Imagen de FÍATE

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sábado, 1 de mayo de 2021

¿DEMOCRACIA VIRTUAL O MERENDOLA REAL?

 

La realidad que se nos ha regalado es inimitable

 ¿Sabéis la última? ¡Que la Bego y el Pedro se separan! Que ella no le aguanta más. Os cuento...

-Ya llevaban tiempo mal, desde aquel verano en que él se fue con sus amigotes a Doñana y ella con las hijas a Marbella. A raíz de aquello se pusieron unas condiciones y un plazo... Ya sabéis que Pedro... bueno… esto lo sabe todo el mundo… que Pedro tiene ese problema de que le parece que no da la talla... ¿cómo se dice?... problema de que se hace de menos, vamos... 

-Complejo de inferioridad

-Sí, eso es. Bueno, pues la Bego le puso como condición que fuese al psicólogo pero él no le hizo caso. Y según parece, este tipo de personas, si no se tratan, no son capaces de hacer una vida normal; necesitan sentirse importantes a cada minuto. Así que el Pedro está todo el día liao, con cosas importantes en la cabeza, yendo de acá para allá... y claro, la Bego ya no aguanta más, dice que además se ha hecho un mentiroso compulsivo y que cada vez está más metido en sí mismo; y que no entiende cómo le aguanta la gente porque no da una en el clavo, hace pifias continuamente y tapa una con otra más grande... y dice que nadie le puede decir nada porque se pone como un loco... Esto dice la Bego y yo… qué queréis que os diga, pues que estaba cantado, porque un tío que tiene a su mujer de adorno no puede funcionar bien… y si encima le miente… pues ya me diréis que amor es ése…

Bueno, y que hay de esa esposa llamada España ¿está en manos de un buen gobierno? Pues ‘por sus frutos los conoceréis’… España es a día de hoy un sepulcro abierto, un lugar inhóspito, un pozo de corrupción donde el gusano se pone las botas.

Muchos estamos intentando poner freno a esta deriva de destrucción nacional a base de dejarnos la piel, conscientes de que ‘ser hombre’ es librar ese combate por un mundo mejor. Esta tarea la resumió muy bien Cervantes: "Lucho contra tres gigantes, querido Sancho; uno, el miedo, que tiene fuerte raigambre y que se apodera de los seres y los sujeta para que no vayan más allá del muro de lo socialmente permitido o admitido; otro, la injusticia, que subyace en el mundo disfrazada de justicia general, pero que es una justicia instaurada por unos pocos para defender mezquinos y egoístas intereses; y el tercero, la ignorancia, que anda también vestida o disfrazada de conocimiento y que embauca a los seres para que crean saber cuando en realidad no saben, y que crean estar en lo cierto cuando no lo están. Esta ignorancia, disfrazada de conocimiento, hace mucho daño, e impide a los seres ir más allá en la línea de conocer realmente y conocerse".

A España, atrayéndola con el brillo del vil metal, se la tragó la galaxia europea y la va digiriendo poco a poco. Con las mañas de la codicia nos están despojando del vasto caudal acumulado en nuestra preciosa historia, un patrimonio moral de muchísimo más valor que el material con que nos engatusaron los magnates. Y últimamente, espoleados por su ambición, están acelerando a marchas forzadas el expolio nacional, por medio del covid, sofisticado engranaje diseñado para demoler, que articula la ignorancia con la injusticia por medio de la mentira y la violencia, y que minimiza la fricción con el lubricante del miedo.

Estos últimos cuarenta años minaron nuestra resistencia bajándonos una y otra vez a la arena de las disquisiciones intelectuales, que no vale para edificar sin el aglutinante de la virtud, pero que atrapa a los que con fe inmadura se meten en ella, y así estuvimos enfangados y balbuceando los agónicos años de aquello que se dio en llamar la superioridad moral de la izquierda.

Hubo muchas víctimas en aquellas cacerías programadas. Las redes de los ismos, las campañas de “lo políticamente correcto”, nos diezmaron durante cuarenta años; y del país joven y vigoroso de comienzos de los 80 al de hoy media un abismo. Aún así, contra las cuerdas como estamos, cada vez que se alza una voz razonable denunciando las flagrantes transgresiones y atropellos que nos asolan, el engranaje covid se va gripando un poco más.

De sobresalto en sobresalto como ya es costumbre, la obscena impostura del día de hoy es el permiso que dio Sánchez para que se celebre en Madrid una manifestación sin límites. Pero cosa curiosa de la suerte, a fin de que podamos entender a qué se debe semejante dislate, junto a esa noticia aparece hoy la del retrato-robot del tipo de gobernante que está detrás de esas pifias políticas: ¡el del exvicepresidente!; un individuo que se pone el mundo por montera, y al que le da igual ocho que ochenta; lo mismo que Sánchez. Y todos tenemos experiencia de que en las instituciones escalan a los puestos más altos las personas que mejor dan ese perfil: amplias tragaderas y floja memoria para sus compromisos.

Sánchez -con desprecio temerario a la Ley- nombró Autoridades Competentes para el medio año de Alarma a los barones y baronas. Y el entramado político completo del país, desde el Rey hasta el último súbdito, dijo ‘Amén’. No vino ningún palafrenero audaz a compadecerse de Sánchez advirtiéndole de que le estaban patinando las neuronas; y el país emprendió un vertiginoso descenso -dignitatem regrediendo y sin frenos- a la nada.

Esa gesta del Presidente propició otra no menos desvergonzada: la de doña I.D.A., que desmontó con chulería castiza el chiringuito parlamentario madrileño –“para librarnos de Iglesias”, diría tan ancha (y para desinfectarlo del perfume a muerto, digo yo en mis angosturas).

