Imagen de FÍATE

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jueves, 30 de julio de 2020

DE VUELTA AL MITO


El sueño de la razón produce monstruos


EEUU, ese país idolatrado por muchos, tierra de promisión, guardián de la libertad y promotor de sueños, es hoy, a la vuelta de los años, un país violento en el que el 40% de la riqueza está en manos del 1% de la población. 
Gente trabajadora en un país rico, para quienes hacer dinero es un mandato divino, prosperaron mucho en poco tiempo. Pero de Dios no atendieron con igual solicitud todos sus consejos y así afloraron sus lagunas de humanidad, y se extendieron… Abordaron con arrogancia muchos desafíos; se debilitó su poder; y extendieron la mano a la opresión del prójimo… 
Como un castillo de naipes se caen los sueños labrados a golpe de genio exclusivamente humano. Y así el gran imperio moderno en el que el mundo se miraba, ha terminado por convertirse en una mascarada violenta.
En este confuso momento histórico, en el que está tan mezclado el bien y el mal y cuesta tanto distinguirlos, suele aparecer más claramente en los medios lo que los poderosos quieren que oigamos. Porque su tranquilidad depende de que nosotros permanezcamos en el engaño; el engaño de creer que vivimos en sociedades democráticas y desarrolladas, lo cual es una píldora cada día más intragable. 
Entre cifras de muertos, oímos desde que empezó la alarma que nuestro sistema está agotado, que la crisis va a servir para empezar algo nuevo. Lo llaman nueva normalidad. Se trata de instituir un poder central absoluto como nunca ha habido, que abarque todos los rincones del planeta, y bajo cuyo dominio no tendremos que preocuparnos de nada porque proveerá a todas nuestras necesidades, aunque con la condición de que renunciemos a pensar por nosotros mismos. 
Mientras intentan meternos en ese corsé nos entretienen con rivalidades e-mocionales de políticos descabalados y traidores, rancios culebrones catalanoides, bufonadas de mandamases que se ponen a Dios por montera, chutes de simonía en directo, pagando con vidas al totem-covid; y si no, nos engatusan con enternecedoras vainas de comercios justos, nuevas economías locales o mundos de yuppy diversos. 
No es verdad que nuestro sistema esté agotado. San Juan Pablo II le dio la puntilla al último intento de hacer un paraíso en la Tierra. Y a partir de ahí, con el viento en popa, tuvimos una oportunidad de oro para perfeccionar nuestro sistema y con él, el mundo. Pero el Maligno afiló las uñas y aguijoneó a sus ejércitos para frustrarla. 
El sueño de construir una sociedad justa, que a lo largo de la historia moderna derramó tanta sangre, se acrecentó con la complicación del pensamiento filosófico, desprendido del ‘lastre’ de la metafísica y la teología. Y en paralelo al intento de implantar esos mundos perfectos imaginados, creció la cizaña y se debilitó el trigo. La economía del siglo pasado fue, de guerra en guerra, cediendo a la ley del más fuerte y por tanto haciéndose cada vez más injusta y más inestable.  
Superadas las grandes guerras creció mucho el poder de EEUU, pero también su rivalidad con la URSS. Dejando atrás el desastre de Vietnam, el sistema capitalista de los años 80 se fue enturbiando cada vez más, haciéndose la economía más dependiente del trabajo de nuevos esclavos; y los ciudadanos, a la par que perdíamos control sobre la producción de la riqueza, vivíamos bajo la dictadura de los ismos políticamente correctos y del espejismo de una prosperidad material. En el 2000, ya muy alejados los flujos económicos del ciudadano medio, y con la excusa de buscar seguridad, comenzó una reconfiguración mundial preparatoria del régimen digitatorial. Las políticas de los países de Europa y sus actores empezaron a decidirse en la cueva de Alí-Babá, y unas y otros iban dirigidos a empobrecernos, tanto material como espiritualmente. Y así, muy mermados en todo, llegamos a la actual mascarada del covid.
El sistema económico basado en la explotación de ideas por medio de la iniciativa empresarial es lo que más se ajusta a la verdad antropológica del ser humano. El hombre es un ser creado libre, con voluntad, entendimiento y memoria, y capaz de logros ilimitados. Su naturaleza moral le exige responsabilidad, y en ella se puede cimentar un consenso social de potencialidad infinita. Esa armonía que su condición moral posibilita es el anclaje de la diversidad, y el respaldo de la creatividad. 
El colapso económico no tiene la causa en nuestro sistema sino en haber descuidado la faceta moral que preserva la cohesión social. No se puede fundar la vida social en otro cimiento que el puesto por Dios mismo en la creación. Ese cimiento es que somos seres hechos por Amor y en todo momento sustentados por él. Nuestra inteligencia, hecha a imagen del Creador, nos permite conocer que hay un orden y que el progreso pasa por respetarlo. La negación de ese vínculo fundamental da al traste con toda posibilidad de Bien Común. Porque negándolo desaparece la moral objetiva –empezando por el respeto a la vida como don sagrado- y con ella toda posibilidad de aunar voluntades en un mundo de recursos finitos. 
Y esa y no otra es la causa de que la locomotora del progreso esté patinando… las piezas habían empezado hace tiempo a chirriar, últimamente no dejaban de echar chispas… y ahora ya arden llameantes… Porque no existe vida al margen del amor al prójimo; y en ese sentido no deja de tener razón Salvini cuando dice que el saludo con el codo es el fin de la especie humana… Te saludo con el extremo más duro de mi cuerpo… más que ‘te saludo’, te aviso de que tengas cuidado conmigo, pues en vez de tenderte la mano, te doy un toque con 'mis cuernos'…
La economía no es una ciencia exacta, ni lo será por más que algunos se empeñen en ello. La economía, como mucho, tiende a la perfección, pero ha de admitir que su objeto está incompleto, y que debe incorporar en sus análisis el factor cualitativo.
Es ese factor el que más determina la potencia económica de un pueblo. Es la fuerza moral la que soporta las contingencias materiales; la que vigoriza el tejido económico dándole resistencia y elasticidad para adaptarse a los contratiempos; la que aguanta los fracasos sin rendirse y es garantía de continuidad, activo seguro y reserva de riqueza. 
Negar esto equivale a negar lo que somos, conduce a que los intentos de regular la vida en común caigan en la tentación de cambiar nuestra naturaleza para poder someterla a los predictores científicos -lo que por fin “daría estabilidad al mundo”. 
Y en eso precisamente ha caído la digitalogía, el enésimo intento de librarse del ’yugo suave de Dios' mancillando su creación, abusando de ella, corrompiendo el precioso regalo de la vida por el extravío egoísta de algunos. Ese engendro, esa espiral violenta, es una aplicación de la tecnología ilegítima, por cuanto no busca coadyuvar al buen orden natural, sino crear uno distinto. Trata de suprimir la incertidumbre proveniente de la libertad humana a base de reducir a la persona a la condición de ser irracional. Pero como no ve viable imponerlo por la fuerza, su intrínseca perversidad busca hacerlo mediante el engaño, contando con la colaboración de la propia persona. Usan para ello un diabólico invento, la confrontación de sexos, que han hecho pan cotidiano a base de untar a legiones de políticos y desaprensivos de todo tipo. Machacando la virtud han ido acostumbrando a las gentes a dar rienda suelta a sus instintos; y así van muchos limitando el uso de sus funciones superiores, y desechándolas al considerar que obtienen mayor beneficio de ejercitar sus 'funciones inferiores'...
El proyecto es tan 'fascinante' como 'fascionante' y fácilmente abocará a una nueva era de horror si, como es de esperar, la humanidad se resiste a entrar en una cuarentena indefinida, en un confinamiento sine die de sus cuerpos y sus almas... Yo, desde luego, prefiero con mucho arder en un horno crematorio antes que ver a mi hija deambular por las autopistas digitales que conducen a las calderas del fuego eterno…

