Imagen de FÍATE

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martes, 12 de enero de 2021

CUENTO DE ANDAR POR CASA

Pintarse la cara color Esperanza...


Hoy me han traído los Reyes Magos el mejor regalo de mi vida. Llegaron con una semana de retraso porque estaban salvando vidas de niños a los que un mundo escaso en amor estaba matando de tristeza.

Hacia el mediodía, con la casa destemplada, alguien llamó a mi puerta. Era un hombre de mediana edad, de aspecto simpático, que se presentó como el Sr. Almendríu. Dijo ser periodista de investigación y haber llegado a mí atraído por la noticia que saltó a los medios el 1 de marzo del 2019, de un maestro de Toledo apartado de sus funciones. Le invité a pasar y lo agradeció mucho, porque, por el hielo, le había costado llegar hasta mi casa.

Empezó diciendo que por el blog sabía perfectamente que aquella noticia era falsa y quería saber qué había detrás. Le recordé que estaba casi todo escrito en la página web, pero insistió en saber más, detalles que necesitaba para avanzar en su investigación. Me contó que había leído ‘153 rosas’ y que le había gustado. En ese libro yo pongo mi vida en las manos del lector y el que lo lee me acepta o me rechaza como persona. De modo que él ya me conocía y yo le caía bien, por lo que nuestra charla fue fluida y agradable.

Le comenté que al momento de aquella campaña mediática ya llevaba yo buenas agarradas con la Administración; que por casualidades de la vida me había topado con el entramado de las farmacéuticas y la gestión sanitaria y había padecido mucho; y que en medio de aquel lío, enfangado hasta el cuello, los de la salud pública habían descargado sobre mí aquella tormenta mediática, como castigo ejemplar por haber retenido cautelarmente unos manuales acientíficos que 'explicaban' a niñas -de la edad de mi hija, un primor aún de inocencia y bellas ilusiones- que podían experimentar sexualmente con los hombres todo lo que quisieran y rechazarlos en cualquier momento de la relación…

Haciendo un paréntesis, el domingo, una vez que hubo pasado la borrasca, salimos muchos a admirar el bello paisaje. En el paseo que me di por los alrededores vi gente tratando de rescatar sus coches o abriendo paso a la entrada de sus casas, y vi a dos chicas con aspecto de estudiantes de último curso de instituto que estaban al lado de la carretera con una paletita, de las que se usan para arreglar las plantas en casa, rascando la nieve. A cuatro metros de donde estaban llegaba una escalera pública, pero la gran cantidad de nieve dura que las separaba de allí, y la desproporción entre la herramienta y la obra, me animaron a preguntarles por qué hacían aquello. Muy segura, una de ellas me explicó que intentaban abrir un paso hasta el acceso de la escalera… Aún me quedé un momento reflexionando y por fin me despedí agradeciéndoles su intención. Hoy he vuelto a pasar por aquel lugar y me encontré un surco seco en medio del hielo, por el que pude seguir mi camino con seguridad. Aquellas chicas, llenas de sentido cívico y buen corazón, son el tesoro que estamos obligados a conservar, la verdadera riqueza de nuestra nación, el futuro.

Retomando el hilo, después de aquel lance en el instituto, empecé a tener extraños problemas en mis clases, el típico ambiente enrarecido que se forma cuando los alumnos son manipulados (alguno de ellos llegó a comentarme que lo habían llamado del instituto en el fin de semana, malmetiendo contra mí); y al curso siguiente, habiéndome comunicado extraoficialmente que continuaría en el mismo puesto, me trasladaron inopinadamente al cerco que me tenían preparado en el pueblo. 

Y más o menos al cumplirse el año de aquella intromisión mía en los planes “sanitarios” de la Junta, vino su venganza. 

En aquel pueblo hay padres que en mi práctica educativa sólo habían visto mucha dedicación y verdadero interés por los alumnos, pero como dijo una de las directoras del colegio, “cada uno llevamos una mochila a la espalda”, y si a eso le añadimos que somos muy dados a etiquetar a las personas, se entiende que bastara la complicidad de algunos que no me querían para colgarme el letrero de loco con delirios religiosos. 

Ninguno de los católicos que trato se creyeron ese cuento, sabiendo muy bien lo que pueden llegar a hacer los medios para desprestigiarnos. Pero a personas sin formación, vulnerables a los bulos y a la superstición, resulta fácil engañarlas.

Una vez que estaba yo en Misa, en torno al momento de la Consagración, una persona se levantó y se fue al Altar, decidida a ocupar el sitio del ministro. Fue un episodio de una sicosis de tipo místico. Cuando intervino el 112 estuve al lado de aquella persona, consolándola, y fui con el sacerdote al centro al que la llevaron.

Es de manual y cualquier médico lo sabe, que tras una crisis de ese tipo vendría otra más grave enseguida si no mediara un tratamiento que ralentizara el ritmo del funcionamiento nervioso. Por eso es llamativo que yendo yo camino de los doce años de abandonar, de acuerdo con un buen médico, la muleta de los fármacos, se me sigan poniendo trabas que podrían hacerme tropezar y a ellos proclamar que no puedo llevar una vida normal... con lo que volvemos al consabido ¿por qué me quieres Andrés?...

En ese momento de mi relato, el Sr. Almendríu se inclinó ligeramente hacia adelante, evidenciando un esfuerzo por no perderse detalle. Pero yo, que no me dedico a la política sino a la docencia, proseguí sin dejarme seducir por esa insinuación de interés hacia mi relato.

Sonriéndole, le dije que mi caso no había sido el del que vuelve a la Iglesia por haber recibido un don sino el contrario, el del que por volver a la fe encontró el camino para recuperar la salud. 

Y no tiene nada de particular que esto suceda; de milagros obrados por el cambio a una vida como Dios manda, está la historia de estos últimos dos milenios atiborrada. Como también es normal que la vida de un fiel sincero esté llena de obstáculos. Recuerdo al Padre Mendizábal contarnos que cierto clérigo poco caritativo alcanzó la gracia de la conversión y presentándose así renovado en su círculo nadie quiso creerle y le tildaron de loco. Sí, esas dificultades son habituales; son parte de la lucha que es la vida, en la que el enemigo de las almas intenta por todos los medios apartarnos del buen camino y que nos abramos a las malas ideas y los sentimientos negativos. Y esa lucha se recrudece tanto más cuanto mayor es el bien que puedes hacer.