Y todos a una, como Fuenteovejuna, se lían a montar espectáculos cutres de cara a unas elecciones impostadas, pensadas y repensadas como salida de emergencia para un gobierno de la nación con la alta encomienda de sacar adelante el más fabuloso disparate social que mente humana jamás concibió ni concebirá: la democracia virtual, donde todo parece real y nada lo es, un proyecto transnacional encargado a los creadores de video-juegos, con un virus fantasma de protagonista, capaz él solito de hacer arder en piras funerarias a media humanidad y que no pase nada.

Está visto que hay gente pa tó; pero pa mí que, frente al bocata de jamón serrano y el Rioja o el pincho de tortilla y caña, las posibilidades de que el tamagotchi triunfe entre la juventud española son bastante escasas.

miércoles, 28 de abril de 2021

EL FLOW DE DIOS

 

Él, con su flow, saca agua de la roca y vida de la muerte, porque nos ama.
La Virgen de Covadonga / tien una fuente muy clara / la neña que d'ella bebe /dentru del añu se casa.

Estas elecciones nacen de un fraude de ley de nuestros representantes, y su celebración supone el refrendo de la abolición del Estado de Derecho, lo cual suena fuerte, pero es cierto. Pasado ese día-D, la Constitución será papel mojado.

A partir de ahora, la organización política del país queda desvinculada de objetivos nobles. Los que sentimos el deber moral de hacer un mundo más humano quedamos fuera del tablero político. Los católicos, en la vida pública, pasamos a ocupar un lugar marginal; la antropología cristiana ya no tiene valedores en los partidos políticos.

El caos actual trasluce un nuevo paradigma cultural, o al menos, la prisa por implantarlo. Se procura por todos los medios -incluso violentos- un modo de pensar que excluya cualquier referencia a una verdad inmutable… se fomenta un pensamiento líquido, una conciencia laxa, en permanente disgregación… Se pretende dar por bueno todo lo que te permita ‘disfrutar’ un poco más; e igualmente se da por bueno que te maten cuando des muestras de no poder disfrutar. El giro que se intenta dar es radical, pero no tiene vuelta atrás.  

La política ha terminado por doblegarse al dinero, por renunciar a objetivos altruistas, o sea, al bien común. Cínicamente se difunde que lo mejor para todos es el ‘comamos y bebamos que pronto moriremos’, y que introducir ahí la religión es lastrar el progreso humano.

Y, sin embargo, el progreso ligado a la ciencia se come el dinero de los contribuyentes en proyectos quiméricos o monstruosos. Resulta patético ver la imagen de ese pobre hombre ‘embarazado’, como antes las del actor de Superman tomado por cobaya para caminar de nuevo o la de Michael Jackson intentando cambiar de piel.

Ya hace tiempo que comprendí que vivir es elegir (entre el bien y el mal), y que todas las personas, sin excepción, inclinamos en cada momento la ‘balanza ética mundial’ hacia uno de los dos platillos. También hace tiempo que siento la dificultad de elegir con libertad, porque “apenas si nos dejan decir que somos quien somos”, como escribió Celaya. Porque el pensamiento único denigra la conciencia, persigue al que duda y respalda al libertino. Llevamos décadas de instrucción negativa, de ‘borrado cultural’; la comunicación es hoy paupérrima, construir desde el encuentro de dos ‘yoes’ es una proeza… no hay tiempo para el diálogo, la reflexión está amenazada y hay miedo a pensar… "tú, sigue el riego, chaval, y si quieres ser feliz como me dices, no analices".

En medio de nuestra aparente normalidad hay una ‘superestructura’ que impone reglas estrictas de comportamiento, de modo que el que se las salta se abisma en la marginación… la política no se dedica a buscar el bien común, no busca hacer un mundo más justo sino dictar obligaciones a los ciudadanos; y de tal suerte que si no sigues los dictados de lo políticamente correcto te haces enemigo de la sociedad.

Esta dictadura subliminal se adueña de nuestro ser más íntimo aún sin quererlo, imponiéndonos un pensamiento enajenado hasta cuando estamos solos. A todas horas nos vemos liados, con elucubraciones que no nos dejan en paz.

Pero a pesar de eso, yo tengo la experiencia de que, poniéndome en la presencia del Señor, que es luz, esa nube de pensamientos inquietantes se disipa pronto, lo cual quiere decir que no es propiamente ‘realidad’ lo que avasalla nuestra mente, sino ‘fantasmas’, imaginaciones vanas. No es que las cosas que pensamos sean locura, sino que procesamos nuestras vivencias desde un error de base. Y el hecho de que la oración allane las dificultades se debe a que se apoya en un principio antropológico -y cultural- más cierto, a saber: que Dios es Amor, que nos ama a todos, y que nunca permitirá que nada malo les suceda a los que se refugian en Él.

Como en el siglo pasado, pero de una manera nueva, volvemos a estar privados de libertad en aras de una quimera. El nacional-socialismo y el comunismo arrasaron violentamente las sociedades occidentales, y ahora estamos sufriendo el azote del covidigitalismo, por el que fatuos mandarines sueñan con gobernar el mundo desde sus poltronas ‘sin mover un dedo’. Los terratenientes de la Comunicación son el nuevo poder que busca someter al mundo.

No vemos masas alineadas con el brazo en alto, pero vemos mentes alienadas con la cabeza baja. Nadie dice lo que piensa, y lo que es peor, casi nadie piensa lo que dice porque el pensar no le compete y el habla se rige por clichés. Si queremos sobrevivir tenemos que representar un papel, procurando no salirnos de él en ningún momento.

