o el dinero. Es un combate de espíritus, de modo que si uno renuncia a luchar es engullido por el espíritu de la perdición. Inexorablemente, ese espíritu le conducirá a un destino aciago, por medio de cebos sucesivos que le nublen el entendimiento hasta conducirle a las puertas de la muerte. Y al contrario, cuanto más se acerque uno al Espíritu de la Vida más le atacará el diablo. Entendiendo esto puede uno empezar a entender su vida. Cuanto más se deje uno llevar por el espíritu del mundo, más insoportable le parecerá la persona que sea portadora de bien. Esto sí que es matemático.
La vida del hombre en la tierra está comprometida por el pecado original, de modo que, querámoslo o no, entendámoslo o no, no hay salvación posible si no es en el nombre, en la persona, de Cristo. Todos estamos amenazados por un poder real que desea nuestra muerte. Si uno vive como si esto fuera un cuento, tengan por seguro que será pronto esclavo del mal, cometerá crímenes (sí, sí, sin ninguna duda, literalmente, crímenes) y conducirá su vida de mal en peor hasta verse a las puertas del infierno. Porque ese poder es infinitamente más poderoso que el más poderoso de los hombres y la única posibilidad de hacerle frente y vencerle es permanecer al lado de Dios, que ya lo ha vencido resucitando a su Hijo; de modo que no seamos nosotros los que luchemos, sino que por el abandono confiado en sus divinas manos, sea nuestro Padre el que nos defienda y nos saque del peligro real en que nos encontramos. En esto consiste la Salvación de que tanto hablamos los cristianos y que empieza a hacerse realidad en el momento del Bautismo. (Continuará).
  

martes, 20 de septiembre de 2016

LOS MOTIVOS DEL COOPERANTE (y V)

