Imagen de FÍATE

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jueves, 10 de septiembre de 2020

"¿Y QUÉ ES LA VERDAD?"

¡Oh hermosura, siempre antigua y siempre nueva!
Esa pregunta es el preámbulo del crimen más atroz que se haya cometido en la Historia, el de Jesús de Nazaret, hombre infinitamente bueno, incapaz de hacer daño a nadie, y muerto como el más abyecto criminal. Fue Pilatos hace dos mil años quien la pronunció, pero aún hoy sigue resonando como un oráculo del pecado, y escudo, en las conciencias de quienes optan por el mal.
Desde aquel primer siglo han sido muchos los que han propuesto sus verdades al mundo: filósofos, políticos, grandes personalidades; pero ninguno de ellos lo hizo como Jesús de Nazaret: con la mansedumbre más absoluta, sin gritar ni vocear, pasando por uno de tantos y, finalmente, muriendo como un proscrito. Mientras que aquellos intentaron imponerla, Jesucristo sólo la propuso.
Y no es casual que esa sea la diferencia fundamental entre los postores de la verdad, porque ese misterio que aspiramos a conocer, como bien supremo, sólo es accesible por medio de la fe. Yo, por haber creído, puedo decir que al creer se nos abren puertas que permanecían cerradas para la pura razón, y que permiten saciar nuestra aspiración de verdad.
El estado actual de la humanidad es la obcecación. Como tantas otras veces, vivimos engañados como la liebre que corre tras la zanahoria que no se puede alcanzar, o como el mono que coge una nuez de la cajita trucada que le ha permitido meter la mano pero no sacar el puño posesivo. Estamos atrapados por nuestra propia sabiduría. Hay expertos y sabios por doquier; modelos matemáticos asombrosos y avances tecnológicos espectaculares; no hay enigma que temamos no poder resolver. Pero el caso es que toda esa fortaleza está mezclada con una gran confusión.
Hemos alcanzado un grado de progreso asombroso, que parece no tener fin, pero sin dejar de ser eso cierto, el día a día se nos va haciendo cada vez más insoportable, y nuestra inquietud vital aumenta.
Aquel hombre humilde que se atrevió a decir que Él era la verdad, y que dio su vida por hacerse más creíble, nos dejó como legado precisamente el libro de instrucciones de la vida; y ya sabemos cuántas fatigas ahorra leerse el manual.
Al abrazar la fe se enciende una luz en tu corazón que ya nunca te abandonará mientras vivas. Cuanto más avanzas, más distingues la verdad del error. ¿Por qué estás tan seguro -me decía uno- de que Soraya es mejor que Casado para el PP? Y es que la fe me había abierto los ojos para distinguir lo bueno y verdadero de lo fingido; había visto que a Rajoy lo ridiculizaba la prensa continuamente, y que cuando cayó nadie lo sintió entre los partidarios de Casado. Es la sabiduría de Salomón que destapa el engaño: "Mujeres, ambas decís que sois la madre de este bebé; pues bien, partámoslo en dos y cada una lleve una parte". Y la reacción de los corazones determinó el veredicto.
Muchas cosas graves han venido pasando en España en los años que precedieron a este caos del covid. Cosas para no olvidar por la gravedad ética que encerraban; un ataque sin precedentes a la vida, a la verdad y a la libertad. Sobre ese pasado reciente no se ejerce memoria histórica sino todo lo contrario: un aluvión de basura informativa se empeña cada día en hacérnoslo olvidar; pero como la madre verdadera del juicio de Salomón, los que de verdad hemos sufrido esos años por ver a España en tanto peligro no podemos evitar pensar que este lío fenomenal del covid es la continuación de aquel no menos peligroso enredo.
La fe nos ilumina acerca de la verdad no sólo de nuestra vida sino de la verdad total. Con el libro de instrucciones en la mano vemos que todos nuestros pasos nos llevan al fin deseado de una vida perfecta. Y que los peligros que se nos anticipan en el manual y los medios para evitarlos que se nos facilitan, son veraces.
Pero el que busca sinceramente la verdad sin abrazar la fe, no pierde el tiempo. Su deseo le permite captar destellos de verdad y no rechaza movido por el prejuicio ninguna opinión. Estas personas obtienen pistas que les permiten no salirse del camino -su búsqueda- y así, tarde o temprano, 'los encontrará la verdad'. Para éstos son pistas el "Nos ladran, Sancho, luego cabalgamos", o el "A río revuelto, ganancia de pescadores", y muchas otras. Y esto nos sirve de estímulo a los que tratamos de mostrar de qué lado está la verdad.
Una vida es tiempo suficiente para enterarse 'de qué va la historia'; enterarse es 'hacerse entero', adquirir entereza; esa fuerza que te permite enfrentarte a todos los acontecimientos de tu vida, por duros que sean. Cuando por la experiencia te haces 'experto', alcanzas a ver más lejos que los que están empezando; y así se entiende que uno pueda resumir lo que está pasando sin recurrir a las explicaciones de los tertulianos de no sé qué emisora de radio, sino a la propia experiencia.
Ésa me dice a mí que estamos en un combate crucial con los que quieren arrebatarnos la rica herencia de dos mil años de vidas y costumbres conformadas a la verdad de Jesucristo. Y me permite ver también las tretas y las celadas que nos tiende el enemigo.
El desarrollo actual es el punto último de esa historia de vidas que comenzó en el pueblo judío y se perfeccionó con el nacimiento de Cristo. La ética judeo-cristiana, fundida con los saberes humanos de estos dos milenios, ha dado a luz a las actuales, y pasadas, sublimes conquistas del espíritu humano. Y todo movido por la fe. Esta fe llevó a plenitud a los más grandes talentos; hizo del arrogante Agustín de Hipona un doctor insigne revestido de humildad; renovó sus dones desgastados hasta hacerle exclamar aquello de: "¡Tarde te amé,  oh hermosura, tan antigua y tan nueva!". Porque lo propio de esa verdad que vive para siempre es su novedad, y de ahí que se la llame 'la buena nueva'. La novedad la aporta el hecho de que Dios se ha hecho un hombre y vive para siempre entre nosotros, para conducirnos a la vida divina. Y cuando nuestro corazón la encuenta revive y fructifica sin cesar. Y esto es lo que está en juego y lo que nos quieren arrebatar los que prefieren las sombras a la luz porque sus obras son malas, porque, como Caín, tienen envidia.
Me pasmó ver cómo mis tres sobrinos veinteañeros quedaron destrozados por el 8-2 del Barcelona. Sucedió eso en un momento duro para España; cuando estábamos todos fatigados y perplejos por lo del covid. Entonces concebí la idea de que ese 'drama' podía formar parte también de esa guerra que nos hacen los partidarios del maligno.
Al fin y al cabo, ¿que queda en las instituciones libre de corrupción? Es perfectamente posible que algo así formara parte de un plan para devastar psicológicamente a nuestro pueblo y eliminar toda su resistencia a perder sus raíces. Pero cuando les planteé la posibilidad de que el partido pudiera haber sido amañado me contestaron que nada de eso, que simplemente 'el Barça era un proyecto agotado'.
Eso les habían dicho los gurús del fútbol, seguramente. Y a mí me recordó a la cantinela que venimos oyendo desde que se empezó a hablar del covid: el sistema está agotado; ya nada volverá a ser como antes. ¡Qué desatino! ¿Se puede agotar el proyecto de la Resurrección de Cristo? ¿O es más bien el acontecimiento definitivo,  que no pasa, y que cambió para siempre el curso de la Historia? Algo muy distinto es que nuestro sistema necesite reforzar sus cimientos, volver a sus raíces, porque volviendo a circular la savia por el viejo tronco, retoñará.
Pero no, ahora se vuelcan en convencernos de que lo digital es la panacea. Por mi experiencia y la de otros, y por sentido común, sé que digitalizar la sociedad es entregarla en manos de los que ponen su confianza en el dinero, en los enemigos de Jesucristo. Sólo con la televisión ya adquieren los niños una mentalidad totalmente contraria al evangelio, y no digamos si los exponemos sin cortapisas a Internet, entonces los perdemos irremediablemente.
Algunas personas que frecuentan la iglesia no ven esta realidad, y se hacen cómplices de ese plan traidor que lleva a la destrucción del hombre.
En conciencia, sin ánimo de polemizar, no veo bien que se anime a los niños a participar en la enseñanza on-line. No es el mal menor, sino meterlos en la boca del lobo. Hace falta una regeneración moral muy grande antes de que lo digital pueda ser un bien social. Muchos de nosotros podemos transmitir con nuestra vida mucho más bien a los niños que el que pueden obtener en la red.
Y el rádar-covid o las vacunas, lo mismo. Algunos despistan sobre el peligro de éstas diciendo que pueden tener componentes éticamente reprobables, pero eso es bendecirlas. Porque es un problema salvable y enmascara que el verdadero peligro de las vacunas es que son un medio de control que se usará para doblegar las voluntades y llevar de nuevo al mundo a la barbarie.













































