En el debate de los seis candidatos del 4-M, en el medio minuto inicial de presentación, le tocó hablar en primer lugar al Sr. Iglesias; el moderador le invitó a que dijera qué grandes metas le animaron a cambiar la Vicepresidencia por Madrid. Y Don Pablo dijo: “Estas elecciones son muy importantes. Quiero que los trabajadores sepan que disponen de un permiso de hasta cuatro horas para votar; si algún empresario no respeta ese derecho podría incurrir en un delito electoral; hemos abierto un buzón mijefenomedejavotar@... para asesorar a todos; costó mucho… conseguir el derecho al voto; que nadie piense que os lo puede robar”.

Iglesias tenía encomendada la retórica rancia de la lucha de clases, vacía de contenido pero útil en conseguir votos, y el cínico líder se ciñó a ella sin pestañear.

Luego habló Monasterio y fue la única que dijo algo un poquito relacionado con el origen fraudulento de esas elecciones: “Los aquí reunidos tienen en común haberse puesto de acuerdo para restringir las libertades de un modo arbitrario (¡y tanto que sí!), aumentar su sueldo y prohibir al pueblo enterrar a sus muertos”. Lástima que, como les sucede a los segundones en las familias numerosas, su voz quedara ahogada entre la impresión del primero y el alboroto de los siguientes, que se presentaron con mensajes tan absurdos como el de Iglesias.

Las órdenes de la cúspide dicen que se escamotee la verdad, y hay mil maneras de hacerlo. A VOX se le ha dado un papel en la obra que incluye ser “la voz” de los que la han perdido. Salió a la palestra con un líder católico, que tenía claro que los suyos no practicarían el odio de clases, que tan sólo iban a reclamar la honestidad y el sentido común en la cosa pública, y ¿qué pasó? que rápidamente le apartaron mediante calumnias, el arma mortífera de los dueños de la comunicación, el crowdfunding de la violencia mediática. Lo que quedó es la VOX amaestrada, la que dice y hace lo que le mandan; que tiene aspecto de libre, pero que es esclava como las demás. Y ahí tenéis, que, gracias al voto favorable de VOX, el impresentable plan de fondos de Sánchez iniciará pronto la transformación acelerada de España en una cárcel digital. Y ahí tenéis, también, que el enfrentamiento de Monasterio con los violentos de UP es algo estratégicamente incomprensible en un partido acusado de extremista pero que en realidad aglutina a una masa de gente honrada, harta del PP, la cual bastaría para hacerle subir como la espuma. Pero es que los planes para España de los mandamases no son que reine en ella el sentido común…

Al contrario, quieren que reine la división, el enfrentamiento, en una palabra, el odio fratricida, que tan buenos dividendos le dejó en el pasado… y por eso proliferan y triunfan los eslóganes ‘disyuntivos’, y cuanto más falaces mejor: “Democracia o fascismo”; “Socialismo o libertad”; “Sánchez o Ayuso”, una colección de instrumentos vocales para matar; un despilfarro de desvergüenza; un baldón de deshonra. Puestos a conjugar contrarios, se me ocurren algunos más acertados:

“Madrid: I.D.A. o I.D.A… y vuelta”; y en caso de I.D.A.: “Sentido único o doble sentido”; "Echar el cierre o abrir puertas"; y, finalmente… “¿Me pongo la vacuna? o ¿qué vacuna me pongo?”, que al fin y al cabo, de esto van las elecciones. Y el que pueda entender que entienda. Vale.

miércoles, 21 de abril de 2021

LA HORA DEL ROSARIO

 


Súper-María: ¡Guárdanos bajo tu manto!

CAOS-COVID: Confusión y miedo endémicos - Frenesí legislativo bastardo - Opacidad informativa - Maltrato económico - Abuso de poder - Corrupción institucional

Quien mejor conoce un problema es el que lo crea. Por esa razón, en la crisis actual tienen muchos seguidores los que la están causando; como, por ejemplo, el columnista estrella del decano de los diarios españoles. Esta crisis es la del debut de la Prensa como el primer poder; ella echó a Rajoy y ella mantiene en el poder a Sánchez para demoler la España católica. Y el ABC es el que se lleva la palma de la corrupción. El famoso periodista describe perfectamente el fenómeno covid porque participa de su origen, y usa esa claridad para proponer intervenciones que alejan al ciudadano de la solución del problema.

Ante este panorama, algunos obispos hablan de una “guerra cultural”, incluso de un “marxismo cultural” que busca enterrar la tradición cristiana; y también laicos destacados hablan de esa guerra, de una encrucijada en Occidente. Pero lo malo es que, mientras unos y otros hablan, la soga no deja de apretarse en torno a nuestro cuello y falta ya muy poco para que nos asfixie.

En medio del caos-covid hay una protesta, pero los promotores del caos la capitalizan astutamente, eligiendo cabecillas que son en realidad señuelos que extravían a los inconformistas; véase Trump, o Bosé. Es evidente que cargarse los estados de derecho occidentales no se podría hacer sin derramar sangre, ni sin suscitar una fuerte reacción; pero el invento de una pandemia consigue encerrar la sangre en los hospitales, y tapar la boca a los disidentes en gran medida. Aún así, la suplantación que se está operando, cambiando los sistemas jurídicos a la callandita, es muy delicada, y las voces de alarma que se alzan en las plazas asustan mucho a los golpistas. La protesta tendría que ser un clamor generalizado y en cambio apenas se oye, pero aun así, por su crudeza, levanta ampollas. No podrían no oírse voces -sería ya el fin- porque, aunque el trabajo sucio que Sánchez & Cia. han hecho con nocturnidad y malas artes -leyes para matar impunemente, corrosión institucional, deprivación cultural, sabotaje comunicacional- ha sido ‘impecable’, no ha pasado tan desapercibido como quisieran, y últimamente chirriaban todos los goznes; pero los ingenieros del proyecto ya habían previsto eso y su solución; un subterfugio para matar dos pájaros de un tiro, que consistía en hacer un espectáculo mediático que aliviara la tensión y que de paso eliminara el escollo de un gobierno sin crédito. 