Víctor confesándose
La lentitud con que transcurría el día a día en esas condiciones era tan contraria a su natural inquietud y dinamismo que le crispaba los nervios, y de rebote le azoraba muchísimo su temor a perder el control.
Observar a los niños, en el patético estado en que se hallaban, y verlos igual un día sí y otro también, le machacaba interiormente. Y en la medida en que podía, evitaba transitar por las zonas de los enfermos. Para justificarse recurría a su gran habilidad para las cuestiones técnicas y desviaba sus funciones a resolver problemas de mantenimiento que, en principio, no le habían sido encomendadas.
En una de estas ocasiones acudió a la cocina para revisar un acumulador térmico cuya función off no respondía. Eran las dos de la tarde y las mujeres en el office estaban recogiendo después de haber servido las comidas. Entre ellas estaba Massá.
Comoquiera que Jadúr no le había sabido dar ninguna información sobre ella, había “archivado el caso” en su memoria. Y al reencontrarla ahora de modo tan inesperado, se apoderó de él una gran inquietud. Se le aceleró el pulso y comenzó a sudar copiosamente. 
Ella le miró fijo a los ojos, con una mirada limpia y profunda como el agua de los lagos de Éboli y le saludó con una sonrisa amplia y serena, como el mar de África. Al no poder comunicarse verbalmente y para sacudirse el embarazo, Víctor echó una ojeada rápida al problema del intercambiador térmico y como un niño asustado desapareció enseguida.
En plena tarde de la canícula se sentía morir. Tumbado en su cama, justo debajo del ventilador, la habitación entera parecía girar con las aspas. No encontraba reposo de ninguna manera. Y el mundo le parecía un lugar inhóspito por demás.
Massá, que había calado el estado interior de Víctor, acudió pronto a su cuarto. En cuanto éste abrió la puerta y la vio, tan cercana y natural, su profundo abatimiento cedió y empezó a sentir un alivio inexplicable.
De todos modos, ante aquella presencia, los dolorosos recuerdos de su relación con la joven africana se agolparon inmediatamente en su memoria. Después de haberla conocido, durante bastante tiempo se había obsesionado con ella, y había sufrido mucho, pero había llegado a un punto en que le parecía haber encontrado el sitio para aquella pieza tan difícil de su vida.
Él había personificado en la jovencísima africana huérfana, tan agradecida por poder comer, todas las injusticias que el mundo opulento ejercía sobre los pobres y, en su modo particular de entender la vida, había querido consolarla de tanta afrenta y darle a cambio un raudal de ternura. Para su sorpresa, le sobrevino después una gran desazón. Con el tiempo, volviendo en sí, llegó a comprender los verdaderos motivos de aquella turbación.
Claro que había sido sincero con ella. Claro que la había querido como se quiere a una hermana. Y claro que ansiaba compensarla de tanto sufrimiento. Pero también era cierto que él necesitaba ser consolado en medio de aquel pozo de dolor. Que sus contradicciones le hacían sentirse el hombre más desgraciado, solo y desvalido del mundo. Y que sin darse cuenta ansiaba encontrar en ella una respuesta al rompecabezas irresoluble de su existencia.
Ya en Europa, la dureza contumaz de la vida le resituó en la evidencia de que la solución a los males del mundo no podía estar en el goce efímero de unos dulces sentimientos. Ni tampoco en la ilusión de estar construyendo un mundo ideal con poco más que buenas intenciones.
Él, que no estaba casado, había sin embargo contraído una responsabilidad al haber engendrado una prole. Eso sí era real. Esas vidas, que tantas veces le habían hecho renegar de una cosa y de otra, eran el ancla que lo mantenía seguro, que lo prevenía de andar a la deriva. Él había renunciado a “encadenarse” a una mujer. Pero esa mujer le había dado de todas formas esa cadena, ese ancla que nos frena pero también nos asegura.
Este fugaz pero esclarecedor repaso de sus recuerdos, le hizo recobrar la quietud y el seso, y ya más tranquilo y dueño de sí, Víctor invitó a sentarse a Massá y le ofreció una taza de té. Ella insistió en bajar personalmente a la cocina a buscarla. Y así lo hizo.
Cuando regresó venía acompañada de Bankimôu. Víctor quedó sobrecogido al verlo, y pasaba la vista de la madre al hijo, perplejo, una y otra vez. La distendida y amplia sonrisa de Massá le fue devolviendo la calma y por fin se sentaron. Víctor sacó de una pequeña nevera unas chocolatinas, ajeno por completo al efecto que inmediatamente iban a causar en el niño, haciendo mudar su gesto expectante en el rostro mismo de la amistad y la alegría.
¡Qué cosa! Había bastado una golosina para que Bankimôu se distendiera y para barrer al mismo tiempo las dudas y temores que habían nublado de nuevo el corazón de Víctor.
Bromearon los tres un buen rato, durante el cual se detuvo el tiempo con todos sus dramas y preocupaciones. Un té, unos chocolates y tres corazones abiertos, habían conseguido hacer realidad lo que momentos antes parecía que no existía en el mundo.
En esto consistía la “magia” de África y esto justamente es lo que le llevaba de ventaja a la 'gran civilización occidental'. Y es también lo que van buscando sin saberlo la legión de personas que entregan su vida por un tiempo para “ayudar a los pobres” del continente negro.
Víctor recibió en aquel encuentro mucho más de lo que él había entregado. No sólo había completado una página importante de su vida sin terminar, sino que estaba a punto de desenmarañar la madeja entera de su historia personal. Estaba a puntito de dar con el hilo conductor de su afanosa existencia.
Acontecimientos inesperados le obligaron a anticipar la fecha del regreso. Pero antes, en uno de los descansos periódicos que la organización imponía, aprovechó para visitar a su madre en España.
Encontrarse con sus parientes siempre le resultaba agradable. Del mismo modo que en un lejano pasado había sentido la necesidad de irse de su tierra, ahora sentía la necesidad de volver. Y este sentimiento era cada vez más fuerte.
En este breve encuentro, de apenas unos días, aprovechó como siempre para compartir unos momentos con sus primos y sus familias respectivas. Naturalmente, todos se alegraban de verle y querían saber cosas de África. Uno de ellos se interesó por el tema de la adopción y él se ofreció para obtener esa información.
En el vuelo de regreso a África, repasó en su mente las conversaciones y experiencias vividas en su tierra. Recordó la pregunta sobre la adopción que su primo más joven le había hecho y el extraño efecto que le había causado el oírla, una extraña mezcla de sorpresa y admiración.
En medio de estas meditaciones se vio súbitamente agitado por un fuerte deseo. En cuestión de segundos su corazón quedó a merced de un oleaje de emociones, suspenso entre las aguas vivas de una gran ilusión y las aguas salobres y oscuras de sus viejos temores: sacar a Bankimôu de aquel agujero sórdido del mundo se le antojó el proyecto más maravilloso que jamás hubiera podido concebir.
En un instante su mundo se iluminó. Dudando de que tanta felicidad fuera posible, intentó aquilatarla con el frío acero de su disciplinada razón. Y fue en vano; ningún pensamiento conseguía ensombrecer aquella nueva luz, desconcertante y desconocida hasta entonces. Aún fue más allá y probó a dejar salir sus más secretas inquietudes, pero se maravilló de ver cómo se diluían una tras otra, como si su vida obedeciera a una matemática perfecta cuyas leyes estuvieran a su alcance.
Cayó entonces en la cuenta de que paradójicamente había ido al sur buscando sin saberlo el norte. Y no salía de su asombro ante la constatación de su buena fortuna.
Pronto iba a regresar a Bélgica y lo iba a hacer como los antiguos exploradores, que un día lo habían dejado todo y habían partido por el altísimo valor incierto de lo que esperaban encontrar. Estallando su pecho de gozo, reaparecería Víctor laureado portando el mayor tesoro que se hubiera podido imaginar. Su corazón cansado se remontaba como un gavilán imaginando el momento de ofrecer a su dama el tan preciado trofeo y ardía en deseos de amor a los suyos y al mundo entero.
Su estrecho “eurohogar” – que pagaba impuestos por metros lineales de fachada—se iba a “ensanchar” milagrosamente para acoger a una descomunal familia. Toda África iba a venir a vivir a su casa, en el corazón de Europa.
Víctor – sarmiento desgajado— había vuelto a ser injertado en el viejo tronco trayendo consigo un renuevo cargado de savia joven. Y esto era sólo el principio. El principio de una primavera para el mundo.
La era germinal que todos en el fondo ansiamos vivir estaba a punto de eclosionar para él, inundando con tiernos y fragantes brotes sus paisajes desolados; brotes preñados de esperanza.
A los Víctores del mundo les debemos mucho por haber secundado la llamada de la sangre inocente que grita desde el fondo de la tierra. Por no haberse negado a escuchar la inquietante canción que repite sin descanso el juglar de la triste figura:
“La era está pariendo un corazón, / no puede más, / se muere de dolor.
Y hay que acudir corriendo, / pues se cae / el porvenir.
En cualquier selva del mundo, / en cualquier casa.”
                                                                            FIN


