Imagen de FÍATE

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sábado, 23 de enero de 2016

Y A TI ... ¿QUÉ TE IMPORTA?




Bueenoo... no seé, yo pieensoo...




España es una nación gracias a su fe y llevamos esa marca en las entrañas. Pero es innegable que hay españoles incómodos con esto. Jesucristo ha sido, es y será, una bandera discutida, siempre, hasta que, al final, Dios haga de sus enemigos el estrado de sus pies.
Tuvo mucho éxito en los 70 una historia de la Guerra Civil Española escrita por un inglés. Este verano la estuve ojeando y me decepcionó mucho por su marcado partidismo. 'Casualmente', por las mismas fechas, me topé en un rastrillo con otra versión de los hechos, compuesta a modo de collage con recuerdos de los protagonistas. En el prólogo se decía, sin alardear, que aquel triste episodio nacional estaba teñido de sangre noble y rezumaba fe. Este modo de abordar el tema me convenció más; aunque no siguiera el método científico-histórico me parecía mucho más   fiable que el erudito pero muy parcial de Hugh Thomas.
El primero de  los testimonios acontece entre verdes valles. En un nido de ametralladoras, un oficial le ordena a su sargento disparar contra la hermosa ladera de enfrente, surcada de trincheras. Apenas dada la orden, una bala perdida se cuela por una aspillera y alcanza al suboficial en la garganta, y éste, cayendo exangüe, exclama: "Mis hombres aún no han comido". Esta víctima era un veterano militar, fiel, diligente y discreto por demás, padre de ocho hijos; en su forma de morir se advierte el mismo espíritu con que había vivido: Los que tenía a su cargo, antes que él mismo.
En otro libro, recién publicado en Toledo, el profesor y jurista D. Alfonso Galdeano relata la conmovedora historia de su abuela, viuda tras el asedio del Alcázar. Los milicianos habían cortado el suministro eléctrico y los de dentro no podían desmentir el bulo de su rendición, que maliciosamente Radio Madrid estaba difundiendo. Alguien tenía que salir, cruzando el cerco enemigo, para llevar a la capital la verdad. En medio de la noche se deslizó valientemente una sombra por calles y caminos y consiguió llegar hasta Torrijos. Allí, fatalmente, perdió el anonimato y unos disparos pusieron fin a sus andanzas. La nueva viuda, movida por su fe, visitaría después aquel pueblo con sus hijos, para besar juntos las manos del que tanto daño les había causado.
Yo me siento español entre españoles. Y siento también que España es católica. No sé si conocen aquel chiste de un joven que viendo rezar a su padre, tenido por ateo, se sintió incómodo y no pudo evitar expresar una protesta, a lo cual su padre respondió: "¿Qué pasa, hijo, que por ser ateo no voy a poder rezarle a la Pilarica?"; o aquel otro, de uno que atendiendo a dos personas en la puerta, logra finalmente desembarazarse de ellas diciendo: "Miren, no creo en mi religión [la católica], que es la verdadera ¿cómo pretenden Vds. que crea en la suya?".