lunes, 27 de julio de 2020

RÉGIMEN DIGITATORIAL

Dichoso el que se bautiza poniendo en la Cruz su esperanza.

Lo cierto es que hemos llegado a un estadio de la civilización donde, a efectos prácticos, Dios es casi un residuo cultural. El covid ha acelerado ese proceso mediante la introducción masiva de las modernas tecnologías de comunicación, que llevan en su carnet de identidad su filiación exclusivamente humana. Pero esa ruta ya hacía décadas que estaba siendo transitada. La OMS nos había advertido –aunque no lo suficiente- acerca de un malestar vital en el mundo desarrollado con proporciones de pandemia… La de ahora se cruzó en el camino para hacernos olvidar aquella,
pero en realidad se trata del mismo fenómeno; ambas provienen de la pérdida de sentido que acompaña a la marginación de Dios.
Un estudio del Nóbel de Economía Angus Deaton, hecho público en 2015, revela un dato demográfico alarmante que tiene que ver con lo que estamos diciendo: Entre 1998 y 2013, murieron medio millón de estadounidenses de raza blanca no hispanos de entre 45 y 54 años, por causas relacionadas con un aumento de la angustia vital en esa franja de edad (https://www.pnas.org/content/early/2015/10/29/1518393112.abstract).
Los grandes potentados –Microsoft, Facebook, Exxon Mobil, etc.- acaban de invertir en Europa sumas astronómicas para ampliar sus mercados de tecnología digital. La implantación de su negocio cuenta con una infraestructura de leyes y cultural que ha reducido al mínimo las restricciones de la ética. A base de dura persecución, los gobiernos europeos han silenciado las voces de quienes postulaban una felicidad independiente del consumo. La mediación digital invade prácticamente la totalidad de la vida de las personas, de tal manera que es casi imposible sobrevivir al margen de ella. En la práctica, eso equivale a la suplantación de las democracias por un mando único digitatorial.
Este mando puede bloquear tu cuenta cuando quiera (a no ser que tengas una fuerte suma debajo del colchón); puede multiplicar los recibos de tu préstamo personal; puedes ir al médico y encontrarte con que se te pasó la cita porque “era en marzo y no en abril como tú pensabas”; puede cambiarte la declaración de hacienda y darte un susto tremendo… y si te estás separando, usas a menudo las redes, o tienes contenciosos con la administración… no te digo nada… puedes hasta desaparecer del mapa sin que tus recursos te permitan restablecer todo el lío que te pueden formar. En una palabra, ese mando único te puede causar la muerte jurídica y con ello allanar el camino para tu desaparición física… Y esto que os cuento, amigos, es, pura y llanamente, lo que he vivido… De miedo, por supuesto; pero en estos momentos, la cruda realidad. Quedan todavía algunos refugios pasajeros: círculos familiares, de amistad, de fe… pero todos están siendo bombardeados sin piedad, y en un momento dado tu familia, tus amigos o los creyentes pueden hacer más caso a los rumores que a ti mismo… el rodillo mediático es brutal.
Me comentaba un abogado el otro día que los sabotajes informáticos a las pruebas judiciales son constantes, dejando la justicia enteramente en manos del dinero, pues se hace imposible ganarle un pleito a quien tiene poder digital. 
Y en el resto de las esferas humanas pasa lo mismo; al trasvasar toda comunicación humana a soportes informáticos, la población queda a merced de quienes los poseen. Aquí se da una involución –disimulada- a la época pre-derechos humanos… el pez grande se come al pez chico sin cortapisas de ningún tipo.
Naturalmente, este estado de cosas no puede no venir acompañado de una gran violencia, pues son millones las personas que ven cómo se deteriora su hábitat sin que puedan hacer nada para remediarlo. El hecho de que esto suceda soterradamente explica que gran parte de esa violencia se vuelva hacia uno mismo. 
Volviendo al principio, el alarmante incremento de muertes antinaturales revelado por Deaton correlaciona con un aumento de la angustia vital, y nos habla a las claras de este cambio de parámetros culturales que está teniendo lugar silenciosamente; un cambio hacia un mundo sin compasión, hacia un mundo sin Amor. Urge ser testigo de la salvación que procede de Dios.



