miércoles, 26 de agosto de 2020

LOS HUEVOS DE ORO

Contigua al hospital, la vieja nave que antaño  dio vida al pueblo, hoy puede resucitar. 
Hay vivencias de la infancia grabadas como destellos en nuestra memoria. Tendría yo siete u ocho años y hacía buen tiempo; podría ser avanzada la primavera. Por aquel entonces, en una Asturias pujante, mi pueblo era un lugar ideal para un niño, pues aunaba la tranquilidad con acontecimientos estimulantes para la imaginación. 
Próximo a un área industrial, en un momento de bonanza económica, iban creciendo algunas pequeñas empresas familiares en la localidad. Una de aquellas familias había construido una nave industrial y en ella, creo que con ocasión del nacimiento de un hijo, invitó al pueblo -que entonces tenía dos mil habitantes- a una merienda. Por esa época del año, se suelen hacer en mi tierra este tipo de encuentros gastronómicos con motivo de probar la sidra elaborada con la última cosecha de manzanas. En bable se les da el nombre de 'espichas', en referencia a la apertura de los toneles quitándoles la espita que los cierra.
En el comedor del lagar o en un lugar espacioso, se disponen mesas corridas sobre las que se distribuyen los alimentos, y la gente está de pie 'pinchando' de aquí y de allí y hablando con unos y con otros, mientras los que sirven van ofreciendo 'culinos de sidra' sin parar. Las viandas en aquellos 'buenos tiempos' eran de calidad y aunque no puedo valorar la riqueza culinaria de aquella espicha en concreto deduzco por la impresión general que me dejó, que las mesas estaban bien servidas. Podrían tener una buena parte de lo siguiente: Empanadas, tortillas, calamares fritos, chorizos a la sidra, embutidos de calidad, quesos variados, fritos -de pixín (rape), bacalao y merluza-, pulpo a la gallega, berberechos, aceitunas, mejillones, pimientos rellenos, gambas, langostinos, bollos preñaos, escalopines al cabrales, picadilloalbóndigas, patatas fritas, ensaladilla rusa y huevos duros con pimentón y sal; y rematando la faena, los exquisitos dulces caseros típicos: casadielles, bizcochones, tartas, arroz con leche, etc.
Los huevos cocidos yo ya los conocía, obviamente, pero salpimentarlos fue un descubrimiento para mí. Y con aquella impresión de enjundia picantona, el ir de acá para allá con entera libertad, entre una multitud alegre y amigable, no podía no dejarme una huella imborrable en la memoria. 
Una huella de vida abundante, una constancia de la presencia del amor y la amistad en el ambiente; algo que llevo dentro, como un cimiento firme, que me da seguridad respecto al sentido de la vida. Porque después de haber sufrido y haber encontrado en la fe de mis mayores las respuestas a todas mis inquietudes, obtengo de experiencias como esta que narro la confirmación de que el amor existe y de que el amor lo es todo. Y de ahí que no repare en medios para dedicarle a ese Amor mi vida entera.
Con esto del confinamiento llevo casi seis meses en mi pueblo, y estoy teniendo ocasión de ver cuál ha sido su evolución. Las casas y calles han mejorado, pero no están muy diferentes, sin embargo la población sí que ha cambiado mucho y ha disminuido.
De mis convecinos de los sesenta y setenta quedan sólo unos pocos, cuyos hijos, mayormente, viven fuera, si bien son caso aparte las varias familias de portugueses, formadas por los hijos y nietos de antiguos vecinos del pueblo, llegados por la demanda de mano de obra con la expansión industrial de la zona. Hay otro grupo de descendientes que después de haber hecho dinero afuera han vuelto y ahora tienen aquí una vida retirada y más o menos tranquila. Por otra parte, la venta barata de inmuebles está facilitando la reciente instalación de algunos vecinos que mayormente tienen ya su vida hecha y no vienen buscando propiamente una comunidad donde arraigarse. También por los aledaños de las peñas quedan algunos jóvenes, inclinados a la vida natural y montaraz. Y hay que añadir algunas personas de escasos recursos que se alojan durante un tiempo en infraviviendas y un buen día desaparecen. En general, el ambiente es pobre, predominando los ancianos -aunque algunos con muy buena salud-, y las actividades económicas y culturales son residuales y algunas sumergidas.
En este panorama, algunos de los vecinos más significados del pueblo habían depositado grandes esperanzas en un resurgimiento local de la mano del nuevo hospital. De éste ya he contado su accidentada historia, y ahora, a seis meses de haber anunciado su inauguración, sigue languideciendo misteriosamente. Es uno de los llamados Centros de Referencia Estatal (CRE), pensados para apoyar a las familias de aquellos que sufren patologías que los incapacitan repentinamente. Tiene 25 camas para residentes y 75 de hospital de día. En torno a centros de este tipo suelen desarrollarse infraestructuras residenciales que faciliten a los enfermos y a sus familias la transición a su 'nueva normalidad'. Lo ideal es disponer de espacios cercanos amplios y de calidad, que suavicen la aspereza del cambio que tienen que afrontar. Tal vez porque esas infraestructuras no existen aún en Barros, es por lo que el hospital está parado.
Pero no se entiende por qué se da esa situación. Contigua al hospital hay una parcela de unos setenta mil metros cuadrados ideal para esa urbanización. El Ayuntamiento de Langreo tiene en ella una participación del diez por ciento y buena disposición para realizar la obra. Los enfermos saldrían por una puerta del hospital y accederían sin barreras arquitectónicas -el terreno es llano- a sus casas, con amplios accesos y espacios verdes. Todo apunta a que se trata de un negocio inmejorable, por lo que no se entiende la demora... 
Tengo entendido que parte del problema viene precisamente de aquel varón por cuyo nacimiento sus padres invitaron al pueblo a una espicha por todo lo alto. A los de su edad -un poco mayor que Sánchez, que tiene 48- han empezado a faltarles esas experiencias que sólo se dan en las comunidades que se vinculan por lazos de amistad, de amor y de buena vecindad. A los de cincuenta para abajo les faltan los huevos duros... con sal y pimentón, a ser posible picante.