lunes, 19 de septiembre de 2016

LOS MOTIVOS DEL COOPERANTE (IV)

Víctor, ufano, con su equipo 
Recién llegado a la capital del país hizo lo que solía hacer en estos casos. Reunió en un hotel a todo el personal de avanzada, que ya había sido avisado previamente, para dar las primeras instrucciones y lanzar el proyecto. De momento las cosas estaban tranquilas y no se sospechaba hasta qué punto iban a empeorar en muy poco tiempo. Uno de los contactos habituales de la organización en África, que se desplazaba de manera fija y coordinada con ciertos líderes, había acudido a recibirle al helipuerto de Kasára Bengunión y le puso al corriente de las novedades que, en principio, no eran muchas. Respecto al reclutamiento de personal, a parte del perteneciente al servicio sanitario que era supervisado por el Jefe Médico de la expedición, estaba funcionando todo según lo previsto. Y Jadúr, su secretario nativo para el caso, le trajo a la memoria algunos nombres de los que ya habían cooperado con él anteriormente. Víctor se alegró al oírlos y se interesó por algunos de ellos en particular. También le preguntó por otras personas con las que había tratado, por diferentes motivos, en sus anteriores viajes, entre ellas Massá, la madre de Bankimôu. 
Desde el centro base de Kasára el proyecto pretendía incidir, con programas diferenciados, en un radio de acción de 500 km, interviniendo en núcleos poblacionales muy dispersos. La forma de hacerlo seguía una estrategia de clustering (o “arracimamiento”) basada en el modelo de los sarmientos que, injertados en la vid, nutren y dan vida a su vez a numerosos racimos. 
Las primeras semanas de estancia pasaron muy rápido, con mucha actividad y con todas las solicitaciones propias de la adaptación a las nuevas condiciones de vida. Esto permitía a los cooperantes olvidar por el momento dónde estaban y a qué habían ido allí. Siempre era igual. Al principio, con el impulso de sus nobles expectativas, no reparaban en las dificultades, que existían de hecho y eran de todo tipo. Los primerizos incluso llegaban a hacerse a la idea de que toda aquella miseria no iba a poder con ellos, en contra de lo que les habían advertido. Por el contrario, los ya avezados en aquellas lides, como Víctor, se “blindaban” interiormente lo mejor que podían para minimizar el inevitable impacto. El blindaje era, en efecto, un paso obligado para los cooperantes veteranos, aunque inútil. En realidad, todos los que por el motivo que fuera acudían a la llamada de África, quedaban misteriosamente enganchados por el poder de atracción del continente negro. Tarde o temprano acababan dándose cuenta de que sus intentos de protegerse eran vanos. Entonces se hacían conscientes de lo que en su interior ya hacía tiempo que “sabían”: que si volvían una y otra vez a aquel lugar olvidado del mundo era porque, en el fondo, deseaban dejarse “herir” por La Vida, por ver si de esa manera podían sacudirse su insoportable miedo a morir. Y también, lo cual viene a ser lo mismo, porque en Europa, la vieja y señorial Europa, con sus “altos muros defensivos”, se estaban asfixiando y deseaban desesperadamente respirar aires de verdadera libertad.