En cierta ocasión me hice cercano de un hombre al que estaban tratando mal por estar ebrio; me contó que tenía su lucha con la bebida y que tras un tiempo considerable de abstinencia “se había dado un homenaje a sí mismo”; el caso es que yo también me sinceré con él, y al expresarle ciertos temores míos me dijo: “No vale la pena preocuparse; los problemas van a venir, lo quieras o no”. Y así es; el sufrimiento forma parte de la vida y está bien que así sea, porque aceptarlo nos hace madurar y ser mejores personas.

Vosotros, amigos de Facebook, sois amigos realmente, porque os cuento sin reservas todo lo que sé. Si yo fingiera, si yo fuera vano, vosotros ya lo habríais notado; porque me encanta estar con la gente, me encanta la buena conversación, y alegrarme y apenarme con vosotros por las cosas que nos pasan. 

A estas alturas, el Sr. Almendríu ya había comprendido que no iba a obtener de mí las piezas que le faltaban para componer un artilugio capaz de generar dinero, pero su rostro traslucía que daba por bueno el esfuerzo empleado en venir a verme; que había llegado esperando encontrar un detonante para activar una bomba y en vez de eso había encontrado tan sólo a un hombre sincero…



domingo, 10 de enero de 2021

FILOMENA MENA

"Antes se coge al mentiroso que al cojo"

Termina la Misa y el prelado de la Archidiócesis se mezcla con el pueblo fiel. 

- Sr. Obispo, le llama una señora.

- Hola (le contesta el clérigo). Soy Arzobispo-Obispo. ¿Cómo se llama Vd.?

- Pues yo soy Filomena-Mena.

Sí, Mena para los amigos. Pero esta borrasca ¿los tendrá? Pues yo creo que sí. Y me explico.

En la portada de La Razón (8:30) me llaman poderosamente la atención dos cosas:

Primera: las fotos no son de los desastres de la borrasca sino que intentan dar la impresión de normalidad ciudadana, lo cual es insólito con 35 cm de nieve. La primera de ellas consigue ese efecto por estar tomada desde el aire, mientras que la segunda es un enfoque corto de un puñado de gente que transita como si tal cosa, y de la que es imposible saber cómo llegaron a estar así congregados y en qué momento (!). 

La segunda es una expresión fuera de sitio, que ya había visto ayer en otros periódicos: “Mena se cobra, al menos, tres víctimas”. Ese ‘al menos’ es extraño, ¿es que hay gente enterrada por la nieve, o gravemente herida? Probablemente no. La expresión nos es familiar en el contexto de un atentado, una explosión o similar, en que es difícil saber enseguida el número de muertos, circunstancia que no se da en este caso. Al situarnos ante un suceso puntual y concluido, ese ‘al menos’ nos devuelve al escenario en que los agentes mediáticos nos tienen encerrados desde hace un año. Mena ya pasó; volvamos al covid. 

Y ahí confluyen los significados de las fotos y de ese "gazapo" de estilo; y también, por cierto, el hecho de no haber querido alertarnos de la borrasca (mejor no darle importancia si querían pasarla de puntillas). Las fotos se han usado para pasar página y muestran una normalidad que no existe pero que es ‘la realidad’ que les importa a los medios. Estaban afanados metiendo miedo con un nuevo confinamiento, cuando llegó Filomena de parte de Dios, inoportuna y pesada. Tardaron dos días en decir que había llegado, luego dijeron que estaba fastidiando un poco, y hoy dicen que ya se va y que casi no ha estado, que total, dos o tres muertos de nada…

Pero lo cierto es que Mena les ha venido ‘ancha’, porque ella sola es un colapso, y el otro, el suyo, no ha tenido más remedio que esperar, porque una pierna rota tiene preferencia frente a un virus que no se nota. El caso es que se han puesto muy nerviosos, y están cometiendo errores (como el de soplarme a mí este texto y no pedirme disculpas). 

Nuestros administradores, los que nos traen las vacunas, tienen prisa por volver a la normalidad, ésa que están demonizando, ésa por la que la gente entra y sale, como y cuando quiere y se juntan a hablar porque son seres sociales por definición. Ellos agitaban por debajo las aguas creando ‘olas’ sin parar, mientras acariciaban las jeringuillas; convocaban al rebaño asustándole con el lobo… y llegó Mena, rotunda, a fastidiarlo todo. Ahora tendrán que rehacer todo el relato: lo de los camiones frigoríficos, lo de la inmediatez del segundo pinchazo, etc. Una debacle. Pero es que Dios se ríe de los que traman sacudirse su yugo.

Y a propósito, me ha dolido lo que ha dicho el Papa; porque ha pasado por alto algo sin lo que yo no sería católico: que exceptuando las leyes éticas que emanan directamente del Derecho Natural, no existe ningún precepto en nuestra religión que no precise el filtro de la conciencia individual, que traducido viene a ser que no es comparable matar de un tiro a alguien que no te ataca con el hecho de poner en duda la buena intención de gobernantes mentirosos, violentos (lo digo por propia experiencia) y abiertamente enemigos de Dios. 

Hoy es domingo, y somos llamados a no hacer duelo, a no llorar, porque hoy es el día en que resucita el Señor, hoy es el día de nuestra salvación. ¡Bendito sea Dios! ¡Que Santa María vele por España!


sábado, 9 de enero de 2021

CAMINO BLANCO

¿Quién abrirá un camino seguro?









El año que ahora empieza nos traerá, sin duda, tragos aún más amargos que los del 2020. Un diario –el tercero en lectores- ofrecía esta tarde una larga exposición de ideas económicas, aparentemente cabales, pero en realidad pérfidas, que leída entre líneas constituía la prueba inequívoca de una conspiración para deponer los gobiernos democráticos que aún quedan en pie. 