Una curiosa tesis, de D. Faustino Cordón, dice que la cocina hizo al hombre. No cabe duda de que pasar de comer carne cruda a comerla asada tuvo que suponer un cambio cualitativo importante en la historia de la humanidad; aunque es arriesgado decir hasta qué punto. Sea como sea, que la cocina tiene algo de "sagrado", es evidente. 
La palabra "hogar" -fogar- viene de fuego, ese maravilloso lugarteniente del sol, que tanto impulsó el progreso y que hasta hace bien poco conservó todo su protagonismo en la vida de los pueblos.
En torno a la lumbre acontecía secularmente, de modo privilegiado, la transmisión del riquísimo legado cultural acumulado en milenios de historia. En Occidente, "el servicio al culto en ese santuario" siempre estuvo reservado a las mujeres.
En esa era histórica, trabajar, comer y dormir componían el eje en torno al cual se ordenaba la vida, y el soporte en que se anclaba era el "hogar". Aquí, las distintas labores se entretejían con los afectos familiares. Y la mujer manejaba los mimbres, con mayor o menor destreza.
Sus dotes naturales para el cuidado de la prole y para el sutil entendimiento del hecho social, le garantizaban el lugar preponderante de la estructura familiar.
La gradual sustitución de esas "leyes naturales" por otras, artificiales y cambiantes, terminó por desbancar a la mujer de su posición de privilegio. Y no sólo eso, sino que acabó por truncar la estabilidad misma de la civilización.
Desaparecida el alma mater, que nutría con toda clase de "alimentos" a los miembros de la familia, surgió un vacío en la vida de las personas, dejándolas a la deriva como barcos fantasmas. Y los naufragios se hicieron  tan habituales que a día de hoy ya no nos alarman.
El cambio ha tenido consecuencias dramáticas para  todos, instalándose la desconfianza en el centro mismo de las relaciones personales. Y no han salido los varones mejor parados que las mujeres, como se nos quiere hacer creer. Conocí a un hombre que acabando de cumplir pena de cárcel por una acusación falsa de su ex, se buscó él mismo una pena de hospital aún más dura que la de prisión. Y conozco a muchos otros que, si no han sucumbido ya, llevan años combatiendo con la angustia, hostigados por un miedo inducido a perder sus hogares, o sea, a su mujer y a sus hijos.
La desaparición del fuego reparador del hogar viene a ser como una 'glaciación' en versión moderna.
En definitiva, hemos llegado paso a paso al abismo de una propuesta antropológica quimérica: La vida sin afectos; el dictado de la razón descarnada como  único camino posible; camino, claro, de servidumbre. Este es el significado de la crisis actual y lo que nos jugamos en nuestras decisiones individuales y colectivas.

jueves, 14 de enero de 2016

GOTAS DE LLUVIA (1)

¿Quién da la riqueza y la pobreza? Pensábamos que el que algo quiere algo le cuesta y estamos viendo que  ni siquiera nuestros esfuerzos nos garantizan el bienestar, que hay algo más fuera de nuestro alcance, llamémoslo La fortuna, la Vida, etc., que tiene la última palabra. Y esto a nivel individual y colectivo.
La sabiduría humana, acumulada en los siglos, ha elaborado consejos o lecciones respecto a este tema que, en resumen, afirman que es mejor no ansiar fortunas sino contentarse con lo que uno buenamente pueda conseguir. Ni riquezas ni pobrezas, dame, Señor, lo necesario para vivir.
San Pablo, que vivió holgadamente cuando disfrutaba de una posición social privilegiada, nos dice al respecto que, después de conocer personalmente a Cristo, todo lo anterior le parecía basura. Y cuando ya estaba curtido en dolores y desgracias (no ha habido otro santo que tantas penurias pasara como él) manifestaba haber aprendido a vivir en abundancia y en necesidad, en riqueza y en pobreza. 
Ese conocimiento del que hablaba consistía en subordinar lo material al bien supremo que aspiraba a alcanzar en su día postrero, viviendo en función de su misión de evangelizar y no en función de las dinámicas que el dinero per se pudiera sugerirle.
Esta reflexión, ahora que muchos conciudadanos están padeciendo el engaño del "creer tener" resulta dolorosa; pero también necesaria. La riqueza es muy seductora y sin darnos cuenta nos va llevando al retortero de la esclavitud, "de celada en celada" o, en un lenguaje más actual, "de velada en velada". Por eso conviene recordar que "los placeres y dulzores de esta vida" son un bien efímero y no vale la pena perder la vida por ellos.
Hace tiempo que vengo oyendo buenas noticias económicas para Toledo: Repunte vertiginoso del turismo; aniversarios glamurosos; éxitos gastronómicos internacionales; ecos mediáticos; idas y venidas...
Confío en que este pueblo, antiguo y sabio, no se deje arrastrar por los engañosos brillos de la fortuna, y recuerde que, siempre, tras las vacas gordas vienen las flacas, y que, como hicieron nuestros antepasados y como nos enseña la hormiga, conviene guardar en el verano para pasar sin necesidad el invierno. En el que por cierto nos examinarán del Amor.
Un cordial saludo.

martes, 12 de enero de 2016

¡MUY BUENAS NOTICIAS!