Los sucesos de Madrid están siendo escandalosos: El establishment político, en pleno, para asegurar la continuación del expolio, se pone de acuerdo en octubre para pisotear la Ley; a continuación, al amparo de esa transgresión, una mediocre dirigente paraliza el centro neurálgico del país y la Prensa la ensalza, pero con el olor a podrido, las miradas se vuelven a ella con sospecha; entonces, rápidamente, la apean del escenario y colocan a otros figurantes; y la ilusión del resurgir del PP se convierte en otra frustración. Sigue pues el malestar, así  que Bruselas, para calmar las aguas, finge abrir por fin el grifo de los fondos; pero en realidad es una maniobra para ganar tiempo: "Hemos aprobado el Plan de Recuperación" (y, en letra pequeña): "el dinero empezará a llegar en julio"... Julio... estamos en abril... abril, mayo, junio, julio, agosto vacaciones, septiembre elecciones... agonizando la economía, para cuando queramos cobrar... otra vez a pelear, exhaustos, con Calvo y Sánchez, que nos quieren someter. 

Burla y recochineo para desmoralizar al pueblo; a Isabel Díaz le darán finalmente un gobierno débil, sin C's, claro; porque el plan era posicionar mejor a Sánchez para otras generales, para que repita sin los tiznados y termine su trabajo sucio, luego se eche pestes de él y por último se establezca, por fin, la "sana alternancia"... y PuntoPelota. 

No es verdad que después de esta crisis nos vayamos a ver en una encrucijada; la encrucijada es esta crisis. Hoy titula un columnista “Lanzándonos los muertos”, y es un título adecuado para lo que está ocurriendo. En esta guerra distinta a todas se disparan cadáveres. Como la sociedad ya estaba medio muerta, había mucha munición en reserva: ancianos, legiones viviendo en soledad, enfermos desatendidos… Horrible. Caen todos esos muertos sobre ‘la población civil’ y nos dejan sin respiración. ¿Quién será el siguiente?

Ya está muy avanzado el nuevo edificio sostenible: un armazón de leyes inicuas que atenazará a una población previamente despojada de todo; material y moralmente desarmada. No está todo hecho y ahí está nuestra oportunidad. Ahora nos van a entretener con los fondos, haciéndonos creer que ésa es la salida. Pero lo cierto es que es sólo otra vuelta de tuerca, pues esos dineros van a ser para amarrar más la definitiva estructura de pecado social: un mundo sin alma. Lo que se haga de ahora en adelante para “humanizar” la vida, será en realidad para apuntalar lo material. Obviamente es un proyecto descabellado, suicida; y es nuestra responsabilidad ofrecer resistencia a su consumación.

Nos enfrentamos ya a una situación extremadamente crítica. Es una oportunidad para la España honesta, pero nos atacarán con toda la virulencia que puedan: muertes, asedios, amenazas, burlas, acosos, extorsión, abusos, coacciones, bulos… En este contexto haremos bien en poner a punto las armas que en otras ocasiones parecidas nos granjearon la victoria: las armas de la luz. Pero es tan sombría la situación que necesitaremos además una protección especial: la de María. En este combate a muerte, sólo sobreviviremos agarrándonos al Rosario en todo momento. Es la hora de la fe; la hora de los hijos de María de vencer al Dragón.


martes, 20 de abril de 2021

¡MALDITO ROEDORE!

Mariposa, bellísima mariposa, lo serás mañana; que hoy eres un gusano trepando por la rama

España está hechizada. Unos desaprensivos la han maniatado y la oprimen impunemente. A puntapiés han echado al líder legítimo y han puesto en su lugar a un títere burlón y embustero. Con arrogancia obscena han sacado de la tumba a un antiguo Jefe -bueno para legiones de españoles- despreciando su rico legado material y el pacto de paz que cimentó el actual estado. Y una vez hecho esto no han parado de causar destrozos en el tejido social. Dictan leyes malvadas y hacen callar a los honrados. Enfrentan a varones y mujeres y corrompen a los niños, para dividir, para hacer imposible una convivencia ciudadana en paz. La última tropelía, a lo grande, les ha sido ordenada desde arriba, orquestada para acaparar el poder mundial. La han llamado covid y asustan con ella matando a diestro y a siniestro. De esa manera nublan el entendimiento incluso de los más preclaros pensadores. Han convertido la vida cotidiana en una lucha por la supervivencia física y moral. Roen incansablemente lo que queda de verdad para adueñarse definitivamente de 'todo', hasta de las almas. Hacen burla de las leyes y del aprecio del bien común que hasta ahora se presuponía en los dirigentes. Se sientan a maquinar y a planear cómo acabar con la resistencia a sus malvados planes; con nocturnidad suplantan las leyes constructivas por otras dañinas; y a todo eso lo llaman paz y progreso. Con el engaño y con su gran violencia van seduciendo a la población, empezando por sus representantes, que ya han caído. Y una especie de hechizo tiene paralizado al país.

¿Para qué rompió Díaz la paz de Madrid? Nada iba mal; la capital estaba en manos de un gobierno moderado, no como el de la nación. Y de pronto, en un abrir y cerrar de ojos, nos cuentan la milonga de que hay un complot para echar al PP y que lo mejor es disolver la Asamblea. Pero ¿tan poco valen las leyes en nuestro país que admiten que se eche a un gobierno así, sin más ni más, simplemente porque el cálculo maquiavélico lo permita? Si  fuera así, no es que estuviéramos mal, es que ya estaríamos peor. Pero la verdad es otra. 