Postdata:
Tarde o temprano la vida se abre paso y ayer vi vehículos de trabajo removiendo material en la parcela de la nave...
Unos padres felices por el nacimiento de un hijo sembraron amor en este pueblo hace cincuenta años. ¿Quién mejor que otros padres, angustiados por la súbita desgracia de sus hijos, para recoger los frutos de aquella siembra? Y el pueblo compartiría ese bien; se haría justicia.

domingo, 16 de agosto de 2020

COVID Y GOLIAT

No hay enemigo pequeño, ni gigante invencible. Dios todo lo puede.

Ver al jeque de Baréin escoltado por su imponente robot, me recordó el pasaje bíblico de David y Goliat.
Los que tememos a Dios nos enfrentamos también a menudo, con medios ridículos como David, a enemigos mucho más poderosos que nosotros. “¿Vienes a mí con piedras, como contra un perro?”, bramó el gigante Goliat. Y David le contestó: “Tú, arrogante, confías en tus fuerzas humanas mientras que yo vengo a ti en el nombre del Señor”. Y lanzando una piedra con su honda y la fuerza de Dios, sucedió el milagro: alcanzó al titán en la frente, derribándole; y con la propia espada del malvado, que era toda su seguridad, le remató cortándole la cabeza.
En ese pasaje, el ejército filisteo es figura de los hombres que no temen a Dios; convencido de que su gigante no encontraría rival entre las filas israelitas, su jefe había propuesto evitar el choque haciendo que un guerrero de cada bando luchara en duelo para dirimir la batalla. Esa misma estrategia, aunque con otras formas, sigue vigente hoy en día. Los impíos confían en el poder del dinero, en el alcance de sus mentiras y en el miedo que provoca su violencia. El enemigo nos tienta a comparar nuestras fuerzas con las suyas, con lo que espera asustarnos y que renunciemos a pelear. Es astuto y gana batallas, antes de librarlas, a los incautos que se creen poderosos. No puede, en cambio, con los humildes y sencillos, con aquellos que se saben débiles pero muy amados por Dios. Y esto es clave: si rezamos y nos mantenemos firmes en la fe y unidos a la Iglesia, somos invencibles.
Permitió Dios que España corriera en el S XX una suerte distinta al resto de Europa, de modo que se preservara aquí durante cuatro décadas un modo de vida más acorde con el Evangelio. Vino después el desmadre que nos hicieron llamar modernidad, durante otros cuarenta años. Y a pesar de que en este tiempo se emplearon a fondo los impíos para arrancar las raíces cristianas de nuestro país, no lo consiguieron del todo, y siguen verdeando brotes en ese tronco secular, tan azotado por los vientos.
Resulta esto tan intolerable para los que no soportan la presencia de Jesucristo en la historia, que todos los sucesos recientes traslucen la intención cainita de quitar del medio a quienes hagan visible a Cristo entre nosotros.
La opresión mediante el hambre y la siembra de patógenos se está cebando ahora con España, después de años de habernos minado la moral, dividirnos y arruinarnos a través de la degenerada política europea.
El que haya seguido los acontecimientos sociopolíticos del último decenio, habrá observado con inquietud la creciente confusión que lo envuelve todo; y ya sabemos que eso indica la presencia de gente sin escrúpulos que busca el provecho propio. De España buscan expropiárnosla, pues a pesar de lo que se diga de ella, hay aquí más democracia verdadera que en las llamadas democracias avanzadas. Porque la condición para que un régimen sea participado por la ciudadanía es que se respeten los principios de orden que se fundamentan en la verdad original, en la llamada ley natural; y el ejemplo más claro de esto es el carácter sagrado de la vida, que vertebra todos los demás derechos. Es del dominio público que, en Francia, o en los Países Bajos, por ejemplo, la vida tiene desde hace tiempo menos valor que en España, y que te la pueden quitar más fácilmente. 
Y de los limos de la confusión han venido los lodos en que ahora estamos trabados. Este impresionante barrizal que lo envuelve todo empezó siendo una inmundicia más de las que a diario nos echaban encima los medios. La escandalosa mendacidad de éstos ya nos venía avisando de que la barbarie estaba a la puerta. Y el fenómeno covid, básicamente, es la irrupción violenta en la historia de un nuevo poder totalitario, el de las TIC. La llamada pandemia es cosa suya, un invento creado y gestionado por ellos, el estreno de un arma letal sin precedentes, con el que sus dueños sueñan con conquistar el mundo.
Si los medios dicen que en EEUU hay cinco millones de contagiados nadie lo puede negar. Y si al día siguiente nos dicen que está todo bajo control lo tenemos que aceptar de la misma manera. Y esto es lo que estamos viviendo, una orfandad de verdad sin precedentes que no hay por dónde cogerla; un culebrón, una serpiente escurridiza donde las haya, ante la cual, o nos hundimos en la depresión o nos ponemos una venda en los ojos para dar por bueno todo lo que nos vayan diciendo y así no sufrir más.
Obviamente, el panorama es desalentador, y sobre todo para España. Porque cada vez se perfila con más claridad que la única salida que nos quieren dejar es la de renunciar a nuestra identidad, a toda aspiración de vida elevada, de verdad, de libertad. Nos han puesto un lazo al cuello y nos amenazan con estrangularnos si no renunciamos a nuestra vida interior, a nuestra conciencia, a nuestra fe.
El que es deshonesto se castiga a sí mismo porque las veinticuatro horas del día le dice su voz interior que es un sinvergüenza. La sociedad actual intenta ocultar este hecho, obviando que es el factor más importante para el bienestar personal. Pero la voz de la conciencia es algo que no podemos evitar, y aunque estemos ‘distraídos’ la mayor parte del día con el móvil, la tele, la radio, el fútbol, o lo que sea, la conciencia no para. Y a la vuelta de los años comprobamos que la historia de lo que se coció en nuestra conciencia ha quedado escrita en nuestro rostro.
Por poner un ejemplo, un día se suicida alguien y la gente se asombra porque parecía una persona normal; entonces se suele decir que es que estaba enfermo. Y con eso se zanja el asunto para la mayoría; aunque no para los deudos que formaron parte de la historia del difunto, los cuales se ven de pronto obligados a renegociar con sus conciencias los temas que tuvieron en común con él.  
Ahora mismo, mientras estaba escribiendo esto a la puerta de mi casa, disfrutando de la tarde serena, se paró ante mí un vecino y me dijo que me iba a volver loco por pensar tanto ‘en política’. Yo le dije que cada uno tenemos una ‘especialidad’ y que, en mi caso, aunque de profesión soy maestro, he tenido siempre una inclinación hacia lo sociológico. Y le dije también que en muchas ocasiones escribo por responsabilidad moral.
En realidad, ese vecino me estaba aconsejando eso de “si quieres ser feliz como me dices, muchacho, no analices”, lo cual es la respuesta habitual a los problemas de la vida que, de puro grandes, nos desbordan. Y por eso en todos los tiempos hay muchos agentes sociales animando a vivir desenfadadamente.
Leer novelas de caballerías, ‘que dejaron seco el cerebro del Quijote’, es un ejemplo de un modo de vivir dejándose arrastrar por esa corriente tan vieja como el hombre que anima a disfrutar de lo presente sin pensar en el mañana. Novelas de amoríos, de pendencias, de superhombres… han sido siempre del agrado de las gentes, ávidas de emociones, proezas y grandes ideales. Cambian las formas con el tiempo, pero no el fondo, que es hacer vibrar a las personas haciéndoles concebir vanas ilusiones sobre su propia vida.
Siempre han sido bien vistos los promotores de esta filosofía mundana y siempre han encontrado resistencia quienes por el contrario buscaban elevar el espíritu del pueblo.
‘Ayer fuimos la semilla y hoy somos esta vida’, dice una canción. Y otra dice “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Y sí, cada uno somos una estela en el mar, y podemos meter la pata o acertar, pero en cualquier caso hemos nacido para intervenir en el gran concierto de la creación.
Una pregunta marcó mi primer paso hacia la vida adulta. Yo tenía 15 años y vinieron unos universitarios cristianos a dar una charla al instituto; no sé qué dijeron, pero motivaron que yo les preguntara: “¿Se puede ser cristiano y comunista? Al día siguiente conocí a unas chicas de su movimiento y el fin de semana ya entré en el local donde se reunían.
Ahora sé que estaban bastante despistados aquellos mozos ‘tan preparados’, y su vida rápidamente se distanció del evangelio y se acercó a un liderazgo comunista al uso. En todo caso, su anuncio fue importante para mí, porque hasta entonces estaba yo moviéndome con una pandilla sin pizca de ideales, mundana del todo: guatequillos, discotecas, vinoteo y ligoteo.
A partir de aquel encuentro empecé a preocuparme por los temas sociales, por la política y la ética. Pero comoquiera que tuve algunas experiencias tempranas reveladoras de ‘la bajeza que mueve los más altos ideales’, me dejé ganar por la búsqueda de experiencias placenteras antes que por la búsqueda de la justicia social.
Eran tiempos en los que se ofertaban cargos de responsabilidad para llenar las nuevas instancias de poder venidas con la democracia. Muchos conocidos míos llegaron a puestos altos, del brazo de camaradas revestidos de paladines de la cruzada de modernización de España. Años después me los encontraría cargando con un desencanto vital que daba lástima verles.
Esa lastimosa trayectoria se repite incesantemente a lo largo de la historia. Los jóvenes buscan un ideal, y después de un tiempo creen haberlo encontrado en alguna de las múltiples ofertas que les salen al paso. Después de dedicarle a ese proyecto lo mejor de sus energías se encuentran vacíos, y vuelven a empezar la búsqueda, en una dolorosa espiral en la que si no se topan con Dios pueden perder su vida e incluso su alma.
Hoy nos ofrecen los gurús modernos un panorama sugerente en el que vale la pena arriesgar; un proyecto deslumbrador para el futuro, en el que los más atrevidos sueños de ficción pueden hacerse realidad. Muchos jóvenes se dejarán convencer por esta flamante quimera, y la historia se volverá a repetir, si Dios no lo remedia.
En el pasado, muchas de estas aventuras pasaron por matanzas terribles, a remolque de las ambiciones desmedidas de monarcas e iluminados de muy distinto pelaje; y en el momento presente, todo hace pensar que estamos ante el lanzamiento mundial del sueño de alguno de estos individuos endiosados que, por llenar su pobre corazón engreído, son capaces de embarcarnos a todos en una pesadilla cruenta como no ha habido otra ni la habrá jamás.
Ante este escenario, queda como única solución que cada cual tome su canto y su honda… y se enfrente al gigante con la fuerza de Dios.