Último comunicado de la Agencia Fíate Press
"En general, vamos camino de encontrar una solución a todos los problemas."

Sí, esas son las "Muy buenas noticias"... Lo digo muy en serio, ¿no les parece que ese titular es infinitamente mejor que "Vamos hacia el precipicio"? ¿y que si juzgamos por la opinión general más extendida, éste segundo titular es el que predomina en la prensa?
Por otro lado, de que esa 'buena noticia' es una noticia no hay duda; personalmente, después de estar ojeando un rato la prensa, llego a la conclusión de que es verdaderamente la única noticia, y aún buena noticia.
En mi vistazo a la prensa he encontrado informaciones con algo bueno, pero ninguna buena del todo. Actos de solidaridad, denuncias de abusos, congratulaciones, promesas ilusionantes...todo eso había de bueno. Pero al lado, como la cizaña entre el trigo: Rivalidad, hostigamiento, doblez, falsedad...
Noticia en inglés es new, que significa también 'nuevo'. Del mismo modo, en castellano se puede decir: ¿qué nuevas traes hoy? Pues bien, de esa mezcla que me encontré en la prensa, todo era 'lo de siempre', viejo por tanto y por tanto no nuevo: no noticia, sino negocio. Todo, excepto lo que encabeza este artículo. Cómo y en qué fuentes encontré esa información tiene una pequeña historia, que les resumo a continuación.
Hace tiempo vi en la tele a una mujer que escribía al revés, o sea, legible para el que tenía en frente. Había desarrollado esa habilidad desde la escuela, a partir de ese defecto tan normal de inclinar mucho el cuaderno para escribir. A base de no corregirlo fue yendo a más y de pronto, un buen día, descubrió que podía poner el cuaderno justo al revés y escribir perfectamente.
Pues algo semejante a eso me ha sucedido a mí con la lectura de "las noticias". Por mi defecto de "leer de frente" y a base de no corregirlo, no advertí que los medios se iban escorando cada vez más, hasta que de pronto caí en la cuenta de que podía leerlos "por detrás" sin problemas; o sea: "leer la trastienda".
A partir de ese momento vi con claridad lo que antes me resultaba confuso. Por ejemplo:
En El País dice: PSOE pacta con C's colocar a Patxi López; el acuerdo se inserta en ... y es bueno por esto, por esto y por lo demás allá...según dice Fulanito de Tal, Nobel de Economía de la Universidad de Toptaun; pero lo que de verdad está diciendo El País es: "Tranquilos, socios, al final habrá carne para todos".
En La Razón dice: RAJOY insiste en un Gobierno con amplia base parlamentaria  porque lo contrario sería un suicidio económico y un descrédito para la marca España; pero lo que hay detrás es "Lo siento chicos, no hay más remedio que compartir el pastel, aunque la mayor parte, como siempre, será para nosotros".
Y en La Gaceta de Intereconomía (y esto me duele más) dice: ESTALLA la legislatura catalana. El Rey y Rajoy no reconocen los méritos de Más y el Rey, encima, ha regañado a la Forcadell, que ha hecho pucheros y ha dicho "Pues os vais a enterar". Pero el triste mensaje de este diario es en realidad: "¡Temblad, cristianitos españoles! porque muy pronto os dejarán sin pellejo...menos mal que yo que soy poderoso y bueno como vosotros y os protejo".
Véase que, aunque con matices, los diferentes mensajes son versiones de "Esto es una jungla, si no te buscas la vida, pereces". Y de todos ellos se desprende que obedecen a ciertos intereses egoístas y no miran para nada al bien común, de donde se deduce, si uno cree que Verdad y Amor se corresponden, que en ellos no está la Verdad, pues el amor es ajeno al egoísmo.
No voy a negar que me encantaría encontrar un medio de información que refleje el sentir de gentes educadas en el respeto y reverencia a la Verdad y por tanto con un corazón predispuesto a la bondad y a caminar por la senda de las virtudes; porque de hecho conozco a mucha gente así, cimentados, allá por los 60 y antes, con ese tipo de pilares. Y confieso que hasta hace poco yo creía que existían ese tipo de medios, más o menos fiables.
Pero los acontecimientos de los últimos siete años han removido paulatinamente todo aquel puzle que muchos creíamos poder manejar y completar satisfactoriamente y en vez de lo que esperábamos se ha ido configurando una imagen bien distinta, más real y muy inquietante.
Sí, más real porque encaja mejor con lo que nos habían contado y habíamos creído: "Notad que los poderosos de este mundo os oprimen. No será así entre vosotros. El que quiera ser el primero, sea el servidor de todos." ¿Es sensato pretender encontrar esta mentalidad en la prensa? Desde luego que no.
Si queremos leer noticias veraces; si queremos formadores de opinión que amen la Verdad, el Bien y la Belleza; si queremos paladines de Justicia y Paz...no abramos el ordenador sino la Biblia; no nos arrellanemos en nuestro sillón sino doblemos nuestra rodilla ante el Sagrario; no esperemos a que nos pongan la cena sino dispongámonos a ser nosotros los últimos en descansar.
Por suerte, este programa "informático" de austeridad viene acompañado de un lote completo de refuerzos positivos autodescargables, a base de manjares suculentos y vinos de solera. ¡Que les aprovechen!
 