En España hay una mayoría sensata. Para poder hacer esa política repugnante actual hacía falta soltar los nudos que cohesionan nuestra convivencia, y eso es justo lo que ha venido a hacer el covid.

Sin ninguna coherencia, ni veracidad, ni sentido de estado en su gestión, desde que empezó esta lacra el asunto lleva la marca de un gobierno falaz y bastardo -constituido con enemigos del bien común. Es fácil pensar que en el resto de países esté pasando algo similar; no me cuesta creer que esa sea la situación de Francia, sin ir más lejos, pues he visto el París de hace 40 años y el actual y no puedo encontrar mejor explicación a su deterioro que la que aplico para comparar la España labrada en las difíciles décadas que sucedieron a la guerra con la de ahora. Pero de lo que esconde el covid ya se ha dicho bastante; y las sospechas se ven de sobra confirmadas por el devenir de ese fenómeno: a su amparo han visto la luz gravísimas leyes de muerte, aprobadas sin debate social y con nocturnidad, como la Eutanasia, la ley Celaá o la del Menor.

En este contexto es inconcebible que Díaz no supiera que al disolver su parlamento se estaba amparando en un decreto ilícito. Probablemente lo sabía incluso desde antes de que la norma de octubre fuera promulgada, cuando los secuaces dirigentes de España veían ya muy negro su futuro y recibieron órdenes de planear una Alarma insólita ¡de seis meses nada menos! para tejer un gobierno 'respetable'. Sí, lo más seguro es que para sacar adelante el siniestro plan covid -que exige 'un Sánchez sin escrúpulos' o una mujer similar-, Díaz arrimara el hombro; por otro lado, no olvidemos que en 'su casa' estuvo el epicentro de este sucio tornado covid, y que con tan sangrante precedente presume ahora de barra libre para todos. 

Hoy mismo, en el subtítulo de la noticia que ven colgada en mi muro, se cita a Dª Isabel como responsable indirecta de otra transgresión de ley que abre la puerta a una criminal oleada de delitos de Coacción, pues la presión de la propia empresa sobre el trabajador impedirá que decida libremente sobre vacunarse o no. Por último, que Díaz no es trigo limpio no lo digo sólo yo:  

Un eminente intelectual español, D. Luis Zayas, ayer mismo, en una esclarecedora charla diseccionando la Ley del Menor -cuyo resumen es que daña derechos fundamentales, traiciona su propio fin, y es ante todo un afiladísimo instrumento totalitario en línea con el plan de desmantelamiento de la civilización cristiana- hilvanó en su análisis la posición de Díaz, en base a sus recientes declaraciones a los medios, y dijo que no difiere en nada fundamental de la de Sánchez, ¡hete aquí la verdad!

También estos días ha afirmado Mons. Jesús Sanz, al igual que ayer hizo Zayas, que estamos inmersos en una guerra cultural, una peligrosa encrucijada para el cristianismo.

¿Qué hechos explican que la Iglesia caminante no perciba con la misma claridad ese peligro?

Ciñéndome a mi experiencia más reciente, en medio de una dura persecución que busca destrozar a mi familia, la percepción de nuestra situación para los hermanos en la fe es, sin embargo, muy distinta a esa que yo os señalo. Su incomprensión lleva además el amargo ingrediente de que apenas un par de ellos se han abierto a tratar el tema conmigo.

Muchos hermanos no pueden concebir que dentro de la Iglesia pueda haber infiltrados de ese "marxismo cultural" que busca acabar con Dios -intrusismo, por otra parte, que viene siendo habitual desde los primeros tiempos del cristianismo- y les cuesta creer que la opinión de algunos que tienen por santos varones sea la cizaña que está determinando el sesgo de la interpretación de lo que le pasa a mi familia, y su condena al ostracismo.

Como ya he dicho hace unos días, mi mujer ha sido covidizada, o sea, aislada y usada como rehén (todos los covidizados cumplen ese rol: ¡creed, malditos! -el covid como religión impuesta). El sábado le pedí al Sr. Arzobispo que mandara a un sacerdote para darle la comunión, pues me temía que hasta eso le quitaran, y aún no he podido averiguar si mi ruego fue atendido; porque en el hospital se niegan a darme ninguna información; y porque, tengo para mí, que quien quiera que esté detrás de toda esta represalia contra nosotros, está coaccionando mediante celadas y engaños a mi mujer para que 'no hable conmigo'. 

Después de todo, lo que está claro es que el covid va de taparnos la boca y por medio de ella los ojos y los oídos, porque la fe viene por la necedad de la predicación, y ellos tratan de cambiar esa fe por otra que no necesite más que sumisión. 

Pero nosotros rezamos, y empezamos diciendo: "Abre tú, Señor, mis labios, y mi boca proclamará tu alabanza". Y nuestra oración, si es constante, no puede no ser escuchada. 

¡Alabado sea el Señor! ¡Sea por siempre bendito y alabado!

martes, 30 de marzo de 2021

GUERRA DE ALMAS

La esperanza en la Cruz: ancla del alma

                                                
  

Ley Orgánica del Estado de Alarma de 1981 / Artículo séptimo:

A los efectos del estado de alarma la Autoridad competente será el Gobierno o, por delegación de éste, el Presidente de la Comunidad Autónoma cuando la declaración afecte exclusivamente a todo o parte del territorio de una Comunidad.”