sábado, 8 de agosto de 2020

VIRAJE ANTI-VIRAL


¡Virando a babor... rumbo a la Esperanza!

En este día en que celebramos que Jesús se mostró a tres pescadores como hombre-Dios, haciendo brillar su rostro y sus vestidos como ningún hombre puede hacerlo, leo un texto-editorial de El País y no puedo menos de sentir que está en las antípodas de mi fe. Es lo más retorcido y oscuro que se puede imaginar; no tiene nada de claridad, hace falta leerlo varias veces para ‘entenderlo’. Su opacidad viene de que intenta hacer verdad una mentira; rezuma interés bastardo, ideología, artificio, engaño, en definitiva… error.
Del primer párrafo, por poner un ejemplo, se saca ‘en limpio’ lo siguiente:
-Al poner en la balanza la actitud de algunos de no ponerse la mascarilla, da como resultado que pesa más que la sumisión al machaque mediático del 99 % restante de la población. 
-Siguiendo con el intento de justificar la candena covidig, etiqueta El País de ‘influencia autoritaria y suicida’ la que cuestiona lo oscuro del fenómeno covid; y la estigmatiza usando al ‘comodín-dictador' Trump (que para eso está y para que le echen y ‘pongan al bueno’ en las próximas elecciones…)
Está claro que este embolao de celadores y sepultureros está siendo un “jaque al rey” para España en toda regla, pero no por parte de 'las izquierdas', y ni siquiera del contubernio PPSOE. Y conviene recordar que nos ha llegado al poco de 'doblar el hito' de la exhumación de Franco, en que abiertamente se empezó a tratar a los españoles como necios. 
Y si El País llama suicidas a los que osan denunciar la corrupción de los medios, acto seguido es La Razón la que se atreve a descalificarlos llamándoles ‘irresponsables inmaduros’. ¡Qué cara tienen! ¡como si no se les estuviera viendo el plumero! Los españoles ya están hartos de que los traten como niños y han empezado a decir ¡Basta! ¡Se os acabó el chollo!
Entre tanto periodismo infumable, ‘vino a mí’ un informe sobre el covid que es lo más científico que he oído en estos cinco meses de dolor. Afirma que los efectos del SARS COV se asemejan mucho al azote de una gripe como ya ha habido otras, y de la amplia documentación que aporta emerge, incisiva, una pregunta inquietante: ¿por qué los medios y los políticos se han puesto de acuerdo para tratar esta contingencia como si fuera una amenaza mundial sin precedentes? Reportaje Covid 19
En la ya larga historia de despropósitos de la contumaz estafa de la prensa, en cosa de unos pocos días pasamos de oír hablar de un virus peligroso a recibir la orden de no salir de casa. ¿Qué nueva jugada es ésta? Era la pregunta lógica que muchos nos hicimos entonces. 
Los medios se pusieron a vomitar ¡PELIGRO, PELIGRO!, e inmediatamente izaron una bandera de emergencia: ¡TODOS A LA MASCARILLA!
Mascarilla es ya, para un lapso de cinco meses, la palabra más repetida de la historia de España. Designa un objeto que protege nuestro organismo tapándonos la boca, lo cual es una providencial metáfora de lo que en realidad esconde el fenómeno popularmente conocido como “la Covid”, esto es, un gran invento para someter a la población robándole la capacidad de pensar por sí misma, haciéndola creer que es adulta y responsable, y llevándola, mediante sutiles amenazas, a encadenarse por decisión propia a los cepos digitales, cuya llave guarda celosamente un cancerbero virtual, una endiosada inteligencia depravada que una vez que te caza no te deja escapar.
Recién metidos en esa espiral de incomunicación ciudadana, lo primero que me llamó la atención fue que ya se hablara de pandemia cuando el 88% de los casos se concentraban en tres barrios o zonas del planeta. Y en segundo lugar, que dos de ellos fueran en España e Italia.
Rondándome ese interrogante, no pude evitar pensar que el foco de Bérgamo tuviera algo que ver con el destemplado cierre del Vaticano... y mis alarmas pasaron de intermitentes a intensas cuando el Arzobispo de Toledo emuló a su homónimo y suspendió todo culto en la Diócesis Primada de España, aun cuando la ley española no le obligara a hacerlo. (Porque acostumbrado a seguirle la pista al ‘desastre nacional’, mi visión de lo que estaba ocurriendo no podía desprenderse de repente de ‘la clave’ de interpretación que me estaba permitiendo dar sentido al aparentemente errático marco político español.) 
Desde el 2013, en que pasamos de pronto de tener una economía saneada a estar a dos velas, se habían sucedido los sobresaltos en nuestro país: El desembarco tóxico de Podemos y C’s copando las portadas; la desgracia cayendo sobre Rajoy día sí, día también; la imposibilidad de formar un gobierno estable y el calamitoso año de vacío de poder, todo ello con el hostigamiento constante desde dentro –Cataluña- y desde afuera –Bruselas; y salpimentando esta olla, la política de enfrentamiento de sexos y la financiación del vicio y la picaresca; años de desconcierto en los que se fue extendiendo el desánimo entre la gente corriente, y en los que empezó a verse venir el colapso de la sociedad. 
En toda esta década funesta me tocó vivir a mí una etapa no menos difícil en mi vida privada; pero, curiosamente, por ser fiel a mi fe en esas dificultades obtuve la gracia de entender el porqué de tanta calamidad nacional, a saber: que estaba implementándose en secreto la vieja aspiración de algunos a un mundo sin Dios… y por tanto sin España, que sin Dios nunca hubiera existido ni existirá.
Aislados y pendientes del 'gran hermano', desgastados por el largo encierro y machacado el cerebro por un aluvión de datos y órdenes contradictorios, la respuesta emotiva desplazó a la actitud crítica. Pero prevenido de que esto habría de ocurrir, yo seguí observando desde 'mi agujerito' el devenir de los acontecimientos.
