Imagen de FÍATE

Imagen de FÍATE

viernes, 29 de julio de 2016

LO VE HASTA UN CIEGO

Que Rivera, Sánchez e Iglesias son títeres; y que el que los mueve está haciendo escarnio de España. 
Por más que los popes (palabro que me acabo de inventar y que significa políticos y periodistas) mareen la perdiz, ocho millones de españoles han dicho que gobierne Rajoy.
Los demás han votado rojo, naranja o morado, pero se hace también burla de ellos cuando su color se mezcla en la paleta sin pudor alguno, como si fuese lo mismo votar a Sánchez que a Sánchez-Iglesias que a Sánchez-Rivera-Iglesias, etc.
Esta falta de escrúpulos es ambición de poder y repugna al sentido común. 
Huele mal la política española, pero hay que decirle al que se auto-proclama adalid contra la corrupción: "dime de qué presumes y te diré de qué careces". 
Seamos sinceros, Señor Impecable ¿está Vd. dispuesto a ponerle el cascabel al gato? ¿Están sus manos limpias? Pues si está libre de pecado... Porque piedras llueven sobre los humildes tejados de España pero las manos que las arrojan se esconden.
Yo he votado a Rajoy, no al PP y entre las virtudes que le veo, una es precisamente su honradez. Tal vez se le pueda imputar descuido al elegir a sus colaboradores, entre los cuales ha habido sin duda ovejas negras, pero al menos, él, no es corrupto. Y por eso quieren quitárselo de encima.
Además, en el deplorable espectáculo del desgobierno español, instrumentado por los popes, Rajoy está siendo el único actor serio y presentable. Su papel en la obra es el de un gestor de lo público que cree en las personas y en el trabajo bien hecho. Que cree en el valor del esfuerzo y del ahorro; en que la gente necesita comer y disfrutar de una vida tranquila con su familia. Que luego cada uno hace lo que le parece con su vida y que ahí no hay que meterse siempre que se respete la ley; pero que la religión católica es una opción tan respetable como otra cualquiera y que hay que reconocer que ha contribuido y contribuye mucho al bienestar de la nación...
Por mi parte, ese es un planteamiento que me es familiar, que ha estado vigente hasta ahora y que a pesar de su corto alcance, porque como estamos viendo termina permitiendo que medre el desorden, es menos dañino que otros y en estos momentos es la opción más conveniente para España. 
Se palpa la tristeza y el desánimo en la población. Pero al mismo tiempo se rearman los espíritus animosos, dispuestos al sacrificio por el bien común; algo, por otra parte, nada nuevo en España. 
Rajoy representa una continuidad necesaria, frente al cambio por el cambio como alternativa ciega a los grandes problemas actuales. 
Subyace algo verdadero en esa alternativa tan atrevida y ese algo es utilizado por quienes buscan desterrar de España los valores sólidos que se oponen a sus ambiciosos negocios. 
Es cierto que la salud, en general, sea de un individuo o de un pueblo, no depende tanto de unos hábitos rígidos como de unas actitudes interiores muy plásticas, capaces de asumir cualquier modificación del entorno. En este sentido se proclama y es muy loable, el valor del cambio. 
Pero esas actitudes reclaman una estabilidad originaria, genuina; esas actitudes no afloran por decreto sino de auténticas raíces. Esto significa que sin tradición no hay progreso. Que sin respeto no hay convivencia pacífica. Que sin una educación que valore la herencia cultural no se puede sustentar la sociedad del emprendimiento creativo. Y por último, que sin un programa que valore el papel de la familia en el relevo generacional, cualquier propuesta política es un salto en el vacío, que acaba en tragedia.
Como esas muertes anunciadas ya están sucediendo en demasía, es urgente tomar conciencia de nuestra obligación de defender lo verdadero, lo más auténtico que hay en cada uno de nosotros.
Ya es hora de llamar a las cosas por su nombre y no por el nombre que oímos en la tele. Lo que está sucediendo en España es una tomadura de pelo, por decirlo suavemente; y ya está bien. 
Lo que toca ahora es que gobierne Rajoy y que dejen de seguir jugando con el pan de nuestros hijos. Lo ve hasta un ciego. 





















miércoles, 27 de julio de 2016

LADRONES DE TIEMPO

Contexto de este artículo:
El éxito está en ir de fracaso en fracaso sin ceder al desaliento. 
Terror viene de "tierra" y como ninguno somos ángeles todos tenemos mucho de terroristas.
Los medios de comunicación -sin excepción- no son servicios públicos, sino que tienen dueño. Lo que nos llega a través de ellos favorece exclusivamente sus intereses. Es mejor 'no enterarse de nada' que vivir creyéndonos informados; aunque hay más opciones.