viernes, 17 de julio de 2020

CON TOLEDO HEMOS TOPADO

Jesús respeta el poder humano y en esa humildad muestra su Poder divino

Estos días de vacaciones estoy de pleitos y entiendo perfectamente lo de “tengas pleitos y los ganes”. Pero por otro lado me ayuda sobremanera saber –me lo inculcó mi madre- que la vida es lucha, y que todo el sufrimiento que vivo es por Cristo.
Voy buscando un letrado que me defienda, y en cuanto digo que el abogado de la denunciante es el Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Toledo, me señalan las puertas del bufete. Me lo dijo una Procuradora, buena persona, que visité: “Toledo es una plaza muy difícil para todo, te va a costar encontrar quien te defienda”, aunque yo ya lo sabía, claro.
Pero en estas andanzas está Dios conmigo, y me auxilia. Y poco a poco, ‘como la gallinita’, me van cayendo migas de aquí y de allí para sustentarme.
De los abogados que se excusaron, uno me dijo que el mismo Juzgado que llevaba mi caso le había suspendido a él un juicio de fecha posterior al mío. Otro me dijo que el día de mi juicio aún no habían recibido los abogados de Toledo las instrucciones para reincorporarse.
Desplazándome, y no por gusto, en bicicleta, en mitad de la canícula de una tarde de julio di con un letrado que dejó escapar estas atrevidas palabras: “aunque el abogado de la denunciante fuera el mismo Dios, no dejaría yo de defender un caso, porque vivo de esto”. Comoquiera que todos los que se excusaban lo hacían por la misma razón que él aducía para cogerlo, cabe pensar que estoy ante una opción poco segura, pero aun así es la mejor porque es la que por ahora me pone el Señor.
La defensa que me propone es muy ‘light’ y no ofrece garantías; diríamos que es  una forma de embolsar una buena cantidad sin mojarse apenas. Se basa en que el Real Decreto del Estado de Alarma prohibía los desplazamientos, y que por tanto el juicio es nulo porque la propia ley me causó indefensión. El argumento es débil porque desplazarse para volver al hogar sí que estaba permitido, y porque si yo no podía asistir tendría que haberlo comunicado. Dirigiendo la apelación a pedir nulidad de actuaciones no entraba en el fondo del asunto y se ganaba unos cuartos.
Yo había concebido que mi defensa podía ser que si los juicios estaban suspendidos por el Real Decreto, sólo una ley de rango similar, o la extinción del Decreto, los podría reanudar, y que al no haberse dado esos supuestos, mi juicio no era válido.
Este argumento me parecía sólido, pero por lo que fui viendo no debía serlo tanto. Para empezar, la ley no prohibía expresamente los juicios. En la prensa técnica leí: “Se deduce por los párrafos anteriores que también los juicios quedan suspendidos”. ¡Pero la prensa generalista no había dejado lugar a dudas! ¡Otra vez la desinformación de los medios!
Y con la reanudación de las vistas sucedía otro tanto. Una Orden del 9 de mayo establecía que sólo a partir de las dos semanas del inicio de la Fase 2 de desescalada podría llegar la normalidad procesal y como mi juicio había sido a la semana de iniciarse la fase 1, cabía la posibilidad de que fuera nulo… Y sin embargo ningún abogado me mencionó esa orden. “Seguramente habrá forma de defenderte pero yo no la veo”, me dijo uno.
Pero aunque el anexo II de la Orden fija esos plazos, no pone fechas cerradas para la reanudación de las vistas… lo deja a la decisión de los Órganos de Justicia competentes en cada autonomía, que a su vez pueden recabar datos de los órganos sanitarios locales para justificar sus decisiones… O sea, que las autoridades se pasan la bola unas a otras y finalmente las instrucciones pueden “llegar un día ordenando que se celebre un juicio el día anterior…”
Pero los abogados de Toledo cuentan con eso; saben muy bien que su casa tiene un amo, y que si él lo quiere “rompe un trato”. ¿Y la justicia? ¡Ay, amigo, eso es otro asunto!
Pero no es verdad, la justicia es ‘el asunto’, y una sociedad donde no hay justicia no es sociedad sino suciedad. Ya se sabe, unos por otros y la casa sin barrer, y para muestra un botón:
Hoy tuve que volver a entrar en el cuartucho de donde, sin yo saberlo, salí hace un año con el sambenito de “loco peligroso”. Me atendió una funcionaria de maneras ásperas, más propias de quien trata con animales. La puerta se abrió y tras unos instantes alguien dijo: ¡Qué casualidad! Yo no me volví, pero supuse que se trataba de la abogada que me había denunciado. Su tono había sido desenfadado, como si para ella el asunto fuera un juego… seguramente no se imagina que su juego, sucio, trasciende mi humilde persona y pasa una abultada factura a la sociedad.
Y otro ‘rincón sin barrer’ lo descubrí ayer en el Palacio de Justicia. Llevé una denuncia al Juzgado de Guardia, acompañada de un móvil que presentaba como prueba, y la funcionaria –una mujer con la que el mismo Job discutiría a los cinco minutos de intentar hablar con ella- rechazó recogerlo a pesar de haberle insistido yo en que en mi casa no estaba seguro. Decidí zanjar el asunto llamando al Guarda para que actuara de testigo. Me chocó que estuviera solo y que fuera de una compañía privada; y al preguntarle sobre el tema me dijo que la Guardia Civil y ellos se repartían el trabajo a medias. La conclusión es que en nuestro país los archivos de la Justicia están custodiados por una compañía privada, pongamos que la de Fulanito. Y como se da el caso de que el recuento de votos en las elecciones también está ‘privatizado’, podría darse el caso de que el tal Fulanito mandara más en España que el propio pueblo soberano.

Llevo siete años escribiendo en este blog sobre ‘cosas serias’, dando testimonio de mi vida de fe, y haciendo afirmaciones, revelaciones, denuncias y juicios muy comprometidos. El blog tiene más de trescientos artículos y treinta mil visitas; pero a pesar de todo eso, la gente de mis círculos da más crédito a los chismes sobre mí que a mi testimonio público.
“Escribe como si se creyera un San Pablo –dicen- pero de San Pablo debe tener sólo un pasado vergonzoso”; “ha amenazado de muerte a una pobre funcionaria”; “tiene una doble vida”…
Muchos ‘cristianos viejos’ me vuelven la mirada, pero nadie nunca me ha dicho cuál es mi gran pecado. “Gentes dignas de todo crédito” les han contado cosas terribles sobre mí, así que no necesitan que yo les cuente. Así se escribe la historia toledana.
Tal vez les hayan dicho que ‘no respeto el Sábado’, o sea, que digo que lo de las mascarillas es una gran mentira instrumentada por prensa, políticos y científicos vasallos de Don Din; que las muertes pueden ser perfectamente provocadas merced a la expansión de una red social corrupta; una red que ha ido medrando al amparo de una sociedad acomodada y aturdida por el ruido, y por la inacción de una Iglesia cada vez más acobardada por efecto de la laxitud de sus costumbres.  Pasamos de “La misericordia se ríe del juicio” a que el juicio se ría de la Misericordia; al prejuicio.

domingo, 12 de julio de 2020

JUICIO INICIAL, juicio final

Si el grano de trigo no cae a tierra y muere, no da fruto... 