Las primeras semanas murieron muchas personas de ochenta para arriba, a las que llamaban ‘de riesgo’; pero poco a poco fueron goteando casos de fallecidos de menos edad, que se alzaban a las portadas como banderas plantadas en nuestro territorio por el peligroso enemigo. 
Investigando esas primeras muertes de guardias civiles, militares, curas… no encontré rastro alguno de sus historias clínicas ni de sus circunstancias vitales al morir… y a quien se interesara por esos detalles y le sorprendiera no encontrarlos en los medios, no le daba tiempo a albergar una duda, porque continuamente se nos arrojaban nuevas impresiones mediáticas.
En esos largos meses resultaba desmoralizador la falta de rigor científico, la contradicción constante, la desorientación generalizada, la arbitrariedad y la desfachatez de las medidas institucionales, pero al mismo tiempo anegaba los medios una ola de entusiasmo por las actuaciones heroicas de muchos, por la promesa de la restauración de la especie… Y así, con el desconcierto por un lado y la exaltación espiritual por otro, la mayoría fue inclinándose a superar el conflicto obviando los tropiezos racionales y asumiendo por vía emocional la versión oficial de los hechos.
En el enlace que he compartido se desmonta con datos objetivos esa versión mediática de una pretendida ‘pandemia antes nunca vista'. Sin embargo, el elaborado análisis que presenta viene a suponer ‘desvestir a un santo para vestir a otro’.
Cada palo que el informe quita al sombrajo mediático de la catástrofe apocalíptica se lo coloca a otro igual de engañoso e igual de dañino: que lo que estamos viviendo es un acontecimiento natural. El reportaje pregunta insistentemente por qué los medios sobredimensionan la epidemia, por qué no dejan de hablar de ella y de asustarnos con sus efectos, por qué nos encerraron o nos hacen usar mascarilla si no es necesario, etc., pero justamente al hacer esa crítica tan incisiva están ‘salvando la mayor’, esto es, que de lo que no hay ninguna duda es de que todo este desastre es de origen natural.
En la situación de monopolio informativo actual es casi imposible que llegue abiertamente al público una versión distinta a la oficial; y si eso llegara a suceder es muy probable que haya gato encerrado. En el grave caso que nos ocupa, la explicación más plausible es que la difusión de esa noticia sea para dar la impresión de prensa libre; el truco consiste en permitir aflorar opiniones y una vez publicadas borrarlas de la parrilla informativa, como 'de suyo' sucedería con cualquier noticia que se revelase infundada. En todo caso, aun con ese truco, hay que decir que ninguna noticia llegaría a las pantallas si su contenido fuera tan inflamable que pudiera causar una hoguera imposible de controlar. Y de ahí que nuestro 'riguroso informe científico' deje fuera de toda duda que la aparición del virus es de "naturaleza azarosa". 
Pero si ciertamente fuera así, ¿qué sentido tendría que ya en los primeros días del confinamiento -e incluso antes- se estuviera hablando de 'un nuevo orden', de una reconfiguración total del mundo? 
Por poner un ejemplo de lo chocante de esa temática, el primer día del Estado de Alarma apareció en El Español un texto que contenía las siguientes palabras: 
“… De súbito, empezamos a ser conscientes de la gran fragilidad de la naturaleza humana, de que somos débiles y vulnerables.
Probablemente, dentro de unas semanas [¡pero si la Alarma era para quince días!] nada será como hasta ahora. De hecho, ya no lo es. Cambiarán los hábitos y apenas quedarán certezas, si es que finalmente queda alguna. Nos cambiará hasta el sentido del tiempo y su valor, encerrados en las casas por una urgencia que fluctúa entre la solidaridad hacia los otros y el miedo a lo desconocido, en una conjugación muy compleja de lo individual y lo colectivo.
Han cambiado el paisaje y las ciudades...” 
Esos textos 'sociológicos' se anticipaban a lo que iba a suceder en los meses siguientes; ofrecían categorías para entender el significado de unos hechos que aun no habían sucedido. A toro pasado, viendo que el cambio radical que anunciaban no está teniendo lugar, y que en vez de 'esas nueces' lo que hay es 'más del mismo' sórdido machaque mediático y más confusión, tenemos base suficiente para pensar que el Covid fue cuidadosamente planificado.
Los textos filosóficos que han proliferado en torno al virus insistían en la agonía de la civilización que se construyó 'en nombre de Dios', y eran en realidad fuego de cobertura para el asalto definitivo a sus ya maltrechas murallas milenarias. El brutal ataque está contando con el asentimiento de una parte de la propia Iglesia, que, por mímesis con el mundo, ha perdido su luz; pero, sobre todo, se ha ido forjando sobre la prepotencia del dinero. Comprando voluntades y adueñándose de los medios, los que no temen a Dios han usado unas y otros para catapultar la molicie y el vicio como proyectiles con los que destruir nuestros muros seculares y socavar las bases de nuestra convivencia en las últimas décadas.
Y así ha llegado el fruto a su sazón y nos vemos ahora en medio de una batalla contra un enemigo invisible que no es, como se nos quiere hacer creer, ningún ser microscópico creado por Dios, sino un efecto del mal, traído al mundo por la desidia y soberbia de los hombres. 
Del reconocimiento individual de nuestra necesidad de conversión, de la urgencia de un viraje profundo que ponga nuestra vida rumbo a Dios, dependerá que de esta acometida del mal salgamos fortalecidos o, por el contrario, vasallos de un nuevo orden feudal, que ejercerá el poder sobre el mundo desde bastiones digitales repartidos por toda la geografía del planeta. 