¿Quién tiene la culpa de lo que está pasando en España, en Europa y en el Mundo en general?
Yo, por supuesto. Sí, yo, porque riéndose de mí y de mis antepasados, que se dejaron la piel por darme un futuro, sigo viviendo como si  no pasara nada. 
¿Contra quién tengo que protestar? Contra nadie. Se cazan más moscas con un dedal de miel que con un barril de hiel. La vía es manifestar con tu ejemplo que existe una forma de vida mejor que la actual. Me explico:
Hoy degollaron a un cura. Mal hecho. Pero está ya en el cielo y vivió 86 años. ¡Bendito sea Dios! Yo anduve errante hasta que 'me encontró' la senda buena. Llevo años caminando por ella y sé que es buena porque cada vez soy más 'feliz' (ojo con esto, no es que yo no tenga problemas). Si viene alguien y me quita la vida como al Padre Hamel ¡bendito sea Dios de nuevo! ¡me llevó por un atajo!
Como soy docente tengo dos meses de vacaciones y me traslado de Toledo a Asturias en verano ¡qué chollo! Pero me he propuesto vivir cristianamente, así que después de gastar mis fuerzas y mis últimos cinco veranos en arreglar la humilde casa donde nací, ahora puedo invitar a familias amigas a descansar un poco de la fatiga del calor. Ayer llegó la primera y como era Santiago Apóstol fuimos a Covadonga. ¡Qué celebración tan preciosa en la Gruta! Un grupo de libaneses de rito maronita entonaron algunas bellas canciones haciéndonos palpar la universalidad de nuestra fe. Nuestros hijos, cinco en total, al principio remisos con el plan, salieron contentos de la cueva; entonces les señalé una lápida con unas palabras de San Juan Pablo II, diciendo que allí, en el 711, parando al Islam, la fe cristiana había iluminado formas de vida súper-fecundas inspiradas en la Buena Noticia del Dios-Padre encarnado y vivo que aún hoy sigue indicando a los hombres sencillos qué deben hacer para no desperdiciar su vida. A la mayor de ellos, una adolescente de 17 años, muy preocupada como es normal por su imagen, le dije que gracias a Jesucristo no tenía ella que llevar la cara tapada. Y que merecía la pena defender eso, incluso con la vida.
Emocionados por la misa y sintiéndonos elegidos al habernos enterado de que podíamos subir a los lagos en coche por ser Santiago, comenzamos el ascenso entre brumas. Yo rezaba para que mis amigos pudieran gozar del espléndido paisaje que desde allí se divisa pero no pudo ser: la niebla era tan densa que no se veía a diez metros. Yendo hacia el Enol por la senda pavimentada, me contó Ester el argumento de La Historia Interminable: Un mundo en que unos pocos se fumaban el tiempo que les robaban  a otros. Yo la escuchaba con el murmullo de fondo de mi perplejidad sobre aquella 'jugada' de Dios (que aún con la miel en la boca nos hacía pasar el 'mal trago' de no ver nada, de vernos de pronto sumidos en la oscuridad, envueltos en una nube) ¿Nube?... 
Brilló de pronto la luz para mí y comprendí qué me quería decir Dios con aquella, aparentemente, mala experiencia. 
La nube representa el placebo que se nos intenta hacer tragar como indispensable, el soma de 'Un Mundo Feliz' de Huxley. Vemos con preocupación cómo los móviles tiran de nuestros hijos, porque nos damos cuenta que se les está robando el tiempo y no sólo el tiempo sino la vida misma. Esa mediación de la felicidad es un fraude y una imposición violenta y destructiva.
Dios en cambio, no engaña. Y como Padre amoroso siempre enseña. La Santina nos había acogido como una madre tierna y acto seguido fuimos absorbidos por 'la nube', pasando de una luz esplendorosa a la más abrumadora oscuridad. 
De camino a Covadonga yo había contado en la furgo que hay un pueblo en la Maragatería donde sirven el cocido empezando por la carne y terminando por el caldo y que eso venía del tiempo de la Reconquista cuando los ataques moros eran por sorpresa y urgía estar alimentados. Ahora veo claramente que estamos en la misma situación.
Los mercaderes de negro engañan el hambre de felicidad de nuestros hijos dándoles 'sopas con ondas' y los chicos se lo tragan porque no tienen otra cosa mejor. Urge darles tajadas para que comparen. Nuestro paladar está hecho para gustar ambrosía. Quien prueba lo verdadero, lo bueno y lo bello, ya no quiere otra cosa; la buscará incansablemente y en un claro del bosque, más pronto que tarde, hallará la fuente arcana que rebosa alegría.
El verano es idóneo para gozar del buen trato humano en armonía con la naturaleza; frente a la insulsa propuesta de los invasores (ser el mejor cazador de Pokemon) nosotros podemos nutrir a nuestros jóvenes con manjares enjundiosos que les robustezcan.
Con valentía y generosidad este nuevo modo de vida es posible. Dios está a nuestro lado...y de nuestra parte.