Cada cultura tiene sus esquemas de pensamiento, producto de su historia, y el texto mencionado antes, manejando con destreza esos modos de pensar al uso, daba claves para interpretar los cambios que estamos viviendo y los que van a venir, pretendiendo con ello hacernos creer que nada anormal hay en lo que está ocurriendo. Esta estrategia ha estado presente desde el debut del covid y es una primicia en la ciencia política, una cumbre de conocimiento, probablemente irrepetible. Porque la representación del covid tiene vocación de último acto y busca sorprender con un cambio social radical, pero haciendo que parezca que nada sustancial ha cambiado.

En el rancio estilo moderno, trufado de mañas y falsedad, plumillas del más diverso pelaje llevan a los incautos que prefieren fiarse de los hombres antes que de Dios al retortero del convencimiento de la necesidad de un cambio, que ha de acontecer para el bien de la humanidad y gracias al talento y el esfuerzo de hombres excelentes que buscan con ahínco el bien común.

Estos ‘sabios deconstruyen’ –eufemismo para destruyen- las teorías socio-económicas conocidas para allanar el camino a su distopía, que ya nos había enseñado los dientes antes de que la actual tragedia estallara: una macabra quimera de una oligocracia sin alma, endiosada como ningún tirano en el pasado lo hubiera soñado, que, desde una torre virtual inaccesible, manejaría a una masa informe de seres desposeídos de su condición de personas. 

Con astucia se nos intenta persuadir de que los problemas actuales no pueden ser resueltos con soluciones antes ensayadas, y de que las circunstancias –las que ellos han creado- nos empujan inexorablemente en la dirección de su sórdido proyecto.

Este tipo de propaganda técnica es un eslabón más en la cadena que nos va maniatando. Enredan las mentes en vericuetos sin salida para desorientarlas. Pero lo cierto es que la pujanza que ha demostrado la civilización occidental es suficiente argumento para buscar soluciones sin cuestionar ‘la mayor’: que nuestro viejo mundo se renueva continuamente; y que la salida –la única, por cierto- es potenciar la creatividad del individuo, justo lo contrario de lo que se nos intenta imponer.

En este debate latente hay una premisa argumental incuestionable: que la sociedad perfecta no existe, que siempre habrá pobres; y a partir de ahí, el único progreso posible es ir haciendo confluir el desarrollo de la inteligencia con el fortalecimiento social de las virtudes, mediante sistemas de educación integral.  De hecho, en el último tercio del S XX transitábamos por esa vía hasta que la montaña de cascotes de las Torres Gemelas la clausuró, cambiando el curso de la historia por derroteros que, entre brumas, ya dejaban ver el abismo. Gentes de buen corazón esforzándose por plasmar en bienes sociales sus ideas ¿qué mayor estímulo puede haber? Así que de agotamiento del proyecto occidental… nada.

Proclamar que ‘la pandemia’ ha acelerado las condiciones que ya indicaban la necesidad de ‘ese’ cambio es confesar abiertamente que ese ‘accidente’ ha sido provocado. Brotó finalmente del lento deterioro social, que se agudizó tras el no menos espantoso ‘accidente’ de la ‘Zona 0’; y acumuló tantos escándalos, indicios y cabos sueltos desde su aparición que haría falta estar ciego para no ver su pútrida gestación. Por refrescar la memoria sobre aquellas turbulencias que precedieron a este tsunami mortal, la feroz imposición de la 'corrección política', auténtica caza de brujas, de los ‘ismos’ de finales del siglo pasado, era jauja comparado con la persecución que el diabólico invento del enfrentamiento de sexos nos trajo en este siglo. Si a eso añadimos la progresiva y calculada devastación económica, la censura y la propaganda, el monopolio digital y los sofisticados métodos de ataque a la disidencia, visualizamos el trasfondo del escenario en que la fábula de una nueva normalidad se fue ganando en tiempo record el pláceme de todas las instituciones, avasallando hasta al más insignificante peón con representación social. Hay que decir que haber llegado hasta donde estamos no hubiera sido posible si los tentáculos del oscuro proyecto no hubieran alcanzado también las voluntades de una parte muy significativa de la Iglesia Católica.

Pero con todo, tal vez el momento elegido para el gatillazo final del complot no haya sido el adecuado. Porque, cómo se explica si no que un sencillo maestro de escuela como yo esté exponiendo aquí, con calma, sentido común, afán de ayudar y abiertamente, razones plausibles para dudar de la versión de los medios. Ciertamente algo se les ha escapado a esos ingenieros sociales, pues la verdad viene a ser como un león, que una vez la sueltas, ella sola se defiende. Y cómo cabe imaginar en un golpe tan perfecto que un ciudadano corriente pueda desbaratarlo… en fin, hay cosas que los ángeles ansían penetrar y no lo consiguen.

Yo no les hablo de mis cavilaciones; lo que digo es fruto de mis años de amistad con Jesús. No me dedico a elucubrar oscuramente, haciendo cábalas sobre conspiraciones extrañas; no. Yo vivo mi vida, habito en mi ciudad, salgo a la calle y hablo con la gente, y veo a éste y al otro, que han dejado de hablarme no sé por qué, o a aquél de más allá que me la ha jugado o me ha puesto una trampa para hacerme tropezar; y cuando vuelvo a pasar después de un tiempo los veo retratados por las circunstancias en su aviesa intención, y distingo perfectamente que siembran con un amo que no es Dios. Es todo muy sencillo. El que es de Dios es una criatura nueva que conoce la voz de su pastor y le sigue porque se fía de Él, y a su amparo medra, pero al que se hace pasar por pastor no le sigue. 

El hecho de que algunos hayamos descubierto la trampa y lo contemos puede dar lugar a que otros caigan también en la cuenta del engaño, lo cual es bueno a la larga, pero, entremedias, puede dar lugar a un recrudecimiento de los mecanismos de persuasión basados en el miedo; básicamente la prolongación del holocausto covídico. La situación es como la de esas peleas de muchachos en que uno tumba al otro cogiéndole por el cuello mientras le grita: “¿te rindes?” y le va apretando cada vez más hasta que el otro le dice que sí. En tanto no dejen de surgir de la multitud voces discrepantes no habrá forma de acabar con ‘este virus’, lo cual indica que, ‘por su naturaleza’, puede llegar a provocar más muertes que las que se cobraron juntos todos los totalitarismos del siglo XX.