jueves, 30 de julio de 2020

DE VUELTA AL MITO


El sueño de la razón produce monstruos


EEUU, ese país idolatrado por muchos, tierra de promisión, guardián de la libertad y promotor de sueños, es hoy, a la vuelta de los años, un país violento en el que el 40% de la riqueza está en manos del 1% de la población. 
Gente trabajadora en un país rico, para quienes hacer dinero es un mandato divino, prosperaron mucho en poco tiempo. Pero de Dios no atendieron con igual solicitud todos sus consejos y así afloraron sus lagunas de humanidad, y se extendieron… Abordaron con arrogancia muchos desafíos; se debilitó su poder; y extendieron la mano a la opresión del prójimo… 
Como un castillo de naipes se caen los sueños labrados a golpe de genio exclusivamente humano. Y así el gran imperio moderno en el que el mundo se miraba, ha terminado por convertirse en una mascarada violenta.
En este confuso momento histórico, en el que está tan mezclado el bien y el mal y cuesta tanto distinguirlos, suele aparecer más claramente en los medios lo que los poderosos quieren que oigamos. Porque su tranquilidad depende de que nosotros permanezcamos en el engaño; el engaño de creer que vivimos en sociedades democráticas y desarrolladas, lo cual es una píldora cada día más intragable. 
Entre cifras de muertos, oímos desde que empezó la alarma que nuestro sistema está agotado, que la crisis va a servir para empezar algo nuevo. Lo llaman nueva normalidad. Se trata de instituir un poder central absoluto como nunca ha habido, que abarque todos los rincones del planeta, y bajo cuyo dominio no tendremos que preocuparnos de nada porque proveerá a todas nuestras necesidades, aunque con la condición de que renunciemos a pensar por nosotros mismos. 
Mientras intentan meternos en ese corsé nos entretienen con rivalidades e-mocionales de políticos descabalados y traidores, rancios culebrones catalanoides, bufonadas de mandamases que se ponen a Dios por montera, chutes de simonía en directo, pagando con vidas al totem-covid; y si no, nos engatusan con enternecedoras vainas de comercios justos, nuevas economías locales o mundos de yuppy diversos. 
No es verdad que nuestro sistema esté agotado. San Juan Pablo II le dio la puntilla al último intento de hacer un paraíso en la Tierra. Y a partir de ahí, con el viento en popa, tuvimos una oportunidad de oro para perfeccionar nuestro sistema y con él, el mundo. Pero el Maligno afiló las uñas y aguijoneó a sus ejércitos para frustrarla. 
El sueño de construir una sociedad justa, que a lo largo de la historia moderna derramó tanta sangre, se acrecentó con la complicación del pensamiento filosófico, desprendido del ‘lastre’ de la metafísica y la teología. Y en paralelo al intento de implantar esos mundos perfectos imaginados, creció la cizaña y se debilitó el trigo. La economía del siglo pasado fue, de guerra en guerra, cediendo a la ley del más fuerte y por tanto haciéndose cada vez más injusta y más inestable.  
Superadas las grandes guerras creció mucho el poder de EEUU, pero también su rivalidad con la URSS. Dejando atrás el desastre de Vietnam, el sistema capitalista de los años 80 se fue enturbiando cada vez más, haciéndose la economía más dependiente del trabajo de nuevos esclavos; y los ciudadanos, a la par que perdíamos control sobre la producción de la riqueza, vivíamos bajo la dictadura de los ismos políticamente correctos y del espejismo de una prosperidad material. En el 2000, ya muy alejados los flujos económicos del ciudadano medio, y con la excusa de buscar seguridad, comenzó una reconfiguración mundial preparatoria del régimen digitatorial. Las políticas de los países de Europa y sus actores empezaron a decidirse en la cueva de Alí-Babá, y unas y otros iban dirigidos a empobrecernos, tanto material como espiritualmente. Y así, muy mermados en todo, llegamos a la actual mascarada del covid.
El sistema económico basado en la explotación de ideas por medio de la iniciativa empresarial es lo que más se ajusta a la verdad antropológica del ser humano. El hombre es un ser creado libre, con voluntad, entendimiento y memoria, y capaz de logros ilimitados. Su naturaleza moral le exige responsabilidad, y en ella se puede cimentar un consenso social de potencialidad infinita. Esa armonía que su condición moral posibilita es el anclaje de la diversidad, y el respaldo de la creatividad. 
El colapso económico no tiene la causa en nuestro sistema sino en haber descuidado la faceta moral que preserva la cohesión social. No se puede fundar la vida social en otro cimiento que el puesto por Dios mismo en la creación. Ese cimiento es que somos seres hechos por Amor y en todo momento sustentados por él. Nuestra inteligencia, hecha a imagen del Creador, nos permite conocer que hay un orden y que el progreso pasa por respetarlo. La negación de ese vínculo fundamental da al traste con toda posibilidad de Bien Común. Porque negándolo desaparece la moral objetiva –empezando por el respeto a la vida como don sagrado- y con ella toda posibilidad de aunar voluntades en un mundo de recursos finitos. 
Y esa y no otra es la causa de que la locomotora del progreso esté patinando… las piezas habían empezado hace tiempo a chirriar, últimamente no dejaban de echar chispas… y ahora ya arden llameantes… Porque no existe vida al margen del amor al prójimo; y en ese sentido no deja de tener razón Salvini cuando dice que el saludo con el codo es el fin de la especie humana… Te saludo con el extremo más duro de mi cuerpo… más que ‘te saludo’, te aviso de que tengas cuidado conmigo, pues en vez de tenderte la mano, te doy un toque con 'mis cuernos'…
La economía no es una ciencia exacta, ni lo será por más que algunos se empeñen en ello. La economía, como mucho, tiende a la perfección, pero ha de admitir que su objeto está incompleto, y que debe incorporar en sus análisis el factor cualitativo.
Es ese factor el que más determina la potencia económica de un pueblo. Es la fuerza moral la que soporta las contingencias materiales; la que vigoriza el tejido económico dándole resistencia y elasticidad para adaptarse a los contratiempos; la que aguanta los fracasos sin rendirse y es garantía de continuidad, activo seguro y reserva de riqueza. 
Negar esto equivale a negar lo que somos, conduce a que los intentos de regular la vida en común caigan en la tentación de cambiar nuestra naturaleza para poder someterla a los predictores científicos -lo que por fin “daría estabilidad al mundo”. 
Y en eso precisamente ha caído la digitalogía, el enésimo intento de librarse del ’yugo suave de Dios' mancillando su creación, abusando de ella, corrompiendo el precioso regalo de la vida por el extravío egoísta de algunos. Ese engendro, esa espiral violenta, es una aplicación de la tecnología ilegítima, por cuanto no busca coadyuvar al buen orden natural, sino crear uno distinto. Trata de suprimir la incertidumbre proveniente de la libertad humana a base de reducir a la persona a la condición de ser irracional. Pero como no ve viable imponerlo por la fuerza, su intrínseca perversidad busca hacerlo mediante el engaño, contando con la colaboración de la propia persona. Usan para ello un diabólico invento, la confrontación de sexos, que han hecho pan cotidiano a base de untar a legiones de políticos y desaprensivos de todo tipo. Machacando la virtud han ido acostumbrando a las gentes a dar rienda suelta a sus instintos; y así van muchos limitando el uso de sus funciones superiores, y desechándolas al considerar que obtienen mayor beneficio de ejercitar sus 'funciones inferiores'...
El proyecto es tan 'fascinante' como 'fascionante' y fácilmente abocará a una nueva era de horror si, como es de esperar, la humanidad se resiste a entrar en una cuarentena indefinida, en un confinamiento sine die de sus cuerpos y sus almas... Yo, desde luego, prefiero con mucho arder en un horno crematorio antes que ver a mi hija deambular por las autopistas digitales que conducen a las calderas del fuego eterno…