Y para terminar un chistecito:
Andan ya revueltos en Castilla La Mancha; circula por allí una 'encuesta-globo-sonda' pidiendo opinión sobre la independencia de esa comunidad, con capital en Toledo: 
¿Qué opina Vd. sobre reclamar un Estado Manchego Independiente (EMI)? (Elija una respuesta):
  1. Si, hermoso.
  2. No, alhaja.
  3. Venga, bolo.]
Un cordial y refrescante saludo.

jueves, 7 de julio de 2016

FASE TERMINAL (LERÉ, LERÉ)


Estamos metidos -o casi- en un bucle

Zapatero dejó el país hecho unos zorros y sus propios votantes lo pusieron a parir. El tribunal de negro que nos examinó nos dijo que muy mal, que estaba todo de pena y el PP se vio obligado a arremangarse para limpiar el antro.
Curiosamente ¡qué cosas, oye! después de sanear las arcas públicas y en vísperas de las elecciones municipales, empezaron a llover sobre la cabeza de Rajoy inmundicias de todo tipo y desde entonces no ha dejado de caerle porquería. A propósito de esto, es más que admirable que con la Administración tan pringada que tenemos, sea justamente el sector que detecta la corrupción el más competente (¡). Me pregunto quién dirigirá esa cruzada de limpieza, quién será ese Míster Proper -azote de lo podrido- que no parará hasta ventilar el último rincón mohoso de la vida pública española. Porque para eso tenemos a la policía pero nos consta que este sector está también muy tocado. ¿Quién será entonces? Que se manifieste, por favor, que se presente a las elecciones. ¿Serán Iglesias o Rivera? ¿Sánchez acaso?... es una broma.

El tren de la bruja
Los españoles estamos muy castigados. De los tiempos en que nos batíamos con los invasores y eran razonables nuestras penas y gozos, hemos pasado a no saber siquiera por qué no estamos contentos. Últimamente vamos de susto en susto, metidos como en el túnel del tren de la bruja, si nos echamos a un lado para evitar un escobazo, nos sorprende allí el castigo y si vigilamos la retaguardia nos sacuden desde arriba. El caso es que reinan entre nosotros el desconcierto y la desazón.

Últimamente, los fenómenos asociados a la crisis – precariedad, cansancio, desánimo e irritación – y la campaña de desprestigio institucional que hemos mencionado, propiciaron la aparición de nuevas figuras políticas y la ilusión de un cambio. Dados como somos a levantar héroes, pronto se despertaron grandes simpatías hacia dos jóvenes con mucha labia y a España, un toro de cabeza azul y pecho rojo, le salieron de pronto dos alas, una morada y otra naranja.
Al llegar el 20-D se habían concitado importantísimos vectores sociales, internos y externos, en torno a España, que apuntaban a su disgregación política, que de consumarse nos hubiera sumido en un gran desastre.
En el marco de la creciente pobreza e indignación consiguiente, con un gobierno fatigado por las impopulares medidas que Europa le había exigido, acudían los españoles a las urnas en malas condiciones para emitir un voto ponderado.
Por un lado, los conservadores le recriminaban al gobierno su tibieza en la defensa de la unidad de España, su abandono de los valores patrios y su falta de honradez.
De otro lado la nueva izquierda, aprovechando la incesante exhibición de los trapos sucios del gobierno, se recuperaba de su maltrecha fama y volvía a presentarse como la legítima representante de los intereses de los humildes.
Otro sector nada desdeñable, molestos por su pérdida de confort, dirigían ácidas críticas a la incompetente gestión de un PP rancio y desfasado.
Y en general, grupos más o menos definidos, como el de las mujeres mentalizadas en “la obligación de sacudirse el yugo”, o el de los pesebristas profesionales al paro, encontraban en el gobierno de Rajoy el chivo expiatorio natural de sus zozobras internas.
Además, como drones listos para el sabotaje, los separatismos, el terrorismo, la alargada sombra de Bruselas y el odio a los cristianos, bajo la concertada batuta del 'cerebro anti-corrupción' instalado en la nube, sembraban de desconfianza hasta el último reducto del país, en la más ambiciosa operación jamás llevada a cabo contra la pacífica convivencia española.