Virulencia es la violencia causada por los virus, y en eso estamos. Con el aislamiento impuesto y buscado, cada vez es más difícil poder conversar, pero a poco que se consiga, se ve que estamos de acuerdo en que lo que está pasando es muy confuso e inquietante; lo cual es propio de un ‘estado virulento’.
Estamos a verlas venir… y perplejos: El gobierno aprueba un salario que recibirán muchos aprovechados mientras que nuestros mayores se mueren malamente; se avecina una debacle económica y al mismo tiempo se habla de volver al confinamiento; la información es calamitosa y no mejora; el vicepresidente estaba en la picota y le bajaron de ella subiendo al Rey emérito; Europa nos achucha y pide recortes; hay un millón de muertos por un virus pero no hay un plan internacional para combatirlo; la OMS dice que el aborto es salud y que el virus flota… y mientras tanto el gobierno toma medidas arbitrarias y nadie dice ni mu.
Con un celo inusual, se impide el paso de los ciudadanos a las dependencias administrativas, exigiendo el uso telemático, pero al mismo tiempo se suprimen los ordenadores de bibliotecas y Administración (Oficinas de Información y Registro y Delegación de Educación, entre otras) y wifis públicas (en Toledo había cuatro o cinco y las han quitado todas). Si a eso sumamos la profusión de normas, es difícil no pensar que se nos está metiendo a marchas forzadas en un traje de hierro.
En una situación así no hay quien se libre de la presión, e incluso la Iglesia se ve afectada. Ya antes de la emergencia pasaban cosas, y ahora más. Ayer, en Misa, las monjas cantaron durante la Comunión un tema de un pastor evangélico. Al exponerle a los sacerdotes mi turbación le quitaron importancia, no viendo motivo para ella. Pero esto no es casual, sucede porque el mal ha invadido todas las esferas sociales. 
En este contexto, mantengo desde hace diez años un testimonio de fe por el cual soy perseguido.
El verano pasado fue muy difícil para mí, y aprovechando ese mal momento intentaron derribarme de muy diversas maneras. En uno de estos lances tuve que solicitar un servicio público, resultando que me engañaron en la tramitación para perjudicarme. Al darme cuenta le dije a cierta funcionaria, estando a solas con ella, que de nuestras acciones tendríamos que rendir cuentas. Ella, al tanto sin duda de la mala práctica profesional que se había seguido contra mí y que yo ya había comunicado a la Alta Inspección, fingió no entender por qué le decía aquello, por lo que yo, viendo su mala disposición, le dije solamente que ya se enteraría.
El hecho terminó en una denuncia contra mí por “Amenaza de muerte”, y en septiembre recibí una citación para un Juicio que tendría lugar el 25 de mayo del año siguiente. 
El confinamiento me pilló en Asturias. Desde allí comuniqué por teléfono con los juzgados porque estaba pendiente de cierto asunto y me pidieron que enviase mi dirección por correo electrónico. Hablé también con otra persona respecto al juicio, para estar al corriente, pero en este caso no encontré la misma buena acogida.  
El 9 de mayo aparecieron en el BOE las normas para reanudar la actividad procesal: Los juicios podrían volver a celebrarse a las dos semanas de iniciada la segunda fase. Eso significaba que en Toledo no se reanudarían los juicios hasta el 11 de junio, y aunque la fecha podría variar algo en función de indicadores sanitarios, no era previsible que mi juicio se mantuviese para el 25 de mayo. 
En el confinamiento no tenía conmigo la citación y no sabía qué tribunal llevaba mi caso, por lo que escribí correos a los 8 Juzgados de Primera Instancia tratando de averiguarlo. Uno me fue devuelto varias veces por ‘el servidor’, otros cinco no me contestaron y dos me respondieron diciendo que con ellos no tenía nada pendiente. 
Yo estaba convencido de que una querella en la que el Juez tendría que decidir entre la versión de la denunciante y la mía, con tan poca base como unas palabras pronunciadas sin violencia alguna; sin faltar al respeto; sin levantar siquiera la voz; y motivadas por una actuación punible del Servicio al que pertenecía la denunciante, no sería retomada con urgencia tras la Alarma. Pero, para mi asombro, me equivoqué.
Inquieto por no poder averiguar a distancia la fecha reasignada, volví a Toledo hace unos días; y me encontré con que el Juicio se había celebrado en la fecha original. 
En el apartado ‘Hechos Probados’ de la resolución, se me atribuye la expresión “Ha llegado el día de tu juicio final, ya te enterarás”. Y el Juez sentencia que “ha quedado acreditado (el delito) en el acto del Juicio por la declaración de la denunciante…versión que ni siquiera es negada por el denunciante (sic), ante su incomparecencia voluntaria al acto de la vista”. 
Tuve otras sorpresas desagradables al llegar a Toledo, y me fue especialmente doloroso enterarme por un amigo de que se han viralizado los comentarios calumniosos sobre mí.
Respecto a la condena, me dieron cinco días para apelar la sentencia, de modo que el mismo día acudí al abogado que me venía ayudando estos últimos años, pero lo encontré totalmente falto de empatía. Luego pensé en dirigirme al que me prestó sus servicios cuando el vecindario quiso silenciarme, por ser también cristiano, pero resultó que ahora tiene por ‘súper-jefe’ al abogado de la denunciante.
Os podéis imaginar cómo me hizo sentirme todo eso. Pero ahí, en la desolación, acudí al Señor. Fiel a la oración y a los sacramentos, desde que me decidí a dar público testimonio de mi amistad con Jesús, nunca me faltó su auxilio en los momentos de peligro. Y ayer después de Misa, aunque dolido por la herida de la Iglesia, me dirigí de nuevo a 'mi amigo' poniendo de mi parte aceptación y confianza. Y el Señor, como siempre, acudió sin tardanza en mi ayuda. 
Conectándome a la wifi de un bar, descubrí enseguida que mi juicio había sido celebrado contraviniendo el criterio técnico para la desescalada en el ámbito de la Justicia, por expreso deseo del súper-abogado de la denunciante, que resultó ser el responsable último de la práctica profesional punible denunciada por mí ante la Administración Central en el verano pasado. 
Esa excepcionalidad tan asombrosa resultó ser el medio permitido por Dios para que mi juicio se convirtiera en el Juicio Inicial de la “Nueva Normalidad”, y fuera tal que hiciera burla del ‘juicio final’ (así, con minúsculas); y se convirtiera en metáfora y cumplimiento de la profecía que yo había hecho hace quince meses: Que una quimera blasfema estaba en marcha, que arrasaría las libertades y la presencia de Dios en la sociedad, y que abocaría al mundo a un período trágico, a una desolación abominable de la que sólo la firmeza en la fe nos podría salvar. 

lunes, 6 de julio de 2020

¡QUÉ VIEJO ESTÁ TODO!