Sea como sea, es un flanco débil en el ejército enemigo que ande suelta la verdad; aunque, por otra parte ¿quién podría sujetarla desde que apareció, allá por el siglo I, en un pesebre de Belén? Aquel niñito recién nacido era la encarnación del León de Judá, la Verdad que tenía que venir al mundo para salvarlo del Príncipe de la mentira. Y sus vagidos espantarán a la fiera hasta el fin del mundo. Quien acoja a este niño en su interior se hará hijo de Dios, y nada ni nadie lo podrá derrotar.


miércoles, 9 de diciembre de 2020

SENCILLAMENTE

 

Es todo mucho más sencillo.

Ver cómo nos despojan de la herencia costosamente ganada por nuestros antepasados para nosotros y para nuestros hijos, y no hacer nada, lacera mi alma. Bullen en mí sentimientos de rabia que intento refrenar y gracias a Dios lo consigo, pero no disminuye mi indignación y mi inquietud por lo que veo con total claridad que está pasando. Me llena también de dolor la postura de muchos compañeros de viaje que se van por el camino fácil, mientras con la boca blanda lanzan dardos incendiarios a los de corazón sincero.

Vivo sin futuro; traigo a mi mente muy a menudo que estoy de paso en esta vida y que, aunque camine por cañadas oscuras, Dios va conmigo. Y al hilo de los acontecimientos intento responder a mis obligaciones para con mi familia y mi sociedad. En medio de ésta no encuentro más que impotencia, y voces pidiendo que algún espíritu generoso se decida a hacerle frente al monstruo.

Me resulta obsceno que hombres llenos de defectos y de contradicciones nos estén sometiendo sin que nadie les ponga freno. En realidad, es esa burla la que nos paraliza porque nos hace evidente que detrás de ellos hay un poder aterrador. Pero ¿quién lo ha visto?, al fin y al cabo, sabemos que se nos está gobernando con la vara del miedo. Y sea como sea, a costa de lo que sea, merece la pena defender lo nuestro, a los nuestros; porque son nuestros amores lo que está en juego.

Ya he dicho de sobra –desde hace años- que estaba en marcha una impostura brutal. Y ahora no me cabe duda. Cuando se abrió la caja de pandora del engendro que nos está aplastando, todavía cabía decir, por la desconfianza que impregnaba el ambiente, que todo era una farsa. Yo vi clarísimamente cómo se iba construyendo la catapulta palo a palo, con muertos escogidos, que ya lo estaban en vida, y otros –más significativos por su edad u ocupación- cuyo rastro vital se había borrado cuidadosamente, con la policía vigilando que nadie saliera de sus celdas de confinamiento ni hubiera comunicación social real ni control político alguno y con la poderosa cobertura mediática y una legión de agentes –muchos engañados- carcomiendo lo poco sano de la sociedad; pero ahora, al cabo de un año, el engendro ha crecido tanto que es una proeza decir en voz alta que todo es mentira, ahora son las propias gentes bien pensantes las que te aplastan, arrojándote sus sentidas pérdidas como pedradas.

Está claro que no se puede meter mano en este complot sin jugarse la vida; de modo que el primer paso es valorar si estás dispuesto a morir por defender a tu familia y a todo aquello que te hace sentirte vivo. Pero para esto no estás solo. Si tienes fe es el momento de que te convenzas de que, de verdad, Dios está contigo y de tu lado; y de que tu muerte está únicamente en sus manos. También conviene que repases tu recorrido de fe, los muchos momentos en que viste clara Su actuación, y también cómo los pasos que diste en fe te sirvieron para madurar.

Si estás pensando en la dirección espiritual, ese es otro camino sellado. Está cuajado de dificultades y es muy probable que llegues pronto a un punto muerto a partir del cual tengas que seguir solo. Lo digo por propia experiencia, pues después de años de buscar esa ayuda y tenerla, hoy he visto claramente que el Señor me invita a soltar la muleta y a apoyarme, confiadamente, en su vara y su cayado; pero si tienes un director que te ayuda a crecer y te alegra el corazón, sigue con él.

En fin, mi misión es animar a los amantes de la paz, el bien y la verdad a no dar la batalla por pérdida. Tengo la certeza de que no lo hago en mis fuerzas ni equivocadamente. La persecución que sufro desde hace años, sin haberme desviado del buen camino, y el haberme librado de las muchas trampas que me han tendido por la intervención de Dios, me avalan; pero, aun así, es mi relación filial la que me impulsa a seguir adelante y a extender el ánimo que recibo al resto de los hermanos y gentes de buena voluntad. Con Dios, ya hemos vencido antes de luchar, sin Él, no encontraremos fuerzas ni para plantar batalla. Un abrazo en el Señor, queridísimos hermanos.

PADRE NO, PAPITO

 

¡Papito, por favor, lo deseo mucho!


Dicen en el ABC que cuando un padre no controla a su familia no merece llevar ese nombre. Amén.

Ser padre hoy es hacer proezas, ser cuasi divino. "Él hace proezas con su brazo…”. Controlar a la familia, ser el capitán de un barco en el que la tripulación se ha declarado en rebeldía es ser un héroe. Pero es verdad, sólo así se puede ser padre hoy, sólo así subsistirá la familia, ese tesoro precioso que se nos ha concedido custodiar desde lo alto.

Un virus hiperviolento se ha subido a bordo y como un tornado está arrasando con todo: La familia, la Propiedad Privada, el Estado… Todo lo que creíamos estable se está deshaciendo en trocitos y está siendo arrastrado en vertiginosa danza al abismo de la nada. Vivimos en la disgregación.

Se hablaba de liquidar esta era pero vemos que se está pulverizando, casi gaseando. En términos sociológicos, estamos pasando sin solución de continuidad del gobierno de la Verdad a la Tiranía de la Mentira.

Por la inflación de palabras, el lenguaje cada vez vale menos. El cuerpo, por los ataques que sufre, también; y el habeas corpus, esa garantía constituyente que proviene del derecho natural, es ya prácticamente papel mojado.