miércoles, 6 de enero de 2016

FÍATE LES DESEA ¡FELIZ NAVIDAD!



Estimado Presidente:
Hoy, día de Reyes del 2016, la Fundación para la Integración de Alumnos con Trabas Especiales, nacida para Castilla-La Mancha en la ciudad de Toledo, que en aquel momento gobernaba usted, desea felicitarle de un modo especial esta fiesta tan arraigada en nuestra tradición milenaria:
Conscientes de la dificultad que conlleva en estos tiempos ser un presidente para todos, nuestra Fundación, que abiertamente acoge la herencia cultural y espiritual cristiana, quiere prestar un servicio a la ciudadanía explicitando el significado que para ella tienen los acontecimientos festivos que en estas fechas estamos celebrando. De esta manera compartimos nuestra alegría y con ella los motivos últimos del servicio que prestamos a la sociedad castellano-manchega. Aprovechamos para ponernos a su disposición y desearle pleno acierto en sus decisiones para el bien común.

“El temor del Señor es el principio de la Sabiduría”
“Un retoño brota del tronco de Jessé,
un germen, de sus raíces.
Sobre él se posa el Espíritu del Señor.
Espíritu de sabiduría e inteligencia,
Espíritu de consejo y fortaleza,
Espíritu de ciencia y de piedad,
Espíritu de Temor del Señor.”