Cuán presto se va el placer; cómo, después de acordado, da dolor...

La playa de San Lorenzo, en Gijón, es un precioso arenal que da cobijo y solaz a miles de almas que van buscando descanso. En los extremos del dorado arco se levantan dos esculturas: ‘La Madre del Emigrante’, de 1970 y ‘El Elogio del Horizonte’, de 1990. 
La primera es una mujer de gran tamaño que, para resaltar el sentimiento por la ausencia del ser querido, aparece sin atractivo alguno: flaca, con el rostro anguloso y el pelo revuelto. Por su aspecto sombrío y su ademán inquieto, esta escultura es popularmente conocida como “La lloca del Rinconín (zona del paseo resguardada del nordeste)”. Tiene un brazo extendido hacia el mar, como para despedir, y retener a un tiempo, al hijo de sus entrañas; rota de dolor, perdida su mirada en el horizonte por ver si apareciera el hijo, sus proporciones, su color oscuro y su carga dramática, logran transmitir al espectador el dolor que siente por ese hijo que no sabe si volverá a ver.
La otra escultura está en lo alto del cerro de Santa Catalina, y es una composición geométrica de hormigón de unos doce metros de alto por otros tantos de fondo y ancho. Devuelve el sonido emitido desde cierto lugar, por virtud del arco que describe el cemento. De un alto precio, parte del pueblo llano, ‘sin luces para apreciar el arte abstracto’, la bautizó como “El wáter de King-Kong”, mientras que otros, más finos, le dieron ‘un valor añadido’ acogiéndola como a “Eulogio, el fíu la lloca”.
Para ambas obras es significativa la reacción de la gente. A medida que los artistas se han ido separando de lo figurativo, interponiendo ‘filtros interpretativos’ en la contemplación, han ido surgiendo quejas en el pueblo, víctima del hurto del disfrute. En ese disgusto, no obstante, hay una gradación. Mientras que al juego simbólico expresivo -color, tamaño, formas-  se le critica por sacrificar la belleza, a la obra abstracta de Chillida se le reprocha lo insulso y absurdo del motivo. Y si la rechifla de los apodos de ‘la lloca y el wáter’ recoge perfectamente esas críticas, resulta ya asombrosa su perspicacia en el tercer apodo. ‘Eulogio, el hijo de la loca’ capta y corrige a un tiempo la enojosa deriva intelectual del arte. Eulogio trasciende al Elogio; lo rescata de una tierra extranjera, de un exilio deshumanizante, para devolverlo a sus raíces: el arte que salió del pueblo vuelve a él, enriqueciéndolo.
En realidad, esa deriva del arte es reflejo de otra más profunda, la del espíritu, que gime, añorando también ser rescatado. Poco a poco la humanidad se ha ido acercando a un punto de no retorno; pues si la tuerca se aprieta demasiado se puede pasar de rosca. Sin embargo, se nos dice que estamos a las puertas de un estadio social más avanzado, al que llaman ‘Nueva normalidad’. Pero ¿qué es en realidad ese nuevo estado? El nombre apunta al concepto de novedad y al de norma. 
Lo nuevo ¿cuánto tiempo es nuevo? Depende, ¿verdad? Pero poco, en todo caso, porque quisiéramos que durara siempre. Hay muchos ejemplos de cosas que envejecen ‘antes de tiempo’: Un coche; un ascenso; un marido… la lista es infinita y dolorosa. 
Si no existiera forma de satisfacer ese inextinguible deseo de novedad, seríamos los seres más desgraciados de la creación; pero afortunadamente existe. A este respecto, es de vital importancia que cada uno se lo plantee en su interior: ¿Puede el mundo convertirse en un lugar donde todo sea nuevo siempre? ¿Podemos saciar ese deseo de incorruptibilidad de nuestro corazón?
Lo cierto es que vivimos como si no fuera posible, como si lo único a nuestro alcance fuera ‘estrenar cosas de vez en cuando’. Pero esa manera de pensar, tarde o temprano, nos hace mella en el ánimo.
Es propio de los comerciantes hacerte olvidar esa tristeza existencial, ilusionándote con ‘reflejos de eternidad’: un antiarrugas, un coche de ficción, un viaje al paraíso… y es propio nuestro dejarnos engañar. Esta debilidad humana es el filón que explotan los adictos al dinero, esos mismos que gestionan ahora el meganegocio del covid. 
Es más que probable que su ambición les haya hecho concebir ese plan lucrativo. Conscientes de que un buen negocio empieza con un buen cebo, y que a veces necesitamos un empujoncito para ‘arrojarnos en sus brazos salvadores’ –algo así como cuando nos decidimos a cambiar de coche porque ha tenido una avería- pueden haberse decantado por diseñar un cebo del tipo “¡Dios mío, qué desastre!, ¡no hay por dónde cogerlo!, si digitalizáramos todo se solucionaría el problema…”. Sea como fuere, es muy llamativo que al día siguiente de encerrarnos en casa ya se nos estuviera anunciando el estreno de la nueva era digital.
El problema con esto es que la implantación social del nuevo modelo pasa por la suplantación del actual. Lo digital tiene vocación de mando único, o crece o mengua, y en su ‘órbita’, lo que no se pueda expresar con números es una amenaza. La libertad, por ejemplo. Porque ¿cómo se puede predecir y organizar una sociedad en la que un mismo hecho provoca una respuesta en A y otra distinta en B?
Ese dilema exigiría un debate: ¿Es mejor la dictadura que esta farragosa libertad? Pero puesto que su desarrollo pondría en peligro el suculento negocio digital, se nos ha hurtado hábilmente esa posibilidad, camuflando la verdadera naturaleza del cambio y procediendo a ejecutarlo con engaño.  
La hipertrofia racional de los últimos siglos ha hecho creer a algunos que poseen ‘las matemáticas de Dios”, los principios de orden que crearon y rigen el cosmos. Creen que el instrumento digital podría reorganizar la sociedad suprimiendo sus molestas disfunciones. Pero antes necesitan eliminar ‘esa fábula’ de que somos seres a imagen de Dios, esa religión por la que algunos propagan con el ejemplo que la verdadera vida está después y que se alcanza amando. Esto lo han abordado empleando la persuasión y la violencia; a los ‘prácticos’ se les ‘hace ver cómo va a mejorar su vida’, y a los ‘espirituales’ se les persigue, abiertamente allí donde se puede, y con métodos muy sofisticados en esta parte del planeta (y cuanto más se implante lo digital, más fácil resultará hacerles daño sin que se vea).  
Pero ¿de qué nos va a servir ‘alucinar’ un poco con la ciencia? ¿nos quitará la tristeza de ‘saber’ que todo es caduco? Pues ¡atención! porque para que nada eclipse el resplandor de la nueva era, ya están circulando por las redes prodigios y señales que nos harán pensar que estamos entrando en una nueva vida –¿la verdadera tal vez? - que antes se nos ocultaba con el velo de una religión para ignorantes. Y con el entusiasmo de la masa y la amenaza latente al libre pensamiento, otra vez caeremos en el auto-engaño.
La novedad entrante durará lo que cualquier juguete que se estrena, o sea, muy poco. Enseguida dejará paso a un hastío y una soledad mortales. Desaparecerá la novedad y quedará la Norma; un corsé de hierro para amarrar fuertemente el negocio de unos pocos.
Pero esa afrenta, que es la de Caín, harto repetida en la historia, ha sido reparada de una vez para siempre en Jesucristo. Él, en una oración que le brotó del alma, nos dijo: “Gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y se las has revelado a los sencillos… Venid a mí todos los que estáis agobiados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí que soy manso… y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.”
Y San Pablo, un criminal antes de convertirse, escribió acerca de ‘la novedad’ a los cristianos del mundo pagano, lo siguiente: “El que es de Cristo es una criatura nueva; lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado”. Porque Jesucristo, entregando libremente su vida por amor, había hecho nuevas todas las cosas… y el Padre, aprobando su sacrificio, había devuelto a la creación el don de la incorruptibilidad.