lunes, 27 de julio de 2020

RÉGIMEN DIGITATORIAL

Dichoso el que se bautiza poniendo en la Cruz su esperanza.

Lo cierto es que hemos llegado a un estadio de la civilización donde, a efectos prácticos, Dios es casi un residuo cultural. El covid ha acelerado ese proceso mediante la introducción masiva de las modernas tecnologías de comunicación, que llevan en su carnet de identidad su filiación exclusivamente humana. Pero esa ruta ya hacía décadas que estaba siendo transitada. La OMS nos había advertido –aunque no lo suficiente- acerca de un malestar vital en el mundo desarrollado con proporciones de pandemia… La de ahora se cruzó en el camino para hacernos olvidar aquella,
pero en realidad se trata del mismo fenómeno; ambas provienen de la pérdida de sentido que acompaña a la marginación de Dios.
Un estudio del Nóbel de Economía Angus Deaton, hecho público en 2015, revela un dato demográfico alarmante que tiene que ver con lo que estamos diciendo: Entre 1998 y 2013, murieron medio millón de estadounidenses de raza blanca no hispanos de entre 45 y 54 años, por causas relacionadas con un aumento de la angustia vital en esa franja de edad (https://www.pnas.org/content/early/2015/10/29/1518393112.abstract).
Los grandes potentados –Microsoft, Facebook, Exxon Mobil, etc.- acaban de invertir en Europa sumas astronómicas para ampliar sus mercados de tecnología digital. La implantación de su negocio cuenta con una infraestructura de leyes y cultural que ha reducido al mínimo las restricciones de la ética. A base de dura persecución, los gobiernos europeos han silenciado las voces de quienes postulaban una felicidad independiente del consumo. La mediación digital invade prácticamente la totalidad de la vida de las personas, de tal manera que es casi imposible sobrevivir al margen de ella. En la práctica, eso equivale a la suplantación de las democracias por un mando único digitatorial.
Este mando puede bloquear tu cuenta cuando quiera (a no ser que tengas una fuerte suma debajo del colchón); puede multiplicar los recibos de tu préstamo personal; puedes ir al médico y encontrarte con que se te pasó la cita porque “era en marzo y no en abril como tú pensabas”; puede cambiarte la declaración de hacienda y darte un susto tremendo… y si te estás separando, usas a menudo las redes, o tienes contenciosos con la administración… no te digo nada… puedes hasta desaparecer del mapa sin que tus recursos te permitan restablecer todo el lío que te pueden formar. En una palabra, ese mando único te puede causar la muerte jurídica y con ello allanar el camino para tu desaparición física… Y esto que os cuento, amigos, es, pura y llanamente, lo que he vivido… De miedo, por supuesto; pero en estos momentos, la cruda realidad. Quedan todavía algunos refugios pasajeros: círculos familiares, de amistad, de fe… pero todos están siendo bombardeados sin piedad, y en un momento dado tu familia, tus amigos o los creyentes pueden hacer más caso a los rumores que a ti mismo… el rodillo mediático es brutal.
Me comentaba un abogado el otro día que los sabotajes informáticos a las pruebas judiciales son constantes, dejando la justicia enteramente en manos del dinero, pues se hace imposible ganarle un pleito a quien tiene poder digital. 
Y en el resto de las esferas humanas pasa lo mismo; al trasvasar toda comunicación humana a soportes informáticos, la población queda a merced de quienes los poseen. Aquí se da una involución –disimulada- a la época pre-derechos humanos… el pez grande se come al pez chico sin cortapisas de ningún tipo.
Naturalmente, este estado de cosas no puede no venir acompañado de una gran violencia, pues son millones las personas que ven cómo se deteriora su hábitat sin que puedan hacer nada para remediarlo. El hecho de que esto suceda soterradamente explica que gran parte de esa violencia se vuelva hacia uno mismo. 
Volviendo al principio, el alarmante incremento de muertes antinaturales revelado por Deaton correlaciona con un aumento de la angustia vital, y nos habla a las claras de este cambio de parámetros culturales que está teniendo lugar silenciosamente; un cambio hacia un mundo sin compasión, hacia un mundo sin Amor. Urge ser testigo de la salvación que procede de Dios.



