Buscamos orientación para vivir, como siempre, pero no damos con ella fácilmente y crece la tentación de abandonar la búsqueda. Las más de las veces se nos proponen caminos conceptuales intrincados, que exigen confiar en personas, falibles; y cuando se decide uno a entrar por ellos no puede no ir acompañado del miedo a fallar, y de la agresividad consiguiente... y este enredo crece haciendo del mundo un lugar cada vez más inhóspito y peligroso.

Frente a este panorama sólo cabe ser un héroe –o un antihéroe, más bien. En medio de este mar de confusión sólo cabe como alternativa trazar tu propio rumbo y atarte al timón, arriesgar.

Uno lee cosas, ve, piensa, y llega a la conclusión de que todo es una farsa. Pero por otro lado está Dios como Ser estable (“…hace tiempo comprendí que tus preceptos los fundaste para siempre”). No hace falta ser un genio para darse cuenta de que la verdad que procede de Dios se combate por todos los medios imaginables e inimaginables (el que declara abiertamente su fe se hace blanco de fuerzas aterradoras que le acometen justamente por la imaginación).

Pero esta lucha desigual no es nueva. En la Liturgia Católica se nos advierte: “no os asombréis si os veis probados como por un fuego abrasador, pensad que muchos otros hermanos están viviendo lo mismo que vosotros”. Y todo el asombro que nos produce vernos en medio de tantas tribulaciones encuentra eco y consuelo en numerosas partes de la vida del creyente… en los textos sagrados, en la vida de los santos, en el testimonio de los hermanos, en los gestos de amor que nos salen al paso, en los acontecimientos y en la naturaleza misma, que nos pueden hablar si Dios lo quiere.

En definitiva, aunque intentan arrancárnosla, la libertad existe; existe como don irrevocable, don que es una persona, un niño que se nos ha dado para siempre y que es el acontecimiento que lo cambia todo y que pronto celebraremos. 

Pero es verdad que la libertad tiene un precio: tenemos que estar dispuestos a renunciar a todo para alcanzarla. Porque está allí donde no cabe la seguridad humana; se obtiene cuando uno se hace niño que confía en su Padre y en esa confianza se adentra por caminos que dan miedo; y sólo así, colgando, como de liana en liana, del finísimo hilo de la fe, podemos avanzar por esta selva de la vida hasta la cumbre de nuestros más altos deseos.

miércoles, 21 de octubre de 2020

ANGELITOS NEGROS

De angelitos negros o arlequines de colores, gusta el Señor de escuchar,
en el cielo sus loores.


Dios me hizo testigo suyo cuando me sacó del arroyo y me puso sobre roca firme. Con el tiempo, yo mismo colocaría una piedra para que otros pudieran vadear el río, cuando puse en marcha la Fundación Fíate.

La historia empezó hace hoy veintisiete años. Conocí a unas personas que rezaban juntas y me invitaron a unirme a ellas. Con ese hábito, mi deseo de estar con Dios fue creciendo y en cierto momento entendí que Él me pedía una prueba de mi amor. La prueba consistía en renunciar a mi confianza en el dinero, y como yo tenía unos buenos ahorros, me planteé dárselos a los pobres. 

Mi madre era una buena católica. Aunque en aquel valle minero donde nació y vivió no había mucha espiritualidad, ella era inteligente y supo aprovechar bien las pocas ocasiones de formarse en la fe que su vida le fue presentando. Deduzco que algunos consejos y enseñanzas puntuales de hombres de Dios le fueron de gran provecho y valor para su vida, al modo de puntales sobre los que levantar un sólido edificio de fe. Y cuando mi madre conoció mi intención de renunciar a mi dinero me buscó una cita con el Arzobispo para consultarle ese paso. D. Carlos Osoro, muy asiduo de mi director espiritual, me recibió en su casa y juzgó, con buen criterio, que Dios bendeciría mi acción. Y así fue. 

Desprenderme de mis bienes resultó ser la medicina definitiva que yo necesitaba para expulsar los ‘fantasmas’ que me tenían privado del recto uso de mi razón. Y aquello me llenó de alegría y de gratitud al Señor.

Años más tarde mi vida había dado un vuelco enorme: Casado, con una hija, profesor en un excelente instituto por las mañanas y en la Facultad de Educación por las tardes… Mi deseo de devolver lo recibido encontró su forma de realizarse haciendo una Fundación civil. 

Al llegar a Toledo yo había quedado impresionado de la cantidad de docentes que vivían su trabajo con un sentido de entrega y no tanto como un modo de ganarse la vida, y creció en mí el deseo de hacer una plataforma de trabajo cooperativo. Por otra parte, desde mi conversión yo venía colaborando generosamente con organizaciones benéficas, pero ya había llevado serias decepciones con ellas. No sé cómo surgió en mi mente lo de la fundación, pero el caso es que por aquella época la idea me rondaba. Me enteré de que hacían falta treinta mil euros para ‘poner una piedra en el río’, que jamás volverían a ti, y empecé a pensar que en vez de donar la décima parte de mi sueldo sin saber bien a quién, podía dedicar ese dinero a crear yo mismo una asociación. 

No tenía en aquel momento tanto dinero, pero en mi diálogo con Dios, Él ya me había dicho que quería que fundara. Esto puede asustar al que no practica ese diálogo, y sólo se puede decir al respecto ‘cositas’ (“y todos más me llagan/ y déjame muriendo/ un no sé qué/ que quedan balbuciendo…”) cositas que se quedan cortas; sencillamente porque hablamos de diálogos de amor y de fe, y ésta, aunque razonable, no es enteramente accesible por la razón sola. Pero puedo decir que, en mis cavilaciones y dudas, Dios ‘me habló con claridad’ de distintos modos. Por ejemplo: ‘así, esperando instrucciones de lo alto’, me enteré un día de que aquel dineral se podía pagar a plazos ¡toma ya!, y alegre con esa luz, al ponerme la chaqueta me encontré en ella cien euros con los que no contaba… y otras muchas facilidades se me fueron presentando “en el camino”, que quedan como secreto del arcano.

Una vez creada, lo que vino después fue un calvario. Como espinas, se trenzaron en torno a mí y a mi familia las desgracias.