¿Qué celebramos en la Navidad?
Dios, inmensamente feliz desde siempre, sin ninguna necesidad, creó al hombre a su imagen, lo creó por desbordamiento de su amor. (…) Y vio Dios que era bueno.
Ahora bien, ¿quién se puede imaginar al ser humano sin el atributo de la libertad?
Como Dios quería amar y sentirse amado, no creó autómatas sino personas. Y por el mal uso de su libertad, el hombre perdió la amistad con el creador.
Pero éste, incapaz de olvidar a su criatura, no la abandonó en el destierro poblado de aullidos en que quedó.
Eligió entonces a un hombre entre tanta gente torcida: Abrahán. Le pidió confianza ciega para hacer de él el pueblo escogido. Y lo cribó hasta pedirle incluso a su hijo Isaac (figura de Cristo).
A ese pueblo así formado lo fue guiando hasta hacerlo grande y fuerte. Le dio la Ley y los Profetas. Le concedió Jueces y Reyes.
David era el menor de los hijos de Jessé. En aquel tiempo, un rey ungido por Dios llamado Saúl, gobernaba el pueblo escogido, pero olvidado de que todo le venía de Dios, transgredió el pacto y fue depuesto de su cargo.
Le sucedió David, un humilde pastor. Ungido también por Dios, lleno de Su fuerza, con ésta y una piedra en la frente de Goliat, selló su fama. Rebosante de amor bailó delante del Arca como un niño, sin importarle la burla de la Princesa, porque miraba sólo a Dios. Y así consolidó su fama e hizo grande su reino.
Un día que le venció la pereza se fijó en una mujer e hizo matar a su marido, gran general de su ejército, para quedarse con ella. Un profeta se lo echó en cara y se arrepintió sinceramente (Salmo 50, “El Miserere”). A este David le prometió Dios que un sucesor suyo se sentaría en su trono para siempre. Y así fue, Jesús ocupa ese trono. Y en la Navidad se celebra la inmensa alegría del nacimiento del Hijo de David, que reinará con cetro de hierro por siempre jamás.

[Y para demostrar que Él no había sido injusto (creando al hombre del modo en que lo hizo), mandó Dios a su Hijo que se encarnara y después no le eximió de la muerte, sino que lo entregó en manos de los pecadores para que lo mataran. (…)
Por eso "a todo el que crea en el nombre de Jesús, le dará poder para ser hijo de Dios."]

Para recibir ese don tan inmenso de la divinidad se necesita una transformación interior profunda, que suele acontecer a lo largo de un proceso de purificación personal. Uno nace del vientre de su madre. Después tiene que volver a nacer del "vientre" de la Madre Iglesia. Y por último, debe aceptar entrar como un niño en el seno de Dios mismo para nacer por fin a esa vida divina. De aquí deducimos que tres puntales sostienen la prosperidad de un pueblo, del pueblo: familia, Iglesia y testigos creíbles de la Verdad.
El afán último de todo hombre es un mundo libre y hermanado. El lema "Liberte, Egalite, Fraternite" sigue vigente para todos, ¡y cuánto más para los políticos honestos!. Pero la historia ha ido minando nuestra esperanza y hoy no sabemos hacia dónde mirar para orientarnos. Terribles amenazas de modos de vida extraños nos acechan por todas partes. Y ante esos peligros quedamos paralizados por el miedo o recurrimos a la violencia.
Pero a un mundo parecido a éste, igualmente violento, vino Dios para rehacer la esperanza de los hombres. Los judíos de su tiempo esperaban un Mesías, un salvador, a lo humano. Tendría un poder incontestable y los libraría de la opresión romana. Su mente estaba cerrada y se negaron a ver la realidad (los mudos hablan, los cojos andan...y a los cautivos se les anuncia la libertad). Hoy sucede lo mismo. Jesús, que está vivo y habla y actúa por medio de muchos cristianos, sigue dando signos de que otra forma de ver el mundo y la historia es posible. Que el poder del César es siempre efímero, mientras que Dios permanece y da la vida eterna y dichosa a quien se la pide, y ya aquí en la Tierra.

Los profetas hablaron de parte de Dios, avisando, anunciando, denunciando. Tenía que venir un gran profeta precediendo al Mesías que predicara el arrepentimiento de los pecados. Y vino. Se llamaba Juan y hasta el torcido Herodes lo respetaba por parecerle honesto. Pero no así su amante, que era la mujer de su hermano y por ello era reprobada por el profeta. Y en cuanto pudo, aprovechando la debilidad del rey, hizo matar al Bautista. Cuando se enteró Jesús se retiró a Galilea, que era una región donde nadie creía, cumpliendo así la profecía de Isaías:

"¡...Galilea de los gentiles!
El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido.
Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: "Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado.""
(Mt 4, 15-17) 