domingo, 28 de junio de 2020

TÚ, SÍGUEME

María vela por nosotros, nos enseña a interpretar los signos y a hacer lo que Él nos diga.

Cuando el soldado atravesó el costado de Jesús con su lanza, lo hizo de derecha a izquierda. Sin que él lo supiera, de ese modo se estaban cumpliendo las Escrituras. Aquel gesto mostraba al mundo que nuestra meta es dar la vida, abrir nuestro corazón de par en par para acoger a todo el que quiera descansar en él.
Pero si el propósito del golpe fuera sólo mostrar un corazón abierto por la mitad hubiese sido más rápido herirlo de frente o por la izquierda. ¿Por qué, entonces, quiso Dios que antes de llegar al centro atravesásemos el resto del cuerpo?
El cuerpo de Cristo somos los fieles, la Iglesia; así que puede que Dios nos quisiera indicar que el acceso a su divinidad pasa por darse a los hermanos: Amando a todos llegaríamos al fin de nuestro viaje; a la gloria de la divinidad. Por otra parte, el que la herida del costado fuera tan profunda, indicaría también que la vida del cristiano, para identificarse con Cristo, es un itinerario.
Y como de la herida salió sangre y agua, se entiende que para poder recorrer ese itinerario se nos provee con esa doble bendición. Aquél que se fiare del poder milagroso de esos 'regalos' avanzaría seguro hasta la meta.
El agua del bautismo nos purifica, nos renueva. El misterio de lo que somos se nos va iluminando en la medida en que caminamos movidos por la fe. “De prueba en prueba” experimentamos que cuando estamos a punto de morir, ‘el agua del torrente’ nos devuelve a la vida … y así vamos recuperando la capacidad de vivir sin miedo y de amar -la imagen de Dios en nosotros que el pecado había empañado. En la travesía de la vida, la eficacia del bautismo nos devuelve a nuestra condición de hijos que confían plenamente en su Padre.
La sangre es el vino que nos alegra el corazón y nos levanta el ánimo; el ungüento que nos alivia las heridas; el alimento que nos da fuerzas para caminar.

Yo fui un gallito, un engreído y un rebelde; tenía miedo; y durante mucho tiempo me vi a mí mismo como un cobarde. Como así no se podía ir muy lejos, llegué pronto a un lugar sin salida. Allí, triste y desorientado, me encontró Uno y me invitó a seguirle; como no tenía nada que perder, eché a andar con Él.

Ayer por la noche vi una peli con mi hija; se titulaba Mcfarland, topónimo que significa “los hijos de la tierra lejana”, algo parecido a ‘los hijos de la tierra prometida’; y el argumento tenía cierta similitud con la historia sagrada.
El Pueblo de Dios, guiado por Moisés, había tenido que hacer un camino largo y difícil hasta llegar a la Tierra Prometida. En ese viaje había aprendido a confiar en Dios, ya que Él había proveído a todas sus necesidades: agua, comida y remedio para las desgracias.
Mcfarland es un pueblo fronterizo de USA en que viven jornaleros mejicanos. Un honrado profesor, ‘Mr. White’, se instala allí con su familia. Viendo la dura vida y el coraje de los chicos, concibe la idea de ponerlos a competir en ‘campo a través’. Choca con la falta de esperanza de algunos, pero la noble actitud de acogida de la mayoría, los fuertes lazos familiares y vecinales, y el esfuerzo y la perseverancia, son bendecidos finalmente con el éxito y el pueblo conoce días de prosperidad.
La película terminó a la una y media de la madrugada del sábado, y mientras subíamos a dormir, mi hija comentó: “¡qué bien!, una peli en familia”.
Sí, qué bien, pensé yo, sorprendido aún de lo que había visto. Gente acogiendo en su gran mesa familiar al forastero. Chicos humildes que desde los diez años trabajan en la tierra para sobrevivir, obedientes a sus padres, y que cuando ganan su primera competición se arrodillan como un solo hombre a rezar un Padrenuestro... Y un estadounidense que ama a su mujer y a sus hijas y se implica personalmente con sus alumnos, y que cambia, por deseo de su esposa, la vida cómoda y segura entre ‘blancos’ por la precariedad entrañable de Mcfarland.
Me acosté ‘alucinando’, pero en el sueño, volví a la realidad. Entonces vi sin sombras lo que la peli ocultaba. Aquel ‘regalo’ no lo era tanto.
Que un canal popular televise, un viernes por la noche, una película que ensalce los valores de la familia, la tradición, y la fe cristiana, es insólito. Pero que lo haga en medio de la desolación que anega nuestra sociedad, es insultante.
Como cuando el ABC, que yo recibía a diario, vino una vez con un rosario de regalo mientras silenciaba día tras día los desmanes legislativos del primer gobierno de Sánchez. Una burla y un escarnio, porque con su complicidad y la del PP, los amigos de Don Din derribaron a Rajoy, dejaron malmeter a Sánchez, y prepararon el terreno para lo que estamos viviendo ahora, la matanza y el saqueo de la ‘tierra de María’.
Los católicos, adormecidos por el ‘bienestar’, se han ido descafeinando en contacto con el mundo, hasta perder el discernimiento que da la luz de la fe. Así se explica que con bagatelas mediáticas se les engatuse como a niños y se neutralice toda su capacidad de reacción frente al brutal ataque que estamos recibiendo. Para cuando quieran darse cuenta, ‘no quedará del templo piedra sobre piedra’.
Ya se planea abiertamente pactar un contubernio –PPSOE- para acabar con toda oposición a los siniestros planes anti-España, anti-vida y anti-Dios.
Profunda repugnancia me ha causado ver al PP durante estos últimos años cacarear como una gallina y ahuecar el ala cada vez que se requería intervenir con decisión. Pero la violencia y la amenaza que soterradamente amordazaban al país, hacía imposible destapar la impostura.
Con qué descaro mienten los medios, cómo camuflan las maniobras para encadenarnos. Hablan con eufemismos –ley del teletrabajo, dicen- sobre dar cobertura legal al totalitarismo, a la abolición de toda libertad que supondrá de hecho la imposición del uso de los medios digitales. Proclaman que peligra la seguridad ciudadana... ¡qué obscenidad en labios de los traidores! ¡cómo babea el enemigo de Dios!
Estamos muy cerca de la apostasía generalizada; el mundo, privado de toda luz, admira signos (de vida extraterrestre, o de milagros) que no son más que trucos; y en medio de la desolación, la abominación está a punto de ser elevada a los altares.
Cuando eso ocurra, entonces, enseguida, vendrán los tiempos terribles de la ira de Dios, en que hasta los fuertes temblarán como niños. Pero los seguidores de Cristo que perseveren en la fe hasta el final, se salvarán.