El cuarto año de mi docencia en la Universidad me vi obligado a revalidar mi plaza, en competencia con un buen número de aspirantes. En principio le dieron la plaza a una tal Teresita del Niño Jesús, algo llamativo para cualquiera -y especialmente para mí pues es mi santa preferida- pero más admirable que el singular nombre de la agraciada, fue que, siendo de otra provincia, renunció a la plaza y pasé yo a ser el titular.

Como la zorra le habló al cuervo que tenía el queso en el pico, se dirigió a mí el responsable de la Administración –hoy Concejal de Movilidad del Ayuntamiento- para 'facilitarme los trámites'. De resultas, tras unos meses de difamaciones, sin que mediara motivo ni escándalo alguno, en mitad de una clase, entraría seguridad a echarme del Campus. Cuesta creerlo; tanto que yo, al día siguiente, me fui temprano a ver a un abogado, pero éste, aún reconociendo que yo había sufrido una traición, me dijo que, por tratarse de documentos preceptivos, no se podía hacer nada.

Aquel mismo día se agravaría mi pena con otro suceso extraño. En el instituto, oí a un alumno mofarse de mí ante un compañero. Lo suyo hubiera sido tratarlo con desenfado, pero dolido como estaba, aunque la clase transcurría en el tono cordial de siempre, le propuse al chico echarle un pulso. La razón de esa singular propuesta es peculiar. Jamás en mis treinta años de docencia había hecho una cosa así, pero unos días antes, en otro grupo semejante, y en el mismo tono distendido, un alumno me había insistido para medirse conmigo… y para mi sorpresa ¡le vencí fácilmente! De modo que dejándome llevar de esa impresión, quise zanjar la mofa de José Antonio ‘dándole donde le dolía’. Puestos a ello, nada más empezar, estando interiormente ‘pidiéndole fuerzas a Dios’, se me partió el húmero. Y empezó otro quinario, con varias operaciones y, finalmente, una baja también de lo más extraña. 

Con la cirugía me sobrevino una parálisis del nervio cubital y atrofia de la ‘pinza fina’, imprescindible para escribir. El proceso clínico durante la baja terminó sin resultados, y así llegamos al tope que marca la ley –prórrogas incluidas- para permanecer inactivo por IT. 

La Administración, al poco del accidente, lo reconoció como sucedido “en Acto de Servicio”. Si de ese acto se derivara una patología sin solución clínica, el funcionario podría jubilarse (cobrando más que en activo) y ejercer otro oficio. Y eso hubiera sido ideal para que yo pudiera dedicarme íntegramente –ejerciendo de psicólogo y pedagogo- a la Fundación. Le expliqué a las autoridades que era providencial esa coyuntura, pues mi perfil profesional se optimizaría en esa opción. Pero nada de eso. Al contrario, sin poder escribir, me instaron a volver a las aulas, vulnerando el derecho que me asistía. 

Para esquivar ese castigo de la administración, como los tratamientos me habían dejado una secuela en la piel considerada altamente estresante, cogí la baja por ese motivo. Y pásmense, pues estando de baja me pagaban como si estuviera trabajando. Ni Muface, ni la Inspección de Trabajo, ni la Administración Educativa ni sanitaria, ni siquiera el Defensor del Pueblo, nadie respondía a mis escritos. Abonando la tasa correspondiente pedí un Certificado de vida activa en el que se hiciera constar mi concreta situación administrativa, y no me lo dieron. Lo reclamé varias veces y de distintos modos, y de ningún estamento obtuve respuesta; y meterme en juicios en aquellos momentos hubiera hecho peligrar la estabilidad de mi familia. Habían transcurrido dos años muy duros, y yo no encontraba salida. 

Entretanto había escrito una autobiografía en la que daba testimonio del milagro que Dios había hecho conmigo (un milagro de los que hay muchos, que se obró a lo largo de veinte años y con medios ordinarios, no sobrenaturales –la medicina, la familia y los amigos, el Estado de Derecho y la vida de fe).

Ese libro contaba cosas delicadas y yo no estaba seguro de que conviniera publicarlo. Le llevé el manuscrito al Padre Mendizábal, que lo leyó en seguida y me dijo que le gustaba. Después le pregunté a mi esposa si le parecía bien sacarlo a la luz (por su decisión había publicado yo mi primer libro) y me dijo que sí. Y se lo presenté a varias editoriales sin éxito; hasta que un consejo del Padre Mendizábal me abrió el camino, y en la primavera del 2015 entró en la imprenta. Sucedieron entonces una serie de avatares que me hicieron dudar de que consiguiera mi propósito. Una noche me despertó el Espíritu Santo y me fui en persona a Málaga, cerca de Antequera, a ver qué sucedía. Y entonces vi con claridad que también aquel proyecto se había enredado en los espinos de mi vida, y que ésta, sin apoyo de nadie, sin asistencia ni existencia jurídica, y acosada por todos los frentes, corría peligro; y allí mismo tomé la decisión de incorporarme al trabajo al día siguiente. Antes de regresar, no obstante, con la fuerza de Dios, frustré el sabotaje de la publicación de 153 rosas, de un modo que mereció el elogio del Padre Mendizábal por mi gran ingenio.

Con el alta voluntaria en la mano volví a Mocejón, después de dos años. No era un buen sitio, pero en este caso, como nunca, se hacía bueno el refrán de “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Allí, al menos, me aseguraba la identidad que a lo largo de aquellos dos años en el limbo había estado a punto de perder.

Muchas más desventuras, que no caben aquí, me acompañaron estos años. Y por gracia de Dios nunca perdí la paciencia ni el buen ánimo. Sigo adelante con la Fundación, y siguen sus enemigos tendiéndole trampas. Hace un año me vi, por circunstancias, con poco dinero, y pensé que sería una buena idea, puesto que solemos pasar los períodos vacacionales en Asturias, habilitar nuestro estudio-apartamento para uso turístico. En diciembre pasado entregué al Ayuntamiento setecientos y pico euros para obtener esa licencia, pero aun no me la han dado. Me fueron poniendo trabas… Hasta que comprendí el motivo. 