Un destacado político francés del siglo XX, André Malraux, hizo también una profecía, citada por San Juan Pablo II en Cruzando el Umbral de la Esperanza:
"El siglo que viene será el siglo de la religión o no será en absoluto". 
De nosotros depende, Señor Presidente. 
Un cordial saludo,
D. Julio M. Espina Fernández (Portavoz de Fíate

martes, 5 de enero de 2016

POKEMONIUM


Erradicar el mal no está en nuestras manos, ni siquiera el que nos afecta a cada uno de nosotros en particular. De hecho, en ocasiones, tan sólo en la medida en que por la fe nos hacemos como niños y confiamos en que nuestro Padre nos puede salvar, conseguimos mantenernos a flote.
Esta fe pura, inocente y limpia, es un don pero también una tarea. En cierta época difícil me daba fuerza mirar una estampita que ponía "No te asuste naufragar, que el tesoro que buscamos no está en el seno del puerto sino en el fondo del mar".  Navegaba yo entonces solitario en un mar furioso, amarrado al cabo de la fe. Pero ¡oh, prodigio! ¡cuántas veces pude comprobar que no me aferraba a una ilusión! Y así, fiándome de Dios antes que de mí mismo, capeé peligrosos temporales y ensanché mi paz.
Esta actitud, que es la base de la vida del cristiano, repugna a la mentalidad "emergente". Esta animadversión puede deberse a un resentimiento por nuestras faltas de caridad pero suele ir acompañada de la resistencia a reconocer el propio pecado y la necesidad de ser perdonado.
En el primer caso, es responsabilidad nuestra presentar de un modo adecuado el mensaje liberador del Evangelio, de modo que no cause rechazo sino atracción. Pero respecto a lo segundo, frente a la libertad personal de cada uno, sólo podemos rezar, confiar y esperar a que la acción de Dios remueva los obstáculos que impiden a esas almas creer en el amor del Padre y dejarse abrazar por Él.
Quien más, quien menos, todos hemos concebido alguna vez la triste idea de que el mal ha llegado a extenderse tanto que no podemos hacerle frente. Sin embargo, una mirada atenta a la historia nos muestra que los mayores ataques contra el ser humano -como los que desencadenaron las ideologías totalitarias del S. XX- han tenido un tiempo limitado de existencia. Y los católicos vemos en eso la intervención de la Providencia salvando al hombre.
La crueldad de aquellos regímenes criminales abocó "lógicamente" a la intelectualidad a un cierto pesimismo existencial. Esta reacción filosófica, aún siendo bienintencionada, no trajo consigo un avance del conocimiento sino todo lo contrario.
La filosofía en Europa, aupada en grado sumo con Santo Tomás de Aquino, dio un traspiés a partir de Descartes abandonando la búsqueda de la realidad en sí para estudiarla sólo como contenido de la conciencia ("Pienso, luego existo"). Justo ahí perdimos la senda buena y aún continuamos en el extravío; y por eso los desarrollos posteriores a la terrible experiencia del S. XX, a pesar de hitos como la ONU, la Unión Europea o el aumento de sensibilidad a favor de los derechos humanos, no nos están llevando a un mayor grado de civilización.
La fisura cartesiana supuso prescindir del Dios Creador como fundamento del hombre mismo. En su lugar se instaló un pensamiento no sujeto a nada y siempre cambiante, que a merced de un devenir impredecible va suscitando normas arbitrarias y efímeras que no hacen sino agudizar la flaqueza de su inconsistencia. 
De hecho, en el ágora actual no prevalece la razón, el sentido común está en desuso, la comunicación es en extremo precaria, nos extraviamos pensando que oscuros intereses manejan nuestros destinos, y nada es lo que parece ni tampoco lo contrario. Un viscoso magma de confusión lo invade casi todo y la desolación va ganando cada vez más terreno en nuestra conciencia colectiva.
Las oscuridades que se ciernen hoy sobre el mundo desbordan nuestra imaginación. En todos los casos, el mayor peligro proviene de una respuesta prepotente a amenazas inducidas por un miedo irracional, que arde sin consumirse nunca y que espantosas "teas humeantes" se encargan de avivar constantemente.