miércoles, 24 de junio de 2020

¿DIGITAL O DIGNIDAD?

¿Qué ve Vd. en esta imagen?

En cualquier relación humana, la confianza es el punto de partida; y crecer en la confianza hasta el abandono el punto de llegada. Pero si alguien te miente y no lo reconoce, desconfiar es ser prudente.
Sin que nos demos cuenta, la confianza es el aglutinante de nuestra sociedad. Por poner un ejemplo simple: si yo compro una lata de sardinas confío en que dentro habrá sardinas. 
En la actualidad, ese principio de convivencia está muy tocado (compro dentífrico y dentro del tubo la mitad es aire). Hay una quiebra de confianza que amenaza la continuidad de nuestro modelo social. Las causas son muchas pero se resumen en una, el olvido de Dios. 
Dios es el principio de todo, y la condición de nuestra paz; es la única referencia para el consenso social; Dios como motor primero, suma perfección, verdad sin error, bondad sin malicia, belleza virginal. Su olvido conduce al relativismo actual, incapaz de articular un bien común. No hay base para el diálogo, no hay puntos de encuentro; los intereses confrontados son irreconciliables, y sólo se encuentran acuerdos parciales y caducos. En este contexto reina la ley del más fuerte.
Hemos llegado hasta aquí en una accidentada carrera, con muchas etapas dramáticas. Parece como si la historia, al pasar por un gran desarrollo de la inteligencia, quedara deslumbrada y perdiera el norte. Y quisiera olvidarse de su origen y meta: la unión con el creador.
El caso es que estamos chapoteando en una ciénaga, donde resulta penoso desplazarse. Pero hay salida. 
Había una vez dos ranitas, que cayeron en una tina de nata, y viendo que no conseguían moverse de su sitio, una se dejó morir mientras que la otra siguió pateando; de tanto batir, la nata se volvió mantequilla bajo sus patas y pudo apoyarse y saltar afuera. Así nosotros, estamos tentados de abandonar la lucha, sin darnos cuenta de que la historia la lleva Dios y vela por nuestra salud.
La vida es una lucha entre el bien y el mal; entre el amor y el odio; la esperanza y la pena; el miedo y la confianza. Esa lucha se libra dentro de cada uno, pero también socialmente. 
Los fenómenos históricos son concreciones de esa tensión vital, de tal modo que el mismo devenir de la historia constituye una prueba de la existencia de ese Bien Supremo que llamamos Dios. Porque cada vez que un modelo social reductor o contrario de los atributos del Dios bueno y creador ha intentado imponerse, hemos terminado en tragedia.
Eso ha ocurrido en el S. XX de un modo extremo, que ya creíamos insuperable. Pero todo presagia que no es así.
El tremendo dolor de las guerras del siglo pasado impulsó leyes y organizaciones mundiales garantes de la dignidad humana. Pero como con las guerras vino también un gran avance de la ciencia, el efecto humanizador quedó frustrado por el espectacular crecimiento material y el consiguiente empobrecimiento espiritual. 
Hubiera sido necesario pararse a reflexionar en medio de la acelerada carrera hacia el bienestar, pero no se hizo. En vez de eso, la inquietud de nuestro espíritu fue canalizada hacia la búsqueda de razones para ‘olvidar o cambiar’ a Dios. 
Ese panorama ha venido siendo el fondo de la historia de los últimos cincuenta años. En medio de una confusión creciente, la lucha por emanciparse de Dios, arreció. 
Hemos tenido en ese tiempo papas combatiendo el error con heroísmo. Su legado aún está vivo. Pero la virulencia del combate está ahora mismo en su punto álgido.
La ciencia, en pugna con la ética, ha encontrado un filón en la tecnología digital para imponerse. Anclada en modelos matemáticos, la virtualidad digital para organizar la sociedad es deslumbrante, aunque no perfecta. El pero es que las matemáticas aún no son capaces de computar sentimientos, de operar con delicadeza ni de perfeccionarse ahondando en ella, que es justo el punto fuerte de la ética cristiana. Porque Cristo, piedra angular de nuestra civilización, encarna un modelo de rey que dirige a los súbditos haciéndose servidor suyo. Obviamente, la concreción de este ideal cristiano en modelos sociales ha sido muy desigual y muy mejorable, pero válida siempre para indicar el sentido del progreso humano.  
Prescindir de la concepción cristiana del mundo, es decir, adoptar una visión de lo que es el hombre ajena al concepto de persona, al concepto de ‘ser dotado de una dignidad inalienable’ por haber salido de 'las manos de Dios" y con su imagen, es negar lo que somos; es también chocar con la tradición pero, sobre todo, es chocar con la verdad. 
Desgraciadamente, por la ceguera que provoca el orgullo, no están dispuestos los que tienen entre sus manos el juguetito digital a renunciar a sus sueños de grandeza. Y como un mundo habitado por personas es un freno para implementar su diseño, el intento de sustituirlas, sin que se note, por un sucedáneo, configura la historia de este medio siglo. Una vez desprovistas las personas de esa incómoda dignidad natural quedarían a merced del gran controlador, de Don Din-Dig. 
El covid fue planeado para darle la puntilla a una historia de dos mil años que tuvo como protagonista a la persona. Esa era tenía por marco el desarrollo de lo que es propio del cristianismo, esto es, el "Ama a Dios y ama a tu prójimo como a ti mismo". De tal modo que las sociedades cristianas veían el bien del individuo en relación al bien común. 
En cuanto al bien individual, se consideraba como su punto de partida la condición sagrada de la vida -el bien mayor- que dotaba a la persona con un principio de libertad. 