El Real Decreto de Alarma, de octubre del año pasado, fija que tenemos veinte –y no una- Autoridades Competentes, lo cual supone la abolición de facto de la legalidad vigente, porque la norma transgresora fue presentada por el Ejecutivo, aprobada por Las Cortes, avalada por el Poder Judicial y firmada por el Rey; y habiendo sido bendecida también por el cuarto poder, que silenció su ilegalidad, tan sólo falta que el pueblo español la ratifique, lo cual sucederá si tienen lugar las elecciones del 4 de mayo con normalidad.

Por lo que vamos viendo, está claro que la Disolución de la Asamblea de Madrid -que supone privar a un país en estado de excepción de uno de sus pilares- no fue cosa de una joven atrevida, sino un movimiento bien pensado de una élite para sacar adelante el plan covid, atascado como el carguero en un paso angosto; y de resultas de ese brutal ataque al Sistema Jurídico Nacional no cabe pensar en un país más fuerte, con un gobierno más orientado, sino en un país aún más vulnerable a los intereses de egoístas fuerzas exteriores. De hecho, ya hace tiempo que las elecciones de los países modernos tienen lugar solamente para situar mejor a Dondí. No ofrecen ninguna posibilidad de mejora social; son manipuladas antes, durante y después; en primer lugar arrasa el país una avenida de noticias confusas y contradictorias, y finalmente, una vez que pasa todo, queda el país más pobre que antes.

El mal es un gran misterio, y la suplantación totalitaria que estamos viviendo forma parte de él. Para llegar a este punto han sido incontables los ‘síes’ individuales a la impostura, pero interrelacionados con un ‘sí’ colectivo - ése que queda manifiesto en el silencio social ante los atropellos institucionales. La democracia es ya cosa del pasado, puesto que los máximos poderes se saltan impunemente la Constitución y no pasa nada. Los tres ‘poderes’ se han desvirtuado, vaciándose de contenido, y en la actualidad son muñecos en manos de un director cuya intención es perpetuarse a sí mismo en el poder. A ese fin responde toda la jerigonza de nuevos tiempos y nuevas… vainas. Pero como el afianzamiento para siempre en el poder no es posible, porque Dios mismo ya se lo ha concedido al Hijo de David, los movimientos del siniestro director buscan desbancar al Rey Eterno desprestigiando el Derecho Natural que dimana de su reinado, ese código del Bien y el Mal inscrito en nuestras conciencias con la sangre del mismo Dios. Son palabras mayores, ciertamente, pero son verdad. A ese director no le basta únicamente mandar en las políticas mundiales, sino que quiere ser su Autor; no le basta la potestas sino que quiere la Auctoritas, ambiciona el poder moral.

Para ese fin ha echado el lazo covid al cuello de los pueblos del mundo, lo sujeta con fuerza, y lo aprieta cada vez que ve oportuno adelantar su plan o refrenar las protestas. Su estrategia es inocular miedo y hacerse pasar por salvador. Ya ha hecho correr ríos de sangre y nuestra civilización agoniza anegada en un mar de sufrimiento.

En proporción al desquiciado fin que persigue, la calamidad covid no va a ser menos cruenta y dolorosa que las peores que la historia ha conocido; y no querer verlo no ayuda en nada. Lo que aquí se cuece es la suplantación de Dios, y por más que sea imposible, se va a saldar con millones de muertos y con atroces padecimientos. Es verdad que el covid es diferente a otras lacras, como las guerras mundiales por ejemplo, pero no más llevadero. Gran parte del dolor que nos va a causar esta desgracia va a ser dolor no físico: moral, espiritual, síquico (angustia, ansiedad, fobias...) pero dolor al fin y al cabo. Dolor que también es un misterio, que entra de pronto en nuestra vida sin que podamos evitarlo ni predecirlo ni explicarlo, y que cada cual vive como puede, y en el mejor de los casos, como Dios le da a entender. 

Una característica singular de este último empeño en sacudirse el yugo de Dios, en cambiar su ley inmutable que constituye la base de nuestra civilización, es que todo debe parecer seguir siendo como siempre aún después de haber sido cambiado de raíz. Y esto no se podrá hacer sin un desgarramiento interior muy doloroso; y con acervos ataques a los que se atrevan a llamar a las cosas por su nombre.

Eso sucederá así porque la guerra en que estamos inmersos es una guerra de almas. Desde su comienzo han empezado las luchas interiores para todo el mundo. Nuestras seguridades han quedado expuestas a la carcoma de la duda. De la noche a la mañana, los unos nos hemos visto obligados a creer a pies juntillas a un gobierno del que justo antes del problema abominábamos, y los otros se han visto obligados a justificar las contradicciones y los abusos flagrantes de ese gobierno en que hasta entonces se complacían.

Lo peor, no obstante, no nos viene de nuestras opiniones sobre lo que está pasando. Lo peor es que, en un momento u otro, todo el mundo va a sentir en su interior la punzada amenazante de la duda, que llegará a ser paralizante cuando el infortunio nos toque de cerca y sintamos su esencia anti-natural.

Por ejemplo, algo que ya es bastante común, que en un abrir y cerrar de ojos se te muera un ser querido y tú no comprendas cómo ni por qué, ni hayas podido estar con él en sus últimos momentos, ni hayas podido hacerle un entierro digno, o qué sé yo qué desgracias más… si vives eso, por más que le pongas buena fe al asunto, te enfrentarás a preguntas mordientes de tu conciencia, y si en vez de respuestas lo que le das son silencios e inhibiciones, te expondrás a ser presa del desánimo. Y el desánimo, como cualquier dolor, es una privación de plenitud que hace sufrir; y que si llega a hacerse crónico conlleva una vida degradante.