Ambas actitudes, el temor y la soberbia, suelen ir de la mano, reforzándose mutuamente. Aquella separación entre razón y fe que hemos comentado debería aportar seguridad al hombre, al depurar el discurso filosófico del componente "irracional"; a no ser que Dios existiera, porque en ese caso romper la vinculación con Él nos reportaría mayor fatiga. La desgracia que relata el Génesis, la expulsión del hombre del paraíso, consistiría en venir él a decidir, como si fuera Dios, lo que está bien y lo que está mal; y ese "trabajito" es justamente lo que subyace a los totalitarismos, que cíclicamente reaparecen.
Alguien concibe una idea del bien, pero como la Verdad no puede ser contenida en la mente de nadie y como el único modo de probar "la bondad" de un proyecto es “que no haya nadie en contra”, la tragedia está servida. La soberbia va implícita en nuestra condición de desterrados, de tener que probar nuestra verdad (porque al pecar perdimos el a-probado) y el miedo nos avasalla en las muchas ocasiones en que “la realidad nos hace ver que erramos”. Sin Dios, que es quien regala el aprobado, la amenaza de ser descubiertos en alguna falta pone a prueba nuestra soberbia y llega fácilmente a hacerse intolerable, y a desencadenar la típica reacción de reafirmar violentamente nuestro punto de vista, completándose así el círculo vicioso.
Sería muy provechoso releer la Historia de Europa desde esta clave y atreverse a explorar aquellos caminos que fueron abandonados tiempo ha por los ilustrados de la época. Después de todo, los sangrientos jalones que la razón emancipada ha dejado en estos siglos de ensayo, son como para plantearse "el regreso a la casa del Padre”.
En el mundo actual no hay más seguridad; el futuro es incierto; y la violencia va en aumento. ¿A qué esperar? Es la hora de darle una oportunidad al Misericordioso. Pero curiosamente, en este contexto, arrecia el combate “de trincheras” entre los que escuchan los acordes de paz de su corazón y los que se resisten a admitir su propia limitación.
La crisis y la inestabilidad actual es el escenario de esta lucha. Su representación gráfica podría ser la de un poliedro irregular que no encuentra asiento y en el que algunas vistas parecen imposibles por la deformidad a la que finalmente se ha llegado.
El abordaje del problema es ciertamente complicado: Si se arregla por aquí se desarregla por allá; y no dejan de aparecer desperfectos. Pero ojo con perder los nervios, porque en los gobernantes existe siempre la tentación de aplastar la figura. En esos casos llegan a pensar: "aumentando la presión se eliminarían las aristas".
El caso es que ese nerviosismo va en aumento porque por más vueltas que le damos no vemos otra salida. Hay quien dice que la hay, pero es una quimera, un método imposible: Aplicar confianza a tumba abierta, permitir que afloren los innumerables problemas que la presión política – la acción de la prensa – mantiene escondidos causando estragos y aguantar paciente y valientemente el desdoble de caras hasta que su multiplicación sucesiva transforme el poliedro en esfera perfecta.  
Pero esta quimera es, por increíble que parezca, el único camino. Y ahora volvemos al principio. Se necesitarían dos condiciones para que esta ficción fuera posible; dos cosas alcanzables, pues son connaturales a los niños: La inocencia o veracidad y la limpieza de corazón. Ese punto de partida configuraría un doble itinerario para salir de la crisis. Sería necesario, por un lado, creer en la Verdad, buscarla y amarla por encima de todo; y después, asumiendo nuestra condición de criaturas heridas por el pecado y, por tanto, inclinadas a la maldad, estar dispuestos a pedir perdón y a perdonar las veces que hiciera falta.
Obvio decir que este programa pasa por desandar lo andado y asumir que el destino de los pueblos está en manos de Dios: Creador, Padre y Redentor.