Como ese principio remitía a un creador, se derivaba forzosamente de él otro principio, el de responsabilidad: Yo he sido creado libre junto a otros seres libres; nuestra proximidad exige una respuesta -responsabilidad- de parte de cada uno para favorecer el bien común. 
Al mismo tiempo, nuestra creación como seres inteligentes, libres y responsables, determina un lazo amoroso con el creador, el gran benefactor, de cuya bondad depende nuestra vida y en el que tenemos acceso al pleno sentido de vivir mediante el cultivo de una relación de amistad con Él; lo que equivale a decir que la persona está equipada también con un principio de vida espiritual.
Libertad, responsabilidad, espiritualidad; tres principios culturales que en los últimos tiempos se estaban atrofiando y estaban causando graves disfunciones sociales. En el ejercicio de esas tres dimensiones, la persona existe como tal y contribuye a hacer una sociedad a su medida. Y viceversa, en tanto la persona no ejerza como tal, no está edificando una sociedad que le sea propicia. Y, efectivamente, se vienen dando síntomas de una sociedad cada vez más enferma.
Los intentos de mejorar son legítimos, y es connatural al hombre buscar esa mejora usando su inteligencia. Pero si ese impulso degenera de su origen -unirse al Creador haciendo su voluntad- y silencia la conciencia, en la cual nos habla Dios, el hombre se extravía, se frustra y opta por la violencia. Y eso es justo lo que estamos viviendo ahora. 
En este medio siglo, habiéndose avanzado mucho en el intento de marginar a Dios, pero viendo finalmente que el escollo del catolicismo, como piedra clave del edificio cultural del occidente cristiano, no se podía remover ‘por las buenas’, se ha entrado de lleno en la etapa violenta.  Y el asesinato masivo de ancianos en todo el mundo por medio del covid fue diseñado para arrancar las últimas raíces culturales de la era cristiana.
Hoy la prensa habla a las claras de este fin. Es urgente, dicen, legislar para implantar la era digital. Y se les ve el plumero, pues anticipándose a las objeciones insalvables de la ética, afirman que tiene que ser ‘opcional y reversible’, que tiene que ‘garantizar la seguridad’ y que ‘debe basarse en la confianza’, todo lo cual es justo lo contrario de lo que pretenden conseguir, esto es, el control total y definitivo de la masa.
El contexto de degeneración institucional y de inestabilidad social en que apareció el covid; las férreas restricciones a la reunión de hombres y mujeres libres; la machacona publicidad del peligro que corremos; la confusión que desde el primer momento rodeó esta calamidad; las graves legislaciones a la sombra de la Alarma; la opacidad informativa; la supresión del dinero efectivo; las cortinas de humo; la agitación social; los globos sonda de la implantación del telecontrol; y ahora las prisas por legislar la obligatoriedad social de los medios digitales, hablan por sí solos de la consistencia de un plan en marcha para esclavizarnos, y de los siniestros medios que ya está empleando. 
Ciertamente, la confianza ha edificado la prosperidad de que disfrutamos, pero esa confianza viene siendo minada y traicionada sistemáticamente en los últimos tiempos, y muy significativamente por parte de las autoridades y de las instituciones. Esta realidad es sintomática de una necesidad urgente de recalzar el edificio. Ahora bien, no tiene ningún sentido hacerlo dándole un cheque en blanco a los que repetidamente han quebrado nuestra confianza. Eso sería una temeridad. 
La confianza que nos piden es un insulto a la inteligencia, es tratarnos como a necios, repugna al sentido común; nos piden que nosotros mismos nos pongamos los grilletes.
La confianza es fundamental; y una vez perdida debe reconquistarse desde abajo, desde una sanación de la convivencia ciudadana. Los católicos estamos llamados a ser la sal que cura, que conserva, y que da sabor. Es necesario levantarse como testigos en medio de la plaza, con palabras como espadas, con las armas de la luz. Pero fiarse de los jefes, ni hablar.
“Fíate, la Fundación para la Integración de Alumnos con Trabas Especiales, nació en 2013 para infundir ánimo en la sociedad. Se propone recuperar la confianza y la alegría como pilares de la educación…”, estas palabras son las primeras de este blog. Lo que las autoridades han hecho con esta iniciativa desinteresada es condenarla al ostracismo desde el primer momento, empleando la violencia más sofisticada. Si piden confianza ¿por qué persiguen a quienes entregamos nuestra vida y nuestros bienes para despertarla?
'Covi.dig' es un mal sueño de este mundo lastimado por el pecado; pero al fin y al cabo, mundo feliz porque Dios se hizo presente en él hace dos mil años; "...y si abundó el pecado sobreabundó la gracia". Conviene despertarse del sueño, para que el ladrón no nos sorprenda dormidos en la noche y abra un boquete en nuestra casa. 
Los vendedores de sueños nos ofrecen un 'Covi.dig' que reluce; le han quitado la herrumbre por fuera pero está corroído por dentro. Es posible que en el fondo tenga algo aprovechable, pero para quitarle la suciedad hay que retornar a los principios; nos conviene reconocer al único dueño, ‘el que Es’, con mayúscula. Con eso cambiaríamos el ‘.dig, de digital’ por el ‘.DIG, de dignidad’; los muertos volverían a tener nombre y apellidos; los vivos volveríamos a llorar su ausencia; y, una vez más, el pecado y el dolor se habrían tornado esperanza por la virtualidad de la cruz.