Ante esa realidad de la duda, que tarde o temprano se nos presentará a todos, seremos urgidos a dar una respuesta de auto-engaño extrema. De muy diversas maneras -aunque todas catalizadas por el miedo- en el covid se nos va a ir empujando a decir en nuestro fuero interno: “Bueno… al fin y al cabo, ¿para qué me como tanto la cabeza si yo no voy a salvar al mundo?” Es decir, en la llamada nueva normalidad se nos exigirá vivir como extraños en nuestro propio ser, negando lo que somos, a saber: existencias amantes con vocación de eternidad. (Una vez que el “yo” viene a la vida, es para siempre; en tanto ha nacido y “dice ‘yo’”, está declarando con ello su vocación de vida eterna; la materia de la que está hecho ese “yo” se estremece con tan solo contemplar la posibilidad de su aniquilamiento.)

En esta guerra que nos ha tocado combatir, lo que está en juego son nuestras almas. Los ataques del enemigo van dirigidos a hacernos capitular de nuestros principios; si se te muere un ser querido y tu conciencia no está tranquila por las cosas que has visto, serás apremiado a negar tu conciencia. Ante ti se presentarán la locura y la cordura, la primera oscura y vestida de harapos y la segunda con muchos invitados en una rica mesa de manteles blancos; y se te obligará a tomar una decisión dramática: el alma o el cuerpo; niego mis dudas, silencio mi conciencia o... Pero si optas por tu cuerpo pierdes el alma… Esta es la insidiosa naturaleza de los tiempos del covid, tiempos tal vez para meter la hoz.

Cómo ha podido darse la suplantación generalizada de las instituciones españolas es un misterio; pero comprenderlo es ahora mismo menos importante que afrontar esta realidad. Y para este fin, empeñarse en negar el dramatismo de este momento histórico es dar coces contra nuestro propio aguijón: no podemos arrancar de nosotros la conciencia, el conocimiento de lo que está bien y de lo que está mal, eso es una batalla perdida. Entonces ¿qué se puede hacer?

La salida no está en nuestros razonamientos; más bien han sido éstos los que nos han traído a este lugar ‘sin salida’. Los modernos gobiernos dirigen sus políticas a nuestros cuerpos, exigen ser dueños absolutos de ellos -decidir lo que pueden y lo que no pueden hacer- a cambio de garantizarnos su cuidado, a cambio de proporcionarnos los placeres sensibles que, se supone, nos hacen gozar de una vida digna. Pero ¿merece la pena salvar los cuerpos, para vivir 70 u 80 años, y perder el alma para la eternidad? ¿Puede alguien asegurar que no existe vida después de la muerte? No, y sin embargo hay muchos que aseguran lo contrario, y firman su testimonio con su propia sangre…

Es radicalmente falso que uno pueda tener una vida plena, sentirse realizado, por la vía de sacrificar el alma. Eso no existe, es la mayor barbaridad que se puede decir; no se puede extirpar el alma como si de un órgano más se tratara; matar el alma es matar a la persona, es matar… todo, es el fin del ser.

Pero ese suicidio colectivo no llegará a suceder; por los mismos testimonios que nos permiten creer que hay vida inmortal, sabemos también que la aniquilación total del ser no va a acontecer, que la vida triunfará sobre la muerte. Y sabiendo que la muerte no tiene la última palabra, los alistados bajo la bandera blanca cobran valor para esta guerra, despreciando la amenaza del sufrimiento por la seguridad de que su vida está a salvo. Su esperanza en medio del dolor es el ancla de sus almas.

Con este equipo de batalla estaremos listos para adentrarnos en territorio enemigo, un campo minado de mentiras, traiciones y violencias. Pero pertrechados con las armas de la luz podremos distinguir de lejos las asechanzas del maligno y avanzar seguros hacia el objetivo que anhelamos: la salvación de nuestras almas para la vida eterna y la resurrección de nuestros cuerpos mortales. En unos días celebraremos que uno de los nuestros ya lo ha conseguido y nos ha dejado abierto el camino del éxito final.

 

Díaz & Suez: Ni quito ni pongo rey, sólo Ayuso a mi señor... cambiando “Su.estrech.ez” por “Su.ánch.ez”
 






martes, 16 de marzo de 2021

RETOÑARÁ

 

La promesa del Señor es fiable

Por amor de la Iglesia no callaré,

Por amor del Pueblo de Dios no descansaré,

Hasta que resplandezca su justicia

Y su salvación llameé como antorcha.

(Isaías 62: La Iglesia, esposa del Señor)

Marzo 2020-Marzo 2021: Un año en cifras

Cien mil asesinatos; seis millones de parados; cerca de cuatro millones de personas auxiliadas por Cáritas; cuatro millones de jóvenes con ansiedad; un millón y medio de Pymes cerrando o despidiendo gente; media España subsidiada; acelerado aumento del analfabetismo (un diario de noticias vendido por cada 80 españoles); calidad educativa cayendo en picado; depresión endémica; hábitos de vida saludables en declive; drástico descenso de asistencia a actos de culto; etc. etc. etc.

Si consideramos que en los últimos cinco meses vivimos en un estado de excepcionalidad que está fuera de la Constitución, la gravedad de la catástrofe que muestran los datos anuncia un estado de derecho en descomposición, una gangrena en una extremidad de Europa, inducida por agentes contaminantes.

Si la España de la reconciliación se está muriendo como parte de Europa, y al mismo tiempo se anuncia una segunda vida por la inyección de dinero, hay que preguntarse por la naturaleza de ese maná que nos va a salvar. ¿Quién ha trabajado para pagar nuestro mal? ¿De dónde viene ese dinero? Lo que comemos, vestimos, lo que nos da calor o nos protege del frío, sale de la tierra y del trabajo de las personas… ¿quiénes son pues nuestros beneficiarios? ¿Gates, Zuck,…? No, claro; ellos no. Quienes pagan los platos rotos son, como siempre, los esclavos, los parias de la tierra; y no los magnates que los explotan… y que ansían hacer lo mismo con nosotros.