Muchos me preguntan qué hago con tanto tiempo libre, sin sospechar que, por esta inconveniencia que plantea mi persona, no doy abasto para atender las solicitudes ordinarias de mi estado y condición. Por esas zancadillas que continuamente me ponen, me veo incluso en apuros económicos. Y a pesar de todo no tiro la toalla de esta vida aparentemente insulsa y sin salida que para nada hubiera yo imaginado no hace tanto. Sigo siendo el Presidente de Fíate y escribiendo su blog -30.783 visitas hasta hoy; y sigo con mis obligaciones familiares y tratando de que se me restituya en mis derechos y se reparen mis agravios. Todo ello conlleva no pocas idas y venidas, y la Fundación no encuentra respaldo. Hace unos días recibí el rechazo de una subvención para un proyecto de orientación a distancia, en el ámbito del Covid; muchas cargas y ninguna gratificación. Así las cosas, dado que cuando una fundación fracasa hay que entregar el patrimonio al Estado, resulta obvio que dedicar una parte de ese dinero a comprar un utilitario (59 caballos de potencia) para seguir con el proyecto hasta que Dios quiera, no es nada descabellado. Y dado ese paso me encuentro con que ese desleal Concejal de Movilidad no permite que el coche circule legalmente por esta ciudad. 

El concesionario se negó en redondo a hacer constar en el Permiso de Circulación el domicilio de la Fundación; no conseguí que lo pusieran ni llevando conmigo un notario; Consumo se inhibe y no responde a mi demanda, empujándome de nuevo a litigar… (las malas lenguas pregonan por ahí que denuncio a todo el mundo, sin duda para silenciarme); en el Ayuntamiento dicen que el coche se inscribió a mi nombre y al pedir cita para aclararlo me la niegan…

Por la prensa me he enterado de que está a puntito de ser aprobada una norma -que empezó a tramitarse en enero- que obliga a obtener permiso de los vecinos para dedicar una vivienda a uso turístico, y de aprobarse ahora, se rechazaría mi solicitud por la previsible negativa vecinal –auspiciada por el propio Ayuntamiento- a concederme ese permiso. Esto explicaría los diez meses de dilación de mi expediente: que están intentando acceder a esa vía para eludir el escollo de tener que resolverlo según la ley actual, que expresamente dice que “no se puede dedicar a uso turístico una vivienda que está desempeñando habitualmente otros fines” – tales como, por ejemplo, ser la Sede de una Fundación. Porque eso equivaldría a reconocer oficialmente la existencia de la Fundación Fíate, la cual, justamente, están intentando hacer desaparecer por todos los medios, juntamente conmigo.











domingo, 18 de octubre de 2020

SIETE AÑOS CON FÍATE

"Tus manos son recientes en la rosa,  y estás de corazón en cada cosa".

Hace siete años y tres días, en la memoria de Santa Teresa de Jesús, nacía la Fundación para la Integración de Alumnos con Trabas Especiales en el seno de la sociedad castellano-manchega. Aquel día, un puñado de personas nos congregamos en el Palacio de Benacazón para celebrar el acontecimiento, y nos felicitamos de vernos reunidos por una iniciativa de generosidad –en realidad de agradecimiento, pues se trataba de devolver lo que antes se había recibido gratis. El ABC, con acierto, destacó que detrás de Fíate estaba el dinamismo de un matrimonio; y escogió del discurso de las autoridades la estima que les merecía aquel buen ejemplo de la necesaria colaboración público-privada en el fortalecimiento del tejido social.

Pero estábamos en tiempos de crisis, y un cáncer paralizante empezó a frenar el crecimiento de la Fundación. Por una extraña permisión de Dios, se juntaron varios problemas para que este freno se enquistase. Y con el paso del tiempo aquella parálisis se convirtió en deformidades en la imagen pública de Fíate.

Han sido siete años duros en que, como reflejando el deterioro social, la Fundación luchó por no desaparecer. Muchas veces en este tiempo me acordaría de las dificultades de Santa Teresa en las fundaciones que realizó.

Al redactar los Estatutos, interpretando el signo de los tiempos, opté por una fundación civil, considerando que llegaba ya el momento de los laicos, en que ante los ataques a la Iglesia solo serviría como defensa el testimonio personal. Y parece que no me equivoqué.

Han sido innumerables las afrentas recibidas y no vale la pena detallarlas, pero baste decir que el denominador común en todas ellas ha sido la mentira, y en no pocas ocasiones el delito. Y aquel ejemplar dinamismo que impulsó el nacimiento de la Fundación, aunque existe todavía, ha sufrido tanto que está irreconocible.

Fíate es una inspiración del Espíritu Santo. A este respecto, en mis circunstancias actuales, asumo las palabras de los apóstoles: “Creo, y por eso hablo”. Si no fuera por esta fe, yo no hablaría, pues es ciertamente muy fuerte la presión de los que me quieren hacer callar. Pero fiado -¡hasta el nombre de la Fundación es inspirado, y eco de María!- en mi buen Jesús, he despreciado hasta ahora la ignominia y no he quedado defraudado, por más que mi corazón experimenta a menudo una sequedad asfixiante.

Desde el comienzo mismo, Fíate es providencialista, trasunto de la enseñanza de la multiplicación de los panes. Este asombroso milagro, que precedió a la Pasión, les sigue pareciendo a muchos cristianos más extraño que otros: “¿No habéis entendido…?, aleccionaría Jesús a sus discípulos ante su estupor por la tormenta calmada; pero esperar todo de Jesús es la clave, la piedra angular para construir en este mundo que se cae. Y Fíate arranca de esta determinación crucial.

Es pertinente aclararlo porque marca una diferencia fundamental con otras iniciativas de acción social. Hay muchas que siguen a Jesús ‘porque les da de comer’ mientras que Él quiere darnos más: su propia vida divina.

Después de este milagro narra San Juan otros dos en el  viaje definitivo de Jesús a Jerusalén: la curación de un ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro.