viernes, 17 de julio de 2020

CON TOLEDO HEMOS TOPADO

Jesús respeta el poder humano y en esa humildad muestra su Poder divino

Estos días de vacaciones estoy de pleitos y entiendo perfectamente lo de “tengas pleitos y los ganes”. Pero por otro lado me ayuda sobremanera saber –me lo inculcó mi madre- que la vida es lucha, y que todo el sufrimiento que vivo es por Cristo.
Voy buscando un letrado que me defienda, y en cuanto digo que el abogado de la denunciante es el Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Toledo, me señalan las puertas del bufete. Me lo dijo una Procuradora, buena persona, que visité: “Toledo es una plaza muy difícil para todo, te va a costar encontrar quien te defienda”, aunque yo ya lo sabía, claro.
Pero en estas andanzas está Dios conmigo, y me auxilia. Y poco a poco, ‘como la gallinita’, me van cayendo migas de aquí y de allí para sustentarme.
De los abogados que se excusaron, uno me dijo que el mismo Juzgado que llevaba mi caso le había suspendido a él un juicio de fecha posterior al mío. Otro me dijo que el día de mi juicio aún no habían recibido los abogados de Toledo las instrucciones para reincorporarse.
Desplazándome, y no por gusto, en bicicleta, en mitad de la canícula de una tarde de julio di con un letrado que dejó escapar estas atrevidas palabras: “aunque el abogado de la denunciante fuera el mismo Dios, no dejaría yo de defender un caso, porque vivo de esto”. Comoquiera que todos los que se excusaban lo hacían por la misma razón que él aducía para cogerlo, cabe pensar que estoy ante una opción poco segura, pero aun así es la mejor porque es la que por ahora me pone el Señor.
La defensa que me propone es muy ‘light’ y no ofrece garantías; diríamos que es  una forma de embolsar una buena cantidad sin mojarse apenas. Se basa en que el Real Decreto del Estado de Alarma prohibía los desplazamientos, y que por tanto el juicio es nulo porque la propia ley me causó indefensión. El argumento es débil porque desplazarse para volver al hogar sí que estaba permitido, y porque si yo no podía asistir tendría que haberlo comunicado. Dirigiendo la apelación a pedir nulidad de actuaciones no entraba en el fondo del asunto y se ganaba unos cuartos.
Yo había concebido que mi defensa podía ser que si los juicios estaban suspendidos por el Real Decreto, sólo una ley de rango similar, o la extinción del Decreto, los podría reanudar, y que al no haberse dado esos supuestos, mi juicio no era válido.
Este argumento me parecía sólido, pero por lo que fui viendo no debía serlo tanto. Para empezar, la ley no prohibía expresamente los juicios. En la prensa técnica leí: “Se deduce por los párrafos anteriores que también los juicios quedan suspendidos”. ¡Pero la prensa generalista no había dejado lugar a dudas! ¡Otra vez la desinformación de los medios!
Y con la reanudación de las vistas sucedía otro tanto. Una Orden del 9 de mayo establecía que sólo a partir de las dos semanas del inicio de la Fase 2 de desescalada podría llegar la normalidad procesal y como mi juicio había sido a la semana de iniciarse la fase 1, cabía la posibilidad de que fuera nulo… Y sin embargo ningún abogado me mencionó esa orden. “Seguramente habrá forma de defenderte pero yo no la veo”, me dijo uno.
Pero aunque el anexo II de la Orden fija esos plazos, no pone fechas cerradas para la reanudación de las vistas… lo deja a la decisión de los Órganos de Justicia competentes en cada autonomía, que a su vez pueden recabar datos de los órganos sanitarios locales para justificar sus decisiones… O sea, que las autoridades se pasan la bola unas a otras y finalmente las instrucciones pueden “llegar un día ordenando que se celebre un juicio el día anterior…”
Pero los abogados de Toledo cuentan con eso; saben muy bien que su casa tiene un amo, y que si él lo quiere “rompe un trato”. ¿Y la justicia? ¡Ay, amigo, eso es otro asunto!
Pero no es verdad, la justicia es ‘el asunto’, y una sociedad donde no hay justicia no es sociedad sino suciedad. Ya se sabe, unos por otros y la casa sin barrer, y para muestra un botón:
Hoy tuve que volver a entrar en el cuartucho de donde, sin yo saberlo, salí hace un año con el sambenito de “loco peligroso”. Me atendió una funcionaria de maneras ásperas, más propias de quien trata con animales. La puerta se abrió y tras unos instantes alguien dijo: ¡Qué casualidad! Yo no me volví, pero supuse que se trataba de la abogada que me había denunciado. Su tono había sido desenfadado, como si para ella el asunto fuera un juego… seguramente no se imagina que su juego, sucio, trasciende mi humilde persona y pasa una abultada factura a la sociedad.
Y otro ‘rincón sin barrer’ lo descubrí ayer en el Palacio de Justicia. Llevé una denuncia al Juzgado de Guardia, acompañada de un móvil que presentaba como prueba, y la funcionaria –una mujer con la que el mismo Job discutiría a los cinco minutos de intentar hablar con ella- rechazó recogerlo a pesar de haberle insistido yo en que en mi casa no estaba seguro. Decidí zanjar el asunto llamando al Guarda para que actuara de testigo. Me chocó que estuviera solo y que fuera de una compañía privada; y al preguntarle sobre el tema me dijo que la Guardia Civil y ellos se repartían el trabajo a medias. La conclusión es que en nuestro país los archivos de la Justicia están custodiados por una compañía privada, pongamos que la de Fulanito. Y como se da el caso de que el recuento de votos en las elecciones también está ‘privatizado’, podría darse el caso de que el tal Fulanito mandara más en España que el propio pueblo soberano.

Llevo siete años escribiendo en este blog sobre ‘cosas serias’, dando testimonio de mi vida de fe, y haciendo afirmaciones, revelaciones, denuncias y juicios muy comprometidos. El blog tiene más de trescientos artículos y treinta mil visitas; pero a pesar de todo eso, la gente de mis círculos da más crédito a los chismes sobre mí que a mi testimonio público.
“Escribe como si se creyera un San Pablo –dicen- pero de San Pablo debe tener sólo un pasado vergonzoso”; “ha amenazado de muerte a una pobre funcionaria”; “tiene una doble vida”…
Muchos ‘cristianos viejos’ me vuelven la mirada, pero nadie nunca me ha dicho cuál es mi gran pecado. “Gentes dignas de todo crédito” les han contado cosas terribles sobre mí, así que no necesitan que yo les cuente. Así se escribe la historia toledana.
Tal vez les hayan dicho que ‘no respeto el Sábado’, o sea, que digo que lo de las mascarillas es una gran mentira instrumentada por prensa, políticos y científicos vasallos de Don Din; que las muertes pueden ser perfectamente provocadas merced a la expansión de una red social corrupta; una red que ha ido medrando al amparo de una sociedad acomodada y aturdida por el ruido, y por la inacción de una Iglesia cada vez más acobardada por efecto de la laxitud de sus costumbres.  Pasamos de “La misericordia se ríe del juicio” a que el juicio se ría de la Misericordia; al prejuicio.