Ganó el PP por poco y se dijo que nuestro sentir político estaba claro y que unas nuevas elecciones no harían más que repetir los resultados; sin embargo, seis meses más tarde, varios millones de españoles convertirían en un clamoroso error tal predicción.
Entre ambas fechas habíamos asistido a un espectáculo político bochornoso, donde se desbordaron la ambición y la villanía hasta provocar la náusea generalizada. Fue deplorable el debut de los nuevos políticos y en la segunda vuelta de las elecciones se recortaron drásticamente aquellas raquíticas alas que le habían salido a España. Además, comoquiera que el Presidente en funciones, mal que le pese a muchos, fuera el único que guardara la compostura en medio de aquel sainete, se le dio de nuevo la oportunidad de formar gobierno.
Pero para llegar a ese resultado favorable para Rajoy, a la repugnancia que suscitó el espectáculo de la nueva política hubo de sumarse la sana prudencia, que no el miedo, de contemplar las consecuencias del posible triunfo de los emergentes salvapatrias, que no parecían valorar en absoluto lo que con tanto esfuerzo se había ido construyendo en España durante siglos.
La unánime decisión de ocho millones de españoles venía a salvar una situación histórica muy delicada para el futuro de nuestra nación.

Si toda esa animadversión concentrada sobre el PP de Rajoy pudo ser conjurada por un grupo de votantes “sin ética” y por unos cuantos “decrépitos ancianos”, ¿cuál fue la composición de lugar que éstos hicieron? ¿Se basó su análisis en el método científico-histórico? ¿Qué sabiduría de lo futuro les determinó a dar un no tan rotundo a las risueñas perspectivas ofertadas? ¿Cómo triunfó la decisión de seguir cargando con el pesado fardo presente sobre la promesa de un más lisonjero porvenir?
En principio no parece fácil responder a esas preguntas desde la premisa de unos votantes sin ética. ¿Qué pasó en realidad, qué cuentas se echaron?

Responder a esas preguntas supone determinar el núcleo, el corazón mismo que rige y del que fluye la vida de España hoy. Pensar que lo único que pesó en las conciencias de la mayoría ganadora fue un balance contable, teniendo en cuenta el contexto tan adverso en que tomaron su decisión, no es una hipótesis plausible. Me inclino más bien a creer que el español medio, enfrentado a un porvenir más que dudoso, antes que un cálculo frío aborda las decisiones importantes con el corazón: ¿Me garantiza esta opción un futuro de paz y bien para mis hijos, una convivencia basada en el trabajo serio y la caridad fraterna, una pervivencia de los valores nobles que emanan del mandamiento del amor, un desarrollo en libertad de mis inquietudes religiosas?

Si las alternativas a un gobierno del PP hubieran garantizado esas exigencias nucleares, el resultado de las elecciones no habría sido el mismo. Pero es justamente por ese carácter nuclear y aglutinante por lo que no pueden formar parte de los programas de los demás partidos. Porque en las idílicas sociedades que estos plantean no existe nada al margen de los números y de las leyes y estos motivos de que hablamos caen totalmente fuera de ese ámbito, son como de otro mundo. Y por eso los cálculos de los expertos matemáticos al servicio del diseño social fracasaron tan estrepitosamente en esta ocasión.
En el Partido Popular que tradicionalmente daba amparo a este modo de ser de España, se han venido produciendo importantes dejaciones e infidelidades debilitándolo hasta el punto de ponerlo en estas elecciones al borde mismo de su desaparición.
El impulso que ahora ha recibido in extremis debería servirles para que tomaran conciencia de que la deriva modernizadora que estaban tomando les podría salir muy cara a ellos, como grupo de intereses particulares, y al país en su conjunto.
En ese partido se encuentran representados intereses económicos y, aunque menos, ideales políticos, pero sobre todo reúne a gentes que comparten una misma herencia cultural que les da sentido y que les constituye.
Los ataques injustos y desleales que en estas campañas electorales recibió el gobierno del PP, iban dirigidos a resquebrajar esa cimentación identitaria que hace de España un proyecto histórico estable y sólido. Para los intereses espurios de mercaderes sin escrúpulos resulta enojoso manejar ese tipo de realidades sociales homogéneas por lo que lógicamente tienden a "liquidarlas". A este respecto conviene dar un aviso para navegantes:

Sr. Rajoy, ¡escuche hoy!: El pueblo que le ha elegido tiene los pies en el suelo pero la mirada en lo alto. Está dispuesto a sacrificarse pero no por las lentejas solamente sino por grandes ideales. Si prescinde Vd. de esta realidad, sus días como presidente están contados y pasará sin pena ni gloria por la historia de ESPAÑA. El que tenga oídos para oír ¡que oiga!