El ciego que vio la luz por primera vez confesó a Jesús como el Mesías, y nos dice el Evangelio que el que reciba esa luz nueva y distinta –el Espíritu Santo- y niegue haberla recibido, no se puede salvar. Hoy como ayer, el Espíritu de Dios sigue curando cegueras, iluminando las conciencias con la Verdad. Allí donde hay verdad, hay presencia de Dios, hay Espíritu y luz. Y Fíate quiere formar parte de esa presencia. Son muchos los que en medio de la oscuridad reinante miran a Fíate y creen en ella, pero también son muchos los que, como aquellos maestros de la ley, niegan que sus obras sean de Dios. Y el reproche a éstos es el mismo que formuló el ciego curado: “Vosotros, que se supone que sabéis, ¿no reconocéis cuando algo es de Dios?”.

Lázaro era amigo de Jesús y éste lo resucitó por la fuerza de su Amor. Lázaro moriría más tarde, ya que morir es paso obligado para entrar en el cielo, pero el milagro nos enseñó que si creemos adquirimos poder para dar vida a lo que está muerto. Y como muchos creyeron en Jesús a raíz de este milagro, las autoridades temieron perder su negocio y decidieron matarle.

Soy consciente de que se ha hecho extraño pensar que los milagros están a nuestro alcance; pero extraño o no, merece la pena pensar así porque es verdad. Es verdad que todo aquel que crea firmemente es capaz de obras extraordinarias y se convierte en una amenaza para las autoridades y será perseguido por ellas.

Después de esos milagros tuvo lugar la muerte de Jesús y con ella nuestra salvación. También para nosotros la muerte tiene lugar al final, después de haber realizado las obras del Padre, básicamente, creer en Jesús. Y este ciclo resume el sentido de vivir: Nacer, nacer de nuevo del Espíritu, creer y actuar, morir y Resucitar. Todos estamos llamados a pasar por esas fases, tarde o temprano. No estamos llamados a no enterarnos de nada, a vivir inconscientemente, entretenidos en nuestras pasiones y con las diversiones que nos meten por los ojos los mercaderes. Cada segundo de nuestra vida tiene valor de salvación, se vive o se pierde, se aprovecha o se lamenta. Y merece la pena ‘escuchar’-que en sentido bíblico es ‘obedecer’- al Padre, que nos habla a través de nuestra conciencia. Y cuando uno camina por la vida con este sentido, rectamente, ‘escuchando’ las enseñanzas perennes de la Iglesia, no debe temer ir dando pasos de fe en diálogo interior con el que nos ama; y aunque nuestra sicología se resienta, Él, que es luz y Amor, irá haciendo posible que el temor desaparezca.

“Aunque camine por cañadas oscuras no temo porque Tú vas conmigo, tu vara y tu cayado me sosiegan” es el salmo, oración de la Iglesia, que resume lo que acabo de decir. Y Santa Teresa, bajo cuyo patrocinio nació la Fundación, nos dejó en versos inmortales una versión más detallada de esto mismo: “Nada te turbe, nada te espante…”, en ella describe distintos paisajes de esas cañadas oscuras que recorre el cristiano. Y doy fe de que no se pueden atravesar sin la ayuda de Dios, que por cierto nos llega a través de la Iglesia.

Fíate, siendo una Fundación civil no deja de denunciar extravíos y de señalar los buenos caminos, y por eso está en el ojo del huracán. Yo soy consciente de que los ataques a mi persona son ataques a la Fundación, ataques a la Iglesia, ataques al Dios vivo. Y eso me tranquiliza, porque me libera de la responsabilidad de mantener viva esa iniciativa; si desapareciera, sería permisión de Dios, como lo fue su nacimiento.

¿Por qué yo, sicólogo y pedagogo, hijo de docentes, yerno de docentes, casado con una excelente profesora, me veo apartado de las aulas e imposibilitado para concretar en acciones los objetivos de Fíate? Sólo Dios lo sabe, pero tengo claro que es por algo.

Miro a mi alrededor y veo una gran descomposición social. Sin exagerar nada, estamos en la situación de Babel; no es posible hablar de nada, la comunicación está destrozada; obviamente, no de un modo absoluto, pero sí ‘para entendernos’. La falta de verdad, de virtud, que ha ido apareciendo por el alejamiento de Dios, vicia todas las relaciones sociales, de modo que es inútil pretender cualquier progreso. Hasta que no se solucione la quiebra de confianza actual, no cabe ningún avance social ni hay un porvenir halagüeño.

Corren ríos de tinta haciendo predicciones y dando explicaciones sobre lo que pasa; y son todas vanas porque no cuentan con Dios; con la piedra angular. Por más que se diga, no existe otro pilar sobre el que sustentar el acuerdo social. Surgen caudillos reclamando ese puesto clave, pero son piedras de tropiezo, escándalos.

Nunca ha estado tan claro el caos que lo envuelve todo como hasta ahora, en que el ataque al orden se ha hecho ‘virulento’ por demás. Todo está en peligro, todo amenazado de desaparición, todo expectante de unas promesas falsas que, de llegar, nos dejarán más vacíos y más menesterosos que nunca. La situación es tanto más desesperada cuanto más ‘normal’ parece. Me atrevo a decir que, si no empiezan a caer cabezas pronto, será tarde para impedir un drama de dimensiones colosales, una hecatombe humana como nunca se haya visto.

Es necesario decir que nada es ya lo que parece en la sociedad, que hay que partir de cero; que hay que recrearla, refundarla, recalzarla, urgentemente. La sociedad actual es un gigante con los pies de barro a punto de caerse y llevar por delante a muchos, empezando por los más débiles.

Es curioso que decir esto parezca una exageración y cosa de locos, hasta tal punto de perversión hemos llegado.

Sin embargo, es la verdad. Surgen goteras continuamente: disputas, tensiones, fraudes, contiendas, intrigas, traiciones, y se van olvidando el respeto, el decoro y la bondad. A duras penas se tiene en cuenta que hemos crecido como sociedad buscando el bien común, y surgen por todas partes teorías extrañas que justifican todas las perversiones sociales.

En este ambiente, hace bastante Fíate con hablar claro, y con insistir en que la piedra fiable sobre la que edificar un futuro y una educación liberadora es el bien que nos legó Jesús muriendo desinteresadamente por nosotros.