¿De verdad hay quien se crea que ‘la caridad de Europa’ nos va a devolver la Bella España que trabaja, estudia, ahorra, proyecta y se regula a sí misma? No, a esa la están enterrando… Y con ella a nuestros amores: la familia, los amigos, la verdad en la mirada y los gestos; la ilusión por criar unos hijos que mejoren lo bueno que hay en nosotros; el respeto, agradecimiento y amor a nuestros mayores; la seguridad de un Dios bondadoso como última esperanza…

Cierto mal hortelano está matando nuestras raíces, haciéndonos creer que retoñarán; pero la verdad es que por el antaño vigoroso tronco, que aún sujeta ramas verdes, ya no circula savia y es cosa de un par de ventoleras que su ramaje solo sirva para el fuego.

Hace falta un gran milagro para salvar a España, esta bendita tierra que tanto bien hizo al mundo. No hay pueblo español sin una virgen que los jóvenes disputan para llevar en andas. María, fuerte columna, que dio fuerzas a Santiago para sembrar esperanza en esta tierra recia y noble, sigue viva como pilar de nuestra convivencia. La Virgen sigue queriendo levantar nuestras vidas, dobladas por el peso de los infortunios. Ella hace posibles los milagros que obra su hijo; como hizo en la boda de Caná, conmovida por la pobreza de aquellos novios. Aquel milagro, el primero de Jesús, fue también el principio del cambio de lo antiguo a lo definitivamente nuevo, y María nos dio la pauta para esa transformación: “Haced lo que Él os diga”.

Es hora de rezar con fe y trabajar; hora de implorar la intercesión de María por su tierra querida; hora de unirnos en un mismo Espíritu, en un mismo Dios que sea todo en todos.

domingo, 14 de marzo de 2021

MADRID, COVID, ¡ID...!

Si Dios está conmigo ¿qué podrá hacerme el hombre? 

Terminada la guerra, mi abuela paterna pasó cinco años presa; mi padre no me habló nunca de eso, ni de su juventud truncada y amenazada por el odio fratricida; mantuvo sus heridas en silencio; sólo recuerdo verle cazar noticias de España en Radio París, por onda corta. Y cuando le tocó votar por primera vez, votó a UCD. No le resultaría fácil decidirse, pero como muchos españoles de entonces, sacrificó al bien común de la paz sus penas y fatigas pasadas. Esto para mí no es memoria sino vida. Y mi bienestar interior descansa en estos pilares que yo no planté.

Por eso me apena que políticos y prensa hablen con ligereza de un supuesto odio entre españoles, cuando más bien se percibe entre la gente una desafección por la política, y un gran deseo de vivir una vida tranquila de paz y trabajo. Si acaso, con la cautela que años de dictadura ideológica nos ha impuesto, hablamos de nuestras heridas, sus causas y remedios; y nos damos cuenta de que tienen más que ver con la bondad y la verdad que con políticas y economías. De nada sirve que unos y otros se sigan empeñando en hacernos creer que nuestro bienestar depende del signo político de quien gobierne.

Y por eso ofende al sentido común lo que ha hecho Díaz en Madrid y lo que a continuación han hecho todos los que pretenden que nos traguemos ese sapo. Yerran el tiro los que dudan de la madurez del pueblo español. Aún estamos vivos los hijos de los heridos en la contienda civil, y algo sabemos de ‘civismo’. Esa joven atrevida ¿dónde ha adquirido discernimiento para guiar a un pueblo cargado de historia? Estudió periodismo y se asomó a la política con Cristina Cifuentes, de triste memoria; y para este oficio usa más el móvil que el cerebro, como viene siendo norma, aunque no se diga; y al otro lado del hilo, de una forma o de otra, hay mercaderes; almas inquietas que por no conocer a Dios no saben lo que hacen y siembran desolación por todo el mundo.

España desea paz y seguridad. Pero no la encuentra en un Congreso que decreta sin dar explicaciones seis meses de gobierno arbitrario; y que, transcurriendo penosamente ese tiempo, en vez de recuperación lo que va viendo es cómo se desmorona, sin sentido, su hacienda y su vida. Y ante eso se le echa la culpa al malvado virus. ¿Saben Vds. cuánto dinero hemos gastado en los últimos decenios en conquistar la sociedad del conocimiento? Y todo para terminar en la superstición… “un virus que muta incansablemente, que sabemos que ‘ha venido en avión desde Milán’ pero que una vez aquí le perdimos la pista y hace lo que quiere…”

España es un país que ha demostrado que sabe sufrir y lo sigue demostrando; que sabe ser paciente sin ser pasivo; que sabe adónde va y cuál es el camino. Muchos quisieran que la verdad contradijese a la verdad, y no ahorran en medios para conseguirlo; pero es en vano. La verdad padece pero no perece; y ése es nuestro camino, el que nos ha de llevar a una vida de paz y de alegría; aunque haya que sufrir la violencia de la mentira.

Hoy la Iglesia celebra, en medio de la Cuaresma, el ‘domingo de laetare’, el domingo de la alegría, porque ya ve cerca el acontecimiento de la Pascua, que es la demostración palpable -el Resucitado se dejó palpar por Tomás- de que llevamos en nosotros la semilla de la vida verdadera, eternamente estable y feliz. Dicen que esa semilla la riega la sangre de los mártires -testigos- y que los mártires mueren felices. Así sea.