LOS MOTIVOS DEL COOPERANTE (III)


"Entre Europa y África..."

En este clima prebélico, las organizaciones humanitarias ya no gozaban de libertad de movimientos ni de inmunidad. Las instrucciones para desarrollar su actividad eran cada vez más restrictivas y el ambiente en torno más peligroso.
Víctor, que ya venía mentalizado por sus experiencias previas a pasar una etapa de su vida especialmente dura, no contaba, no obstante, con que se le fuesen a imponer tantas medidas de seguridad. El acuartelamiento forzoso, con salidas custodiadas por una patrulla del ejército e itinerarios fijos, y reducidas a un mínimo por una burocracia militar pesada y obtusa, le parecían novedades muy difíciles de soportar.
A pesar de todo, su entrenamiento y fortaleza de carácter le iba a permitir una vez más mantener el tipo.
Mantenerse a flote era el reto al que se enfrentaban siempre estos directivos en sus misiones. El desafío para ellos consistía en “transitar” sin perder el equilibrio entre dos mundos dispares y antagónicos.
A pesar de que el equipo de médicos y psicólogos  de la organización disponía de los recursos más avanzados en el tratamiento y la reinserción de los altos responsables de proyectos, todos ellos temían la experiencia del regreso. El servicio que prestaban tenía un precio bien alto, pagado generalmente en quebrantos de su propia salud y siendo la depresión la moneda de cambio más corriente y también la más temida.
El tratamiento que recibían, como parte del protocolo de actuación en proyectos de larga duración, incorporaba los últimos adelantos de la psicología cognitivo-conductual. La terapia era implementada por técnicos altamente cualificados y adaptada a la especial mentalidad de estos sujetos, generalmente occidentales de mediana edad con puestos ejecutivos altos y en la cúspide de su carrera profesional.
En concreto, sus estadísticas mostraban que, en el 84% de los casos, bastaba con un tratamiento de choque de un mes y medio y otros 3 ó 4 meses de revisiones periódicas para superar el trauma de la reinserción provocado por estancias de entre dos y cuatro meses en uno de los países de la “Zona 0” (que así se denominaba a los objetivos preferentes en la estrategia de la organización).
Sin embargo, la exposición reiterada a estas misiones también tenía un efecto a largo plazo, difícil de valorar y que todavía estaba siendo analizado por los expertos en medicina preventiva y de catástrofes.
En el caso de Víctor, su círculo de relación social se había ido resintiendo de diferentes maneras ante su insistencia en protagonizar y prolongar este tipo de servicio.
Su familia en Bélgica era para él su principal fuente de inquietud. En esta última salida su hijo menor se quejaba abiertamente de su “abandono del hogar”. La mujer, de fuerte carácter prusiano, no se quejaba, aunque es fácil pensar que este alejamiento que sufría, unido a otros pesares sobrevenidos, le estaba causando un dolor interno agudo aunque, eso sí, asumido y con toda probabilidad ofrecido como una respuesta personal solidaria ante la injusticia social.
Por otra parte, su familia en España tampoco era para él fuente de tranquilidad. El recuerdo de su madre, anciana y enferma, a pesar de que las veces que la visitaba la encontraba con buen aspecto y una actitud alegre, le oprimía el corazón.
Ansiaba poder darle una satisfacción que la compensara de sus muchos desvelos pero no veía la manera de hacerlo.
Tampoco el círculo de amistades entendía muy bien esa “afición” de Víctor y él reaccionaba distanciándose cada vez más de sus relaciones de siempre.
Estas circunstancias, que a pesar de sus esfuerzos se agravaban con el tiempo, iban mermando sus fuerzas para vivir. Y aun teniendo un carácter alegre por naturaleza, no podía evitar sentirse cada vez más abrumado por el peso de la vida. Por si esto fuera poco, se percibía a sí mismo hasta con cierto desagrado y ya no le sacaba gusto ni a sus antiguas aficiones.
Paradójicamente, en su situación actual, donde empezaba a encontrarse mejor era en los infiernos a los que acudía a prestar socorro.